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El hundimiento del vapor Toro (junio de 1917)

El 22 de junio de 1917, el vapor argentino Toro, que navegaba con destino a Génova, cargado con carne congelada, cueros, lana, grasas, tanino, etc., fue hundido por un submarino alemán, a ochenta y cuatro millas al sudoeste del cabo Espartel, antes de llegar a Gibraltar.
    En este caso, el gobierno de Yrigoyen se vio obligado a asumir una posición enérgica, debido a las fuertes presiones tanto internas como externas favorables a la ruptura de relaciones con las autoridades germanas. Apoyándose en la interpretación de que la resolución del caso Monte Protegido implicaba un compromiso del gobierno alemán de no hundir más naves argentinas, el canciller Honorio Pueyrredón se dirigió el 4 de julio de 1917 al ministro argentino ante el gobierno de Alemania, Luis B. Molina, con el objeto de hacer un enérgico reclamo a las autoridades alemanas en estos términos:

El Gobierno argentino al contestar la nota del Gobierno imperial alemán, anunciando la guerra submarina ilimitada, declaró que la República ajustaría su conducta, como siempre, a las normas y principios fundamentales del Derecho Internacional. Fue, fundándose en este concepto, que formuló su reclamación en el caso del "Monte Protegido" y que aceptó las explicaciones del Gobierno imperial alemán, en cuanto ellas reconocían la plenitud del derecho de la República y satisfacían la reclamación en todos sus términos. Al proceder así, este Gobierno entendía que aquella actitud tenía el alcance de colocar en lo sucesivo a los buques argentinos al amparo de las medidas de guerra de que había resuelto hacer uso el Gobierno imperial; pero, ante la reiteración del hecho, las satisfacciones morales y las indemnizaciones del daño material serían insuficientes para salvar el derecho vulnerado. En consecuencia, se ve en el caso de formular nueva protesta y reclamar, además del desagravio moral y de la reparación del daño, la seguridad del Gobierno alemán de respetar en lo sucesivo los barcos argentinos en su libre navegación de los mares.
La República desea mantener sus relaciones cordiales con el Imperio Alemán, pero no podría, por las razones aducidas, aceptar soluciones cuyos términos no significaran la consagración definitiva de un derecho.
Espera el Gobierno argentino que el Gobierno imperial alemán reconocerá la razón que asiste a la República y le acordará las satisfacciones pedidas (1).

La respuesta del gobierno alemán llegó el 22 de julio a través del secretario de Estado Arthur Zimmermann, quien manifestó que el lugar donde se produjo el hundimiento del Toro no estaba fuera de la zona bloqueada como suponía el gobierno argentino, sino en "una zona interdicta designada en la declaración del 31 de enero y que él (el hundimiento) no es una consecuencia de la guerra submarina sin restricciones, sino de la aplicación de las reglas generales internacionales del derecho en la guerra marítima". Refiriéndose a la codificación del cargamento llevado por el vapor Toro, Zimmermann sostuvo que "el cargamento del "Toro" se componía en parte de esos artículos de contrabando absoluto. El resto del cargamento consistía en carnes y grasas, es decir, contrabando (2)". Además, Zimmermann añadió que el hundimiento se produjo próximo a Gibraltar, una de las bases más fuertes del enemigo, lo que daba lugar a la suposición de que el presunto destino del navío fuese un puerto enemigo (3). El resto de la nota del secretario de Estado alemán reflejó un tono conciliador, manifestando la disposición del gobierno imperial a indemnizar a los propietarios del barco en caso de que que así lo estimara el Tribunal de Presas, y a desagraviar la bandera argentina (4). No obstante este tono conciliador, el gobierno alemán advirtió que no dejaría de hundir a aquellos barcos argentinos que atravesasen la zona bloqueada (5).
    El 4 de agosto del mismo año, el canciller Honorio Pueyrredón contestó la nota de su colega alemán en un tono enérgico, sosteniendo que:

(...) La República soporta como Estado neutral las consecuencias mediatas de la guerra; pero no puede consentir como legítimo el daño directo, a base de convenciones que le son extrañas o por imposiciones de una lucha en que no participa.
No es concebible que sus productos naturales se califiquen en momento alguno como contrabando de guerra y jamás han figurado en tal carácter en los tratados celebrados por ella. Son el fruto del esfuerzo de la Nación en su labor vital, no para satisfacer exigencias de la guerra, sino para las necesidades normales de la humanidad. El Gobierno argentino no puede así reconocer que el intercambio de la producción nacional del país, sea motivo de una calificación bélica restrictiva de su legítima libertad de acción y de evidente menoscabo de su soberanía.
En consecuencia, no cabe aceptar las proposiciones que formula vuestra excelencia, y de acuerdo con el derecho que sustenta, insiste en la reparación requerida y en la seguridad de respetar en lo sucesivo los buques argentinos en su libre navegación de los mares (6).

En este incidente, la actitud del ministro de Alemania en Buenos Aires Luxburg demostró ser sumamente ambigua. Por un lado, recomendó al gobierno imperial un tratamiento dilatorio del incidente, con el fin de esperar el reemplazo del aliadófilo canciller argentino Honorio Pueyrredón por Fernando Saguier. Por otro lado, Luxburg advirtió a su gobierno que la respuesta alemana
    Finalmente, el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán (Auswärtiges Amt) encontró una solución que a la vez dejó bien parados tanto al gobierno argentino -frente a la presión aliadófila interna, que deseaba la ruptura de relaciones con las autoridades alemanas- como al almirantazgo alemán -que no estaba dispuesto a sacrificar su estrategia de guerra submarina-. Dicha solución consistió en una declaración que concedió todas las reparaciones morales y materiales exigidas por las autoridades argentinas y que se comprometió -aunque en forma ambigua- a no hundir más barcos argentinos:

DECLARACION.- El Gobierno imperial alemán, no obstante las objeciones que puede hacer a los fundamentos de la reclamación del Gobierno argentino, en su deseo de mantener las buenas relaciones que siempre cultivaron y respondiendo a los sentimientos amistosos reiterados por las partes en esta oportunidad, para dar una sanción grande y elevada a la cuestión del hundimiento del vapor "Toro", resuelve someter su solución a los mismos procedimientos observados en el caso del "Monte Protegido", y está dispuesto a abonar al Gobierno argentino el monto del valor por el hundimiento del buque "Toro" en lo que exceda a la suma asegurada.
El Gobierno imperial reconoce la libertad de los mares a la navegación argentina, según las normas del Derecho Internacional, y garantiza una actitud concorde de parte de su marina de guerra (8).

Esta declaración fue acompañada de un protocolo secreto propuesto por Luxburg para la firma de las autoridades argentinas, cuyo texto decía lo siguiente:

PROTOCOLO.- El Gobierno argentino en vista de los peligros existentes para la navegación, procurará que no salgan más buques con su bandera para hacer viajes a través de las zonas de guerra establecidas por los diferentes beligerantes. El Gobierno imperial alemán dejará pasar los buques argentinos que se hallan actualmente en viaje y que son ................... para las zonas de guerra establecidas contra sus enemigos actuales, en el viaje de ida y vuelta al país (9).

El gobierno argentino rechazó firmar este protocolo secreto, aunque dio su palabra a Luxburg de que ningún barco argentino navegaría dentro de la zona bloqueada.
    De acuerdo con Weinmann, si el gobierno alemán no hubiese accedido a las exigencias argentinas de reparación moral y material por el incidente del vapor Toro, Yrigoyen le hubiese declarado la guerra. Weinmann da varios ejemplos que, en su opinión, confirman que la posibilidad de romper relaciones con Alemania realmente existió. En una oportunidad, el presidente radical comentó a un correligionario suyo, Délfor del Valle, lo siguiente respecto del incidente del Toro:

Esta tarde he mandado un ultimátum al gobierno alemán, reclamándole enérgicamente la satisfacción que exige nuestra soberanía. Si las excusas no son ampliamente aceptables, entonces, cumpliendo mi deber de presidente y de argentino, declararé la guerra a Alemania (10).

Luxburg relató también que el general José Félix Uriburu le comunicó que un decreto de ruptura de relaciones con Alemania -firmado por Pueyrredón, pero no aún por Yrigoyen- estaba guardado en el cajón del escritorio del presidente (11). 

  1. Nota del canciller Honorio Pueyrredón al ministro argentino en Alemania, Luis B. Molina, 4 de julio de 1917, cit. en C.A. Silva, op. cit., p. 530; y en H. Yrigoyen, op. cit., tomo IX:3, pp. 48-50, cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 121. Ver también I. Ruiz Moreno, op. cit., pp. 398-399.

  2. Declaraciones del secretario de Estado alemán Zimmermann sobre el caso del hundimiento del "Toro", 23 de julio de 1917, cit. en C.A. Silva, op. cit., p. 530.

  3. Declaraciones del secretario de Estado alemán Zimmermann sobre el caso del hundimiento del "Toro", 23 de julio de 1917, cit. en I. Ruiz Moreno, op. cit., p. 399.

  4. El tono conciliador de la nota enviada por el secretario alemán como respuesta al gobierno argentino respecto del incidente del "Toro" quedaba claramente explicitado en los siguientes términos:

    Si el Gobierno argentino cree que el comandante del submarino no ha procedido de conformidad con esas reglas internacionales, el Gobierno imperial se complacerá en recibir las aclaraciones del Gobierno argentino, que tomará en debida consideración. Además, el caso del "Toro" será examinado con minuciosidad por el Tribunal de Presas.
    Entonces, si de las averiguaciones resulta que las precitadas reglas internacionales no permitían el hundimiento del "Toro", se sobrentiende que el Gobierno alemán indemnizará a los reclamantes.
    En todo caso, y sea como fuese el resultado de esas averiguaciones, el Gobierno imperial se apresurará a expresar su vivo pesar con motivo de la pérdida de un buque argentino.
    Al mismo tiempo quiere esperar que sea superfluo afirmar que el sensible accidente no ha sido causado por la menor falta de respeto al noble pabellón de la República Argentina, ni de parte del Gobierno alemán, ni de parte de la marina imperial.
    Por otra parte, usted sabe que la marina imperial, en señal y testimonio de particular y alta estima y sincera simpatía, tendrá la honra de saludar al pabellón argentino tan pronto como la situación militar y política lo permita. El Gobierno imperial tiene la firme confianza de que el amor a la justicia que anima al Gobierno argentino, lo decidirá a hacer examinar el incidente en cuestión desde los puntos de vista precitados y que entonces, el Gobierno argentino convendrá con el Gobierno imperial en que se trata de una divergencia que permite que los hechos sean reexaminados y aclarados, en tanto que los principios jurídicos en que el Gobierno imperial se apoya, se encuentran aparentemente de acuerdo con numerosos precedentes, así como con las prescripciones de la Declaración de Londres. Tal divergencia, que puede ser resuelta a satisfacción mutua de los dos gobiernos, no tiene seguramente la importancia de poder afectar las relaciones cordiales que han existido siempre entre las dos naciones.

    Nota del secretario de Estado alemán Zimmermann al gobierno argentino del 22 de julio de 1917, transmitida por el ministro argentino en Alemania, Luis B. Molina, al canciller argentino, el 23 del mismo mes y año, cit. en C.A. Silva, op. cit., pp. 530-531.

  5. Nota del ministro argentino en Alemania Molina al canciller Pueyrredón, del 4 de agosto de 1917, en H. Yrigoyen, op. cit., tomo IX:3, pp. 62-65, cit. en R. Weinmann, op. cit., pp. 121-122.

  6. Nota de respuesta del canciller Pueyrredón al ministro Molina, 4 de agosto de 1917, en C.A. Silva, op. cit., p. 531; y en H. Yrigoyen, op. cit., tomo IX:3, pp. 66 y sigs., cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 122. Consultar también I. Ruiz Moreno, op. cit., pp. 399-400.

  7. Ministro alemán en Buenos Aires Luxburg al canciller Zimmermann, 4 de julio de 1917, cit. por P.A. Martin, op. cit., p. 206, cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 122.

  8. Declaración del gobierno alemán, Luxburg a Pueyrredón, 28 de agosto de 1917, cit. en C.A. Silva, op. cit., p. 53; en R. Weinmann, op. cit., p. 123, y en I. Ruiz Moreno, op. cit., p. 400.

  9. Protocolo secreto del gobierno alemán, cit. en C.A. Silva, op. cit., p. 532.

  10. Gabriel del Mazo, El radicalismo. Ensayo sobre su historia y doctrina, tomo 1, Buenos Aires, 1917, pp. 263 y sigs., cit. en R. Weinmann, op. cit., p. 124.

  11. Karl Graf von Luxburg, Nachdenkliche Erinnerung, Schloss Aschach-Saale, 1953, p. 103, cit. en ibid., p. 124.

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