Los gestos de confraternidad
Como en el caso de las relaciones hispano-argentinas, las relaciones
entre la Argentina e Italia guardaron cierta asimetría entre los "gestos" de
confraternidad mutua y las dificultades económicas y políticas, surgidas por problemas
tales como los derivados del aporte migratorio italiano -como, por ejemplo, el problema de
los hijos de italianos nacidos en la Argentina, quienes para el código civil peninsular
eran italianos (1)-, o las cuestiones vinculadas al intercambio comercial (por ejemplo las
Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores mencionan dificultades para introducir
ganado en pie argentino al mercado italiano debido a la aftosa).
No obstante, cabe admitir que, en el caso de la comunidad italiana, su
aporte a la industria argentina fue más importante que el de la comunidad española. Si
bien el gran capital italiano estuvo ausente en las inversiones en la Argentina, donde
predominaron Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, los italianos acometieron empresas
familiares que no requirieron grandes sumas de capital y que estuvieron vinculadas a
sectores ya consolidados, como ciertas ramas de la alimentación, la metalurgia, la
construcción, la industria textil, la papelera. A fin de tener cierta idea de la relativa
importancia de estos emprendimientos basados en el ahorro de los inmigrantes italianos,
vale citar las estadísticas del economista Luigi Einaudi, quien comentó que a principios
de siglo en Buenos Aires sobre un total de 167 empresas industriales, 164 de ellas
pertenecieron a italianos; y en Rosario, 275 sobre un total de 395. Además las 3/5 partes
de la industria del hierro estuvieron en manos italianas (2). Estas empresas familiares
con producción a escala reducida -muy difundidas en la experiencia industrial italiana de
fines del siglo XIX- crecieron en la Argentina gracias a la estrecha relación con el
capital bancario acumulado por los propios inmigrantes italianos. Hubo asimismo una
importante participación de italianos en las filas de la Unión Industrial Argentina
(cerca de un 20% del total de miembros), llegando incluso algunos a ocupar su presidencia,
como fue el caso de Alfredo Demarchi, quien estuvo al frente de la asociación industrial
desde 1904 hasta 1907. No obstante, a diferencia de sus colegas de Gran Bretaña o
Alemania, estos industriales italianos carecieron de representación en el sector líder
de la economía argentina -el agroexportador- o en el campo político.
Los vínculos culturales entre la Argentina e Italia se destacaron con
particular énfasis, y en ello tuvo mucho que ver el enorme aporte de los inmigrantes
italianos a la sociedad y cultura argentinas de principios del siglo XX. Vale recordar
que, al empezar el siglo, el diario La patria degli italiani tiró más de 14.000
ejemplares en la Argentina, siendo el tercer periódico argentino en importancia. A
través de este medio se impusieron las costumbres culturales y alimenticias italianas, y,
sobre todo en Buenos Aires, el idioma criollo sufrió contaminación lingüística por
obra de la emigración italiana. Tulio Halperín Donghi, refiriéndose a este proceso
cultural, habla de la "omnipresencia inaprensible" de la comunidad italiana en
la Argentina, no tanto en términos de peso político, sino de poder en el terreno social
y lingüístico-cultural (3). Como ejemplos de la tendencia hacia el estrechamiento de los
vínculos culturales ítalo-argentinos, podemos mencionar la sanción por parte del
gobierno de Hipólito Yrigoyen de un proyecto de ley que hizo obligatoria en el país la
enseñanza del idioma italiano en febrero de 1917, y la inauguración de la primera
cátedra de idioma castellano en Roma (4).
Como en el caso de las relaciones entre la Argentina y España, se
registraron en los vínculos argentino-italianos numerosos gestos mutuos de
confraternidad. Así, en ocasión del terrible terremoto que asoló las regiones italianas
de Calabria y Sicilia en diciembre de 1908, el entonces presidente José Figueroa Alcorta
envió un telegrama al Rey Víctor Manuel, ofreciendo la ayuda argentina. El día 31 de
ese mismo mes, el Senado de la Nación aprobó en sesión especial una ley acordando un
subsidio de 100.000 pesos. Por su parte, el Concejo Deliberante dispuso el otorgamiento de
otros 20.000 pesos. Además, y por iniciativa del presidente del Consejo Nacional de
Educación, José María Ramos Mejía, cada escolar argentino participó con una moneda de
5 o 10 centavos destinada a paliar la desgracia de niños calabreses y sicilianos (5).
En 1910, con motivo de los festejos del Centenario de la Revolución de
Mayo, el gobierno italiano envió a la Argentina una embajada encabezada por el Dr.
Marini, la cual recibió calurosas muestras de adhesión de porteños y residentes
italianos (6).
En 1913 se produjo un conflicto entre los gobiernos de Uruguay e Italia
en el que ambas partes sugirieron la mediación del presidente argentino Roque Sáenz
Peña. Este sin embargo renunció a su designación como árbitro, por considerar que la
intervención oficial argentina en las negociaciones previas a la propuesta común de
arbitraje lo inhibían para desempeñar el cargo (7).
El problema del criterio a aplicar para establecer la nacionalidad de los hijos de inmigrantes nacidos en la Argentina fue muy importante en los casos de Italia y España, dada la enorme contribución de ambos países en el total del torrente migratorio dirigido al país sudamericano. El código civil italiano declaraba en esa época a los hijos de italianos nacidos en la Argentina como italianos, aplicando el ius sanguinis; en cambio, las autoridades argentinas proclamaban el ius soli, priorizando el lugar de nacimiento de los hijos de inmigrantes -es decir, la Argentina- y no la sangre como elemento definitorio. De acuerdo con el último criterio, los individuos tienen la nacionalidad del suelo donde nacen. Para enfrentar este inconveniente, el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino instruyó a la Legación argentina en Roma que combatiese la disposición del código civil italiano. Uno de los proyectos presentados por el ministro argentino en Italia fue el de relevar del servicio militar obligatorio a los hijos de italianos nacidos en el extranjero. República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria de Relaciones Exteriores y Culto presentada al Honorable Congreso Nacional en 1900, Buenos Aires, Taller Tipográfico de la Penitenciaría Nacional, 1900, Anexo XXVIII, Memoria Anual de la Legación en Italia, pp. 184-185.
Aldo Albònico y Gianfausto Rosoli, Italia y América, Madrid, MAPFRE, 1994, p. 342.
Ver al respecto ibid., p. 314.
El decreto Nº 6925 del 22 de febrero de 1917 suscripto por el presidente Hipólito Yrigoyen estableció por su artículo 2º la obligatoriedad de dictar cursos de idioma italiano en los año 4º y 5º del ciclo secundario, correspondiente a Colegios Nacionales. Ver al respecto L. Mercadante, op. cit., p. 39, y República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores, Memoria...1902-1903, op. cit., Anexo VII, Memorias de las Legaciones Argentinas. Italia, pp. 220-221.
L. Mercadante, op. cit., pp. 36-37.
Ibid., p. 38.
I. Ruiz Moreno, op. cit., pp. 389-390.
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