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La resistencia argentina al proyecto de Pacto Panamericano de Paz de Wilson

Desde el inicio de las hostilidades en 1914 hasta febrero de 1917 -fecha de la ruptura de la neutralidad del gobierno norteamericano-, el presidente Woodrow Wilson alentó un Pacto Panamericano de Paz que nunca llegó a concretarse. El acuerdo de Wilson comprendía dos artículos breves: 1º) Garantías recíprocas tanto de independencia política bajo la forma republicana de gobierno como de integridad territorial, y 2º) Mutuo acuerdo de que el gobierno de cada una de las partes contratantes ejerce control total dentro de su jurisdicción de la fabricación y venta de pertrechos de guerra.
    Como ferviente defensor del acercamiento argentino-norteamericano, el embajador argentino en Washington, Rómulo S. Naón, recibió con entusiasmo el proyecto preliminar del Pacto Panamericano de Paz, propuesto por el mandatario norteamericano y transmitido por el coronel Edward M. House a los embajadores de la Argentina, Brasil y Chile, entonces participantes de la mediación en la crisis mexicana.
    Pero el proyecto panamericano de Wilson despertó en la sociedad argentina serias resistencias. José Ingenieros, sociólogo, sostuvo que la Argentina era la única nación calificada para ejercer el liderazgo en América del Sur. El escritor y político argentino Manuel Ugarte escribió desde París encendidos artículos que sostuvieron que el panamericanismo favorecía sólo al gobierno de Estados Unidos. En su opinión, las reuniones panamericanas eran inútiles y representaban nada más que congresos "de ratones presididos por un gato". Recomendando que las repúblicas de cultura latina se agrupasen para cultivar su propia nacionalidad, Ugarte, en su "Carta abierta al presidente de los Estados Unidos", de 1913, condenó la intervención financiera norteamericana en la región, negó la necesidad de la Doctrina Monroe para la Argentina, exageró la solidaridad de Latinoamérica y afirmó la consideración argentina hacia las demás repúblicas latinoamericanas (1). En uno de sus primeros trabajos, publicado en Valencia en 1910, sostuvo que

Por educación, origen y disposición, Sudamérica es esencialmente europea. Sentimos una afinidad por España, nación a la que debemos nuestra civilización y cuyo fuego llevamos en nuestra sangre; por Francia, fuente y origen del pensamiento que nos anima; por Alemania, que nos ofrece sus manufacturas; y por Italia, que alegremente nos ofrece los poderosos brazos de sus hijos para extraer del suelo sudamericano las riquezas que queremos esparcir a lo largo del mundo. Pero a Estados Unidos no nos une otro vínculo más que el espanto y el temor (2).

Por cierto, este escrito de Ugarte fue un claro testimonio de su antipanamericanismo y del sentimiento filoeuropeo que dicho autor tuvo en común con buena parte de la elite gobernante argentina.
    Un miembro relevante del conservadurismo argentino, el germanófilo Estanislao Zeballos, ex ministro de relaciones exteriores y editorialista del diario La Prensa, rechazó duramente "la especiosa intención de Wilson de erigir a Estados Unidos en juez de la constitucionalidad de los regímenes políticos de América latina". Asimismo, sostuvo que la Doctrina Monroe "(antes necesaria), (...) ha dejado de serlo hoy", en abierto rechazo a las actitudes de intervencionismo del gobierno norteamericano en la región (3).
    Inclusive los sectores menos nacionalistas del espectro intelectual argentino sumaron sus críticas a los planes panamericanos de Wilson. Enrique Gil, hombre de leyes argentino, aun censurando la postura de Ugarte, criticó la intención tutelar de la Doctrina Monroe y el carácter unilateral del panamericanismo. En un discurso pronunciado en 1911, en la Asociación Americana de Ciencias Políticas, Gil rogó al gobierno norteamericano que renunciase al vago concepto de Latinoamérica y lo reemplazara por una más prudente gestión de contactos con cada una de las repúblicas latinoamericanas. Incluso llegó a sostener la idea de que la Argentina tenía un destino manifiesto en la región. Hasta el más férreo defensor argentino del panamericanismo, el embajador Naón, reconoció en 1913 que "en América del Sur no hay panamericanismo; éste sólo existe en Washington (4)".
    Si bien el proyecto de Pacto Panamericano de Paz de Wilson contó con el apoyo entusiasta del embajador argentino Naón, una serie de factores impidieron que el mismo se concretara. Entre ellos puede mencionarse: a) el propio desinterés del Departamento de Estado norteamericano, según la opinión del embajador norteamericano en Buenos Aires Frederick J. Stimson (5), probablemente causado por el protagonismo adquirido por el coronel House en las negociaciones con los embajadores argentino, brasileño y chileno, y el resentimiento que el rol de House causó en el secretario Bryan, quien no se dio prisa por acelerar los trámites (6); b) la falta de presión del propio presidente Wilson para que su proyecto se concretara, según la opinión del coronel House (7); c) la decisión del mandatario norteamericano de involucrarse en la guerra y preocuparse por las cuestiones europeas, que por cierto atentó contra la idea wilsoniana de un Pacto Panamericano de Paz y fortaleció la idea latinoamericanista de Yrigoyen, de convocar un foro de países neutrales primero, y latinoamericanos después, sin contar con Estados Unidos; d) la resistencia del gobierno de Chile, embarcado en la disputa limítrofe sobre Arica y Tacna, y reacio a las garantías del Pacto Panamericano de Paz referentes a la integridad territorial (8); e) el enfriamiento del entusiasmo inicial del gobierno brasileño (9); f) la falta de respaldo del gobierno y círculos intelectuales argentinos a los esfuerzos solitarios de Naón por buscar el acercamiento argentino-norteamericano en un contexto de solidaridad panamericana (10); y g) la actitud ambigua del embajador argentino en Washington, de docilidad a la propuesta de Wilson por un lado, y de resistencia a la misma por el otro, dejando que los gobiernos chileno y brasileño cargaran abiertamente con la responsabilidad por el abandono del proyecto (11).

  1. "Carta abierta al presidente de Estados Unidos" de Manuel Ugarte (1913), vuelta a publicar en Manuel Ugarte, La patria grande, Madrid, 1924, pp. 11-21, cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 35.

  2. M. Ugarte, El porvenir de América Latina, Valencia, Sampere y Cía., 1910, p. 89 y sigs., fuente citada en D.B. Easum, op. cit., pp. 105-106.

  3. Lorillard al secretario de Estado, 17 de marzo de 1913, 710.11/124, DS, NA; "Theodore Roosevelt y la política internacional americana", Revista de Derecho, Historia y Letras, XLVI, diciembre de 1913, 561, 565-568, cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 36.

  4. Ibid.

  5. F. Stimson, My United States, op. cit., p. 350, cit. en ibid., p. 40.

  6. Ibid., p. 39.

  7. Charles Seymour, ed., The Intimate Papers of Colonel House, 4 vols., Boston, 1926-1928, II, pp. 18-19, cit. en ibid., p. 39.

  8. Bryan a Wilson, 21 de abril de 1915, The Lansing Papers, II, 476-479; memorándum confidencial del Departamento de Estado, s.f., NA, DS, 710-11/200-1/2a, cit. en ibid., p. 39.

  9. F. Stimson, My United States, op. cit., pp. 349-350; memorándum del Departamento de Estado, firmado por H.P.F.(Fletcher), 9 de agosto de 1916, The Lansing Papers, II, 496-497, fuentes citadas en ibid., p. 40.

  10. Vale acotar que intelectuales argentinos provenientes de diversas corrientes partidarias se resistieron al enfoque panamericanista propiciado por la administración Wilson, por considerarlo una política de inspiración exclusivamente norteamericana. Además, estos círculos no soportaron la idea de que la Argentina, a la que percibían munida de un destino de liderazgo regional, se viera incluida en el mismo plano político que naciones como Nicaragua y la República Dominicana.

  11. Peterson señala la dificultad para explicar la actitud diplomática argentina de docilidad hacia la propuesta panamericana de Wilson, que incluso causó perplejidad en el propio Departamento de Estado. O bien Naón fue más allá de sus instrucciones, o la diplomacia argentina jugó intencionalmente con el doble discurso. Memorándum del Departamento de Estado, sin firma, estrictamente confidencial, 21 de enero de 1916, NA, DS, 710.11/230. cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 40.

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