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Las presiones político-económicas de Washington para provocar la ruptura de la neutralidad

El 31 de enero de 1917, Alemania declaró nuevamente la guerra submarina irrestricta, procediendo al bloqueo de los puertos de Gran Bretaña y Francia, y de parte del mar Mediterráneo. El 2 de febrero comunicó a los países neutrales que evitaran enviar sus barcos a las zonas sometidas a bloqueo, pues éstos serían hundidos sin previo aviso (1). La respuesta argentina fue la siguiente: "El gobierno argentino lamenta (...) medidas tan extremas, y declara que ajustará su conducta, como siempre, a los principios y normas del derecho internacional (2)". Por su parte, Estados Unidos rompió relaciones con Alemania de inmediato, hecho que comunicó a los países neutrales el 5 de febrero, expresando el deseo de que adoptaran una actitud similar (3). El embajador norteamericano en Buenos Aires, Frederick J. Stimson, solicitó a Yrigoyen la adhesión argentina a la posición de Estados Unidos (4). En respuesta a las autoridades norteamericanas, dijo Yrigoyen:

la diversa situación geográfica, política y comercial de la República Argentina la coloca en condiciones diversas para afrontar y solucionar el problema suscitado por la nota alemana y que la contestación dada en la nota del 7 de febrero definía la postura de este gobierno, distinta por cierto a la del gobierno de Estados Unidos (5).

El embajador Stimson informó al Departamento de Estado sobre la ambigua respuesta argentina, en los siguientes términos:

el presidente (Yrigoyen) dijo que la concepción argentina del derecho internacional y la actitud intelectual que desearían asumir es la misma que la nuestra; pero que nosotros estamos enfrentados al conflicto, mientras su lejanía y la ausencia de agravios concretos a los derechos argentinos hacen que la forma adoptada por su respuesta sea diferente. (...) Su respuesta escrita debe estar limitada a los términos de su réplica a Alemania. Podía expresar simpatía por Estados Unidos en la presente situación; pero sería dificultoso incorporar también una frase de simpatía para sus fines, en un comunicado oficial en una coyuntura tan crítica (...) (6).

Las tensiones entre los gobiernos argentino y norteamericano se ahondaron con la declaración de guerra del último a las autoridades alemanas, efectuada el 6 de abril de 1917, y comunicada al día siguiente por el embajador Stimson al gobierno argentino. Este respondió al diplomático norteamericano que reconocía "la justicia de esa resolución, en cuanto ella se funda en la violación de los principios de neutralidad (...) que se consideraban conquistas definitivas de la civilización (7)".
    La ambigüedad de esta nueva respuesta argentina a la declaración de guerra de Estados Unidos a Alemania generó respuestas diferenciadas dentro del espectro político-diplomático norteamericano. Mientras el ministro Stimson creyó en la simpatía de Yrigoyen por la causa aliada, para el secretario de Estado Robert Lansing constituyó un síntoma de la vocación progermana de Yrigoyen. Vale aclarar que esta respuesta del gobierno argentino tampoco conformó al gobierno alemán, ya que el embajador alemán en Buenos Aires, Karl Graf von Luxburg, ofendido con las autoridades argentinas, preguntó si debía pedir sus pasaportes.
    El gobierno de Yrigoyen, a diferencia del de Victorino de la Plaza, no hizo ninguna declaración expresa de neutralidad, ni siquiera cuando Estados Unidos declaró la guerra a Alemania. Yrigoyen justificó esta peculiar actitud con el argumento wilsoniano de que la paz era el estado normal de las naciones, y, por lo tanto, no hacía falta declarar el estado de neutralidad existente de antemano. En realidad, el líder radical buscó mantener la neutralidad de hecho y sin hacer expresión pública de ella con el objetivo de no irritar al Departamento de Estado. Al mismo tiempo, buscó no contrariar al gobierno alemán, prometiéndole al embajador Luxburg el mantenimiento de la neutralidad. La misma actitud ambigua utilizada por la diplomacia radical para con el gobierno norteamericano fue aplicada con las autoridades de Cuba, Brasil, Uruguay y los países latinoamericanos que declararon la guerra a las potencias centrales (8).
    A partir de la negativa del gobierno radical a romper relaciones con Alemania, se generó una situación tensa con los gobiernos de Estados Unidos y las potencias aliadas, que esperaron el apoyo argentino sin ninguna clase de condicionamientos. Esta tensión permaneció constante a lo largo del año 1917, en el cual se registraron presiones de todo tipo para que el gobierno argentino abandonara su política neutralista. No obstante, en la sociedad argentina, con la excepción expresa del sector aliadófilo, la actitud del gobierno de Yrigoyen fue mayoritariamente considerada como "digna" y propia de un país "soberano" e "independiente". En Estados Unidos y los países europeos que formaban parte de la coalición aliada, dicha actitud fue criticada, enfatizándose la diferencia entre la actitud abiertamente proaliada del gobierno brasileño y la actitud neutral del argentino, calificada como progermana por la prensa europea, norteamericana y argentina aliadófila (9). Yrigoyen trató de no ceder a las presiones, e incluso intentó la convocatoria de una conferencia de países neutrales latinoamericanos en Buenos Aires para buscar una salida conjunta e independiente de Estados Unidos durante todo el año 1917, tentativa que resultó particularmente irritante para el Departamento de Estado norteamericano (10).
    Por cierto, el gobierno norteamericano no se limitó a evitar la concreción del congreso latinoamericano de neutrales proyectado por Yrigoyen, sino que además, y en conjunción con las autoridades de Gran Bretaña y los demás países del frente aliado, procuró que los barcos y los productos argentinos claves en la demanda europea -como el trigo- abastecieran solamente al bando de la Entente. Para conseguir este objetivo, las autoridades de Washington contaron con la colaboración del gobierno inglés. Incluso éste llegó a sugerir al norteamericano que, en caso de que la Argentina no exportase en forma incondicional granos a los países aliados o no inspeccionase los barcos alemanes instalados en sus puertos, no se le refinanciase la deuda contraída con los bancos norteamericanos, paso que la Argentina necesitaba concretar antes del fin del año 1917. Las evidencias de la utilización de este medio coercitivo fueron al menos dos. La primera, que los empréstitos concedidos por bancos norteamericanos al gobierno argentino se limitaron a tres en los años que restaron de la guerra (de 5.000.000 de millones cada uno) otorgados en marzo, abril y mayo de 1917 -al comienzo del mandato de Yrigoyen-. La segunda evidencia fue que la deuda argentina pendiente con los bancos norteamericanos, que en junio de 1917 ascendía a 56.200.000 dólares, en diciembre del mismo año se redujo a menos de la mitad (25.000.000 de dólares), tendencia que indicó la ausencia de refinanciaciones importantes (11).
    Otra táctica de presión norteamericana, aprobada por Herbert Hoover, fue la de negar a la Argentina las licencias o permisos para importar carbón, maquinarias agrícolas y otros productos manufacturados e insumos claves provenientes de Estados Unidos, prohibición que sólo podía ser levantada a condición de que las autoridades argentinas reservaran sus excedentes cerealeros para las fuerzas aliadas (12). El mismo carácter coercitivo tuvo la imposición de fletes marítimos diferenciales por parte de las líneas navieras norteamericanas. Por ejemplo, mientras la tonelada a Santos (Brasil) costaba 42 pesos oro, el precio correspondiente a Buenos Aires llegó a ser de 100 pesos oro (13). Asimismo, los gobiernos estadounidense, francés e inglés se pusieron de acuerdo para obligar al gobierno argentino a firmar un tratado de venta de cereales a los aliados, y controlar las ventas argentinas a los neutrales, con el objetivo de impedir la reexportación de los cereales a Alemania (14).
    Junto a estos instrumentos de presión, otro medio utilizado por el gobierno de Estados Unidos para provocar el quiebre de la neutralidad argentina fue la publicación y presentación ante las autoridades argentinas de los telegramas enviados por el embajador alemán en Buenos Aires, conde Karl Graf von Luxburg, a su gobierno. Este nuevo instrumento de presión (indicio según Weinmann de que el gobierno inglés estuvo interesado tanto como el norteamericano en la ruptura de vínculos entre la Argentina y Alemania) pudo ser utilizado gracias al descifre de los códigos secretos alemanes por parte de Gran Bretaña. Los telegramas estaban fechados en los meses de mayo y julio de 1917, durante los cuales las autoridades argentinas negociaron con las alemanas los incidentes producidos con los barcos argentinos Monte Protegido y Toro. La publicación de dichos telegramas por parte del gobierno norteamericano colocó a Yrigoyen en una posición sumamente incómoda, ya que en los mismos el embajador Luxburg aconsejaba que los barcos argentinos "fueran hundidos sin dejar rastros" y llamaba al ministro de relaciones exteriores argentino "un notorio asno y anglófilo (15)"
    Si bien el "caso Luxburg" exacerbó los ánimos de los sectores proaliados internos en favor de la ruptura, ante la nota del gobierno alemán repudiando el contenido de los telegramas enviados por Luxburg, Yrigoyen aceptó las disculpas de las autoridades germanas y mantuvo su postura neutral. Aunque hábil, la jugada de los aliados no quebró la voluntad neutralista del líder radical. El mismo Yrigoyen se encargó de decirle al ministro norteamericano Stimson que "no envolvería a su país en los horrores de una guerra, sólo porque Luxburg lo hubiera insultado a Pueyrredón y a él -en uno de los telegramas no publicados Luxburg lo llamaba rufián (16)-". Asimismo, el mandatario argentino se dirigió a los miembros del Comité Nacional de la Juventud de la Unión Cívica Radical -partidarios no sólo de romper relaciones con Alemania sino también de declararle la guerra- y les dijo que "Argentina no va a permitir ser conducida a la guerra por los Estados Unidos (17)".
    A pesar del profundo impacto interno e internacional del "caso Luxburg", el gobierno de Yrigoyen continuó con una actitud ambigua, que para Weinmann resultó un indicio de su voluntad de equidistancia respecto de los bandos en pugna. Por un lado, el líder radical dio algunos pasos hacia una colaboración más estrecha con los aliados, entregando las copias de más de 400 telegramas enviados por Luxburg al gobierno norteamericano para que éste los hiciera descifrar, y demorando el reconocimiento oficial del encargado de negocios de la legación alemana Dönhoff hasta fines de mayo de 1918, cuando Luxburg se fue de la Argentina. Por el otro lado, continuó con la idea de convocar un congreso latinoamericano, particularmente irritante para el secretario de Estado norteamericano Robert Lansing.

  1. Luxburg a Becú, 2 de febrero de 1917, en Lucio M. Moreno Quintana, La diplomacia de Yrigoyen, La Plata, 1928, p. 103; Centro de Estudios Históricos de Córdoba, Argentina y la Primera Guerra Mundial, según documentos del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, introducción y selección de Beatriz R. Solveira de Báez, Córdoba, 1979, p. 134 y sigs., fuentes citadas en Ricardo Weinmann, Argentina en la Primera Guerra Mundial. Neutralidad, transición política y continuismo económico, Buenos Aires, Biblos-Fundación Simón Rodríguez, 1994, p. 106.

  2. Pueyrredón a Molina, 7 de febrero de 1917, en Centro de Estudios Históricos de Córdoba, Argentina y..., op. cit., p. 135 y sigs.; Hipólito Yrigoyen, Pueblo y gobierno, Buenos Aires, 1955, tomo IX:3, p. 243, fuentes citadas en R. Weinmann, op. cit., p. 106.

  3. Stimson a Pueyrredón, 5 de febrero de 1917, en Centro de Estudios Históricos de Córdoba, Argentina y..., op. cit., p. 142; H. Yrigoyen, Pueblo y gobierno, op. cit., t. IX: 3, p. 159 y sigs.; FRUS, 1917, Sup. 1, p. 108, fuentes citadas en ibid., p. 107.

  4. Ayuda memoria de Stimson, 8 de febrero de 1917, en Centro de Estudios Históricos de Córdoba, Argentina y..., op. cit., p. 154, cit. en ibid.

  5. Molinari, interno, 8 de febrero de 1917, en Centro de Estudios Históricos de Córdoba, Argentina y ..., op. cit., p. 154, cit. en ibid.

  6. Stimson a Lansing, 8 de febrero de 1917, en FRUS, 1917, Sup. 1, pp. 225 y sigs.; F.J. Stimson, My United States, Nueva York- Londres, 1931, pp. 368 y sigs., fuentes citadas en ibid., pp. 107-108.

  7. Pueyrredón a Stimson, 10 de abril de 1917, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Documentos y actos de gobierno relativos a la guerra con Europa, Buenos Aires, 1919, p. 50, cit. en ibid., p. 110.

  8. Pueyrredón a Giberga (Cuba), 24 de abril de 1917; Lima Ramos (Brasil), 12 de abril de 1917; Villazón (Bolivia), 30 de abril de 1917; Molinari a Estrada (Uruguay), 18 de octubre de 1917; Pueyrredón a Muñoz (Uruguay), 1º de febrero de 1918; Peçanha (Brasil), 1º de febrero de 1918; Durand (Perú), 1º de febrero de 1918; Ortiz R. (Costa Rica), 6 de junio de 1918, en H.Yrigoyen, Pueblo y gobierno, op. cit., tomo IX:3, pp. 244-256, cit. en ibid., p. 111.

  9. Percy A. Martin, Latin America and the War, Gloucester, Mass., 1967, p. 194; Molina a Pueyrredón, 17 de febrero de 1917, y Naón a Pueyrredón, 8 de febrero de 1917, en Centro de Estudios Históricos de Córdoba, Argentina y..., op. cit., pp. 169 y 152; Georges Clemenceau, en La Prensa, 13 de febrero de 1917, cit. por Néstor E. Carrico, El enigma de la guerra, Buenos Aires, 1918, p. 57, fuentes citadas en R. Weinmann, op. cit., p. 108.

  10. Luego de conocida la ruptura de relaciones con Alemania por parte del gobierno norteamericano, se registraron una serie de tentativas destinadas a la adopción de una posición concertada entre las naciones neutrales. Una de ellas partió del embajador argentino en Washington, Rómulo S. Naón, y de sus colegas latinoamericanos acreditados en la capital norteamericana, que pretendieron realizar una reunión de países neutrales en Madrid, a fin de mediar entre Estados Unidos y Alemania, y evitar que se declarara la guerra entre ambas naciones. El proyecto de Naón fue desestimado por el gobierno radical, porque pensó que podía gravitar contra los intereses de los aliados. Asimismo, también fueron ignoradas por el gobierno argentino iniciativas presentadas por Ecuador, México y otros países latinoamericanos. Ibid., p. 109.

  11. FO 902/13, WTID Weelley Bulletin, 8-14 June 1917, 38, fuente citada en Roger Gravil, The Anglo-Argentine Connection, 1900-1939, Dellplain Latin American Studies, Nº 16, Boulder, Colorado, Westview Press, 1985, p. 124. Ver también del mismo autor, "The Anglo-Argentine connection and the War of 1914-1918", Journal of Latin American Studies, 9:1, 1977, p. 72 y sigs., fuente también citada en el trabajo de R. Weinmann, op. cit., pp. 118-119.

  12. Vale aclarar que esta medida de coerción reflejó la vital importancia del carbón norteamericano para la economía argentina durante la Primera Guerra, pues mientras antes de 1914 dicho combustible fue provisto casi exclusivamente por Inglaterra, durante los años de la conflagración cesó el aporte británico y Estados Unidos se convirtió en el abastecedor exclusivo. Las alternativas disponibles para la Argentina -carbón de leña, maíz y petróleo de Comodoro Rivadavia- resultaron insuficientes para cubrir las crecientes necesidades de la industria y los medios de transporte argentinos. R. Gravil, The Anglo-Argentine Connection, 1900-1939..., op. cit., p. 124; también R. Gravil, "The Anglo-Argentine connection and the War...", op. cit., p. 63, y Gaston Gaillard, Amérique Latine et Europe occidentale. L'Amérique Latine et la guerre, Paris, 1918, pp. 136 y sigs., cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 119.

  13. Estanislao S. Zeballos, "Gobierno Radical. La visita de la escuadra americana", en Revista de Derecho, Historia y Letras, LVII, Buenos Aires, 1917, p. 533, cit. en ibid., p. 119.

  14. R. Gravil, "The Anglo-Argentine Connection and the War...", op. cit., p. 74; Polk a Stimson, 6 de julio de 1917, en FRUS, 1917, Sup. 1, p. 306, cit. en ibid., pp. 119-120.

  15. Luxburg a Kühlmann, 6 de julio de 1917, cit. por Kurt Dob, Das Deutsche Auswärtige Amtim Ubergang vom Kaiserreich zur Weimarer Republik. Die Schülersche Reform, Düsseldorf, 1977, p. 49, cit. en ibid., p. 130.

  16. Stimson, op. cit., pp. 408 y 411, cit. en ibid., p. 133.

  17. Frase de Yrigoyen, citada por Schultess' Europäischer Geschichtskalender, 33:2, Munich, 1917, p. 931; G. Barclay, Struggle for a Continent. The Diplomatic History of South America, 1917-1945, Londres, 1971, p. 20, fuentes citadas en ibid., pp. 133-134.

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