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La Segunda Conferencia Financiera Panamericana (1920)

Esta Conferencia representó la primera oportunidad para Estados Unidos de explotar, a través de canales diplomáticos, el liderazgo financiero alcanzado durante la guerra. El reemplazo de Londres como centro financiero mundial por Nueva York, evidente tras el fin de la Primera Guerra, procuró ser capitalizado por la Casa Blanca, cuyos representantes buscaron que los fondos disponibles de capital privado en Nueva York fueran un instrumento de poder financiero para lograr la deseada estabilidad hemisférica y la consecución de los intereses comerciales norteamericanos en la región. Guiadas por estos objetivos, las autoridades de Washington enviaron agentes a cada una de las naciones latinoamericanas con el objetivo de conseguir la información necesaria para conocer las necesidades financieras latinoamericanas. Así, por ejemplo, el Departamento de Estado determinó que la Argentina podía llegar a necesitar al menos 170 millones de dólares, para la consolidación de los préstamos de corto plazo del gobierno nacional obtenidos en Estados Unidos y Europa, y para la renovación de vías y la extensión del ferrocarril estatal (1).
    Al planificar esta Conferencia Financiera, el gobierno de Estados Unidos se preocupó por la existencia de empréstitos que la Argentina planeaba emitir en Europa para financiar el costo de su venta de granos. El gobierno argentino había acordado un crédito de 200 millones de dólares a los gobiernos de Gran Bretaña, Francia e Italia. Los créditos debían ser respaldados por financistas norteamericanos, pues la economía argentina atravesaba en ese momento por urgencias financieras de diversa índole, reflejadas en numerosos empréstitos provinciales y en la necesidad de créditos para la mejora de la infraestructura portuaria, ferrocarriles, edificios públicos, etc. (2). Pero en las instrucciones a sus delegados, el gobierno norteamericano advirtió que los fondos para proyectos domésticos de los países americanos eran escasos y por lo tanto para atraerlos serían necesarias buenas propuestas y debían esperarse altos intereses. Las fuerzas del mercado y la estabilidad política -no la perentoria necesidad de inversión de capital- determinarían la disponibilidad de capital norteamericano para América latina (3).
    En clara sintonía con estos condicionamientos financieros, los objetivos de los representantes argentinos en las Conferencias Panamericanas de la década de 1920 variaron considerablemente de los de décadas anteriores. Mientras en 1917 el presidente Yrigoyen buscó influir sobre la política internacional de otras repúblicas latinoamericanas, en 1920 la diplomacia argentina abandonó sus expectativas de liderazgo para convertirse en una de las tantas naciones de la región que procuraron obtener créditos financieros de los bancos norteamericanos. En la Segunda Conferencia Financiera Panamericana, cada representante latinoamericano concentró sus esfuerzos en los temas que fueran mencionados en la Primera Conferencia Financiera y que eran relevantes para los países de la región, es decir, las cuestiones vinculadas a medidas comerciales y de normalización financiera que pudiesen hacer más beneficioso y eficiente el intercambio entre Estados Unidos y los países latinoamericanos. El objetivo principal de la delegación argentina en esta Segunda Conferencia Financiera fue obtener de Washington la concreción del plan propuesto por el ministro de hacienda argentino, Domingo E. Salaberry, respecto del establecimiento de una sucursal en Estados Unidos del Banco de la Nación. Aparentemente, el ministro había concebido la idea de una sucursal bancaria en camino a la conferencia. El plan estuvo mal concertado y sufrió el bombardeo de la prensa argentina, que calificó al ministro Salaberry de incompetente. Además, y como ocurrió con los planes específicos presentados en la conferencia por la mayoría de las naciones, el proyecto de Salaberry quedó en la nada (4). 

  1. Lansing to American Diplomatic Officers in Latin America, and American Consul in San José, 22 October 1919, 810.51a/73a, RG 59, NA; Robert Neal Seidel, Progressive Pan Americanism: Development and United States Policy Toward South America, 1906-1931, Ph.D. dissertation, Cornell University, 1973, pp. 121-122; Julius Klein, American Commercial Attaché in Buenos Aires, and George S. Brady, American Trade Commissioner in Buenos Aires, "Financial Requirements of the Argentine Republic for 1920", 7 January 1920, 810.51a/238, RG 59, NA, cit. en ibid., pp. 237-238.

  2. Ibid., pp. 238-239.

  3. R.N. Seidel, op. cit., p. 122, cit. en ibid., p. 239.

  4. Nº 1878, Hacherly to Secretary of State, 30 August 1920, 810.51a/276; Nº 1005, Stimson to Secretary of State, 28 November, 1919, 810.51a/205, RG 59, NA; "Argentine Public Opinion: the American Representatives at the Financial Conference", Buenos Aires Herald, 28 January 1920; "Argentine Public Opinion: Prophets Abroad", Buenos Aires Herald, 1 February 1920, fuentes citadas en ibid., pp. 240-241.

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