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La Sexta Conferencia Panamericana (La Habana, 1928)

Los representantes norteamericanos llegaron a la Sexta Conferencia conscientes de que la política de intervención norteamericana generaba un fuerte malestar en los países de la región. En el caso argentino, si bien no era ésta una nación afectada por la política de intervención directa de Estados Unidos, existía un fuerte resentimiento por la serie de obstáculos no resueltos en la agenda bilateral (tarifas aduaneras, orden 298 sobre prohibición de importar carne congelada y enfriada infectada con aftosa). Este resentimiento argentino fue canalizado a través de una creciente crítica de los políticos y medios de prensa locales hacia el intervencionismo militar norteamericano en México y Nicaragua. Aún La Nación, un periódico de inclinación pronorteamericana, sostuvo en sus columnas correspondientes a enero de 1928, semanas antes de la celebración de la conferencia de La Habana, que los esfuerzos norteamericanos contra Sandino en Nicaragua eran un test que ponía a prueba el panamericanismo, y que las naciones latinoamericanas tenían el derecho de demandar una explicación respecto de las acciones de intevención del gobierno de Estados Unidos. Por su parte, el periódico La Razón trazó un claro contraste entre el supuesto idealismo de la política exterior de Woodrow Wilson y la actitud agresiva del gobierno norteamericano en América Central (1).
    El negativo clima regional y el particular resentimiento argentino pesaron muy claramente en el desarrollo de la conferencia. Se desató así una dura controversia entre el jefe de la delegación argentina, Honorio Pueyrredón, canciller durante el primer gobierno de Yrigoyen y embajador en Washington a partir de 1924, y el jefe de la delegación norteamericana, el ex secretario de Estado, Charles Evans Hughes. La controversia diplomática argentino-norteamericana versó sobre dos temas: principio de no intervención y barreras aduaneras.
    En el primer tópico, y a pesar de que la Argentina no había sufrido la intervención norteamericana en forma directa, Pueyrredón apoyó con énfasis a la delegación de El Salvador y de las naciones latinoamericanas opuestas al intervencionismo norteamericano, pronunciando las siguientes palabras:

La soberanía de los Estados consiste en el derecho absoluto a la entera autonomía interior y a la completa independencia externa. Ese derecho está garantizado en las naciones fuertes por su fuerza, en las débiles por el respeto de las fuertes. Si ese derecho no se consagra y no se practica en forma absoluta, la armonía jurídica internacional no existe. La intervención diplomática o armada permanente o temporaria atenta contra la independencia de los Estados (...) (2).

Tanto el presidente como el ministro de relaciones exteriores argentinos felicitaron a Pueyrredón por su intervención a través de un cable telegráfico. No obstante, a pesar de que en general los latinoamericanos se oponían fuertemente a la intervención, sólo trece delegaciones se pronunciaron sin reservas por una propuesta definida que la prohibiese, y en ningún caso los Estados Unidos estuvieron dispuestos a aceptarla. Ante la falta de consenso, la cuestión quedó pendiente para la siguiente reunión (3).
    El otro tema de controversia con la delegación norteamericana fue la propuesta de Pueyrredón de incluir una declaración sobre reducción de barreras aduaneras en el preámbulo al convenio propuesto sobre la naturaleza de la Unión Panamericana, amenazando con no firmar el convenio si su propuesta no era aceptada. A diferencia de la crítica del delegado argentino a la política de intervención regional norteamericana, la posición de Pueyrredón respecto de las barreras comerciales fue más allá de lo esperado por el presidente Marcelo T. de Alvear y por su canciller Angel Gallardo. Alvear temió que la adopción de una postura extrema por parte de la delegación argentina aislara al país de la Unión Panamericana o hiciera fracasar dicha Unión. Por su parte, las instrucciones del canciller argentino a Pueyrredón sostuvieron expresamente que si la conferencia de La Habana fracasaba, la responsabilidad de este traspié debía recaer en todo caso en la intransigencia norteamericana sobre el principio de no intervención, tema donde Pueyrredón contaba con un vasto apoyo, y no en la obstinación argentina en materia de tarifas aduaneras, donde se encontraba aislado (4).
    No obstante, el delegado argentino desobedeció las instrucciones de su gobierno (5). Tal como el canciller argentino se lo advirtiera, la postura de Pueyrredón no logró obtener el suficiente apoyo de las delegaciones restantes, aunque el representante luchó por imponer el proyecto de incluir una declaración de reducción arancelaria hasta el final. En el tema de las tarifas, la delegación argentina fue la única que asumió una posición crítica hacia Estados Unidos, lo cual dio lugar a un nuevo triunfo de la "diplomacia de control" norteamericana, que logró aislar la voz disonante del representante argentino. Los norteamericanos ganaron la mayoría en las cuestiones más importantes tratadas en la conferencia y salieron fortalecidos de la misma (6).
    Exasperados por la actitud desafiante de su subordinado en La Habana, el presidente Alvear y el canciller Gallardo le ordenaron a Pueyrredón firmar el convenio respecto de la naturaleza de la Unión Panamericana expresando sus reservas. Pueyrredón, que había amenazado con no firmar si no obtenía respaldo para su propuesta de reducción de tarifas, se mantuvo en su postura (7). La negativa de Pueyrredón a obedecer a sus superiores no sólo se debió a una cuestión de preservar su imagen. Básicamente respondió a la percepción de que dar un paso atrás a esas alturas haría peligrar su ambición personal de acceder a algún puesto en el gabinete del sucesor de Alvear. Probablemente como parte de un plan destinado a impresionar a Yrigoyen en su favor, Pueyrredón decidió renunciar a la jefatura de la delegación y al cargo de embajador en Washington (8).
    Finalmente, el convenio sobre organización y objetivos de la Unión Panamericana fue firmado por el reemplazante de Pueyrredón. El gobierno de Alvear decidió poner paños fríos a los posibles efectos de la actitud de Pueyrredón y resolvió dar a conocer toda su correspondencia diplomática con el fin de demostrar las divergencias existentes y ya inocultables entre el gobierno argentino y el ex delegado argentino acerca de las tácticas diplomáticas a utilizar en la Conferencia de La Habana.
    Como sostiene Harold Peterson, la fallida actuación de Pueyrredón en la Conferencia de La Habana puso en evidencia, más que en ninguna de las reuniones panamericanas anteriores, los dos principales motivos de resentimiento argentino hacia Estados Unidos: su actitud intervencionista en materia de política regional y su actitud proteccionista en materia de política comercial (9).
    Si bien Pueyrredón intentó ganar las voluntades de los países latinoamericanos sustentando una posición anti-intervencionista en favor de México y Nicaragua, las medidas puestas en marcha por la "diplomacia de control", para contrarrestar cualquier posible desafío a su poder regional, aseguraron al gobierno de Estados Unidos el respaldo de muchos gobiernos latinoamericanos meses antes de la reunión (10). No obstante, debe también señalarse que el liderazgo ejercido por la Argentina en favor de la no intervención y el consenso que éste encontró en muchos países de la región demostraron claramente al gobierno norteamericano que aquélla era una seria preocupación de muchos de los estados del continente y una cuestión que debía ser resuelta en algún momento.

  1. Alvear y Gallardo al Presidente del Senado, 29 de julio de 1927, Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores, Buenos Aires, 1928, pp. 32-33; "Los sucesos de Nicaragua", La Nación, 4 de enero de 1928; "La política intervencionista de Estados Unidos es hoy la piedra de toque del panamericanismo", La Nación, 5 de enero de 1928; Nº 135, Bliss to the Secretary of State, 10 January 1928, 817.00/5349, RG 59, NA; Anibal Pablo Jáuregui, "Comercio y no intervención: dos temas conflictivos en las relaciones argentino-norteamericanas, 1922-1928", documento no publicado, 1986, fuentes citadas en ibid., p. 296.

  2. Diario de la Sexta Conferencia Internacional Americana, p. 492; Pueyrredón al ministro de relaciones exteriores, 4 de febrero de 1928; y Circular informativa mensual, p. 76, fuentes citadas en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 96. Respecto de la intervención del delegado argentino: Robert T. Pell, "Washington Diplomats at Havana", Special Supplement on the Occasion of the Sixth Pan American Conference, Washington D.C., Capital City News Association, 1928; Nº 296, Pueyrredón to Minister of Foreign Relations, 4 February, 1928, Expediente 5, VI Conferencia Internacional Americana, MRE; Luis C. Alén Lascano, Pueyrredón: El mensajero de un destino, Buenos Aires, Raigal, 1951, 118-134; Luis C. Alén Lascano, Yrigoyen, Sandino y el panamericanismo, Buenos Aires, Centro del Editor, 1986, 116-119; "Argentina (Political)", 27 February 1928, 2657-L-72, RG 165, NA; Olds to American Embassy, Buenos Aires, 9 February 1928, 710.F002/236a, RG 59, NA, fuentes citadas en D. Sheinin, op. cit., pp. 287-288.

  3. G. Connell-Smith, op. cit., p. 184.

  4. A Pueyrredón, Circular informativa mensual del Ministerio de Relaciones Exteriores, p. 77; despacho del embajador norteamericano, 16 de abril de 1928, NA, DS, 710.F002/308, cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 98.

  5. En una carta del 14 de febrero de 1928, el canciller argentino Angel Gallardo criticó abiertamente al delegado ante la Conferencia de La Habana y embajador argentino en Washington, Honorio Pueyrredón, por haber desobedecido sus instrucciones y haber defendido una posición extremista en nombre del gobierno argentino. Gallardo defendía el panamericanismo tanto como el concepto de una zona libre de tarifas en el hemisferio occidental sostenido por el delegado Pueyrredón. Pero el ministro de relaciones exteriores argentino atacó lo que entendía como una intencionalidad política de su subordinado. En realidad, el canciller Gallardo, el anterior embajador en Washington, Tomás Le Breton, y otros miembros del gobierno de Marcelo T. de Alvear sospecharon que la verdadera motivación de la actitud extrema adoptada por Pueyrredón en La Habana, al desafiar a su propio gobierno, no estaba en absoluto vinculada con una posición de antipatía hacia el gobierno norteamericano. Por el contrario, hasta la celebración de la Conferencia de La Habana, el entonces embajador argentino en Estados Unidos había logrado estrechas asociaciones con dirigentes norteamericanos, se había mostrado como un "amigo" del gobierno de Estados Unidos y un defensor tácito de la expansión comercial norteamericana en América latina. A partir de La Habana, Pueyrredón decidió dejar mal parada a la administración de Alvear con el objetivo de congraciarse con su sucesor en la presidencia argentina, Hipólito Yrigoyen, en cuyo gabinete esperaba ser designado. Alvear se enfureció con la desafiante actitud del embajador y delegado ante la conferencia, y comunicó su desagrado al canciller Gallardo, sosteniendo que Pueyrredón trataba de "encontrar un pretexto para renunciar, con el objetivo de congraciarse con Yrigoyen" y anunciando que no "le daría el gusto". Una prueba adicional de que la actitud antinorteamericana evidenciada por Pueyrredón estaba más vinculada a ambiciones políticas personales que a convicciones ideológicas fue el hecho de que el polémico delegado argentino luego de la Sexta Conferencia Panamericana quiso volver a demostrar buena voluntad hacia la Casa Blanca, e insistió ante los círculos políticos de Washington que era pronorteamericano y que su postura respecto de las tarifas en dicha conferencia no implicaba una actitud hostil hacia Estados Unidos. Este intento de reconciliación de Pueyrredón fue enérgicamente rechazado por el Departamento de Estado norteamericano, cuyos miembros señalaron al ex delegado argentino ante La Habana que las tarifas norteamericanas no eran más prohibitivas que otras barreras existentes en el hemisferio y que existían muchos bienes importados en Estados Unidos libres de arancel. Nº 195, Bliss to Secretary of State, 2 March 1928, 710.F002/291, RG 59, NA; Angel Gallardo, Memoria para mis hijos y nietos, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1982, p. 495; Francis White to Bliss, 21 March 1928, 701.3511/309; Kellogg to American Embassy, Buenos Aires, 22 March 1928, 701.3511/310; Memorandum of Conversation with Honorio Pueyrredón, 1 March 1928, 710.F002/254, RG 59, NA, fuentes citadas en D. Sheinin, op. cit., pp. 313-315 y 326-329.

  6. Kellogg to American Delegation, Havana, 14 February 1928, 710.F/335c, RG 59, NA; Kellogg to Bliss, 5 March 1928, Reel 31, Kellogg Papers, LC, cit. en ibid., p. 320.

  7. Major C.T. Richardson, American Military Attaché in Argentina, "Current Events for the Month of January", 31 January 1928, 2048-182:24, RG 165, NA; "The Incident of Havana", Buenos Aires Herald, 17 February 1928; "Los secretos de la ineficaz Cancillería argentina", La Prensa, 17 de febrero de 1928, fuentes citadas en ibid., p. 315.

  8. Ibid., p. 316; Circular informativa mensual del Ministerio de Relaciones Exteriores, p. 70, cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 98.

  9. H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 98.

  10. D. Sheinin, op. cit., p. 339.

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