Capítulo 44: Las relaciones políticas con Gran Bretaña y Estados Unidos (1930-1943)
Introducción
La
década de 1930 comenzó en la Argentina bajo el signo de una doble crisis, económica
y política. La crisis económica fue parte de la crisis económica mundial
provocada por el crash de la bolsa de
Wall Street, en octubre de 1929. La crisis política comenzó el 6 de septiembre
de 1930, cuando, después de setenta años de estabilidad, se derrocaba al
presidente constitucional Hipólito Yrigoyen, elegido por abrumadora mayoría, y
se lo reemplazaba por un gobierno militar al frente del cual aparecía el
promotor del golpe, general José Félix Uriburu. Por cierto, el sacudimiento
político fue común a otros países latinoamericanos. Entre marzo y diciembre
de 1930 se produjeron otros cinco golpes de Estado exitosos en República
Dominicana, Haití, Bolivia, Perú, y Brasil, en tanto la oposición intentaba
infructuosamente tomar el poder en otros cuatro países. (1)
A
su vez, la economía argentina acentuó su deterioro iniciado ya antes de la
crisis mundial. La cosecha de cereales del período 1929-1930 fue mala, en tanto
los países europeos productores tenían excedentes. La situación del balance
de pagos empeoró en 1929, si bien el saldo del balance comercial era positivo.
Los capitales extranjeros no llegaban y los egresos financieros alcanzaban
cifras preocupantes. Las reservas de oro, que alcanzaban 619 millones de dólares
en 1928, disminuyeron en 174 millones al año siguiente. También, a partir de
septiembre de 1929, el balance comercial se desequilibraba por la caída de los
precios mundiales. La situación del comercio exterior se deterioró en 1930. El
tonelaje de las exportaciones enviadas por barco disminuyó en un 35%,
terminando el año con un saldo negativo de 125 millones de pesos. Las
exportaciones que habían alcanzado un tope de mil millones de pesos en 1927 y
1928, cayeron a 614 millones, la cifra más baja desde 1916. (2)
La desconfianza de los inversores y los grupos financieros se
acentuó. La especulación perturbó todo el sistema económico. El 16 de
diciembre de 1929, Yrigoyen tomó la decisión de cerrar la Caja de Conversión,
suspendiendo así la libre convertibilidad del peso y evitando la fuga de oro.
En los primeros meses de 1930, el nivel del volumen de los negocios bursátiles
cayó un 60% y las quiebras comerciales aumentaron en un 72%. Además, la crisis
mundial coincidió en la Argentina con la finalización de un ciclo de progreso
indefinido. En 1930 se produjo el tope en la expansión horizontal de la
producción agropecuaria, lo que significaba que en adelante no habría nueva
incorporación de tierras a la actividad. De este modo, la contracción general
de la economía fue fácilmente utilizada para criticar al gobierno. (3)
Dicha situación crítica, sumada a la desorganización de
las corrientes comerciales mundiales, al cuestionamiento de la división
internacional del trabajo, y, sobre todo, al desequilibrio del comercio
triangular entre Gran Bretaña, Estados Unidos y la Argentina, el cual hacía
difícil la reversión de aquélla, produjo el fin de la belle époque argentina. Es comprensible entonces que un presidente
y un partido, incapaces a los ojos de los dueños del poder financiero y económico
de hacer frente a la crisis, no hayan podido sobrevivir a la misma. (4)
El presidente provisional Uriburu se esforzó por persuadir a
auditorios selectos de la necesidad de restringir la participación política. A
pesar de no haber podido descubrir ninguna malversación o escándalo
significativo en el gobierno radical derrocado, y en contra del pensamiento de
los partidos opositores y de los militares liberales, Uriburu trató de
convencer acerca de los peligros de la democracia representativa. No obstante,
la orientación predominante en el ejército no estaba de acuerdo en apoyar la
aventura de una dictadura militar. Desde julio de 1931, Uriburu supo que el ejército
se oponía a sus proyectos políticos y a su tentativa de utilizar al ejército
con fines partidistas. (5)
Por otro lado, el gobierno provisional había aceptado la
exigencia de las fuerzas políticas opuestas a Yrigoyen, conservadores y
socialistas independientes, de convocar a elecciones provinciales a principios
de 1931. El 5 de abril de 1931, se llevó a cabo el acto en la provincia de
Buenos Aires, para el cual se levantó el estado de sitio, a fin de que dichas
fuerzas sumadas a los radicales pudieran realizar libremente su campaña. Contra
todo pronóstico, el resultado de la elección resultó desfavorable para el
gobierno revolucionario. Los candidatos radicales triunfaron por amplia mayoría.
Consecuentemente, las elecciones en las demás provincias fueron suspendidas y
se reimplantó el estado de sitio. No obstante, los oficiales superiores del ejército
emplazaron al presidente provisional para que llamara a elecciones
presidenciales antes de que terminara el año, manteniendo el respeto de la
Constitución. (6)
Por
cierto, la abortada sublevación del oficial radical, teniente coronel Gregorio
Pomar, en julio de 1931, la cual habría sido planeada como parte de un
movimiento mayor liderado por el general Justo que no llegó a concretarse, dio
al gobierno provisional la excusa para perseguir al partido Radical. Esta
persecución abarcó desde la clausura de sus locales y publicaciones hasta el
exilio de sus principales dirigentes, entre ellos el ex presidente Marcelo T. de
Alvear. Incluso un decreto del 24 de julio inhabilitó para participar de la
resuelta elección presidencial del 8 de noviembre a todos aquellos que hubieran
ocupado cargos en el depuesto gobierno de Yrigoyen, incluyendo bancas
legislativas. La intención del gobierno de digitar a los candidatos quedó
totalmente en evidencia cuando el 6 de octubre vetó la participación por el
radicalismo de Marcelo T. de Alvear y Adolfo Güemes. El partido Radical decidió
entonces proclamar la abstención en las elecciones, regresando de ese modo el
país a la situación electoral anterior a la sanción de la ley Sáenz Peña de
1912. (7)
Habiendo fracasado la idea de Uriburu de reformar la
Constitución para instalar una dictadura, el camino quedó abierto para el
triunfo del general Agustín P. Justo. Pero dado que el solo apoyo de los
militares no era suficiente para imponer la candidatura de Justo, en pocas
semanas se organizó una coalición denominada la Concordancia, formada por los
conservadores, los socialistas independientes y los radicales antipersonalistas,
que coincidieron en apoyar a aquélla. El general Justo ganó así una elección
viciada por exclusiones y limitaciones, y en la cual volvió a imperar el
fraude. El reinicio de esta práctica política, la exclusión electoral del
partido Radical, los negociados descubiertos en algunos miembros de la clase política,
y las consideradas por muchos excesivas concesiones otorgadas al capital británico
para retener el mercado de carnes hicieron de este período uno de los más polémicos
de la historia argentina. (8)
La política exterior se dio dentro del contexto descripto.
La dificultad que sobrevino a la Argentina para colocar sus carnes en el mercado
británico trastrocaba el esquema comercial que había sido la base de su
crecimiento económico, es decir, aquél que le permitía pagar con sus superávits
en el comercio con Gran Bretaña los déficits del intercambio con Estados
Unidos. Esta cuestión condicionó la política exterior argentina, pues o se
trataba de retener el mercado británico, cualquiera fuera su precio, o se
buscaban mercados alternativos para las exportaciones argentinas.
La identificación de una serie de tensiones preexistentes en
las relaciones triangulares entre la Argentina, Gran Bretaña y Estados Unidos
ayuda a comprender los problemas que sobrevinieron entre estos países, en el
período que nos ocupa. Estas son: a) la rivalidad diplomática
argentino-norteamericana; b) la competencia comercial anglo-norteamericana; c)
la asociación comercial anglo-argentina (ésta constituía una tensión por su
interacción con las anteriores); d) los planes norteamericanos para la
liberalización del comercio mundial luego de la guerra, que implicaban la
quiebra del bloque de la libra esterlina y, por ende, la quiebra de la
estructura bilateral del comercio anglo-argentino; e) la propensión
norteamericana a exportar sus instituciones y pautas de comportamiento político,
es decir, el “imperialismo moral” norteamericano; f) las tácticas
administrativas de Roosevelt, que promovían la competencia burocrática; g) la
irrelevancia de la Argentina para Estados Unidos, a pesar de su entonces gran
importancia para el mundo en general; y h) el creciente nacionalismo político
argentino. Debe señalarse que el choque entre la Argentina y Estados Unidos era
inevitable, porque ya desde las primeras etapas del proceso cada uno de estos países
buscó incrementar su prestigio a expensas del otro. La interacción de todas
estas variables explica en gran medida los acontecimientos que sobrevendrían.
(9)
Por
cierto, la etapa de interdependencia crítica comenzaría con la guerra. Desde
comienzos de ésta hasta el ataque a Pearl Harbor, las relaciones entre Gran
Bretaña, Estados Unidos y la Argentina estuvieron marcadas por la amenaza que
la competencia norteamericana representaba para los intereses comerciales británicos
en la Argentina.
NOTAS
Alain Rouquié, Poder militar y sociedad política en la Argentina, I: hasta 1943, Buenos Aires, Emecé, 1981, p. 219.
H.V. Hodson, Slump and recovery. A survey of world economic affairs, 1929-1937, Londres, Oxford University Press, 1938, p. 28; República Argentina, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina, año 1930, Buenos Aires, 1931, p. 3, citados en ibid., p. 220.
Ibid., pp. 220-221.
Ibid., p. 221. Para el comercio triangular mencionado ver Mario Rapoport, “El triángulo argentino: las relaciones económicas con Estados Unidos y Gran Bretaña, 1914-1943, en M. Rapoport (comp.), Economía e historia, Buenos Aires, Tesis, 1988, pp. 251-275.
Ver A. Rouquié, op. cit., pp. 238-242. El coronel Manuel A. Rodríguez, presidente del Círculo Militar y comandante de la II División con asiento en Campo de Mayo, expresó en su discurso en la comida de camaradería anual de las Fuerzas Armadas, el 7 de julio de 1931, en presencia del presidente provisional, lo siguiente:
La
constitución actual del ejército es tal que nadie puede pretender disponer
del mismo a su arbitrio para misiones ajenas a las que son razón de su
existencia ... No, el ejército actual no es una fuerza política al
servicio de los hombres o los partidos ... La historia, además, demuestra
que nunca las bayonetas argentinas, destinadas a la defensa de la Nación,
pretendieron reemplazar la base más sólida, más estable del derecho que
sustenta el edificio de la organización nacional ... El ejército no tiene
aspiraciones propias, no pretende arrogarse poderes o facultades reservadas
a otras entidades ... el solo hecho de buscar su apoyo conspira contra su
disciplina y constituye un hecho ilícito e intolerable. Ibid.,
pp. 241-242.
Ibid., pp. 242-244.
Robert A. Potash, El ejército y la política en la Argentina, 1928-1945. De Yrigoyen a Perón, Buenos Aires, Sudamericana, 1994, pp. 109-111; A. Rouquié, op. cit., pp. 240-241.
Ver José Luis Torres, La década infame, Buenos Aires, s.e., 1945; José Luis Romero, Las ideas políticas en Argentina, Buenos Aires-México, Fondo de Cultura Económica, 1959; Arturo Jauretche, F.O.R.J.A. y la década infame, Buenos Aires, 1962; Alberto Ciria y otros, La década infame, Buenos Aires, Carlos Pérez, 1969; Carlos E. Aguinaga y Roberto A. Azaretto, Ni década ni infame, del ’30 al ‘43, Buenos Aires, J. Baudino, 1991.
Carlos Escudé, Gran Bretaña, Estados Unidos y la declinación argentina, 1942-1949, Buenos Aires, Ed. de Belgrano, 1988, pp. 25-27.
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