Los esfuerzos norteamericanos por contrarrestar el espionaje alemán en la Argentina a partir de 1917
A partir de la declaración de guerra al gobierno de Alemania en abril
de 1917, las autoridades norteamericanas procuraron contrarrestar el espionaje germano en
la Argentina. En dicha fecha, la Oficina de Inteligencia Naval de la marina norteamericana
(Office of Naval Intelligence (ONI)) ordenó a su agente "148" organizar
una red secreta de agentes en las costas de la Argentina y Uruguay con el fin de
investigar acerca de actividades marítimas sospechosas. En agosto, el periódico
norteamericano The New Journal of Commerce denunció la existencia de una
organización de espías alemanes que contaba con contactos argentinos para destruir el
comercio de los países aliados. Por su parte, la Oficina de Inteligencia Naval sospechó
de la existencia de dos redes de espionaje alemanas interesadas en impedir los avances
comerciales norteamericanos. La primera de ellas estaba dirigida por el embajador alemán
en la Argentina, Karl von Luxburg, y la otra por el encargado naval alemán Augustus
Moller (1).
También preocupó a los agentes navales norteamericanos la presencia
de J. C. Hall, identificado como el operador alemán en la Argentina de mayor importancia,
y sospechoso de haber sido enviado por el gobierno alemán para dirigir una segunda línea
de espionaje compuesta de comerciantes y financistas germanos. Los norteamericanos
identificaron a los directores del Banco Alemán Transatlántico y del Banco Germánico
como parte de ella. Les preocupó además la participación de muchos líderes políticos
argentinos en la misma, entre los cuales figuraron el ex ministro del Interior del
gobierno de Roque Sáenz Peña, Indalecio Gómez, y el subsecretario de relaciones
exteriores del gobierno de Yrigoyen, Diego Luis Molinari (2).
Vale aclarar que Alemania ingresó en la guerra con importantes
ventajas sobre su rival -Estados Unidos- en cuanto a métodos de transmisión de
información. Los barcos de vapor españoles en su ruta de Buenos Aires a Europa
proveyeron una vía de comunicación clave. Además, los agentes alemanes desarrollaron un
complejo sistema de despachos de inteligencia enviados desde Uruguay a Brasil y
transmitidos por navíos europeos. El objeto de esta red fue mantener un clima favorable a
Alemania en los dos mercados sudamericanos más importantes: Chile y Argentina (3).
A pesar de la política de listas negras y embargos implementada a lo
largo de la Primera Guerra por los gobiernos de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos
contra las firmas alemanas, lo cierto fue que los vínculos económicos y financieros de
los comerciantes y financistas germanos con la Argentina sobrevivieron a la guerra e
hicieron difícil la competencia norteamericana, tanto en términos de negocios como de
espionaje de guerra. Esto no puede resultar extraño si se tiene en cuenta que el número
de residentes alemanes en la Argentina durante los años de la Primera Guerra era
alrededor de 40.000, en tanto los norteamericanos apenas llegaban a 4.000. A pesar de las
ventajas comerciales adquiridas por los norteamericanos durante la guerra, las compañías
alemanas mantuvieron un monto cercano a los 500 millones de dólares en tenencias de
propiedades en Buenos Aires hacia el fin de la guerra, cifra que contrastaba con el valor
de las propiedades de las firmas norteamericanas en Buenos Aires: 200 millones de dólares
(4).
Asimismo, los bancos alemanes tenían una presencia en Buenos Aires muy
anterior al establecimiento de las primeras sucursales de bancos norteamericanos. Por
cierto este factor jugó a favor de los banqueros germanos, quienes contaban con un
estrecho contacto con la clase política argentina. Hacia 1918, agentes franceses
descubrieron que el Banco Alemán Transatlántico ofrecía generosos créditos a muchos
líderes políticos argentinos, entre ellos el propio canciller Honorio Pueyrredón. De
acuerdo con los informes del ministro francés en Buenos Aires, un sospechoso receptor de
amplias sumas provenientes del Banco Germánico de Buenos Aires fue el legislador Fernando
Saguier, presidente de la Cámara de Diputados y aspirante a la presidencia del partido
Radical. A su vez, las fuentes de inteligencia norteamericana sostuvieron que el propio
presidente Yrigoyen tenía una cuenta con el Banco Alemán Transatlántico, así como
también la tenía el diputado y futuro canciller del segundo gobierno de Yrigoyen,
Horacio B. Oyhanarte (5).
Los alemanes utilizaron su influencia económica en la Argentina para
ayudar a sostener su esfuerzo en la Primera Guerra. En el puerto de Comodoro Rivadavia,
cerca de los recientemente descubiertos pozos petroleros, más de la mitad de las casas
comerciales de importación-exportación fueron de propiedad alemana. La presencia germana
en la exportación de cueros y lanas fue tan destacada que cuando Yrigoyen visitó
Comodoro Rivadavia a principios de 1918, un comité de trabajadores nombró a empleados
alemanes en un movimiento de protesta contra las condiciones de trabajo (6).
Si bien durante la guerra se dio un notorio ascenso de la presencia
comercial y financiera norteamericana en el mercado argentino, que revirtió la primacía
alemana en muchas áreas, los norteamericanos no dejaron de temer un resurgimiento
económico alemán en la Argentina una vez terminada la guerra. Estos temores estuvieron
basados tanto en los esfuerzos de propaganda germanos en la Argentina, como en los
contactos empresariales y financieros de largo plazo que los alemanes habían establecido
en el mercado argentino mucho antes de 1914. La continuidad de ambos elementos reflejaron
una importante influencia alemana aun después del fin de la Primera Guerra y demostraron
que las presunciones norteamericanas no eran infundadas.
Vale agregar que la existencia de una red de espionaje alemán en la Argentina no fue sólo una sospecha de origen norteamericano. El London Times afirmó que Buenos Aires fue el cuartel general central de una red de espionaje alemán de alcance regional. "Orders to Nº 148", 25 April 1917; "Information Service in Argentina", 26 September 1917, WX-7, Subject File, Naval Records Collection of the Office of Naval Records and Library, Record Group 45, National Archives; "German Spy System in Argentina", London Times, 12 September 1917; "German Trade Spies Active in Argentina", New York Journal of Commerce, August 1917, fuentes citadas en David Matthew Khazanov Sheinin, The diplomacy of control: United States-Argentine relations, 1910-1928, Ph.D. dissertation, The University of Connecticut, 1989, p. 169.
"Enemy Activites, Special Series: The German Organization in Argentina", 2 April 1918; "Memorandum on German Organization in Argentina", October 1918, WX-7, RG 45, NA, fuente citada en ibid., p. 170.
"Enemy Activities: Partial Resume of Names of German Agents", 29 May 1918, WX-7, RG 45, NA; Nº 1120, "Report on German Propaganda in Argentina: reported intensification", 22 April 1918, 10987-200, Records of the War Department General and Special Staffs, Record Group 165, NA; también Juan Ricardo Couyoumdjian, Chile y Gran Bretaña durante la primera guerra mundial y la postguerra, 1914-1921, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1986, pp. 209-226, fuentes citadas en ibid., p. 171.
Nº 1451, "Americans and Germans in Argentina -number or property values, etc.", 8 November 1918, 2048-86; Nº 1479, "Americans and Germans in Argentina -Number of, Property Values, etc.", 28 November 1918, 2048-98, fuentes citadas en ibid., pp. 171-172.
"Cable Message from American Ambassador at Buenos Aires", 30 October 1918, 10670-52, RG 165, NA; Nº 111, "Enemy Activities: Banco Alemán Transatlántico", 18 March 1919, 10987-535:2, RG 165, NA, fuentes citadas en ibid., pp. 172-173.
Nº 863, "Comodoro Rivadavia Oilfields; Commerce, Enemy Influence", 13 September 1918, 2896E, H-3-d; Nº 302, "Enemy Activities: Commercial: Tungstic Oxide", 18 February 1918, 9984, H-3-d, Records of the Office of the Chief of Naval Operations, Record Group 38, NA; Nº 1405, "Comodoro Rivadavia-Argentina-Oil Enterprises", 9 October 1918, 10670-53:1, RG 165, NA; Ronald C. Newton, German Buenos Aires, 1900-1933, Austin, Texas, University of Texas Press, 1977, pp. 32-51, fuentes citadas en ibid., p. 173.
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