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Las relaciones argentino-norteamericanas en el ámbito panamericano entre 1918 y 1930

Por cierto, el resentimiento argentino hacia el gobierno norteamericano se manifestó con fuerza en el plano de las relaciones interamericanas. La insistencia de la Casa Blanca en aplicar en forma unilateral la Doctrina Monroe, reflejada en sus continuas intervenciones en el Caribe, dio ocasión a los nacionalistas argentinos para expresar su oposición a lo que consideraban una violación del principio de igualdad soberana de los Estados. Estas actitudes del gobierno norteamericano dieron un golpe mortal a las esperanzas de un panamericanismo donde se respetaran de manera equitativa los intereses de los países latinoamericanos, fomentando en éstos el sentimiento hispanoamericano, en forma aún más exacerbada que en el pasado. Como ya se mencionara, en el caso de la Argentina, un claro exponente del hispanoamericanismo fue el escritor y político Manuel Ugarte, embajador argentino en México, Nicaragua y Cuba, quien clamó con insistencia por la preservación de la cultura hispanoamericana frente a la usurpación norteamericana (1). Como predijo con acierto el embajador Naón en los días de la Primera Guerra, el compromiso de Estados Unidos con Europa durante y después de las hostilidades, y el resurgimiento del latinoamericanismo como reacción de los países de la región al intervencionismo norteamericano, fueron factores que debilitaron la no demasiado sólida vocación panamericanista.
    Por el lado norteamericano, factores tales como los impredecibles conflictos laborales del gobierno de Yrigoyen, el temor norteamericano a las agitaciones de izquierda en la región, y la expansión del poder económico de Estados Unidos a nivel regional llevaron, durante la década de 1920, a una desilusión de Washington respecto de las autoridades elegidas democráticamente en América Latina (y del radicalismo en la Argentina), percepción que a su vez provocó una menor preocupación de la diplomacia norteamericana por fomentar las relaciones bilaterales con los países de la región. Con el ascenso de Estados Unidos al status de gran potencia, la resolución de cuestiones bilaterales que reclamaron las autoridades argentinas fueron subsumidas en la preocupación de los representantes de la Casa Blanca por asegurar la supremacía comercial y la estabilidad en América. Durante la década de 1920, se desarrolló un nuevo capítulo de la llamada por Sheinin "diplomacia de control", donde la interacción diplomática entre los representantes argentinos y norteamericanos tuvo lugar dentro del paraguas de las Conferencias Panamericanas dominadas por el gobierno de Estados Unidos (2).

  1. Manuel Ugarte, "L'Amérique latine après la guerre", La Revue Mondiale, vol. 142, 15 de mayo de 1921, pp. 139-147, y Manuel Ugarte, The Destiny of a Continent, New York, 1925, especialmente pp. 285-286, 288-289, cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 87.

  2. D. Sheinin, op. cit., pp. 226-227.

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