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La neutralidad argentina

Como ya se ha dicho en otras partes de este trabajo, en la posición de neutralidad de la Argentina en la Primera Guerra Mundial pueden reconocerse tres etapas. La primera se extendió entre 1914 y febrero de 1917, y coincidió básicamente con la gestión de Victorino de la Plaza (1914-1916). La misma se caracterizó por la adopción por parte del gobierno argentino de una neutralidad formal que pareció no tener efectos internacionales (ya que Estados Unidos fue en ese período neutral), pero que irritó internamente tanto a aliadófilos como germanófilos. Los radicales, ubicados como oposición al gobierno de de la Plaza, criticaron el "blando" perfil adoptado en política exterior tanto respecto de Alemania (en el caso del vicecónsul argentino fusilado en Dinant por tropas alemanas), como respecto de Inglaterra (caso del apresamiento del barco Presidente Mitre por parte del acorazado inglés Orama) y de Estados Unidos (mediación argentina en la crisis política mexicana y tratado de ABC).
    La segunda etapa comprendió el transcurso de la guerra comprendido entre enero de 1917 y enero de 1918, que coincidió en la Argentina con la primera presidencia de Yrigoyen (1916-1922). Esta se destacó por el mantenimiento de la postura neutral iniciada por la administración anterior, aunque el líder radical la definió como "activa", en contraposición a la neutralidad "pasiva" adoptada por el gobierno conservador de Victorino de la Plaza. Esta neutralidad "activa" del gobierno de Yrigoyen debió soportar fuertes presiones externas, las que se hicieron sentir con particular vigor a partir de enero-febrero de 1917 en adelante. El 31 de enero de 1917, el gobierno alemán reinició la guerra submarina, bloqueando las zonas marítimas ubicadas alrededor de Gran Bretaña y Francia, y parte del Mar Mediterráneo. En febrero de 1917, el gobierno norteamericano quebró su actitud neutral declarando la ruptura de relaciones con Alemania y adoptó a partir de su ingreso en la contienda en abril de dicho año una serie de medidas que apuntaron a integrar a la Argentina, por las buenas o por las malas, dentro de la órbita aliada. Los aliados percibieron esta neutralidad argentina como una amenaza para sus intereses estratégico-económicos, ya que esta postura resultaba en la práctica un escudo protector para los intereses alemanes, que a través de países neutrales lograban seguir manteniendo vinculaciones comerciales con la Argentina.
    Por último, una tercera etapa comprendió los meses restantes de la guerra transcurridos entre enero de 1918, fecha de la firma del ya citado tratado de venta de trigo y concesión de créditos entre el gobierno argentino y los de Francia y Gran Bretaña, y enero de 1919, fecha del inicio de la Conferencia de Paz en Versalles. A partir de la firma del tratado de enero de 1918, la neutralidad argentina ya no fue percibida como una amenaza, sino como una neutralidad benévola, dado que no constituyó más un obstáculo para la provisión de cereales argentinos a los países aliados.

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