La pugna Tornquist-Zeballos
Ernesto Tornquist (1), representante de la casa Krupp en Buenos Aires,
trabajó tenazmente en favor de un caro programa de armamentos. Pero su influencia en el
gobierno fue disminuyendo a medida que sus amigos se iban alejando de la escena política.
Carlos Pellegrini había muerto y su otro poderoso amigo, Julio Argentino Roca, había
abandonado la función pública. Para colmo de males, Tornquist tuvo en Estanislao
Zeballos a un enconado enemigo, y éste, como se sabe, ejerció una gran influencia en el
gobierno argentino hasta mediados de 1908 como ministro de relaciones exteriores del
gobierno de José Figueroa Alcorta. Mientras Zeballos impulsó una política de rearme
naval de orientación antibrasileña, Tornquist, opuesto a la compra de nuevos acorazados
que llevaría inevitablemente a una carrera suicida con Brasil, difundió en el Congreso
la idea de limitar los armamentos y llegar a una suerte de tratado para equilibrar las
fuerzas de las escuadras de la Argentina, Brasil y Chile (2).
Como consecuencia de la declaración de guerra entre Zeballos y
Tornquist, Krupp se encontró en una posición sumamente incómoda. Sus operaciones en la
Argentina estuvieron fuertemente amenazadas por la vehemente oposición de su agente
Tornquist al ministro de relaciones exteriores Zeballos, quien contaba además con el
respaldo de los ministros de guerra e interior. Zeballos comenzó a ejercer una poderosa
presión en contra de su enemigo hacia fines de 1907. En 1908, el entonces gravemente
enfermo Tornquist -quien falleció en junio de dicho año- reaccionó apoyando a las
facciones opositoras al gobierno durante la campaña electoral de los miembros del
Congreso, y firmando un manifiesto público en el que se protestaba por el cierre
temporario del Congreso decretado por el presidente. Zeballos a su vez aumentó la
presión. Como consecuencia de estos incidentes, luego de consultar con el secretario de
Estado de asuntos extranjeros alemán, Krupp von Bohlen-Halbach cortó los vínculos de su
firma con el agente local Tornquist. Desconcertado, el último persistió en la idea de
remover a Zeballos de su cargo en el gobierno -lo que en efecto ocurrió en el mes de
junio- a través de una campaña periodística lanzada con un artículo publicado en La
Nación en marzo de 1908 (3).
Ernesto Tornquist nació en Buenos Aires en diciembre de 1842. Hijo de Jorge Pedro Ernesto Tornquist, nacido en Baltimore pero proveniente de una familia de medianos comerciantes de la ciudad alemana de Hamburgo. El padre de Ernesto Tornquist se desempeñó como cónsul de la ciudad libre de Bremen en Montevideo, ejerció el comercio de importación en Buenos Aires y participó activamente en la Masonería llegando a ostentar el grado 33 del rito escocés. En 1856 Ernesto Tornquist fue enviado a estudiar a Alemania. Dos años después, retornó a Buenos Aires para trabajar como despachante de Aduana en la casa comercial que dirigió su cuñado, Altgelt, Ferber y Cía. Esta casa comercial fue una firma que se dedicó a la exportación de lanas y cueros y a la importación de maquinaria agrícola; tenía su origen en la fundada en Buenos Aires en 1828 por un renano, Carlos Alberto Bunge. Tras la muerte de Bunge, esta empresa fue reorganizada bajo la dirección de su sobrino, Adán Altgelt, el cuñado de Ernesto Tornquist. En 1874, Tornquist pasó a conducir la firma que adoptó por entonces la denominación de Ernesto Tornquist y Cía., la cual se vinculó con comerciantes de Amberes, cuyos aportes de capital permitieron la diversificación de la empresa. Ernesto Tornquist comenzó a invertir en saladeros y frigoríficos, y adquirió tierras en Santa Fe, Entre Ríos y fundamentalmente en territorio ganado al indígena. En la década de 1880 las actividades de Tornquist se expandieron notablemente: entre otros emprendimientos, creó en Rosario la gran "Refinería Argentina", de azúcar, y también se hizo sentir su presencia en el saladero "Santa Elena" de Entre Ríos. Salió indemne de la crisis de 1890, y en 1891 rehabilitó la firma de Sansinena con su frigorífico "La Negra" del Riachuelo e hizo surgir la planta de "Cuatreros" en Bahía Blanca. No fue ajeno a la pesca de la ballena en las islas Georgias -por medio de la Compañía Argentina de Pesca-, ni a la búsqueda de petróleo en Mendoza, la explotación de quebrachales en Santiago del Estero y la radicación de capitales belgas para la construcción del ferrocarril del norte de Santa Fe. Para llevar a cabo esta gigantesca tarea contó con colaboradores, varios de ellos de origen germano o directamente de nacionalidad alemana, tales los casos de Theodoro de Bary, Jacobo Kade, Víctor y R. Lynen, y Máximo Hageman. Al solicitar a Baring y Rothschild la mediación británica en el conflicto limítrofe argentino-chileno, Ernesto Tornquist jugó un rol crucial en las negociaciones previas a los Pactos de Mayo de 1902, que evitaron el estallido de una guerra entre los gobiernos de la Argentina y Chile. Asimismo, se opuso tenazmente a la política belicista del canciller Zeballos, procurando un arreglo tácito de limitación de armamentos navales entre la Argentina, Brasil y Chile. Ver detalles biográficos de Ernesto Tornquist en el artículo de Fernando M. Madero, "Ernesto Tornquist", en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo, (comp.), La Argentina del Ochenta al Centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980, pp. 628-631 y 634-637.
W. Schiff, op. cit., p. 451; F. Madero, op. cit., pp. 636-637.
GFM, A 3102, Waldthausen-For. Ministry, Feb. 28, 1908; Vanguardia, 20 de marzo de 1908, p. 1; La Nación, 19 y 21 de marzo de 1908, pp. 6 y 7, respectivamente; La Tribuna, 21, 23, 26, 28 y 30 de marzo de 1908; pp. 4 y 5 para el número salido el 28 de marzo y p. 4 para los demás ejemplares; El Tiempo, 19 y 21 de marzo de 1908, p. 1, fuentes citadas en W. Schiff, op. cit., p. 451.
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