A mediados de abril de 1917, el presidente
Yrigoyen volvió a sacar a la luz su proyecto de realizar una conferencia de países
latinoamericanos con el objeto de constituir una unión diplomática de naciones
neutrales, pero, como varios de los países de la región habían roto sus relaciones con
Alemania, el nombre de la reunión proyectada varió de "Congreso de Paz" a
"Congreso Comercial" y luego a "Congreso de las Naciones de América
(1)". En mayo del mismo año, el gobierno argentino cursó las primeras invitaciones
a la proyectada reunión en Buenos Aires. Hacia octubre, cuando nuevamente se planeaba
llevar a cabo el proyecto, el diputado Horacio Oyhanarte expresó en la Cámara de
Diputados: "el Congreso de Neutrales hará que la República Argentina no aparezca
como una individualidad aislada, sino que conglomerará a su alrededor a todos los demás
neutrales de América (2)".
Pero el proyecto yrigoyenista de una asamblea de países
latinoamericanos neutrales estuvo condenado al fracaso desde el ingreso de Estados Unidos
en la guerra. Sólo México envió sus delegados, pese a que los gobiernos de Bolivia,
Brasil, Colombia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay habían también aceptado la
invitación argentina, al ser consultados a principios de 1917. Las intensas presiones
diplomáticas del gobierno norteamericano, interesado en una activa política beligerante
que reafirmara su liderazgo en el continente, produjeron el fracaso de la convocatoria de
Yrigoyen (3). Aunque el canciller argentino Honorio Pueyrredón le explicó personalmente
al ministro norteamericano en Buenos Aires Frederick J. Stimson que el congreso tendría
por finalidad brindar un apoyo moral a Estados Unidos y los aliados, el secretario de
Estado Robert Lansing -convencido de que el gobierno radical era en realidad progermano
más que neutral- se opuso a esta iniciativa de la diplomacia yrigoyenista. Por cierto, el
texto de la nota argentina de invitación al congreso tuvo un tono ambiguo e invitó a
alimentar las desconfianzas del titular del Departamento de Estado, ya que propuso una
reunión de las naciones americanas para procurar un acuerdo mutuo frente a los problemas
ocasionados por la guerra y establecer relaciones cordiales entre dichas naciones, con el
objeto de reforzar su situación en el mundo (4).
Las razones del proyecto de Yrigoyen de realizar una conferencia de
países latinoamericanos neutrales es objeto de controversia. Según Weinmann, de la
documentación norteamericana no se deduce que la intención del gobierno argentino haya
sido la de oponerse a Estados Unidos y ejercer un liderazgo en América latina, sino la de
buscar una salida que le permitiese mantener su neutralidad y a la vez apoyar a los
aliados con el respaldo del resto de la región, pero sin comprometerse abiertamente en la
Primera Guerra (5). Para Emily Rosenberg, las sospechas del secretario de Estado Lansing
respecto de las reales intenciones de Yrigoyen mueven a suponer que los objetivos del
líder radical estuvieron vinculados con el enfrentamiento al gobierno norteamericano y el
ejercicio de un liderazgo regional (6). Esta también es la opinión de David Sheinin,
quien sostiene que los esfuerzos de Yrigoyen por organizar una conferencia de países
latinoamericanos neutrales respondieron al tradicional deseo de la clase dirigente
argentina de competir con Washington por la influencia en la región, aunque esta actitud
de desafío o competencia no fue lo suficientemente poderosa en los hechos como para poder
contrarrestar la "diplomacia de control" del gobierno norteamericano (7).
Por su parte, Harold Peterson asume una línea de interpretación
intermedia, sosteniendo que Yrigoyen se rigió en política exterior por la doctrina
"latinoamericanista" y que, sin ser abiertamente antinorteamericano, le hizo el
juego a los propagandistas antinorteamericanos, en una suerte de lucha por la hegemonía
en el hemisferio. A su vez, la mayoría de los autores argentinos (y especialmente los
vinculados a la militancia radical) no identifican esta actitud de Yrigoyen como un gesto
de desafío a Estados Unidos, sino como la búsqueda de una posición independiente de la
norteamericana (8).
Más allá de las diferentes lecturas, lo cierto fue que el secretario
de Estado Robert Lansing realizó todo tipo de maniobras y presiones tendientes a evitar
que los países latinoamericanos participasen del proyecto de Yrigoyen, esfuerzos que se
vieron coronados por el éxito, ya que las naciones que inicialmente apoyaron al gobierno
argentino, posteriormente anunciaron que no asistirían al congreso -salvo el caso de
México-, con lo que el proyecto del líder radical se pospuso (9).
Yrigoyen reflotó, en octubre de 1917, la idea de realizar un congreso
latinoamericano sin la intervención de Estados Unidos. Para Yrigoyen los países de la
región debían tomar una decisión respecto de la actitud a tomar frente a la guerra, que
fuese independiente de las presiones norteamericanas y/o aliadas. Esta peculiar postura de
Yrigoyen, particularmente irritante para el secretario de Estado norteamericano Lansing,
está evidenciada en una nota del ministro de Colombia en Buenos Aires, Roberto Ancizar,
al ministro de relaciones exteriores de su país, Emilio Ferrero, en donde, al comentar
las ideas de Yrigoyen, el primero decía que:
No es admisible (...) que porque Estados Unidos adopte determinada
actitud en la presente guerra ante Europa, tengan las demás Repúblicas, les convenga o
no, que alinearse con ellos. Y menos admisible que, para llegar a esa unanimidad, se usen
medios coercitivos, sobre todo los económicos. (...)
(...) si el interés moral y material de la Argentina exige adoptar la causa de los
aliados, una decisión semejante sería un acto espontáneo, hijo de su propia soberanía
(...).
De ahí la idea del Congreso, que, lejos de implicar hostilidades a la actual política de
Estados Unidos, pudiera muy bien ser de cooperación principista.
Lo que este gobierno busca con la convocatoria del Congreso es precisamente la armonía,
como resultado de la independencia de criterio, no la anarquía, que es lo que las
influencias inconfesables de Estados Unidos han logrado sembrar entre las cancillerías
latinas. Lo que se quiso en un principio y se quiere hoy es que la parte latina del
continente pueda hacer sentir ante el mundo que si toma una decisión lo hace por su
propia voluntad libre (...).
(...) es indispensable salvar la personería propia de las Repúblicas latinas (...) si no
lo logramos, cuando en el próximo Congreso de la Paz se modulen por medio siglo los
destinos del mundo, se dispondrá de nosotros como de los mercados africanos (...).
En resumen: hostilidad a Estados Unidos es lo único en que no se pensará en el Congreso.
Conformidad de ideas, si fuere posible, y si no, cambio de ideas, para que, al seguir cada
cual la polítca que mejor le cuadre, sepan los demás que ella no implica deseo de romper
la solidaridad, sino que obedece a circunstancias especiales. Pero en uno y otro caso, que
quede la constancia de que los latinoamericanos obraron y se comportaron como mayores de
edad, y que como tales, adherirán o no a la política de Estados Unidos, a quien siguen
considerando como el miembro más importante del continente por ser el factor más capaz
de promover el bienestar de los demás (10).
Por su parte, el gobierno norteamericano, que desde el principio
desconfió del proyecto de Yrigoyen de convocar un congreso latinoamericano, decidió
seguir presionando a las autoridades argentinas hacia la ruptura de relaciones con
Alemania, publicando, el 30 de octubre de 1917, dos nuevos telegramas del embajador
alemán Karl von Luxburg. En uno de ellos, el embajador afirmaba que los sudamericanos
eran indios (11).
Yrigoyen intentó convencer al gobierno norteamericano de sus
intenciones favorables hacia los aliados, ofreciéndole al ministro Stimson la
participación de Estados Unidos en el congreso latinoamericano. Pero el secretario
Lansing ordenó a Stimson que no se entrevistase más con el presidente argentino, y
además mandó publicar 37 nuevos telegramas de Luxburg el 20 de diciembre de 1917, con
expresiones agraviantes hacia el gobierno argentino, a fin de arrinconar a Yrigoyen hacia
la ruptura de relaciones con las potencias centrales (12).
A fines de diciembre de 1917, quedó en evidencia el fracaso del
segundo intento de Yrigoyen por convocar un congreso latinoamericano de países neutrales,
en forma independiente de la influencia norteamericana. Sólo México y El Salvador
mantuvieron su decisión de asistir, razón por la cual el líder radical decidió
posponer nuevamente el cónclave. En este fracaso del proyecto de Yrigoyen, el
Departamento de Estado norteamericano tuvo un rol protagónico, demostrando -como en el
caso de la frustrada mediación argentina, brasileña y chilena en la crisis mexicana- la
enorme eficacia de la "diplomacia de control" del gobierno de Washington en
detrimento de los desafíos regionales del gobierno argentino (13). A partir de este
traspié en los intentos neutralistas o hispanoamericanistas de Yrigoyen -según algunos
autores-, o decididamente antinorteamericanos -según otros-, se aceleró el acercamiento
del gobierno y la diplomacia argentina hacia las fuerzas aliadas.
Según Peterson, los objetivos de la proyectada conferencia de países americanos no quedaron del todo claros, debido a dos factores: la falta de publicidad de la correspondencia del gobierno argentino respecto de este polémico tema y la superficialidad con que dicho tema es tratado en las memorias del embajador norteamericano en Buenos Aires Frederick Stimson. Según distintos informes de Stimson a su gobierno, la conferencia trataría de intervenir como mediadora en la guerra; más adelante, iba a ser un congreso de paz, luego un congreso comercial y por último un congreso de las naciones de América. Stimson al secretario de Estado, 27 de febrero y 20 y 22 de abril de 1917, FRUS, 1917, Sup. 1, pp. 235, 260, 263-264. Incluso existen divergencias acerca del momento en que se impulsó este proyecto de Yrigoyen. Stimson informó que el ministro de relaciones exteriores argentino había dicho que algunas naciones habían sido invitadas informalmente antes de la ruptura de los vínculos de Estados Unidos con Alemania (es decir, antes de febrero de 1917). Por su parte, Naón dijo al secretario de Estado Lansing que la idea de convocar tal congreso nació a partir del ingreso de Estados Unidos en la guerra. Naón al secretario de Estado, 20 de abril y 17 de mayo de 1917, FRUS, 1917, Sup. 1, 260, 282, fuentes citadas en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, pp. 45-46.
Ver expresiones de Oyhanarte en Diputados sobre el Congreso de países latinoamericanos neutrales en el artículo titulado "No habrá Congreso de Neutrales", Diario de la Historia Argentina, Nº 101, enero 1918, p. 2, en Jorge Perrone, Diario de la Historia Argentina, 1916-1946, tomo 3, Buenos Aires, Ediciones Latitud 34, noviembre de 1991, p. 12.
Como resultado de esta presión norteamericana, por ejemplo, el gobierno de Cuba, que fue junto con el de México el primero en comprometer su asistencia al Congreso de países latinoamericanos neutrales, entró en guerra con Alemania, siguiendo la política de la Casa Blanca. Ver idem nota anterior.
Stimson a Lansing, 27 de febrero, y 16, 17, 20 y 22 de abril de 1917, en FRUS, 1917, Sup. 1, pp. 235, 256 y sigs., 260 y 263 y sigs.; Stimson a Lansing, 20 de abril de 1917, en FRUS, 1917, Sup. 1, p. 260 y sigs.; FRUS, Lansing Papers, tomo 1, p. 498; F.J. Stimson, op. cit., p. 369; Stimson a Lansing, 22 de abril de 1917, en FRUS, 1917, Sup. 1, pp. 262 y sigs.; Emily S. Rosenberg, World War I and the growth of the United States preponderance in Latin America, New York, 1973, p. 9; Gastón Gaillard, Amérique Latine et Europe occidentale. L' Amérique Latine et la guerre, Paris, 1918, p. 141; Gabriel del Mazo, El radicalismo. Ensayo sobre su historia y su doctrina, Buenos Aires, 1957, tomo 1, p. 294, fuentes citadas en R. Weinmann, op. cit., p. 117.
Ibid., p. 117.
E.S. Rosenberg, op. cit., p. 9; Thomas A. Bailey, The Policy of the United States toward the Neutrals, 1917-1918, Baltimore, 1942, p. 317; Harold Eugene Davis, J. John Finan y F. Taylor Peck, Latin American Diplomatic History. An Introduction, Baton Rouge & Londres, 1977, pp. 178 y sigs., fuentes citadas en ibid., p. 117.
Sheinin sostiene que en parte esta ambición de liderazgo argentino sobre los países latinoamericanos neutrales estuvo muy vinculada con la cooperación diplomática y militar entre los gobiernos de Estados Unidos y Brasil, factor que generó temores y recelos en la diplomacia argentina, que históricamente se guió por consideraciones de equilibrio de poder regional. D. Sheinin, op. cit., pp. 135-137.
G. del Mazo, El radicalismo, tomo 1, pp. 294-299; Manuel Gálvez, Vida de Hipólito Yrigoyen. El hombre del misterio, Buenos Aires, 1976, p. 273 y sigs.; L.M. Moreno Quintana, op. cit., p. 225, cit. en R. Weinman, op. cit., p. 118.
Brasil, Cuba, Panamá y la República Dominicana siguieron la iniciativa norteamericana de romper lazos diplomáticos con Alemania; Haití y Venezuela se opusieron rápidamente a la propuesta de Yrigoyen; y Perú, Bolivia y Guatemala hicieron lo mismo cuando percibieron que el gobierno norteamericano se oponía a la iniciativa argentina. D. Sheinin, op. cit., p. 136; E.S. Rosenberg, op. cit., pp. 16-18, cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 118.
Carta del ministro de Colombia en Buenos Aires, Roberto Ancizar, al ministro de relaciones exteriores colombiano, Emilio Ferrero, Buenos Aires, 20 de noviembre de 1917, en G. del Mazo, El radicalismo, tomo 1, pp. 329-332, cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 136. También citada en el artículo "No habrá Congreso de Neutrales", enero de 1918, Diario de la Historia Argentina, Nº 101, en J. Perrone, op. cit., p. 12.
P.A. Martin, op. cit., 1967, p. 246, cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 137.
H.F. Peterson, op. cit., Buenos Aires, 1970, p. 375; E.S. Rosenberg, op. cit., p. 26; P.A. Martin, op. cit., 1967, p. 248 y sigs.; Lansing a Stimson, 15 y 24 de diciembre de 1917; Stimson a Lansing, 21 y 22 de diciembre de 1917, en FRUS, 1917, Sup. 1, pp. 388 y sigs., y 392 y sigs., cit. en ibid., p. 137.
Lansing to American missions in Central and South America, except Argentina, México, Panamá, Cuba, Brazil and Santo Domingo, 25 May 1917, 763.72110/608, RG 59, NA, fuente citada en D. Sheinin, op. cit., p. 136.
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