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El período 1880-1914: el intento español de acercamiento y sus limitaciones. La "política de gestos".

La nueva etapa histórica que España inauguró a fines del año 1874 con la restauración de la dinastía borbónica en la persona de Alfonso XII trajo consigo un cambio de actitud hacia América y hacia la República Argentina. Particularmente la Argentina continuaría siendo bien vista por las autoridades españolas, debido a la presencia creciente de españoles y al aumento de relaciones comerciales; aunque el progreso de este país sudamericano provocara también cierto recelo en la antigua metrópoli. No obstante, el objetivo prioritario para España sería en adelante Europa y su statu quo, a pesar de que la presencia del conflicto colonial entre 1876 y 1885 y los intentos de los gobiernos liberales españoles de la década del 80 por poner nuevamente en acción la iniciativa política en América parecieran demostrar otro rumbo (1).
    Con la llegada al poder del gobierno liberal español en febrero de 1881, y el comienzo de la gestión de Julio Argentino Roca en la Argentina en 1880, se abrió una etapa en las relaciones bilaterales caracterizada por los mutuos acercamientos. Por el lado español, el gobierno liberal, piloteado por el ministro de Estado marqués de la Vega de Armijo, decidió dar un paso adelante en lo tocante a la suerte de las comunidades españolas en la Argentina, firmando con las autoridades argentinas un tratado de extradición en Buenos Aires el 7 de mayo de 1881. Por el lado argentino, en ese mismo mes de mayo de 1881 el gobierno de Roca decidió la creación de una legación en Madrid y el nombramiento al frente de ella del subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, Roque Sáenz Peña, como encargado de negocios. Pero este paso no llegó a concretarse, limitándose

el arreglo diplomático llevado a cabo recientemente (1882) por este Gobierno, en el cual se han creado algunas nuevas legaciones (...) a que el Excmo. Sr. D. Mariano Balcarce acreditado como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en esa Corte (Madrid), y en París, trasladase, por algún tiempo, su residencia a Madrid (2).

Entre fines de 1885 y mediados de 1890 la política hispanoamericanista de España alcanzó sus mayores éxitos del siglo XIX en la recuperación de la iniciativa política en América. Los liberales Segismundo Moret -ministro de Estado español desde el 27 de noviembre de 1885 hasta el 14 de julio de 1888- y Antonio Aguilar Correa, marqués de la Vega de Armijo -que ocupó el mismo puesto desde el 14 de julio de 1888 hasta el 5 de julio de 1890- fueron quienes pusieron en práctica una política de aproximación española hacia Hispanoamérica y de reactivación de la presencia de España en dicha región, particularmente en la Argentina.
    Entre los logros de esta política se destacaron la renovación de los consulados españoles, iniciada en 1884; la revisión del escalafón diplomático y consular a partir de 1887; la apertura del Banco Español del Río de la Plata en octubre de 1886; la creación de la Cámara Oficial de Comercio Española de Buenos Aires (dedicada al fomento de la agricultura, industria, artes, comercio y navegación) en abril de 1887; el establecimiento de una línea de navegación al Río de la Plata por parte de la Compañía Trasatlántica Española a comienzos de 1888; la "Exposición Flotante española a las Américas del Sur y del Centro", a mediados de 1888; la autorización para el ingreso de ciudadanos de las repúblicas hispanoamericanas en las Academias militares españolas y en los establecimientos docentes dependientes del Ministerio de Fomento (de acuerdo con la Real Orden del 17 de enero de 1888); la fundación de la sociedad hispano-argentina protectora de los inmigrantes españoles, en mayo de 1889; y el inicio de las gestiones para "la fundación en Buenos Aires de una Academia de la Lengua en relaciones con la española" -las cuales no se concretaron hasta el año 1910 (3)-.
    No obstante, la política hispanoamericanista impulsada por el ministro Moret reveló sus limitaciones. A mediados de la década de 1880 éstas fueron evidenciadas por dos factores externos. El primero estuvo vinculado a las relaciones comerciales entre España y las potencias europeas. Vale recordar que hacia 1886 vencían los pactos que regulaban por entonces el comercio de España con las principales naciones, que representaban cerca de los dos tercios del total del intercambio exterior español, lo cual significaba la pérdida de importantes mercados. El tratado con Francia expiraba el 1º de febrero de 1892, y, dado que este país absorbía más de la tercera parte del total del tráfico internacional de España, este acuerdo tenía la prioridad en las relaciones mercantiles de España (4). El segundo factor limitador de los esfuerzos de Moret fue la política expansionista de Estados Unidos en América latina, que entorpeció la iniciativa española en dicha región (5).
    A ambos factores, se sumó otro perteneciente al ámbito específico de las relaciones hispanoargentinas: el escaso interés de las autoridades argentinas por la propuesta oficial española de acercamiento entre ambos países. El ministro Moret intentó en vano que el ex presidente Julio A. Roca, que había zarpado el 7 de abril de 1887 para Burdeos, aceptara la invitación de visitar España. El objetivo del gobierno español era tratar con Roca la convocatoria de un congreso hispanoamericano, considerando que si se obtenía la adhesión de la Argentina se tendría también la del Uruguay, Paraguay y Bolivia (6).
    La llegada de Miguel Juárez Celman (1886-1890) a la primera magistratura en la Argentina implicó la continuidad de la política emprendida por su antecesor. Lo propio ocurrió del lado español, a pesar del reemplazo de Moret en el Ministerio de Estado por el Marqués de Vega Armijo en 1888. Intentando explotar a su favor la falta de resultados del Congreso Panamericano de Washington de 1889-1890, en abril de 1890 el Ministerio de Estado español enviaba una Real Circular a las legaciones españolas en América del Sur que decía lo siguiente:

V.E. trate de explorar si en el ánimo de ese Gobierno ha sufrido modificación su política comercial con respecto a la celebración de Convenios Comerciales y vea si sería, en caso afirmativo, de resultado práctico favorable, renovar las gestiones de antiguo intentadas para llegar a un acuerdo en ese sentido entre ese país y España (7).

Pero apenas tres meses después, en julio de 1890, terminaba en España el "Parlamento largo liberal" y se registraba la vuelta de los conservadores al gobierno. Hacia fines de ese mismo mes, en la Argentina estallaba la llamada Revolución de 1890 o Revolución del Parque, que también produciría reordenamientos políticos y económicos en este país.
    Inevitablemente, los obstáculos económicos y la consecuente necesidad de no ligarse a compromisos que pudieran afectar intereses vitales de ambos países condujeron a que la relación bilateral se redujera a una "política de gestos", consistente en agasajos y manifestaciones de mutua consideración. Como ya se dijo, entre fines del siglo XIX y principios del XX el gobierno español tuvo su atención puesta en Europa y el norte de Africa, mientras el argentino se concentró en Gran Bretaña, Alemania, Francia y Estados Unidos, sus principales mercados de exportación.
    Por el lado de España, esta "política de gestos" se entroncó dentro de una visión que ha dado en llamarse el hispanoamericanismo español. Dicha visión consistió -y consiste- en una exaltación de los fundamentos comunes (religión católica, lengua española, raza blanca) que unirían a los pueblos de la América de habla hispana con su Madre Patria. En esta percepción, España tenía -y tiene- el status de líder de la comunidad hispanoamericana extendida a ambas orillas del Atlántico (8). A través de la exaltación de un pasado glorioso, enraizado en los años de la Conquista, los hispanoamericanistas españoles procuraron dar la espalda a una realidad decadente de pérdidas territoriales. A su vez, el hispanomericanismo constituyó una respuesta ideológica -aunque sin suficientes fundamentos materiales- al triple desafío del latinoamericanismo continental, el iberoamericanismo peninsular y el panamericanismo estadounidense.
    Uno de los gestos registrados en esta época fue por ejemplo el recibimiento en Barcelona el 16 de marzo de 1900 del buque escuela de la marina de guerra argentina Presidente Sarmiento, realizado en forma extraordinaria por parte del pueblo y las autoridades españolas. El ministro argentino en España, Vicente G. Quesada, comunicó al presidente del Consejo de ministros español su regocijo por tales manifestaciones, con las siguientes palabras: "En cuanto a mí, Señor Ministro, jamás podré olvidar el espectáculo que he presenciado y la bondad con que S. M. la Reina Regente se dignó distinguir a los marinos y en ellos a la República Argentina (9)". La favorable respuesta oficial argentina a este gesto de España fue la sanción de un decreto presidencial el día 30 del mismo mes, suprimiendo el canto de las estrofas del Himno Nacional argentino consideradas ofensivas para la Madre Patria por la colectividad española y sus representantes en la República Argentina (10).
    El acto de ponerse de pie la Reina de España en el Teatro Real, al oír los acordes del himno nacional argentino, constituyó un nuevo gesto que provocaría una profunda impresión en los argentinos. Esta quedó reflejada en el informe del ministro español en Buenos Aires de fines de abril de 1900:

Sin adulación de ningún género y sin temor de la menor contradicción en lo que es de la más absoluta evidencia, puedo afirmar que en el acto de ponerse en pie S.M. la Reina en el Teatro Real, al oír los acordes del Himno argentino ha inspirado tal gratitud, conmoviendo tan profundamente la opinión pública, que constituye el suceso histórico más notable y de mayores proyecciones en las relaciones internacionales entre España y los Estados Hispano-Americanos, no ya sólo y la República Argentina (...) (11).

En 1902 tuvieron lugar otros gestos y declaraciones de mutua consideración por parte de los representantes oficiales argentinos y españoles, que las fuentes documentales llegan a llamar "corriente de confraternidad hispano-argentina", Isidoro Ruiz Moreno caracteriza como "cortesías recíprocas", y Rivadulla Barrientos define como "política de gestos" vacía de contenido. Así, y a pedido del ministro español en Buenos Aires, el gobierno argentino designó una delegación especial para que lo representara en las fiestas de la coronación de Alfonso XIII que tuvieron lugar entre el 12 y 17 de mayo de 1902 (12). A esta delegación se agregaron los jefes de la fragata Sarmiento anclada en ese momento en Cádiz para participar de las fiestas (13). Por su parte, el recíproco trato de "Grande y Buen Amigo" que se prodigaron el rey Alfonso XIII y el presidente argentino Julio Argentino Roca, deseándose mutuamente prosperidad para su gobierno y país, fue en sí mismo otro acabado ejemplo de la profusión de términos de mutuo aprecio que caracterizó a la mencionada política (14). En el mismo mes de mayo de 1902, y como réplica al "gesto" español, las autoridades argentinas invitaron al rey Alfonso XIII a asistir a los festejos realizados el día 17 en la Iglesia Catedral de la ciudad de Buenos Aires (15).
    Posteriormente, en 1908, las graves inundaciones en la provincia española de Málaga -trágico acontecimiento conocido como la "catástrofe de Málaga"- suscitaron una renovación de los "gestos de cordialidad" entre España y la Argentina. El diario La Prensa de Buenos Aires abrió una suscripción para acudir en auxilio de las víctimas de la catástrofe. Del otro lado del Atlántico, una serie de personalidades de la vida política y cultural española -entre ellos Segismundo Moret, Antonio Maura, Benito Pérez Galdós y Melquíades Alvarez- ofrecieron su "homenaje de gratitud" al gesto argentino, el que fue reproducido en los medios de prensa de la península. A fines del mismo año, las autoridades argentinas repitieron el mismo código gestual que sus colegas españolas al recibir con bombos y platillos la llegada y permanencia de los oficiales del ejército español que participaron del concurso hípico internacional organizado por la "Sociedad Sportiva Argentina", entre el 24 de octubre y el 1º de diciembre de 1908.
    Sin duda, un hito en esta "política de gestos" fue la visita de la Infanta Isabel a la Argentina en 1910, la primera en la historia realizada por un miembro de la familia real española, para asistir a los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo en la Argentina. Dicho gesto español hacia el gobierno argentino fue respondido por el último con actitudes tales como la fundación de la Institución Cultural Española de Buenos Aires, la creación de la Cátedra Menéndez Pelayo en la Universidad de la Plata y la constitución de una Academia correspondiente a la de la Lengua Española, cuya sesión inaugural se celebró durante la misma visita de la Princesa Isabel a Buenos Aires (16).
    En octubre de 1912, el gobierno español invitó al argentino a participar de las fiestas del centenario de las Cortes, Constitución y sitio de Cádiz. Si bien personalmente no participó del evento aduciendo problemas internos, el presidente argentino Roque Sáenz Peña envió al doctor José Figueroa Alcorta en representación de su gobierno (17).
    No obstante, esta mutua "política de gestos" nunca pudo ocultar los escollos persistentes en la relación bilateral. La contraposición de intereses económicos y una manifiesta incapacidad de las dos partes para buscar una fórmula de entendimiento hicieron imposible un mejoramiento de la relación. Por cierto, una serie de factores culturales tales como cierta tendencia al desprecio recíproco (manifestada en síntomas como la emergencia de un nacionalismo argentino de corte antihispanista entroncado en los mismos días de la Revolución de Mayo, o la manifiesta admiración de la elite argentina por los modelos culturales francés, británico o alemán, en lugar del español) atentaron contra un acercamiento entre ambos países. Existían una lengua e historia común pero a la vez muchos elementos de divergencia. Claro testimonio de esta dificultad fueron las palabras que el ministro español en Buenos Aires dirigiera al ministro de Estado:

A mi juicio, no hay aquí, particularmente en las altas esferas, todo el entusiasmo que existe entre ciertos elementos en España para una mayor confraternidad hispano-argentina (...) Para formar esta opinión me fundo en cierta frialdad que he notado en las esferas oficiales cuando se trata de hacer algo que representa una mayor aproximación sin resultado positivo para los argentinos (18).

Opinión ésta, por cierto, semejante a la vertida por los diplomáticos argentinos al analizar la actitud española.

  1. Daniel Rivadulla Barrientos, La "amistad irreconciliable": España y Argentina, 1900-1914, Madrid, MAPFRE, 1992, pp. 186-187.

  2. Despacho Nº 52 del encargado de negocios de España en Buenos Aires fechado el 6 de mayo de 1881; y Despacho Nº 27 fechado el 20 de febrero de 1882, Archivo del Ministerio español de Asuntos Exteriores (AMAE), legajos 1351 y 1352 respectivamente, fuentes citadas en ibid., p. 195.

  3. Carta de Salvador G. Gómez ("persona más considerable y rica de la colonia española de Buenos Aires") al ministro de Estado español S. Moret, fechada el 6 de marzo de 1887, y resumen de la conversación mantenida por ambos, fechado el 7 de marzo del mismo año, acerca de "los intereses españoles en Buenos Aires", AMAE, legajo 2296; AMAE, legajos 1352, 1353, 2296, 2314; y el Boletín de la Cámara Oficial de Comercio Española de Buenos Aires, correspondiente a los meses de junio (pp. 615 y ss.), octubre (pp. 775-785) y noviembre de 1888 (pp. 838-841), fuentes citadas en ibid., p. 196.

  4. "Tratados y Convenios celebrados entre España y otros países. Reinado de Don Alfonso XIII. Regencia de S. M. la Reina Viuda, Doña María Cristina, 1886 a 1895", BOME, VIII, 1898, p. 839, cit. en ibid., p. 198.

  5. "Memorándum sobre Reunión de Congresos Americanos del Ministerio de Estado"; AMAE, legajo 2296; despachos correspondientes a la "Conferencia Internacional de Washington" de 1889-1890, AMAE, legajo 2296; y M.V. Díaz Melián, La revolución Argentina de 1890, Buenos Aires, 1978, pp. 59-60, fuentes citadas en ibid., p. 198.

  6. Despacho Nº 47 del Ministro de S. M. en Petrópolis (Brasil) fechado el 8 de abril de 1887, AMAE, legajo 2296; Real Orden del Ministerio de Estado al embajador de S. M. en París fechada el 10 de marzo de 1887, AMA, legajo 2296, fuentes citadas en ibid., p. 198.

  7. R.O.C. del Ministerio de Estado a las legaciones en la América del Sur fechada en abril de 1890, AMAE, legajo 2296. Respecto del ambiente expansionista en los Estados Unidos, crónicas de José Martí que aparecieron en el diario de Buenos Aires La Nación, entre el 8 de noviembre de 1889 y el 31 de agosto de 1890 con motivo de la Conferencia Panamericana de Washington, José Martí, Obras Completas, La Habana, 1946, tomo II, pp. 118-189, ambas fuentes citadas en ibid., p. 200.

  8. Juan Carlos Pereira Castañares y Angel Cervantes Conejo, Las relaciones diplomáticas entre España y América, Madrid, MAPFRE, 1992, p. 280. En este sentido, vale rescatar la persistencia del espíritu hispanoamericanista español y de los deseos de España de liderar una comunidad hispanoamericana durante la década de 1990 reflejados en actos tales como la Exposición Iberoamericana de Sevilla, la celebración del V Centenario del descubrimiento de América y la celebración del Congreso Iberoamericano de Guadalajara.

  9. Nota Nº 4 del ministro argentino en Madrid al presidente del Consejo de Ministros fechada el 2 de abril de 1900, AMAE, legajo 2315, cit. en D. Rivadulla Barrientos, op. cit., p. 230.

  10. El decreto de supresión en el Himno Nacional Argentino de las estrofas consideradas como lesivas para la Madre Patria y los miembros de la colectividad española residentes en la Argentina del 30 de marzo de 1900 surgió de un acuerdo de ministros impulsado por el presidente Julio Argentino Roca. Dicho decreto dice en sus considerandos:

    Que el Himno Nacional contiene frases que fueron escritas con propósitos transitorios, las que hace tiempo han perdido su carácter de actualidad;
    Que tales frases mortifican el patriotismo del pueblo español y no son compatibles con las relaciones internacionales de amistad, unión y concordia que hoy ligan a la Nación Argentina con España, ni se armonizan con los altos deberes que el Preámbulo de la Constitución impone al gobierno federal, de garantizar la tranquilidad de los hombres libres de todas las naciones que vengan a habitar nuestro suelo;
    Que por aquel motivo en diferentes épocas y especialmente en los últimos años se han producido manifestaciones que han llamado la atención del Gobierno general, pidiendo que se conserve la música actual del Himno Nacional y se modifique el texto de algunas de sus estrofas;
    Que si bien esto no es posible, porque el Poder Ejecutivo no puede alterar el texto oficialmente consagrado por una sanción legislativa, entra en sus facultades determinar cuáles sean las estrofas del mismo Himno que deben cantarse en los actos oficiales y festividades nacionales, desde que al respecto no hay disposición legal alguna;
    Que sin producir alteración en el texto del Himno Nacional, hay en él estrofas que responden perfectamente al concepto que universalmente tienen las naciones respecto de sus himnos en tiempo de paz, y que se armonizan con la tranquilidad y la dignidad de millares de españoles que comparten nuestra existencia, las que pueden y deben preferirse para ser cantadas en las festividades oficiales, por cuanto respetan la tradición y la ley sin ofensas de nadie.

    Texto del decreto en C.A. Silva, op. cit., pp. 806-807; telegrama del ministro español en Buenos Aires al ministro de Estado fechado el 1º de abril de 1900, AMAE, legajo 2315; antecedentes de la cuestión en el despacho Nº 29 del Ministro español en Buenos Aires fechado el 2 de abril de 1900, AMAE, legajo 2315; Archivo General de la Administración Civil del Estado (Alcalá de Henares, España) (AGA), caja 9087, legajo 121, fuentes citadas en D. Rivadulla Barrientos, op. cit., p. 230.

  11. Despacho Nº 28 del ministro español en Buenos Aires fechado el 2 de abril de 1900, AMAE, legajo 2315, cit. en ibid., p. 230.

  12. Nota de la legación española en la Argentina, Buenos Aires, marzo 6 de 1902, cit. en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria de Relaciones Exteriores y Culto, presentada al Honorable Congreso Nacional, correspondiente al año 1902-1903, Buenos Aires, taller tipográfico de la Penitenciaría Nacional, Anexo III, Coronación del Rey Alfonso XIII, p. 15.

  13. La delegación especial designada por el gobierno argentino para representarlo en las fiestas de coronación del rey de España Alfonso XIII estuvo integrada por Julián Epifanio Portela como agregado honorario de la misma y enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en España y Portugal "para que represente en ese acto solemne al gobierno y pueblo argentinos", Carlos María Ocantos como primer secretario de la legación argentina, y el mayor de artillería José Félix Uriburu. Los jefes de la fragata Sarmiento que se agregaron a la delegación especial fueron el comandante Dufourg y dos oficiales, el teniente de navío de primera, Ramón González Fernández, y el alférez de navío, Felipe Fliess, agregados navales. El gobierno español puso a disposición de esta delegación extraordinaria argentina, casa, comida, servicio y coche, además de tres diplomáticos en calidad de attachés de honor. Ver referencias sobre esta delegación especial argentina en las siguientes fuentes: República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1902-1903, op. cit., Anexo III, Coronación del Rey Alfonso XIII, nota del ministro de relaciones exteriores del gobierno argentino, doctor Amancio Alcorta, al encargado de negocios del gobierno argentino en España, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Buenos Aires, marzo 20 de 1902, p. 16; carta del presidente argentino Julio A. Roca al rey de España Alfonso XIII, Buenos Aires, marzo 20 de 1902, p. 17, y Legación Argentina en Madrid al Ministerio de Relaciones Exteriores, Madrid, mayo 10 de 1902, pp. 17-18; Anexo VII, Memorias de las Legaciones Argentinas: España, p. 207.

  14. Ver al respecto la carta del presidente Roca al rey Alfonso XIII, Buenos Aires, marzo 20 de 1902 y las del rey de España al presidente argentino, Palacio de Madrid, marzo 20, mayo 27 y junio 16 de 1902, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1902-1903, op. cit., Anexo III, Coronación del Rey Alfonso XIII, pp. 17, 21 y 22-23.

  15. Esta invitación del gobierno argentino al español quedó testimoniada en una nota enviada por la legación de España en Buenos Aires al Ministerio de Relaciones Exteriores argentino que dice lo siguiente:

    Tengo la honra de llevar a conocimiento de V.E. que enterado Su Majestad, el Rey don Alfonso XIII con el mayor agrado, de la parte activa que el honorable gobierno de esta República ha tomado en la celebración de su Jura, se ha dignado ordenarme exprese en su real nombre al Excmo. señor Presidente y demás respetables personalidades del Poder Ejecutivo, de que V.E. forma tan dignamente parte, su más profundo agradecimiento por su asistencia al festejo realizado en la Iglesia Catedral de esta ciudad el día 17 del pasado mes de Mayo.

    Nota del ministro plenipotenciario español en la Argentina, José Caro, al ministro de relaciones exteriores del gobierno argentino, Joaquín V. González, agradeciendo en nombre del rey Alfonso XIII su asistencia al festejo realizado en la Iglesia Catedral de la ciudad de Buenos Aires el 17 de mayo de 1902, Buenos Aires, julio 22 de 1902, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1902-1903, op. cit., Anexo III, Coronación del Rey Alfonso XIII, p. 20.

  16. Consultar al respecto I. Ruiz Moreno, op. cit., p. 385.

  17. Notas del presidente argentino Roque Sáenz Peña y su canciller Ernesto Bosch al Honorable Congreso de la Nación, Buenos Aires, junio 25 y agosto 16 de 1912, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria de Relaciones Exteriores presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al año 1912-1913, Buenos Aires, Selin Suárez, 1913, Anexo B, Misiones Especiales, pp. 67-68.

  18. Carta particular del ministro español en Buenos Aires al ministro de Estado fechada el 15 de diciembre de 1912, AMAE, legajo 1268, cit. en D. Rivadulla Barrientos, op. cit., p. 246.

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