El ascendente poder norteamericano
adquirido en los años de guerra se puso de manifiesto en las negociaciones previas al
consentimiento por parte del gobierno argentino de la venta de trigo y el otorgamiento de
créditos a los gobiernos de Gran Bretaña y Francia por 20 millones de libras esterlinas
(100 millones de pesos oro), que tuvieron lugar entre julio y noviembre de 1917, y se
concretaron el 14 de enero de 1918. Este tema ha dado lugar a diferentes interpretaciones.
De acuerdo con Harold Peterson, durante las negociaciones en torno al
trigo argentino, las autoridades de Buenos Aires evidenciaron buena voluntad tanto en
términos de conceder el crédito como en vender trigo a los países aliados, pero
pusieron sobre la mesa de negociaciones el problema de la aguda escasez de carbón. El
embajador norteamericano en la Argentina, Frederick J. Stimson, proporcionó la clave del
arreglo final al asegurar el asenso del Departamento de Estado a su promesa, formulada
ante el canciller argentino Honorio Pueyrredón por escrito, de que el gobierno
norteamericano ayudaría "permitiendo, en tanto fuera factible (...) la exportación,
en los barcos procedentes de los Estados Unidos en procura de dicho trigo, del carbón
necesario para cubrir las reales exigencias del pueblo argentino". Cuando el
presidente Yrigoyen sometió el convenio a la aprobación del Congreso, elogió a las
autoridades norteamericanas por su generosidad al entregar una parte de sus existencias de
carbón en tiempos de guerra (1).
A diferencia de Peterson, Sheinin sostiene que las autoridades
norteamericanas fueron muy poco flexibles con el pedido de carbón por parte del gobierno
argentino como condición previa al otorgamiento de créditos y trigo a las naciones
aliadas. Según Sheinin, los círculos oficiales de Washington se las ingeniaron para
evitar que la administración de Yrigoyen pudiese condicionar la venta de trigo a la
adquisición, en términos ventajosos, de combustibles y productos manufacturados, vitales
para la economía argentina en el contexto de guerra. El gobierno de Estados Unidos
utilizó al efecto tres tácticas. Primero, los norteamericanos forzaron a un cambio en la
petición argentina de "combustible" y lograron reemplazarla por la concesión
más específica de carbón, eliminando cualquier otra demanda de combustible de las
negociaciones. Segundo, el gobierno norteamericano se automarginó de las negociaciones,
planteando que el contrato de venta de cereales y concesión de créditos era un problema
a resolver entre la Argentina y los aliados europeos. Y tercero, el Departamento de Estado
rechazó incluir el carbón norteamericano en las últimas etapas de la negociación, aun
contra la voluntad del propio embajador norteamericano en la Argentina Stimson, partidario
de incluir dicho producto como un gesto de buena voluntad. Como secretario de Estado
interino, Frank Polk instruyó expresamente al embajador Stimson, la necesidad de obtener
de la Argentina una provisión de granos de carácter "incondicional". Quedó
así demostrado que mientras la economía norteamericana no necesitaba ofrecer carbón u
otros productos para obtener concesiones de las autoridades argentinas, éstas no tenían
otra opción que la de vender su producción triguera a los países aliados en los
términos estipulados por éstos y por el gobierno norteamericano (2).
De este modo, y en virtud de la presión ejercida por el Departamento
de Estado y otras agencias gubernamentales norteamericanas como la Junta de Comercio de
Guerra, las autoridades argentinas firmaron una transacción comercial de carácter
incondicional que proveyó a los aliados del cereal argentino, pero que no permitió
aliviar la crónica escasez de combustible que caracterizó a la economía argentina
durante la guerra. Este contrato de venta de cereal y otorgamiento de créditos por parte
del gobierno argentino a las autoridades de los países aliados europeos, concretado el 14
de enero de 1918, marcó para el gobierno argentino, de acuerdo con Peterson y Weinmann,
la transición de la "neutralidad como potencial amenaza" a los aliados a una
"neutralidad benigna" para éstos. En términos de Sheinin, la firma de este
contrato fue un nuevo éxito de la "diplomacia de control" del gobierno
norteamericano. Sin recurrir a la intervención directa, como en el caso de las naciones
del Caribe, las autoridades de Washington lograron obtener del gobierno de Yrigoyen la
venta de trigo a los aliados en forma incondicional.
A pesar de sus diferencias de matiz en cuanto a la interpretación del
proceso, tanto Sheinin como Peterson arriban a la conclusión de que el gobierno argentino
terminó girando dentro de la órbita aliada, no obstante los numerosos roces económicos
entre Buenos Aires y Washington como consecuencia de la neutralidad argentina. La
designación de Rómulo Naón como alto comisionado financiero argentino en Estados Unidos
fue una evidente confirmación de la primacía financiera adquirida por Estados Unidos
durante la guerra, pues hasta 1917 la única Alta Comisión Financiera de la Argentina
había estado en Londres. Una de las primeras tareas de Naón fue investigar cómo se
habían perdido 60 millones de dólares en créditos, que la Argentina había otorgado a
los Estados Unidos para pagar las exportaciones argentinas durante todo el año. Todo el
crédito había sido gastado en tres meses, pero lo más enojoso para el gobierno
argentino era el hecho de que el mismo no había sido usado para los fines acordados sino
para mantener las tasas cambiarias de Gran Bretaña y Francia (3). Sheinin saca la
siguiente conclusión del episodio:
El abuso de los créditos argentinos indicaba además el creciente poder económico de Estados Unidos en los meses finales de la guerra. Argentina no sólo necesitaba de las exportaciones norteamericanas para abastecer su vacilante economía de guerra, sino que también dependía de las compras norteamericanas de sus materias primas y otros productos. Con los mercados de colocación de sus exportaciones gravemente reducidos en Europa y sin espacio disponible para embarcar sus productos (salvo el que el gobierno de Estados Unidos podía ofrecer), Argentina dependió de los norteamericanos para la comercialización de sus productos en el exterior, y careció de poder de negociación para quebrar esta dependencia (4).
Aunque la clase dominante argentina se resistió a reconocerlo, el estallido de la guerra inició un cambio en la estructura económica internacional, debilitando los históricos lazos con Europa, fuente de poder de esta elite exportadora.
Stimson a Pueyrredón, 14 y 15 de enero de 1918, NA, DS, 835.6131/14 y siguientes, fuente citada en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 25.
Hurley to Hoover, 27 August 1917, File 4156, Records of the United States Shipping Board, Record Group 32, NA; Department of Commerce, The Economic Position of Argentina During the War; Lansing to American Embassy, London, 23 November 1917, Entry 11, RG 182, NA; "Possible matters concerning Latin-America which may be brought up in the coming conference of the associated Governments and later at the Peace Conference", 701.11/380-1/2, RG 59, NA; Stimson to Lansing, 29 December 1917, 835.1631/41; Stimson to Lansing, 18 January 1918, 835.6131/53; Polk to Stimson, 6 July 1917, 600.359/21a, RG 59, NA; Alvey A. Adee, Asistant Secretary of State, to Herbert C. Hoover, Food Administrator, 2 January 1918, Entry 11, RG 182, NA, fuentes citadas en D. Sheinin, op. cit., pp. 154-156.
Stimson to Lansing, 8 May 1918, 701.3511/139; Barrett, "Appointment of Argentine Financial Commissioner to the United States", 22 May 1918, 701.3511/149, RG 59, NA, cit. en ibid., p. 159.
Ibid., pp. 159-160.
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