La construcción de una red de espionaje alemana y su objetivo de fortalecer la presencia del capital alemán en el mercado argentino
A pesar del fracaso evidenciado en la Primera Guerra, Alemania trató
de restablecer su red de espionaje y propaganda en la Argentina con el fin de recobrar la
importante presencia económica adquirida antes de 1914. En las últimas semanas de la
guerra, los hombres de negocios norteamericanos acusaron a los comerciantes alemanes de
contribuir a la declinación en el número de pedidos de bienes norteamericanos en el
mercado argentino. En diciembre de 1918, el censor postal de Estados Unidos hizo
referencia a un preocupante incremento del comercio alemán con la Argentina en esos
días. Basado en datos de correspondencia que logró interceptar, este censor concluyó
que si bien la política de listas negras de los países aliados estorbaron las
actividades de las firmas alemanas y de las casas comerciales argentinas que comerciaban
con Alemania, los alemanes estaban desarrollando su comercio a través de un
"complicado sistema de intermediarios y espías". Este censor norteamericano
citó las industrias petrolera, textil y papelera como los focos de interés y actividad
de los alemanes en la Argentina (1).
Con el fin de la guerra, las compañías alemanas estuvieron dispuestas
a una ofensiva cuyo objetivo fue el de reclamar los negocios perdidos en el mercado
argentino en beneficio del capital norteamericano. La propaganda germana contra los
países aliados continuó durante el año 1919. En marzo de dicho año, el periódico Defensa
hizo su aparición en Buenos Aires, lanzándose a la crítica del capital extranjero y de
las listas negras aplicadas por los países aliados. De acuerdo con el encargado militar
norteamericano, este periódico estuvo financiado por la Cámara de Comercio alemana en
Buenos Aires, el Banco Alemán Transatlántico y el Banco Germánico, con el fin de
despertar los temores argentinos respecto de la explotación aliada. Los norteamericanos
consideraron que la propaganda alemana estuvo vinculada a algo que trascendía los
intereses comerciales de aquel país: el afán de desestabilización política.
El censor postal norteamericano acusó a los agentes y hombres de
negocios alemanes de promover "el desorden, la quema de cosechas, etc., y también el
descrédito de los bienes manufacturados norteamericanos, allanando el camino para los
fabricantes de productos manufacturados alemanes". No obstante, aunque los
norteamericanos recolectaron copiosa evidencia de la propaganda de Alemania relacionada
con sus ambiciones económicas, encontraron pocas pruebas que confirmasen las sospechas
respecto de la contribución alemana al desorden político interno argentino (2).
Los agentes de inteligencia norteamericanos creyeron que el
subsecretario de relaciones exteriores, Diego Luis Molinari, trabajaba activamente en
favor de los intereses alemanes. De acuerdo con las fuentes aportadas por el Departamento
de Inteligencia Naval norteamericano, Molinari tenía mayor acceso al presidente Yrigoyen
que el propio canciller Honorio Pueyrredón. La actitud antinorteamericana evidenciada por
el subsecretario fundamentó las sospechas de espionaje que sobre su persona tuvieron las
agencias de inteligencia norteamericanas, pues la línea que separaba una actitud de
antipatía hacia Estados Unidos con una de apoyo a Alemania era en ese momento difusa.
La posible conexión entre los intereses alemanes y los japoneses en el
mercado argentino también preocupó a los organismos de inteligencia norteamericanos. La
División de Inteligencia Militar del ejército norteamericano sostuvo que luego del
armisticio una red de espionaje de origen japonés arribó a la Argentina. De acuerdo con
las fuentes norteamericanas, los agentes de espionaje japoneses en Sudamérica ofrecieron
en los últimos meses de 1918 asistencia financiera a los alemanes a cambio del acceso a
su red de espionaje en la región (3).
Por cierto, la influencia alemana en la Argentina no se limitó tan
sólo al plano económico y político. Dos semanas después del fin de la Primera Guerra,
la Oficina de Inteligencia Naval de la marina norteamericana notaba que
la educación y cultura alemanas han influenciado a un amplio número de argentinos, los que a su vez son un grupo intelectualmente poderoso. Con la derrota de la misma Alemania, y especialmente con el ascendente poder militar de Estados Unidos, las mentes de este grupo de personas adoptarán un perfil bien conocido. En las mentes de la mayoría de los sudamericanos, (...) el enemigo mayor o el enemigo potencial es Estados Unidos. Comparada con esta nación, Alemania nunca fue percibida como una muy cercana o real amenaza. Ahora Alemania deja definitivamente de ser un peligro, pero inversamente Estados Unidos se vuelve una amenaza más grande que nunca antes (4).
Nº 115433, "Special Report on Effect of Peace Prospects on the Market of Argentina", U.S. Postal Censorship, 10670-55:1; Nº 124951, "Special Report on Argentine - Expansion of Trade in Argentina", New York Office of Postal Censorship, 17 December 1918, 10987-427, RG 165, NA, fuentes citadas en D. Sheinin, op. cit., p. 175.
Nº 1624, "German Propaganda", 5 March 1919, 10987-530:1, RG 165, NA, fuente citada en ibid., p. 177.
"Kinta Arai", June 1920; Nº 4, Hans von Riedel to J.C. Hall, November 1918, "Summary of Correspondence", June 1920; Nº 5, Riedel to Hall, December 1918, "Summary of Correspondence", June 1920; Nº 6, Riedel to Hall, 1 March 1919, "Summary of Correspondence", June 1920, WP, Naval Records Collection of the Office of Naval Records and Library, Record Group 45, National Archives, fuentes citadas en ibid., p. 178.
Ver comentarios de la Oficina de Inteligencia Naval de la marina norteamericana en Nº 1110, "Future Enemy Activity in the Argentine", 23 January 1919, 10987-462:1, RG 165, NA, fuente citada en ibid., p. 174.
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