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El impacto de la revolución cubana de 1895 y de la guerra hispano-norteamericana de 1898 en la agenda hispano-argentina

La crisis de 1890 en la Argentina dejó su huella en las relaciones entre los gobiernos de Buenos Aires y Madrid. Desde el punto de vista económico, la crisis sumió a la Argentina en una grave depresión e inestabilidad internas que provocaron una crisis de confianza en los inversores extranjeros, incidiendo en forma también negativa en las corrientes inmigratorias. A estos inconvenientes se sumó el cambio de política que en España implicó la vuelta de los conservadores al gobierno, y, con ellos, de hombres identificados con tendencias proteccionistas en materia comercial.
    Desde el punto de vista político, el gobierno argentino consideró los dos temas más importantes de la agenda española en América -la revolución cubana de 1895 y la guerra hispanonorteamericana de 1898- como conflictos distintos y alejados de su inmediato horizonte de interés interno e internacional. En ambos tópicos, la postura oficial argentina fue de una expectante neutralidad, no exenta de cierta ambigüedad. El gobierno argentino fluctuó entre la simpatía por la causa cubana, no proclamada abiertamente por la efervescencia e importancia de la colectividad española en la Argentina; y la compasión por la Madre Patria, que perdía sus últimos territorios en América, a manos de una potencia en expansión -Estados Unidos-, percibida en ese momento por las autoridades argentinas con una mezcla de secreta admiración -o deseos de emular su ascendente camino- y de temor (1).
    En 1898, la revolución cubana dividió a la sociedad y al ámbito político argentino en dos sectores. Uno fue el que podríamos llamar la "Argentina oficial", es decir, el conformado por los miembros del gobierno, que adoptó una actitud de neutralidad, a tal punto de no permitir siquiera la reparación en territorio argentino del buque español encargado de mantener la estación naval de España en el río de la Plata. El otro sector fue el integrado por la opinión pública argentina, muy influida por cierto por las actividades de la colectividad española. Vale rescatar que muchos argentinos todavía jóvenes en la política -casos de Joaquín V. González y Roque Sáenz Peña- defendieron la causa española, particularmente a la hora del enfrentamiento hispano-norteamericano (2).
    Asimismo, resultó común, tanto en observadores españoles como argentinos de la realidad de fines de la década de 1890, la tendencia a marcar un agudo contraste entre la "decadente" situación española y la "floreciente" situación argentina, que en octubre de 1898 contaba con el ascenso de Julio Roca como presidente por segunda vez. Comparando la política interna argentina con la española, un observador peninsular señalaba que Roca llegaba a la presidencia de la Argentina con la aquiescencia de todos, sin enemigos ni rivales. Agregaba luego que "donde se encuentra en todo su auge la nota de estos movimientos de concordia, que son la base de los demás destinos reconstructivos de los nuevos pueblos de América, es en la Argentina (3). A la vez, el representante diplomático argentino en España reconocía el valor paradigmático de su país en ese momento, al señalar que la llegada de Roca a la presidencia argentina era "una fase de la política digna de estudiarse como enseñanza (4)".

  1. Daniel Rivadulla Barrientos, La "amistad irreconciliable": España y Argentina, 1900-1914, Madrid, MAPFRE, 1992, p. 208.

  2. Roque Sáenz Peña, Escritos y discursos, Buenos Aires, 1914, tomo I, pp. 429-445, cit. en ibid., p. 209.

  3. Iob (seudónimo), Revista Hispanoamericana, La España Moderna, diciembre de 1898, p. 163; "Mensaje al Excmo Señor Gral. D. Julio Roca", El Trabajo Nacional, Barcelona, año VI, 184, tomo VII, 11, 1898, 31 de octubre, 1ª página; Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores (Buenos Aires) (AMRE), caja 656, expediente 286, fuentes citadas en ibid., p. 221.

  4. Nota confidencial Nº 63 del ministro argentino en Madrid fechada el 5 de abril de 1899, AMRE, caja 682, exp. 245, cit. en ibid., p. 221.

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