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Los efectos de las medidas proteccionistas y sanitarias norteamericanas en las relaciones bilaterales

El Departamento de Agricultura norteamericano (United States Department of Agriculture (USDA)) impuso, en 1926, una serie de medidas, como la coloración de las semillas de alfalfa y trébol morado importada en abril de dicho año, y los embargos sanitarios sobre la uva blanca importada, infectada por la "mosca mediterránea". A dichas medidas, que entorpecieron la colocación de productos argentinos en el mercado norteamericano, se sumó, en septiembre, la prohibición de la importación de carne infectada con aftosa, a través de la orden 298 de la División de Industria Animal del Departamento de Agricultura norteamericano (Bureau of Animal Industry (BAI) del USDA). Esta resolución afectó los rubros de exportación más relevantes de la economía argentina de esa época -la carne enfriada o chilled beef y la carne congelada o frozen beef (1)-.
    La prohibición de importar carne enfriada y congelada, establecida por la orden 298, fue un serio golpe al orgullo de la aristocracia ganadera argentina. El resentimiento argentino hacia esta medida se evidenció inmediatamente. Como en otras etapas de la historia, negándose a aceptar la realidad, los ganaderos -y a través de ellos las autoridades argentinas- no percibieron la prohibición norteamericana de las carnes argentinas como un problema sanitario, sino como una medida discriminatoria que atentaba contra los intereses comerciales y políticos argentinos. Así, el financista porteño Carlos Alberto Pueyrredón sostuvo, ante interlocutores norteamericanos en enero de 1929, que la prohibición de importación de carne argentina por parte de las autoridades norteamericanas "era injusta" y que "la variedad de aftosa en Argentina era benigna". El tema de la prohibición norteamericana a las carnes argentinas se prolongó durante las décadas de 1920 y 1930, convirtiéndose en el tema de agenda bilateral más relevante desde el lado argentino. El esfuerzo de las autoridades y los ganaderos argentinos por transformar un problema estrictamente científico (la prohibición al ingreso de carnes congeladas y enfriadas argentinas al mercado norteamericano a causa de la aftosa), en un tema de confrontación diplomática con Washington estuvo basado en la resistencia de la elite argentina a aceptar que en ese momento eran los norteamericanos y no los europeos los que definían las normas respecto del tratamiento de enfermedades en los ganados (2).
    Mientras Estados Unidos presentó la cuestión de la prohibición como un tema de carácter sanitario, la Argentina intentó presentarlo como un problema político y comercial vinculado a una actitud discriminatoria del Departamento de Agricultura norteamericano. El fracaso de la estrategia argentina confirmó la primacía regional norteamericana y la incapacidad argentina de contrastarla. Este fracaso no hizo más que evidenciar factores tales como la inocultable asimetría de poder existente entre las autoridades de Buenos Aires y las de Washington; el éxito de la "diplomacia de control norteamericana" para los países del Cono Sur -es decir, la capacidad de Estados Unidos de imponer sus intereses en estas naciones sin tener que pagar los costos de la intervención directa-; y la desactivación de las relaciones bilaterales argentino-norteamericanas tras el agotamiento de las discusiones diplomáticas respecto de la prohibición de la importación de carnes infectadas con aftosa.
    Resentidas con los alcances negativos de la orden 298, las autoridades y ganaderos argentinos, en vez de aceptar las medidas de erradicación de la enfermedad propuestas por las autoridades norteamericanas, politizaron el problema de la aftosa en las carnes argentinas y vincularon este tema a otros de la agenda bilateral. Como efecto de esta vinculación, las autoridades argentinas, respondiendo a los intereses ganaderos, dieron rienda suelta a un perfil crecientemente crítico de la política regional norteamericana. Hubo fuertes críticas de los periódicos argentinos respecto de la política norteamericana hacia México y Nicaragua; la Sociedad Rural Argentina esbozó desde 1924 el lema de "Comprar a quien nos compra" con un claro sentido antinorteamericano; las compañías petroleras norteamericanas sintieron los ataques de periódicos y políticos argentinos (entre ellos del propio ex presidente Hipólito Yrigoyen) y las autoridades argentinas se resistieron a firmar un tratado comercial entre ambos países.

  1. El alcance de estas medidas proteccionistas y sanitarias norteamericanas en la economía argentina puede consultarse detalladamente en los capítulos de este libro referentes a las relaciones económicas de la Argentina con Gran Bretaña y Estados Unidos.

  2. En 1924, el Departamento de Agricultura norteamericano (USDA) identificó tres métodos posibles para erradicar la aftosa del ganado. El primero, la inmunización, estaba aún en una fase experimental. El segundo método era la cuarentena y la desinfección. En el momento de la sanción de la prohibición decretada por el USDA sobre las carnes infectadas con aftosa, ésta era la técnica usada en la Argentina y en la mayoría de los países europeos. Pero el USDA estableció científicamente que este segundo método era poco efectivo. El tercer método de control epidemiológico de la aftosa, el recomendado por el USDA, era más radical que el anterior pues proponía no limitar la matanza de ganado a los animales infectados sino extenderla a todos los animales que hubieran tenido contacto con la enfermedad. Esta conclusión científica del USDA requirió de una avanzada infraestructura gubernamental, que permitió en el caso norteamericano extender el respaldo educativo y logístico necesario para asegurar una eficiente matanza de ganado en todas aquellas regiones de Estados Unidos golpeadas por la aftosa. Pero si bien las autoridades norteamericanas podían y/o estaban dispuestas a soportar el costo de una matanza masiva de ganado, éste no fue el caso de la economía ganadera argentina. El carácter incierto e inestable de la producción ganadera argentina en la década de 1920, las falencias tecnológicas de las autoridades y ganaderos locales para emprender un método de prevención masivo como el propuesto por el USDA norteamericano, la actitud flexible de Gran Bretaña al admitir las carnes argentinas aun estando infectadas con aftosa, y la definición de la exportación de carne enfriada y congelada argentina como "el interés nacional vital" por parte de los gobiernos argentinos de las décadas de 1920 y 1930, fueron factores que hicieron impensable una discusión seria del alcance del problema de la aftosa. Para los estancieros argentinos, la actitud norteamericana en el problema de la aftosa no respondía a razones de carácter sanitario, sino que obedecía a una actitud discriminatoria, proteccionista, antiargentina, y afectaba intereses nacionales vitales tanto a nivel comercial como político. Además, los ganaderos argentinos, habituados durante las tres primeras décadas del siglo XX a acudir a los europeos para obtener información sobre la aftosa, no aceptaron el método de prevención norteamericano (la matanza masiva de ganado infectado) y se apegaron a los estudios más tradicionales de los científicos europeos. Ver D. Sheinin, op. cit., pp. 266-267.

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