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Los esfuerzos del embajador argentino en Washington, Rómulo S. Naón, por lograr un acercamiento en la relación bilateral

A pesar del fracaso del proyecto panamericano de paz de Wilson, Naón no cejó en sus esfuerzos por lograr un mayor acercamiento entre Washington y Buenos Aires, y comprometer a la Argentina en la Primera Guerra del lado norteamericano. Pero sus propuestas de convocar un congreso de países americanos para tratar conjuntamente los problemas que afectaban a los países neutrales, especialmente el comercio internacional y la navegación, y de crear una especie de alianza económica entre la Argentina, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Italia, en donde habría servicios económicos y financieros mutuos, chocaron con la falta de interés del gobierno norteamericano (1).
    Vale aclarar que, a pesar de los esfuerzos del embajador Naón para que el gobierno argentino se sumase a la política panamericana proyectada por Wilson, una serie de actitudes del presidente norteamericano jugó en contra de su propio proyecto, al quitarle espacio a los anhelos del embajador argentino en Washington y de los adeptos del panamericanismo en la Argentina. Por ejemplo, en la crisis mexicana que luego llevara al tratado del ABC, Wilson aceptó la mediación de Naón y de sus colegas brasileño y chileno, pero circunscribió estrechamente sus facultades. Cuando el delegado argentino y otros representantes latinoamericanos solicitaron al gobierno norteamericano la necesidad de adoptar una política uniforme para la región en materia de reglas y procedimientos hacia los neutrales, Wilson consintió en que el Departamento de Estado pusiera paños fríos a este entusiasmo de los representantes regionales, paradójicamente afín al espíritu del proyecto panamericano wilsoniano, en una subcomisión de la Unión Panamericana. En síntesis, el propio Wilson no fue capaz de explotar a favor de su proyecto panamericano los anhelos evidenciados por los representantes latinoamericanos propanamericanistas, como el caso del embajador Naón (2).
    Naón, embajador argentino en Washington a partir de septiembre de 1914, buscó, desde la ruptura de la neutralidad norteamericana en febrero de 1917, el alineamiento de la Argentina del lado norteamericano, si no como beligerante, al menos como íntimo aliado económico. Cada agresión a la posición neutral argentina albergó dentro de él la firme esperanza de que el gobierno argentino revocara su actitud internacional frente a la guerra.
    Pero los deseos del embajador Naón chocaron contra una serie de obstáculos insalvables, provenientes tanto del ámbito interno argentino como de los países integrantes del bando aliado. Los factores que conspiraron contra el proyecto de Naón fueron los siguientes: a) el peso de los grupos internos que percibieron la inconveniencia de apostar a cualquier política pronorteamericana a expensas de los tradicionales vínculos comerciales argentinos (aunque éstos se vieran afectados por la guerra); b) la posición neutral del propio presidente Victorino de la Plaza -que reflejó las expectativas de estos grupos internos hostiles a la Casa Blanca-; c) la posición ambigua del canciller José Luis Murature respecto del panamericanismo norteamericano -por un lado, su actitud más cooperativa hacia el gobierno norteamericano respecto de sus colegas anteriores, y por el otro, sus esfuerzos por quitar espacio al proyecto de Naón (3)-; c) la continuación de la postura neutral de de la Plaza por parte de su sucesor y opositor Yrigoyen -aunque ésta se volvió benévolamente proaliada hacia el último año de la guerra-; y d) la falta de interés de los gobiernos aliados a lo que consideraron vagas propuestas del embajador argentino.
    El pensamiento de Naón, que está condensado en forma de folleto por la Asociación Norteamericana para la Conciliación Internacional (4), ya había prevenido acerca de una serie de peligros que atentaban potencialmente contra la concreción de su proyecto panamericanista. El primero era el estallido mismo de la Primera Guerra Mundial, que modificaría sustancialmente la estructura internacional del mundo. Según Naón, la Gran Guerra, en vez de estimular el panamericanismo a través de una política de alcance continental que respondiese a una amenaza externa (como una variante de la Doctrina Monroe), debilitó el sentimiento colectivo regional, pues Estados Unidos se involucró abiertamente en la guerra europea, y su ejemplo no fue seguido en forma unánime por las naciones latinoamericanas. El ingreso norteamericano en la guerra interrumpió una posible aplicación de la Doctrina Monroe, pues las naciones de la región no evidenciaron un sentimiento de solidaridad regional hacia Estados Unidos, sino que adoptaron diferentes actitudes frente a la guerra basadas en percepciones nacionales.
    Además de este contratiempo, la concreción de la idea panamericana contó, en la visión de Naón, con dos peligros serios. Uno fue la clasificación de las naciones en pequeñas y grandes potencias efectuada durante la Conferencia de la Paz, que contó con el aval norteamericano, pero que debilitó la condición básica de la solidaridad interamericana: la soberana igualdad de todos los estados de la región. El otro peligro, alentado por el propio presidente del país al que Naón representó, fue el resurgimiento del latinoamericanismo, que buscó -vanamente- ocupar el espacio vacío dejado por el panamericanismo wilsoniano (5).
    La prédica panamericanista de Naón, convergente en el discurso con la impulsada por Wilson, terminó siendo una voz en el desierto. El gobierno norteamericano se involucró en los problemas de la Europa de posguerra y dio la espalda a la región americana, boicoteando de este modo y paradójicamente su propio proyecto panamericano. El gobierno argentino también desoyó la prédica del embajador Naón. La renuncia de Naón, el mismo día que finalizó la Primera Guerra Mundial, implicó para Washington la pérdida del más ferviente defensor del acercamiento argentino-norteamericano. También significó la creciente rivalidad entre Estados Unidos y la Argentina por el liderazgo regional.

  1. Los servicios económicos y financieros mutuos eran tales como intercambio comercial, estabilización del intercambio, financiación de industrias argentinas y canje de buques alemanes internados. Ibid., vol. II, pp. 25-26 y 37.

  2. Ibid., p. 41.

  3. La actitud ambigua del canciller Murature respecto del gobierno de Estados Unidos, en J.A. Tulchin, op. cit., pp. 98-99.

  4. Rómulo S. Naón, "La guerra europea y el panamericanismo", Conciliación Internacional, Boletín 21, abril de 1919, cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 51.

  5. R.S. Naón, op. cit., pp. 3-9 y 12-19, cit. en ibid., pp. 51-52.

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