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Otros acontecimientos que evidenciaron los límites de la relación bilateral

Uno de los hechos reveladores de las limitaciones de la relación bilateral fue la negativa del ministro argentino en España a asistir a la conferencia que daría pie a la convocatoria de un Congreso Social y Económico Hispanoamericano, organizado por la Unión Iberoamericana de Madrid para el mes de noviembre de 1900. Decía el ministro argentino en Madrid en una nota de marzo de dicho año:

Paréceme que se piensa aquí que las naciones americanas están esperando las iniciativas de los españoles peninsulares para conocer sus intereses y la manera de resolverlos como les convenga, y se explica este hecho por la profunda ignorancia de lo que son nuestras naciones y por la pretensión de superioridad de los escritores y alborotadores españoles. Cualesquiera que sean los resultados, que desearía diesen lugar, por lo menos, a que se conociera someramente nuestra geografía política, nuestras riquezas y nuestro comercio, no me parece que la acción oficial diplomática deba ir en remolque de tanta bullanga propagandística (...) (1).

El ministro argentino, en una nota del mes de junio de dicho año, continuaba con sus críticas respecto del proyectado Congreso Social y Económico Hispanoamericano en los siguientes términos:

El programa está redactado por españoles, con miras españolas y en beneficio de intereses españoles (...) Si el fondo y el objeto verdadero fuera discutir intereses para armonizarlos, paréceme que alguna voz pudieron tener los hispano-americanos para redactar el programa puesto que son discípulos que concurren al certamen de los maestros superiores. Los diarios aquí dicen que escritores y diplomáticos hispano-americanos vieron este Congreso como un acontecimiento trascendental, y lástima fuera que el entusiasmo imprevisor guíe a los que puedan concurrir al proyectado Congreso (2).

Consecuente con los informes del representante argentino en Madrid fue el hecho de que no obstante haberse nombrado delegados argentinos para el citado Congreso, éstos finalmente no concurrieron. Tampoco el gobierno argentino creyó conveniente cooperar con fondos a la realización de los fines de la Comisión Permanente de dicho Congreso, limitándose a conceder su "apoyo moral (3)".
    Por cierto, la opinión del ministro argentino parece haber tenido confirmación en las declaraciones del Congreso. A comienzos de diciembre de 1900 aquél sostenía:

estas generalizaciones que han caracterizado muchas de las declaraciones del Congreso tienen por origen el suponer los españoles que a ellos se reserva la dirección de nuestra vida internacional, cuando ni los propios problemas de la Península pueden desenvolver con acierto y equidad (...) Paréceme ofuscamiento sensitivo creer que la comunidad en el idioma ha borrado las diferencias de propósitos entre una monarquía tradicional y las Repúblicas que son y no pueden dejar de ser democracias sin trabas, libres y soberanas (4).

Asimismo, el cónsul general argentino en Barcelona, en el mismo mes de diciembre, se sumaba al coro de los críticos de la "política de gestos" impulsada por las autoridades españolas, en los siguientes términos:

No hay por qué ocultarlo; hasta ahora, de esos discursos en las Cámaras, mitings (sic), banquetes, no ha quedado sino un pálido recuerdo de cómo fueron más o menos suntuosos; lo demás se volatilizó, y el objeto del banquete resultó como todo, un puro deseo que no llegó a realizarse mientras se siga en los mismos términos (5).

La relación bilateral parecía no tener buenos auspicios tampoco del lado español. Así, a finales de marzo de 1901 el ministro español en Buenos Aires se congratulaba por los "éxitos" alcanzados por la legación de España en la Argentina "en poco más de dos años", pero solicitaba su destino a un puesto "cualquiera de los de Europa". El diplomático español repetía de este modo las quejas, frecuentes en sus antecesores en el cargo, respecto del estado en el que se encontraban la legación y el consulado españoles en la Argentina (6).
    Asimismo, dos hechos que ocurrieron en los años 1901 y 1902 permiten apreciar la contradicción propia de la "política de gestos" desde el lado argentino. El primero tuvo lugar en diciembre de 1901 y fue la visita de la corbeta española Nautilus al puerto de Buenos Aires, que dio el pretexto para que las autoridades y el pueblo argentinos manifestasen calurosamente su simpatía por la Madre Patria, a tal punto que el encargado de negocios de España en Buenos Aires llegó a decir: "Puede decirse sin temor de que sea puesto en duda, que en este país han desaparecido por completo los recuerdos dolorosos que sus luchas dejaron en estos pueblos después de su emancipación de la Metrópoli (7)".
    El segundo hecho ocurrió en el mes de octubre de 1902, cuando el presidente Julio Roca protagonizó un grave incidente al pronunciar un discurso de inauguración de las obras del puerto de Rosario de Santa Fe -segunda ciudad más importante de la Argentina después de Buenos Aires, incluso en términos del número de residentes españoles-. Vale la pena citar el párrafo del discurso de Roca que jugó de detonante para el descontento de la comunidad española en la Argentina. Dicho párrafo decía lo siguiente:

Decididamente los genios y hadas que rodearon la cuna de la República de Washington no fueron los mismos que presidieron el advenimiento de las democracias sud-americanas. Los fieros conquistadores cubiertos de hierro que pisaron esta parte de América, con raras nociones de la libertad y del derecho, con fe absoluta en las obras de la fuerza y la violencia, eran muy diferentes de aquellos puritanos que desembarcaron en Hymouth sin más armas que el Evangelio ni otra ambición que la de fundar una nueva Sociedad bajo la ley del amor y la igualdad. De ahí que las repúblicas latinas necesiten mayor suma de perseverancia de juicio y energía para lavar su pecado original, asimilarse las virtudes que no heredaron, formar una nueva educación y constituirse definitivamente (8).

El contenido de este discurso presidencial generó el rechazo de los miembros de la colectividad española de todo el país, y resulta sugestivo que no fuera rectificado ni por el canciller ni por el presidente argentino, quienes restaron importancia al polémico texto.
    Otro claro indicio de la escasa voluntad para transformar los buenos gestos en acciones concretas fue el discurso del rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, al descartar categóricamente el proyecto de fundar en dicha ciudad una universidad hispanoamericana, impulsado por la "Asociación Patriótica Española" de Buenos Aires. En aquella ocasión, Unamuno afirmó que

semejante proyecto me parece, hoy por hoy, fantástico y absurdo. Reconozco las buenas intenciones y los laudables propósitos de los que patrocinan la idea, pero creo firmemente que pierden el tiempo. La verdad es que ni aquí nos interesamos gran cosa de lo que a América respecta, hasta tal punto que la inmensa mayoría de los españoles que pasan por ilustrados ignoran los límites de Bolivia o hacia dónde cae la República de El Salvador. Ni los americanos sienten ganas de venir acá. Piensan que no hay cosa alguna que puedan aprender en España mejor que en Francia, Alemania, Italia o Inglaterra, ya que en cuanto al castellano saben el suficiente para entenderse y muchos de ellos repugnan, y con razón, nuestras pretensiones al monopolio de su pureza y casticismo. Lo que dije en el banquete al Dr. Cobos y ahora repito, es que movimientos como el que este entusiasta y benemérito español provoca nos deben servir para fijarnos en aquellas naciones de lengua española y estudiar las causas de su desvío, que no son otras que el espíritu de intolerancia y exclusivismo que nos domina (9).

Vale advertir que estas enfáticas palabras de Unamuno, criticando el hispanoamericanismo español, contaron con el aval del ministro de relaciones exteriores argentino, quien al comentarlas, sostuvo que "de acuerdo con las ideas expuestas por V.E., pienso a mi vez que esa idea no prosperará ni tendrá el éxito que persiguen los iniciadores por las razones que muy bien estudia y expone V.E. (10)".

  1. Nota Nº 50 del ministro argentino en Madrid fechada el 12 de marzo de 1900, AMRE, caja 719, exp. 9, cit. en ibid., p. 232.

  2. Nota Nº 121 del ministro argentino en Madrid fechada el 1º de junio de 1900, AMRE, caja 719, exp. 9, cit. en ibid., p. 232.

  3. Contestación del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, fechada el 11 de octubre de 1902, a la nota Nº 116 de su representante diplomático en Madrid fechada el 17 de julio de 1902, AMRE, caja 719, exp. 9. Hacia 1904, el gobierno argentino decidió aportar 1000 pesos oro para la Comisión Internacional Permanente del Congreso Social y Económico Hispano-Americano, en respuesta a la nueva petición de fondos efectuada por dicho organismo a las autoridades argentinas. Ibid., p. 232.

  4. Nota Nº 248 del ministro argentino en Madrid fechada el 9 de diciembre de 1900, AMRE, caja 719, exp. 93, cit. en ibid., pp. 232-233.

  5. Nota Nº 1626 del cónsul general argentino en Barcelona fechada el 21 de diciembre de 1900, AMRE, caja 728, exp. 312. La escasa aceptación del Congreso Social y Económico Hispano-Americano en la Argentina en AGA, cajas 9087, legajo 121; y 9090, legajo 126, fuentes citadas en ibid., p. 233.

  6. Carta particular del ministro español en Buenos Aires al ministro de Estado fechada el 30 de marzo de 1901, AMAE, legajo 1263, cit. en ibid., p. 234.

  7. Despacho Nº 170 del encargado de negocios de España en Buenos Aires fechado el 19 de diciembre de 1901, AMAE, legajo 1354, cit. en ibid., p. 236.

  8. Despacho Nº 243 del encargado de negocios de España en Buenos Aires, fechado el 3 de noviembre de 1902, AMAE, legajo 1354, cit. en ibid., pp. 236-237.

  9. Nota confidencial Nº 9 del ministro argentino en Madrid fechada el 5 de enero de 1905, AMRE, caja 893, exp. 1. Miguel de Unamuno apuntó aquí a señalar los errores del hispanoamericanismo español, tarea que retomó Luis Echavarri en un artículo sobre ese tema titulado "España en la Argentina. Los errores del hispanoamericanismo", Nosotros, 268, septiembre de 1931, pp. 5-18, subrayando la mutua ignorancia de americanos y españoles. Estas fuentes están citadas en ibid., pp. 240-241.

  10. . AMRE, caja 893, exp. 1, cit. en ibid., p. 241.

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