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Los obstáculos que complicaron la relación bilateral

Por cierto, el impacto del fracaso en la guerra sostenida por España contra Cuba y Estados Unidos ejerció su influjo mucho más allá de los años 1898 y 1899, proyectándose durante los primeros años del siglo XX (1). La historiografía española del primer cuarto de este siglo reflejó la idea de que España atravesaba una etapa de "decadencia" en los escenarios internacionales, idea que puso de manifiesto Jerónimo Becker en una de sus obras más conocidas, titulada "Acerca de la esterilidad de la acción exterior de España". En claro contraste con la visión española, la historiografía argentina de aquellos días reflejó un "período de esplendor" y de "confianza en sí misma", óptica que alcanzó su punto culminante con la celebración del Centenario de la Revolución de Mayo en 1910 (2).
    Por otro lado, como ya se dijo, en términos generales durante todo el período de la llamada "paz armada" (que se extendió desde 1870 aproximadamente hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914), la política exterior española dedicó su mayor esfuerzo a las vinculaciones con Europa y el norte de Africa, mientras que la Argentina -como el resto de América latina- ocupó un espacio marginal en la agenda. Ejemplos de esta tendencia fueron la supresión del Ministerio de Ultramar en 1899 y la inclusión de los problemas hispanoamericanos y/o hispanoargentinos junto a los del resto de los países en la "Sección de Política" o la "Sección de Consulados" del Ministerio de Estado luego de la reforma de diciembre de 1901.
    Si además de las visiones mutuas proyectadas desde uno y otro lado del Atlántico acerca de la política exterior española de 1890, incorporamos el análisis de los dos pilares fundamentales de las relaciones hispanoamericanas de fines del siglo XIX y comienzos del XX: el comercio y la inmigración -que fueron a la vez ejes básicos de las relaciones externas de la Argentina en dicho período-, podremos comprender el papel secundario que ocupó España en la mentalidad de los hombres de gobierno argentinos, en comparación con la enorme importancia de los mercados anglosajones (británico y estadounidense, en particular), tanto en cuanto a la colocación de los productos primarios argentinos como al abastecimiento de las manufacturas importadas por la economía argentina.
    Por cierto, en los primeros años del siglo XX era notorio el fuerte contraste entre las autoridades argentinas, beneficiadas por una economía primario-exportadora en alza y por ello partidarias del libre cambio, y las medidas proteccionistas adoptadas por el gobierno español como reacción al desastre colonial que implicó la pérdida de mercados como Cuba, Puerto Rico o Filipinas (revisiones de aranceles, supresión de las franquicias a la importación en 1891, 1896, 1906, etc., y aprobación de leyes de estímulo directo a la industria). Dichas medidas adoptadas por las autoridades peninsulares afianzaron la llamada "vía nacionalista del capitalismo español", pero también aislaron a España de sus ex colonias, entre ellas la Argentina (3).
    No obstante, las autoridades peninsulares también parecían encontrar escollos para afianzar las relaciones económicas del lado argentino. Así, su ministro de Estado instruía, en mayo de 1901, al representante diplomático en Buenos Aires que "ahora lo que sería preciso desear es que estas muestras de verdadera simpatía de España, faciliten la negociación del Tratado de Comercio y aplanen las dificultades que han surgido sobre algunos puntos de la misma (4)". Pero, a pesar de las señales del gobierno español en favor de la concreción del acuerdo, el fracaso de las negociaciones, a fines de 1904, constituyó sin dudas otro traspié y originó fuertes quejas en la legación argentina, que incluyeron la sugerencia de implementar alguna represalia. El ministro argentino en Madrid señaló al respecto que

España ha obtenido ahí algunas franquicias para algunos de sus productos sin que esta liberalidad nuestra haya sido parte a disponerla a hacernos, de su lado, la menor concesión. Un ex representante diplomático en Buenos Aires me ha dicho que muchas de las ventajas alcanzadas para sus vinos las ha trabajado él, personalmente, en el seno de las comisiones de las Cámaras, en las que siempre halló las mejores disposiciones. Apunto el hecho por lo que tiene de sugestivo. Quizás en él se halle la explicación del ningún interés que parece mostrar España en acceder a nuestras pretensiones más justas, eludiendo toda reciprocidad en materia de intercambio. Pienso que una negociación parcial y aislada sobre determinado artículo no producirá resultado, siendo, a mi juicio, otra la línea de conducta que se impone, en que sea la regla la reciprocidad que hoy no existe. Esta es la situación, señor Ministro, y expuesta, con toda verdad, ¿no tendrá ella remedio? Quizás sí, en una justa, en una legítima represalia (5).

La aprobación de un arancel abiertamente proteccionista por el gobierno de Segismundo Moret, en 1906, supuso el freno a las aspiraciones comerciales argentinas en España. A partir de dicha aprobación, las relaciones políticas hispanoargentinas entraron en una fase conflictiva, vinculada a temas tales como los problemas suscitados por la inmigración masiva de españoles a la Argentina. En pleno auge exportador argentino, y en un contexto de creciente inestabilidad política interna, tanto para la Argentina (desde marzo de 1906, con la muerte del presidente Manuel Quintana) como para España (desde la renuncia de Moret en julio de 1906, hasta la llegada de los conservadores al gobierno, encabezados por Antonio Maura, en febrero de 1907), las diferencias esenciales de las políticas económicas y comerciales de ambos países se evidenciaron más claramente que en ningún otro período.
    El escaso aporte español de productos manufacturados al mercado argentino, de acuerdo con la opinión del consulado general argentino en Barcelona, se debía

al sistema rutinario que desde hace años siguen estos fabricantes y comerciantes en sus relaciones mercantiles. Mientras no entren en las prácticas que observan los de otros países, concediendo largos plazos, que tienen como mínimum seis meses, y máximum de un año, para el pago de sus mercancías, no conseguirán ver aumentada la exportación de sus artículos fabricados, pues muchos de los industrales españoles pretenden que se les abonen sus pedidos antes de haberlos servido o al llegar las mercancías al puerto de destino (6).

En este sentido, los comerciantes españoles estuvieron lejos de sus colegas británicos, franceses, alemanes y belgas, que lograron una importante participación en el mercado argentino. De todas maneras el volumen de las exportaciones españolas a la Argentina superaba al de las importaciones de este país y esto fue tenido en cuenta por el gobierno argentino a la hora de considerar la implementación de represalias al deteriorarse las vinculaciones comerciales. En mayo de 1908, el nuevo proyecto de ley sobre sociedades anónimas presentado a las Cámaras españolas fue considerado por las autoridades de la República como "un ataque a las buenas relaciones comerciales". Las instrucciones enviadas al ministro argentino en Madrid eran claras respecto de cuál sería la respuesta argentina en caso de aprobarse dicha ley:

Si la política fiscal de España hiciera necesaria, en natural defensa, el uso de represalias por parte de la República Argentina, las consecuencias, siempre desagradables para ambos pueblos, seríanlo en mayor grado para España puesto que sus exportaciones a la Argentina superan en mucho a sus importaciones de aquella procedencia. Grandes serían los perjuicios que la adopción de un régimen prohibitivo causarían a la importación en la Argentina de los productos españoles tan necesitados hoy, no sólo de mantenerse en aquel mercado, sino de conquistar una mayor expansión en el mismo, perjuicios que nadie habría de soportar más que los exportadores españoles, con notable quebranto para la industria y el comercio nacionales y también con grave daño para las Compañías navieras españolas encargadas de transportar los productos peninsulares (...) (7).

A las divergentes políticas comerciales entre ambos países se sumó la preocupación española por "el problema migratorio". Esta cuestión llegó a convertirse en objeto de inquietud para aquellos sectores de la elite e intelectuales identificados con una corriente nacionalista "patológica" y de contenido antihispanista, que llegó a juzgar la calidad de la inmigración española, abriendo paso al naciente a "indigenismo argentino" o "criollismo (8)".

  1. Estos fracasos del gobierno de España en sus conflictos con Estados Unidos y Cuba afectaron la red administrativa existente entre España y el continente americano. Una de las primeras medidas que adoptaron las autoridades españolas como reacción al frustrante resultado de la guerra contra Estados Unidos en 1898 fue la de suprimir el Ministerio de Ultramar el 25 de abril de 1899 (éste había sido creado por Real Decreto el 20 de mayo de 1863), descentralizando las funciones del ex organismo en diferentes departamentos ministeriales. Las autoridades peninsulares decidieron crear una Junta de Comercio en febrero de 1899, con el fin de poner en marcha una política comercial de corte proteccionista, como resultado de la pérdida del mercado cubano. Ver al respecto el trabajo de J.C. Pereira Castañares y A. Cervantes Conejo, op. cit., pp. 91-92.

  2. Jerónimo Becker, "Causas de la esterilidad de la acción exterior de España. Lección inaugural del curso 1924-1925". Leída el día 8 de noviembre de 1924, Madrid, 1924, pp. 28-32; AAVV, Centenario Argentino, Album Historiográfico de Ciencias, Artes, Industria, Comercio, Ganadería y Agricultura, 1810-1910, Buenos Aires, 1910; M.C. Chueco, La República Argentina en su primer Centenario, 2 vols., Buenos Aires, 1910; S. Livacich, Buenos Aires. Páginas históricas para el primer centenario de la Independencia, Buenos Aires, 1907; L.D. Rodríguez, La Argentina en 1912. Descripción de la República Argentina. Progresos realizados. Estadísticas. Comercio. Producción. Colonización. Industrias, Buenos Aires, 1912; Ricardo Rojas, La Argentinidad. Ensayo histórico sobre nuestra conciencia nacional en la gesta de la Emancipación, 1810-1816, Buenos Aires, 1916; A. Saldías, Un siglo de instituciones. Buenos Aires en el Centenario de la Revolución de Mayo (1810-1910), La Plata, 1910; AMRE, caja 1404, exp. 59, fuentes citadas en D. Rivadulla Barrientos, op. cit., p. 223.

  3. Pereira y Cervantes citan para los efectos del "desastre colonial" que implicó para el gobierno español la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas los siguientes trabajos: M. Espadas, Alfonso XII y los orígenes de la Restauración, Madrid, 1975; Jordi Maluquer de Motes, "El mercado colonial antillano en el siglo XIX", Agricultura, comercio colonial y crecimiento económico en la España Contemporánea, Barcelona, 1984, pp. 322-357; A. Bahamonde y J. Cayuela, "España, un marco referencial en el transvase de capitales antillanos a Europa y América durante el siglo XIX", Congreso Proyección Mediterránea y Proyección Atlántica de la España Contemporánea, Madrid, 1988 y F. Solano, F. de Rodao y L.E. Togores, Extremo Oriente Ibérico, Madrid, 1989. Respecto de la vinculación entre esta "pérdida colonial" y el fortalecimiento del proteccionismo y el nacionalismo económico español entre fines del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, recomiendan el trabajo de Jordi Maluquer de Motes, "De la crisis colonial a la guerra europea: 20 años de economía española", en J. Nadal, A. Carreras y C. Sudria, La economía española en el siglo XX: una perspectiva histórica, Barcelona, 1987, pp. 62-63. Ver J.C. Pereira Castañares y A. Cervantes Conejo, op. cit., p. 152.

  4. Carta particular del ministro de Estado al ministro español en Buenos Aires fechada el 3 de mayo de 1901, AMAE, legajo 1263, cit. en D. Rivadulla Barrientos, op. cit., p. 234.

  5. Nota confidencial Nº 259 del ministro argentino en Madrid fechada el 31 de diciembre de 1904, AMRE, caja 865, exp. 109; "Proyecto de Arreglo Comercial. Antecedentes relativos al mismo. Iniciado por el Excmo. Señor Don Julio de Arellano, Ministro Plenipotenciario de España en Buenos Aires", AGA, caja 9087, legajo 121, cit. en ibid., pp. 237-238.

  6. República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1902-1903, op. cit., Anexo VIII, Informes anuales consulares: España, informe del consulado general argentino en Barcelona del 24 de marzo de 1903, p. 345.

  7. AMRE, caja 1046, exp. 100; carta particular del ministro español en Buenos Aires al ministro de Estado fechada el 2 de marzo de 1911, AMAE, legajo 1265, cit. en D. Rivadulla Barrientos, op. cit., p. 249.

  8. Vale destacar que si bien esta corriente nacionalista argentina se nutrió de la "educación patriótica" de los alrededores del Centenario, su tendencia antihispanista se remontaba a los orígenes del proceso de emancipación argentino. Ver respecto de este tema el trabajo de Carlos Escudé, "Contenido nacionalista de la enseñanza de la geografía en la República Argentina, 1879-1986", en Ideas en Ciencias Sociales, Universidad de Belgrano, 1988, pp. 12 y 23-28, y D. Rivadulla Barrientos, op. cit., p. 248.

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