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La expulsión del ministro alemán von Luxburg, y la posición del Congreso argentino en favor de la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania

Un incidente particularmente relevante en el desarrollo de las relaciones entre la Argentina y Alemania durante los años de la Primera Guerra Mundial fue la difusión de los telegramas del ministro de Alemania en la Argentina, conde Karl Graf von Luxburg, por parte de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, con el fin de forzar al gobierno de Yrigoyen a romper sus vínculos con las potencias centrales. Vale citar algunos de estos polémicos telegramas firmados por Luxburg:

Mayo 19 de 1917. - Nº32. - Este Gobierno ha libertado los buques alemanes y austríacos en los que hasta ahora se había colocado una guardia. Como consecuencia del arreglo del caso del "Monte Protegido" se ha operado un gran cambio en el sentimiento público. El Gobierno sólo despachará en el futuro los barcos argentinos hasta Las Palmas. Ruego a vuestra excelencia que los pequeños barcos "Orán" y "Guazú", enero 31 (fecha de salida), trescientas toneladas, que están acercándose Burdeos con el propósito de cambiar bandera, sean dejados pasar si es posible o si no hundidos sin dejar rastro. - (Firmado:) LUXBURG.
Julio 3 de 1917. - Nº 59. - He sabido de fuente segura que el ministro interino de Relaciones Exteriores, que es un notorio asno y anglófilo, declaró sesión secreta del Senado, que la Argentina exigiría de Berlín la promesa de no hundir más barcos argentinos. Si no se aceptara esto, las relaciones se romperían. Recomiendo rehusar y si fuera necesario buscar la mediación de España. - (Firmado:) LUXBURG.
Julio 9 de 1917. - Nº 64. - Sin mostrar ninguna tendencia a hacer concesiones aplácese la respuesta a la nota argentina hasta recibir ulteriores informes. Es probable un cambio de ministerio. Con respecto a los buques argentinos recomiendo compelerlos a volver, hundirlos sin dejar rastro alguno o dejarlos pasar. Todos son muy pequeños. - (Firmado:) LUXBURG (1).

Cuando se enteró del contenido de los telegramas de Luxburg, el gobierno argentino reaccionó por medio de un decreto que entregaba los pasaportes al ministro alemán, declarándolo persona no grata y quedando así alejado de su cargo. La expulsión de Luxburg tuvo fuertes ecos en la política interna argentina, dando lugar a intensas interpelaciones exigidas desde el ámbito parlamentario, algunos de cuyos miembros sostuvieron que la actitud del gobierno argentino hacia el alemán no había sido lo suficientemente enérgica. El 15 de septiembre de 1917 el senador Joaquín V. González pidió la concurrencia del ministro de relaciones exteriores para que informara en el Congreso del estado de las negociaciones que habían dado por resultado la expulsión del ministro alemán. Durante la interpelación, el canciller Pueyrredón expresó, refiriéndose a los polémicos telegramas de Luxburg:

El Poder Ejecutivo consideró desde luego que los conceptos vertidos en estos telegramas hacían imposible la permanencia de ese ministro en el seno de la sociedad argentina; y, en consecuencia, procedió, después de comprobar su existencia, a entregarle sus pasaportes, ordenándole su inmediata salida del territorio, comunicando esta medida al Gobierno alemán con el carácter de su irrevocable significado (2).

El interpelante González, por su parte, sostuvo, mostrando su disconformidad ante las palabras del canciller Pueyrredón respecto de la expulsión del ministro alemán, que

El Gobierno argentino, señor presidente, se ha contentado con la simple expulsión nominal del ministro alemán Luxburg; y después de la lectura que hemos oído, de los documentos oficiales, se ve con toda evidencia que las seguridades, las atenciones, aun las obsequiosidades que el Gobierno le ha dispensado después del decreto de su expulsión, colman la medida, y llegan a ser desproporcionadas, aventuradas enfrente de la justa excitación que se ha creado en el espíritu público; resultan excesivas en relación con la magnitud y gravedad de los hechos comprobados, y de las sugestiones siniestras -vuelvo a repetir-, que este diplomático de la antigua escuela sugería a su Gobierno con respecto al hundimiento de buques de nuestra bandera neutral; él ha usado un lenguaje soez contra el jefe de nuestra Cancillería; ha usado una conducta reprobable, por lo doble, alevosa y clandestina, tendente a complicar las relaciones de la República Argentina con las naciones extranjeras, aliadas contra el Imperio Alemán, desde que ha hecho posibles la sospecha, la duda, sobre la corrección con que el Gobierno argentino ha procedido enfrente de las naciones aliadas y de las demás neutrales de América.(...) No es posible a un pueblo como la Argentina permanecer impasible; está ligada a Estados Unidos, a la América entera, por vínculos indestructibles, marcados por los precedentes diplomáticos, sellados con tratados solemnes, que representan la historia viva del Derecho Internacional democrático y liberal. En presencia de una lucha a muerte entre la autocracia y la democracia, uno se pregunta si la República Argentina -uno de los mejores exponentes de la democracia americana-, cuando se lucha en nombre del ideal democrático, ha de permanecer con los brazos cruzados, en actitud indiferente, viendo matarse a los hombres de su mismo credo, sin tomar participación ninguna, sin interesarse en su suerte, y viendo que la raza a que pertenece libra batalla decisiva por los ideales de civilización en que se incubara su propia historia, y en cuya contienda se está luchando por su vida o por su muerte. Nuestro país, la República Argentina, donde han brillado tantos espíritus superiores, exponentes del ideal liberal y democrático, ¿ha de llevar en la contienda un papel de absoluta indiferencia, de egoísmo, de retraimiento, que con justicia llama la atención de todo el mundo, pues no se sabe explicar ya a qué obedece esta actitud tan extraña, agravada por la situación que crea el último choque, ofensivo, agraviante, para nuestra personalidad moral? ¿Tampoco nosotros, ante esta situación, hemos de tener un movimiento de protesta, de indignación, de sanción moral, que fluye de nuestra historia, de nuestra posición y de nuestro deber internacional? (3)

Finalmente, González presentó un proyecto de declaración, cuyo contenido era el siguiente:

El Senado de la Nación, intensamente afectado por la conducta del ex ministro del Imperio de Alemania, conde Luxburg, en el asunto de los telegramas transmitidos a la Cancillería de Berlín, por intermedio de la Legación de Suecia en esta Capital, y publicados por la Secretaría de Estado de los Estados Unidos de América, por considerarla un atentado contra la moral diplomática y contra los principios más elementales de humanidad que informan nuestras leyes; contra la tradicional política de lealtad, honradez y justicia, de la República Argentina, y contra el derecho de libre navegación de los buques de su bandera neutral en la presente guerra; en la convicción de que tales procedimientos pueden comprometer la inmunidad de su bandera, la vida de sus nacionales, la neutralidad de la República y su soberanía territorial, al ejercer dentro de su jurisdicción actos de espionaje en perjuicio del comercio de la Nación y de naciones beligerantes amigas de la República; creyendo que la actitud que adopte su Gobierno en esta emergencia, debe acentuar la no interrumpida amistad fraternal que la ha unido siempre a todos los Estados de este Continente, sobre la base de comunes ideales democráticos y de justicia internacional, y no obstante la orden de expulsión del referido ministro del territorio de la Nación, lo que no basta como satisfacción en vista de la gravedad de la falta y agravios inferidos,
El Senado de la Nación
DECLARA:
Que lo procedente en las presentes circunstancias es que el Poder Ejecutivo suspenda sus relaciones diplomáticas con el Gobierno del Imperio Alemán (4).

El proyecto de declaración presentado por el senador González fue aprobado por una diferencia de 23 votos contra 1.
    Por su parte, y tras una serie de debates que tuvieron lugar los días 22 y 24 de septiembre de 1917, la Cámara de Diputados elaboró un proyecto de declaración similar en su contenido al de González, que fue aprobado por 53 votos contra 18 y cuyo texto dice:

La Cámara de Diputados de la Nación
DECLARA:
Que procede de inmediato la suspensión de las relaciones diplomáticas entre el Gobierno argentino y el Gobierno imperial alemán (5).

A pesar de la coincidencia de criterio expresada en los proyectos de declaración de ambas Cámaras, el presidente Yrigoyen no llegó a romper los vínculos diplomáticos con el gobierno alemán, limitando su accionar a la expulsión de Luxburg.

  1. Telegramas de Luxburg al gobierno alemán correspondientes al 19 de mayo, 3 y 9 de julio de 1917, citados en C.A. Silva, op. cit., p. 534.

  2. Palabras del canciller Honorio Pueyrredón en el Congreso, sesión del 19 de septiembre de 1917, cit. en ibid., pp. 535-536.

  3. Extractos de la intervención del senador Joaquín V. González luego de las palabras del interpelado canciller Pueyrredón, 19 de septiembre de 1917, cit. en ibid., pp. 538-539 y 542.

  4. Texto del proyecto de declaración presentado por el senador Joaquín V. González pidiendo la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania, cit. en ibid., p. 543.

  5. Texto del proyecto de declaración presentado en la Cámara de Diputados solicitando la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania, cit. en ibid.

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