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La competencia entre las empresas alemanas y francesas por la venta de barcos y armamento a la Argentina

Como ya se dijo, los esfuerzos por vender barcos de guerra y armas al mercado argentino fueron un aspecto de la tutela militar alemana. En 1891, la infantería y caballería locales comenzaron a ser abastecidas con rifles y carabinas Mauser. Por su parte, la firma Krupp entregó varias piezas de artillería durante el mismo año. Ernesto Tornquist, un prominente financista y empresario argentino, llegó a ser el agente más influyente de la firma Krupp, aunque para ésta más importante que las gestiones del empresario fue la decisión de los jefes militares argentinos de no diversificar el armamento militar (1).
    La controversia argentino-brasileña condujo al lanzamiento de un programa militar y de armamentos navales de gran escala en la Argentina. Esta decisión del gobierno generó un profundo interés en la poderosa casa Krupp y otras firmas alemanas fabricantes de armas y en los astilleros navales. Esto fue así a tal punto que hacia 1908 el objetivo primario de la política exterior alemana hacia la Argentina era la venta de armas y barcos de guerra. Hasta cerca de 1900, Krupp había disfrutado de una virtual situación monopólica en la venta de artillería y láminas de metal. Luego, la firma francesa Schneider-Creusot comenzó a desafiar la posición dominante de Krupp en el mercado de la artillería, tanto en la Argentina como en la península Ibérica, Perú y México (2).
    En su afán por ayudar a la firma Krupp a vencer a su competidora francesa Schneider en el dominio del mercado de armamentos en la Argentina, los asesores militares alemanes llegaron a enredarse en cuestiones de política interna. Así, políticos, periodistas y oficiales del ejército argentino se convirtieron en presa de los halagos y probablemente de la corrupción monetaria proveniente de las dos empresas en pugna (3).
    Para los asesores militares alemanes, esta despiadada lucha internacional desatada entre las firmas Krupp y Schneider-Creusot representó más que una lucha entre dos firmas de nacionalidades rivales. Fue un conflicto básico entre los sistemas militares alemán y francés. Desde el punto de vista militar alemán, la pérdida del baluarte militar y armamentístico germano en la Argentina implicaba, en una suerte de proceso en cadena, la pérdida de la presencia germana en todo el mercado de armas sudamericano. Tal percepción, presente incluso en los círculos civiles alemanes, tuvo dañinos efectos en el comercio general de Alemania en esta parte del mundo (4).
    De acuerdo con la percepción de los asesores militares alemanes, la empresa Schneider-Creusot y el gobierno francés condujeron su campaña de ventas en la Argentina con siniestra destreza, determinación, falta de escrúpulos, efectiva planificación y gasto de enormes sumas de dinero, que incluyeron el pago de sobornos. La firma francesa presentó al mercado argentino revólveres cuya calidad pareció ser equivalente a los ofrecimientos de su rival alemana Krupp. Además, la empresa francesa contó con un clima razonablemente amistoso de parte de la opinión pública argentina, y con la ayuda de una prensa tradicionalmente francófila. Más allá de estas consideraciones, los franceses, al menos en la óptica de los alemanes, influyeron en la composición de la comisión argentina de prueba de la artillería. De acuerdo con los militares alemanes, el presidente de esta comisión favoreció a la firma Schneider y ocupó una inusual y poderosa posición como inspector general de artillería y miembro de la comisión del ejército en promociones (5).
    A su vez, las medidas alemanas de réplica al avance francés fueron enérgicas y poco escrupulosas. Incluyeron, aparentemente, manipulaciones ilegales por parte del agente especial de Krupp, y el empleo de la presión política por parte de los asesores militares alemanes, tal como, por ejemplo, la repetida advertencia al gobierno y militares argentinos de que la compra de otra artillería que no fuese la alemana podía hacer peligrar la continuidad del programa de reforma militar al estilo germano en la Argentina. Esta advertencia alarmó a los oficiales argentinos proalemanes. Otros argentinos tuvieron razones válidas para temer que, con la desaparición de la guía alemana en la reforma del ejército argentino, sobreviniera el caos en un cuerpo todavía desunido. Así, por ejemplo, ante las presiones ejercidas por los alemanes, un vehemente oficial antialemán fue removido de la comisión de prueba. La presión alemana ante el ministro de guerra condujo a la última intervención proalemana por parte de las autoridades argentinas en las actividades de la comisión de prueba. La misma Krupp propuso una inusualmente súbita entrega de cañones de fuego rápido a la Argentina. Esta oferta fue acompañada por la diseminación de una falsa alarma de guerra en la prensa, por parte de quienes defendían la compra de armas alemanas (6).
    Poco antes de la aprobación final por parte del Congreso argentino de la compra de dos barcos de combate y doce destructores, Gustav Krupp von Bohlen-Halbach persuadió a su gobierno de despachar un contingente naval alemán al estuario platense con el objetivo de hacer publicidad a los barcos de guerra y las armas navales alemanes. Esta estrategia comercial tuvo dudosa efectividad. Como ocurrió con los norteamericanos, franceses e italianos, los alemanes estuvieron esperanzados en que una orden importante de compra de barcos de guerra por parte del gobierno argentino los capacitaría para quebrar el más o menos exclusivo mercado inglés en el Río de la Plata. Además, la venta a la Argentina podía constituir un precedente de futuras ventas de productos bélicos a Chile y China (7).
    Pero, contra las expectativas alemanas, la atmósfera circundante a la campaña orquestada para vender implementos de guerra en la Argentina estuvo rodeada de intrigas. Zeballos y La Prensa cooperaron subrepticiamente con los astilleros alemanes con el objeto de promover la expansión del programa naval argentino. Según Warren Schiff, un director asistente de la filial porteña de un banco alemán tuvo también un activo rol como intermediario secreto entre un astillero alemán y los gobiernos argentino y germano. A la vez, los observadores alemanes temieron importantes sobornos por parte de los competidores británicos y norteamericanos para sabotear los negocios alemanes. También les preocupaba que los argentinos vendiesen los secretos militares alemanes a sus competidores británicos, al considerar que los ministros de relaciones exteriores y marina tenían fuertes simpatías probritánicas (8).
    Si bien los militares argentinos quedaron bien impresionados con la calidad de los barcos de guerra alemanes, éstos resultaban demasiado costosos, a pesar de algún grado de cooperación existente entre la firma Krupp y los astilleros Blohm y Voss. Por ello, finalmente emplearon un sistema de cuotas con el fin de comprar un número equivalente de destructores alemanes, británicos y franceses. Por otra parte, razones de política interna no permitieron a los alemanes acceder al pedido del gobierno argentino de transferirle en forma inmediata un barco de guerra entonces en construcción para el gobierno alemán. Esta posibilidad, de haberse concretado, habría volcado el balance naval del Atlántico Sur a favor de la Argentina (9).

  1. GFM, A 8618, Secretary of State for Foreign Affairs, Waldthausen, Berlin, June 5, 1908, cit. en ibid., pp. 447-448.

  2. En 1902, Krupp resolvió recobrar su antigua preponderancia en Brasil y ganó dicho mercado tras una implacable competencia contra su rival, la firma francesa Schneider-Creusot.

  3. GFM, A 8618, Secr. of State for For. Affairs-Waldthausen, June 5, 1908; A 17916, Directory, Krupp-Bülow, Nov. 6, 1907; A 5661, Secret Military Report Nº 3, Buenos Aires, Feb. 24, 1908; A 8212, Secret Military Report Nº 7, Buenos Aires, Apr. 15, 1909; A 16431, Gómez-Zeballos, June 29, 1907, in Waldthausen-Bülow, Oct. 4, 1907; A 15500, Waldthausen-Bülow, August 7, 1905, fuentes citadas en W. Schiff, op. cit., p. 449.

  4. Ibid., p. 450.

  5. Ibid.

  6. GFM, A 5661, Secret Military Report Nº 3, Buenos Aires, Feb. 24, 1908; A 15925, Secret Military Report Nº 4, Buenos Aires, Jul. 20, 1908; A 14657, Waldthausen-Bülow, Aug. 13, 1908; A 117, Hatzfeldt-Bülow, Dec. 8, 1908; A 1573, Waldthausen-Bülow, Jan. 3 and 4, 1908; A 15714, Military Report Nº 12 by Military Attaché Captain Lohmann, Buenos Aires, Sept. 4, 1908; El Tiempo, 18 de agosto de 1908, 1; El Diario, 14 de diciembre de 1907, 4, fuentes citadas en ibid., pp. 450-451.

  7. Ibid., pp. 452-453.

  8. GFM, A 16430, Waldthausen-Bülow, Sept. 27, 1907; A 8854, Waldthausen-Bülow, Jun. 6, 1908; A 10970, Waldthausen-For. Min., Jul. 12, 1908; A 1444, Waldthausen-Bülow, Aug. 13, 1908; A 9939, Widenmann-Tirpitz, London, Jun. 9, 1909; A 8712 Hatzfeldt-For. Min., May 18, 1909; A 12396, Widenmann-Tirpitz, Jul. 23, 1909; A 16821, Waldthausen-Bethmann-Holweg, Sept. 5, 1909; A 16162, Waldthausen-For. Min., Oct. 9, 1909; A 16820, Bethmann-Holweg-Emperor, Berlin, Oct. 15, 1909; A 17158, Schoen-Waldthausen, Berlin, Oct. 23, 1909; A 1468, Waldthausen-For. Min., Oct. 25, 1909; A 8559, Bussche-Bethmann-Holweg, Apr. 20, 1910; A 608, Bussche-Bethmann-Holweg, Dec. 13, 1910, fuentes citadas en ibid., p. 453.

  9. GFM, A 16820, Bethmann-Holweg-Emperor, Oct. 15, 1909; A 17158, Bethmann-Holweg-Emperor, Oct. 20, 1909, fuentes citadas en ibid., p. 454.

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