Basadas en el formidable crecimiento
económico de principios del siglo XX, las aspiraciones argentinas por el liderazgo
diplomático y económico en América latina se condensaron en la adopción de dos
estrategias difusas y contradictorias. La pasividad de la diplomacia argentina respecto de
la disputa sobre el istmo de Panamá en la década de 1910 fue un reflejo del abismo
existente entre el deseo de las autoridades argentinas de ejercer influencia diplomática
y económica en el área del Caribe y su capacidad para concretarlo. Así, durante dicha
década, la diplomacia argentina apoyó verbalmente a Colombia en sus reclamos contra la
intervención del gobierno norteamericano en Panamá, separada de Colombia desde 1903.
Pero, mientras intentaban presentar a los colombianos la imagen de un país independiente
respecto de Washington, los diplomáticos argentinos se cuidaron de no desafiar a la
autoridad norteamericana en Colombia y Panamá. En 1912, los líderes colombianos
ofrecieron a las autoridades argentinas la posibilidad de mediar en el conflicto pendiente
con Estados Unidos acerca del pago de indemnizaciones por la pérdida de Panamá, pero el
escaso interés de la Casa Blanca en cualquier mediación en este tema inhibió a las
autoridades argentinas de responder afirmativamente al pedido colombiano (1). Asimismo, en
1914 y 1915, cuando la administración Wilson propuso una nueva iniciativa panamericana,
las autoridades argentinas aplaudieron en forma pública las elevadas intenciones morales
del gobierno norteamericano, esperando obtener de Washington beneficios prácticos, tales
como protección contra las ambiciones expansionistas del gobierno chileno.
Pero, a la vez que se producía esta aparente convergencia en materia
de panamericanismo, la diplomacia argentina persiguió la competencia comercial con
Estados Unidos en la cuenca del Caribe, tradicional área de influencia norteamericana.
Así, se registraron intentos de hacer más fluido el intercambio comercial entre la
Argentina y los países del Caribe -como por ejemplo, la venta de semillas de maíz y
frutas por parte de Bunge, Born y Compañía al mercado guatemalteco a fines de 1912-.
Incluso diplomáticos argentinos tales como Jacinto García -ministro argentino en
México-, Juan Margueirat -cónsul general en Costa Rica-, Arturo G. Belgrano y Bruno
Cittadini -cónsules generales argentinos en Guatemala- insistieron ante los sucesivos
ministros de relaciones exteriores argentinos acerca de la necesidad de una línea
marítima directa entre la Argentina y las naciones caribeñas, posibilidad que nunca se
puso en marcha. A pesar del entusiasmo evidenciado por estos diplomáticos argentinos en
el Caribe, respecto de incrementar los lazos comerciales de la Argentina con esa
subregión, la combinación de la indiferencia del gobierno argentino con la falta de una
infraestructura económica adecuada abortó las potencialidades de la Argentina de colocar
sus productos primarios en países como México, Costa Rica y Guatemala. El tradicional
control norteamericano en el área caribeña continuó intacto, demostrando la debilidad
práctica del virtual desafío argentino a la presencia norteamericana en dicha subregión
(2).
Por cierto, el fracaso de las ilusiones argentinas de liderazgo
regional -como mediar en el conflicto de Estados Unidos y Colombia por Panamá y de
hacerlo en el conflicto mexicano a través del llamado ABC- estuvo íntimamente vinculado
a la vulnerabilidad económica argentina, cuyos síntomas fueron un crecimiento de la
economía nacional limitado a ciertos sectores, una economía orientada en forma
prácticamente exclusiva hacia la exportación agropecuaria, y su creciente dependencia de
las naciones industrializadas. La economía argentina no estaba lo suficientemente
diversificada como para sostener un comercio importante con las naciones del Caribe u
otras de la región, y convertirse en un competidor de Estados Unidos (3).
La vulnerabilidad económica argentina, sumada a la continua expansión
norteamericana durante los años de la guerra, moldearon las bases para una profunda
transformación en las relaciones argentino-norteamericanas. Al parecer, el progreso
económico argentino durante los años del siglo XX inmediatamente previos a 1914 empañó
la visión de los estadistas y diplomáticos argentinos, que, ignorando la vulnerabilidad
de un país dependiente del mercado exterior, proyectaron la posibilidad de competir con
Estados Unidos el liderazgo hemisférico y el control comercial del área del Caribe. Es
más: durante la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos obtuvo ventajas comerciales en la
Argentina, las mismas ventajas que diplomáticos argentinos como Jacinto García, Arturo
Belgrano, Juan Margueirat, Bruno Cittadini y otros desearon infructuosamente alcanzar en
la cuenca del Caribe.
Las posibilidades exportadoras argentinas figuran en los siguientes informes diplomáticos: Nº 171, García to Bosch, 14 June 1910, carpeta 21, caja 1166, México; Alberto Carreño, "México y la Argentina, VI", El Economista Mexicano, (México City) 15 (7 January 1911): 311-312; Nº 89, García to de la Plaza, 5 April 1910; Nº 100, García to de la Plaza, 13 April 1910; García "Cálculo comparativo entre los precios del trigo americano y del argentino", 8 April 1910, carpeta 9a, caja 1165, México; Nº 34, Belgrano to Bosch, 21 September 1912, carpeta 14a, caja 1305, año 1912, Guatemala; Belgrano to Bosch, 2 January 1913; Belgrano to Bosch, 11 December 1912, carpeta 14a, caja 1305, año 1912, Guatemala; "Nota del Día", Diario de Centroamérica, ciudad de Guatemala, 26 de diciembre de 1912; Belgrano to Bosch, 12 April 1912, carpeta 6, caja 1305, Guatemala; Nº 88, Margueirat to Murature, 11 September 1914; Murature to Margueirat, 6 March 1915, carpeta 16, caja 1445, Costa Rica; Margueirat to Bosch, 18 January 1912, carpeta 1, caja 1299, Costa Rica; Nº 79, Margueirat to Murature, 28 October 1915, carpeta 4, caja 1553, Costa Rica; Nº 72, Margueirat to Becú, 27 July 1917, legajo 11; Nº 175, Margueirat to Pueyrredón, 8 December 1917, legajo 27, caja 1657, Costa Rica; Nº 88, Cittadini to Becú, 12 December 1916, carpeta 6, caja 1633, Guatemala; todos los documentos citados pertenecen a la División Política del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina; David M. Kennedy, Over Here: The First World War and American Society, New York, Oxford University Press, 1980, pp. 302-303, fuentes citadas en D. Sheinin, op. cit., pp. 97-105.
Ibid., p. 95.
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