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La influencia militar alemana en la Argentina. La creación de la Escuela Superior de Guerra

La participación alemana en el comercio de armas argentino se retrotrae a los comienzos de la emergencia de la Argentina como Estado nacional durante la década de 1860. El ejército paraguayo introdujo los cañones fabricados por la firma alemana Krupp en la región del Plata durante la guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Por su parte, el gobierno argentino, atormentado por la sospecha de las intenciones expansionistas de Chile, ordenó sus primeros cañones Krupp en 1873, bajo el manto de silencio -oficialmente inspirado- de la prensa (1).
    Pronto las autoridades argentinas, al frente de un país próspero pero a la vez inestable, se mostraron interesadas en adoptar también los métodos militares alemanes, debido al prestigio mundial que tuvieron éstos a partir de la segunda mitad del siglo XIX. El gobierno argentino además tenía el incentivo de un ejército chileno crecientemente orientado hacia el modelo militar alemán. Por otra parte, la Argentina y Alemania compartían en esa época no sólo las experiencias de unificación nacional reciente y una común tradición europea, sino también estructuras gubernamentales de carácter autoritario, dominadas por elites con un poderoso deseo de modernización económica. Además, el gobierno alemán era consciente de que debía equilibrar sus intereses en la Argentina y en Chile (2).
    Durante la primera presidencia de Roca (1880-1886) se establecieron institutos militares y se procuró el asesoramiento de técnicos militares alemanes y otros europeos. Estas medidas fueron ejemplos del estrecho vínculo existente entre la compra de armamento moderno y la adopción de métodos modernos de entrenamiento. Admirador de la institución militar alemana y hombre de aires arrogantes y marciales, Roca recurrió a la ayuda germana en las cuestiones vinculadas a la defensa nacional. Pronto un puñado de especialistas alemanes comenzaron a ocupar posiciones claves en el ejército argentino (3).
    A fines del siglo XIX, los representantes de las fuerzas armadas alemanas en la Argentina se erigieron lentamente como los protectores de los intereses económicos alemanes en el Río de la Plata. En los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, esta política culminó en un tipo especial de asistencia a los fabricantes de armas y astilleros navales alemanes. Los instrumentos para canalizar esta asistencia en la Argentina fueron, por un lado, las demostraciones y propaganda para la utilización de la instrucción militar y naval alemana y, por otro lado, la venta de barcos de guerra, rifles y revólveres alemanes al mercado argentino. Estos esfuerzos se dirigieron tanto a adquirir clientes argentinos como a neutralizar a los potenciales rivales, especialmente los comerciantes de armas y astilleros navales franceses, norteamericanos y británicos.
    El gobierno argentino asumió a fines del siglo XIX el objetivo de fortalecer su prosperidad y defensa nacional cultivando estrechas relaciones militares, navales y económicas con Alemania, aun al precio de la interferencia alemana en las cuestiones internas argentinas. A los miembros más influyentes del gobierno les preocupaba además por esa época la amenaza chilena, a lo que se sumó el temor a la amenaza brasileña durante la primera década del XX. En la óptica del gobierno argentino, los expertos alemanes ayudarían a crear un ejército moderno que al menos ofreciese protección tanto contra países vecinos como contra revolucionarios radicales internos. En todo caso, tal ejército serviría como un instrumento genuino de consolidación y desarrollo nacional (4).
    Por cierto, los esfuerzos de los instructores militares y de las firmas alemanas que producían armas pequeñas o cañones para el mercado argentino fueron generalmente más exitosos que aquéllos protagonizados por su marina. Los astilleros navales alemanes, demasiado recientes frente a los británicos, no tuvieron en este período el prestigio de los últimos.
    A pesar del estallido de la crisis Baring, la década de 1890 fue testigo de la consolidación de la influencia alemana en el comercio de armas y en la organización de las fuerzas armadas argentinas -particularmente del ejército-. Incluso hacia 1894, la preocupación del gobierno argentino respecto de la posibilidad de una confrontación violenta con Chile lo llevó a pedir un crédito especial al gobierno alemán para la defensa militar. La posibilidad de solicitar un crédito a Alemania con fines de defensa militar fue analizado secretamente en las sesiones del Congreso argentino, amenazándose con la suspensión al periódico que publicara lo discutido en esas sesiones parlamentarias (5). Ese año de 1894 fue un año particularmente tenso, en el que los chilenos incursionaron en territorio considerado por las autoridades argentinas como propio. Dichas incursiones incluyeron a varios alemanes, que en ese momento declararon actuar en forma autónoma, pero que en realidad preparaban mapas estratégicos para el gobierno chileno (6).
    La influencia militar alemana continuó creciendo en la Argentina a pesar de la preocupación existente acerca de los fuertes gastos en armamentos. Durante la segunda presidencia de Julio Roca, entre 1898 y 1904, se hizo aún más profunda la orientación militar alemana. Como desde 1895 el gobierno chileno parecía prepararse para una guerra contra la Argentina incorporando oficiales alemanes a sus fuerzas militares, la administración de Roca, poco dispuesta a permitir que su vecino alterara el equilibrio de poder sudamericano, se embarcó en reformas de modernización de sus fuerzas armadas. Estas medidas adquirieron un carácter aún más urgente cuando la Argentina, siguiendo a Chile, adoptó un sistema compulsivo de servicio militar.
    El presidente Roca y los sectores progermanos en el gobierno y en el ejército argentinos estuvieron absolutamente convencidos de que la existencia de una academia de guerra centralizada podía remediar las falencias presentes en la organización militar argentina. Dicha academia sería dirigida por especialistas militares provenientes de Alemania, el país modelo en esos momentos en términos marciales, y serviría como una institución de entrenamiento para los oficiales argentinos. Una medida que se esbozó como alternativa -la formación de una legión italiana, respaldada por los miembros de la colonia italiana en la Argentina- fue descartada por el propio Roca, debido a las protestas provenientes tanto del gobierno italiano como de la colectividad italiana residente en Chile.
    La creación de la Escuela Superior de Guerra surgió de un contrato firmado por el encargado de negocios argentino en Alemania, Seeber, con el general Alfredo Arent y los oficiales del ejército alemán, mayor Kornatzki y capitanes Felgenhauer y Schunk, y el capitán Diserens del ejército suizo. Este contrato fue encomendado a Seeber por el ministro de guerra argentino (7).
    No obstante, la puesta en marcha del proyecto de una academia de guerra dominada por alemanes, a pesar de contar con el visto bueno de Roca y su círculo, demostró ser altamente controvertida, debido a la oposición de los sectores nacionalistas tanto dentro como fuera del ámbito castrense. Esta resistencia forzó a Roca a reducir el número de oficiales alemanes a ser incorporados a la plana mayor de la Escuela (8). Los diarios importantes también se opusieron al proyecto. La Nación cuestionó la necesidad de especialistas alemanes. Sus columnistas manifestaron preocupación por la posibilidad de que el ministro de guerra argentino se convirtiese en una suerte de juguete de los extranjeros, advirtiendo que la "Prusianización-manía" le había traído serios dolores de cabeza al gobierno chileno. Meses antes de la inauguración de la Escuela Superior de Guerra en 1900, La Prensa manifestó también una postura crítica respecto del curriculum y requisitos de admisión adoptados por aquélla (9).

  1. GFM, A 121, Le Maistre-Bismarck, December 4, 1873, cit. en Warren Schiff, "The Influence of the German Armed Forces and War Industry on Argentina, 1880-1914", Hispanic American Historical Review, August 1972, p. 437.

  2. Ibid., pp. 437-438.

  3. Freie Press, May 25, 1960, 126; Coronel Alberto Marini, "El ejército en los últimos cincuenta años", Revista Militar, Nº 186-188, Buenos Aires, 1960, 358; Fritz Theodor Epstein, European Military Influence in Latin America, on microfilm at the Library of Congress, Washington, 1961, pp. 58 y 277, fuentes citadas en ibid., p. 438.

  4. Ibid., p. 436.

  5. GFM, A 1763, Minister Krauel-Catrivi, Buenos Aires, January 22, 1894, cit. en ibid., p. 438.

  6. GFM, A 4840, Minister Krauel-Catrivi, Buenos Aires, May 1, 1894, cit. en ibid.

  7. Ver Anexo XXV: "Memoria Anual de la Legación en Alemania", en República Argentina, Memoria de Relaciones Exteriores y Culto presentada al Honorable Congreso Nacional en 1900, Buenos Aires, Taller Tipográfico de la Penitenciaría Nacional, 1900, pp. 149-150.

  8. Editorial Staff, "Bodas de Diamante de la Escuela Superior de Guerra", Revista de la Escuela Superior de Guerra, 38 (enero-marzo, 1960), 8, cit. en W. Schiff, op. cit., p. 439.

  9. La Nación, 12 de febrero de 1899, 5; La Prensa, 18 y 25 de agosto de 1899, 5; 23 y 25 de enero de 1900, 3; 7 de marzo de 1900, 5, fuentes citadas en ibid., p. 440.

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