El mal clima de las relaciones
argentino-norteamericanas en el lustro transcurrido entre la Quinta Conferencia
Panamericana de Santiago en 1923 y la Sexta en 1928 provocó que tanto los gobiernos
argentino como norteamericano evidenciaran escaso o ningún interés en cooperar para
resolver los problemas limítrofes de terceros países, tal como lo hicieran en 1910
respecto de los conflictos de Perú con Ecuador, y de Chile con Perú.
En el caso del pendiente conflicto chileno-peruano por los territorios
de Tacna y Arica, la diplomacia argentina se mantuvo a un costado, dejando que el gobierno
de Estados Unidos se las ingeniase para resolver la cuestión, que culminó con la
división de Tacna y Arica en 1929. En el caso de los conflictos entre Bolivia y Paraguay
por el Chaco, los gobiernos de Marcelo T. de Alvear e Hipólito Yrigoyen interpusieron sus
buenos oficios entre 1924 y 1928, sin sugerir la colaboración con Washington.
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