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La guerra submarina decretada por Alemania a partir de febrero de 1915

Ante el evidente daño de las medidas coercitivas aliadas hacia los intereses comerciales alemanes, el gobierno germano reaccionó con una nueva forma de guerra económica contra Gran Bretaña y las fuerzas aliadas: la guerra submarina. Entre otros motivos por haber comenzado el envío de trigo argentino a Inglaterra, el 4 de febrero de 1915 el gobierno alemán declaró zona de guerra las aguas que rodean a Gran Bretaña e Irlanda, declarando que serían hundidos todos los barcos enemigos y neutrales situados en dichas aguas, sin previo aviso. Sin bien la guerra submarina atravesó diversas etapas hasta 1917, en este lapso no fue hundido ningún barco argentino. No obstante, el riesgo para el comercio exterior argentino era significativo, pues éste se desarrollaba principalmente a bordo de barcos ingleses, cuyo porcentaje en 1913 era de 66,3% frente a 12,7% en barcos alemanes; el número de barcos mercantes argentinos era mínimo (1).
    Posteriormente, en una nota del 2 de febrero de 1917, el ministro de Alemania acreditado en la Argentina, conde Karl Graf von Luxburg, comunicaba a las autoridades argentinas la decisión del gobierno alemán del 31 de enero de dicho año de reiniciar la guerra submarina. El texto de la nota aclaraba que esta medida se aplicaba incluso contra los barcos pertenecientes a países neutrales,

por razones apremiantes de la guerra y en vista de la guerra de reducción por hambre ilegal iniciada por la Gran Bretaña, se impedirá sin dilación y con todas las armas disponibles todo tráfico marítimo en las zonas de bloqueo que circundan la Gran Bretaña, Francia e Italia y en la parte occidental del Mediterrráneo. Los límites de la zona de bloqueo serán indicados por comunicación radiotelegráfica abierta. Los buques neutrales navegarán por las zonas de bloqueo a su propio riesgo (...). Por encargo del Gobierno imperial, tengo el honor de recomendar a vuestra excelencia quiera prevenir, de acuerdo con lo que antecede, a los barcos argentinos que eventualmente estuviesen en viaje. Al mismo tiempo tengo el honor de repetir la advertencia contenida en la memoria del Gobierno imperial de 8 de febrero de 1916, sobre el "tratamiento de buques mercantes armados", en el sentido de que los nacionales de las potencias neutrales no viajarán en dichos buques. Estos buques mercantes armados serán considerados y tratados por las fuerzas de combate imperiales, como beligerantes, también fuera de la zona de bloqueo (2).

Esta drástica decisión del gobierno alemán tuvo por objeto dejar sin efecto la política de listas negras y embargos lanzada por Gran Bretaña contra las empresas y embarques alemanes o de sus aliados, y boicotear los embarques de cosechas de trigo de la Argentina, Estados Unidos y Australia, listos para ser enviados al mercado británico (3). La guerra submarina que Alemania implementó contra las naves aliadas e incluso neutrales exacerbó por cierto las dificultades en el abastecimiento aliado de materias primas y alimentos provenientes de América latina, ya bastante entorpecido por la escasez de bodegas en los barcos. En el contexto de esta guerra económica por el control de los embarques, desatada entre las potencias centrales y las aliadas y cuyos efectos se sintieron también en las economías de los países neutrales, los barcos latinoamericanos y las naves alemanas en sus puertos podían ser recursos utilizables por los aliados sólo si los países de la región le declaraban la guerra a Alemania. Si bien en los puertos argentinos no existieron más de una docena de barcos alemanes estacionados y la cantidad de naves argentinas era escasa, la situación de emergencia de los aliados hizo necesario apelar a todos los recursos disponibles. Entre 1913 y 1917, el tonelaje de las naves argentinas dedicadas al comercio ultramarino y al interior disminuyó de 7.776.959 toneladas a 4.937.045, tendencia que indica que una parte de ellas fue vendida a los países aliados. Néstor Carrico publicó una lista de 27 naves argentinas que no volvieron de su viaje a Europa, donde es de suponer que fueron utilizadas para el comercio interaliado (4). La importancia de esta cuestión es la que explica las tremendas presiones a las que fue sometido el gobierno de Yrigoyen para que abandonase su política neutralista.
    La respuesta del gobierno de Yrigoyen a la guerra submarina decretada por el gobierno alemán y notificada por su ministro en Buenos Aires Luxburg tuvo lugar el 7 de febrero y fue la siguiente:

Tengo el honor de acusar recibo de la nota de V.E. de fecha 2 de febrero de 1917, en la que comunicando la resolución del Gobierno Imperial de fecha 31 de enero próximo pasado, a los representantes de las potencias neutrales en Berlín, hace saber que por razones apremiantes de la guerra, se impedirá sin dilación y con todas las armas disponibles, todo tráfico marítimo en las zonas del bloqueo que circundan la Gran Bretaña, Francia e Italia y en la parte occidental del Mediterráneo. El gobierno argentino lamenta que S.M. Imperial se haya creído en el caso de adoptar medidas tan extremas y declara que ajustará su conducta, como siempre, a los principios y normas fundamentales del derecho internacional (5).

  1. Wilhelm Wolfslast, Der Seekrieg 1914-1918, Leipzig, 1938, pp. 121 y 47; Deutsche Handelskammer in Buenos Aires (edit.), Die Einwirkungen des Weltkriegs auf die Volkswirtschaft Argentiniens, Buenos Aires, 1920, p. 28, cit. en ibid., p. 53.

  2. Nota de la Legación Alemana en Buenos Aires, Karl Luxburg al canciller Dr. Carlos A. Becú, Buenos Aires, febrero 2 de 1917, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores, Memoria de Relaciones Exteriores y Culto, presentada al Honorable Congreso Nacional, correspondiente al año 1916-1917, Buenos Aires, Imprenta y Encuadernación del Hospicio de las Mercedes, 1917, Anexo A: Guerra Europea, pp. 7-8. También cit. en Carlos Alberto Silva, La política internacional de la Nación Argentina, Buenos Aires, Imprenta de la Cámara de Diputados, 1946, pp. 525-526, y en R. Weinmann, op. cit., p. 106.

  3. Bernd Stegemann, Die deutsche Marinepolitik 1916-1918, Berlín 1970, p. 56 y sigs.; Naón a Pueyrredón, 4 de febrero de 1917, en Centro de Estudios Históricos de Córdoba, Argentina y la Primera Guerra Mundial, Córdoba, 1979, (APGM), p. 141; Pierre Renouvin, La Primera Guerra Mundial, Barcelona, 1972, p. 63, fuentes citadas en R. Weinmann, op. cit., p. 106.

  4. L.B. Smith y otro, The Economic Position of Argentina during the War, Washington, 1920, pp. 81 y sigs.; Néstor E. Carrico, El enigma de la guerra, Buenos Aires, 1918, pp. 184 y sigs., fuentes citadas en ibid., p. 113.

  5. Nota del canciller Honorio Pueyrredón al conde Karl von Luxburg, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Alemania en la Argentina, Buenos Aires, febrero 7 de 1917, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1916-1917, op. cit., Anexo A, pp. 8-9, y en C.A. Silva, op. cit., p. 526. También Pueyrredón a Molina, 7 de febrero de 1917, en AGPM, op. cit., pp. 135 y sigs.; Hipólito Yrigoyen, Pueblo y gobierno, Buenos Aires, 1955, tomo IX:3, p. 243, fuentes citadas en R. Weinmann, op. cit., p. 106.

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