La Séptima Conferencia Internacional de Estados Americanos (Montevideo, diciembre de 1933)
A
medida que se acercaba la inauguración de la Conferencia de Montevideo,
Saavedra Lamas comenzó a considerar la real conveniencia de celebrarla. En su
opinión, las tensiones engendradas por los disturbios políticos en Cuba y
Uruguay, y por las disputas fronterizas vinculadas a los territorios de Leticia
y Chaco parecían recomendar la conveniencia de aplazar la reunión
panamericana. (1) De este modo, y cuando faltaban apenas cinco semanas para la
Conferencia, Saavedra Lamas procuró interesar a los gobiernos de Brasil, Chile
y Perú en un aplazamiento.
En
Washington también existieron serias reservas sobre la conveniencia de celebrar
la Conferencia de Montevideo. El gobierno de Roosevelt no deseaba sufrir un revés
en Montevideo. La aplicación de la “doctrina del buen vecino” en América
Latina debía hacer frente a numerosos obstáculos: el nacionalismo económico,
el rechazo al intervencionismo norteamericano y el generalizado resentimiento de
los países latinoamericanos contra Estados Unidos. (2)
No
obstante estas reservas, el secretario de Estado Cordell Hull resistió la opinión
de altos funcionarios de Washington y del canciller argentino en favor de
aplazar la Conferencia. Hull opinaba que a menos que la política del buen
vecino demostrara su eficacia en el hemisferio occidental, no tendría ocasión
de moderar tensiones en otras partes del mundo. El gobierno norteamericano debía
retomar el liderazgo regional, y demostrarle a los países de la región que sus
resentimientos hacia Estados Unidos podían ser superados. (3) Finalmente, el
deseo de Hull de celebrar la conferencia se impuso y entre el 3 y el 26 de
diciembre de 1933 tuvo lugar la Séptima Conferencia Internacional en
Montevideo.
Comprendiendo
el sentido de la estrategia del canciller argentino y el resentimiento imperante
en la región por las políticas comerciales y de intervención norteamericanas,
Hull resolvió edificar su plan de acción en Montevideo en torno a dos
resoluciones amplias: una atacaría el problema de las elevadas tarifas
aduaneras y las restricciones al comercio; la otra recomendaría la ratificación
universal del pacto Antibélico de Saavedra Lamas y de los restantes
instrumentos de paz. En lo concerniente a la política de intervención
norteamericana, Hull estaba dispuesto a aceptar el punto de vista
latinoamericano. (4)
En
torno de los sensibles problemas de la recuperación económica y los mecanismos
de paz, el secretario Hull persuadió al canciller Saavedra Lamas de patrocinar
en forma conjunta las resoluciones presentadas. La estrategia de Hull surtió
efecto, ya que ante la invitación del representante norteamericano, el ministro
de relaciones exteriores argentino respondió con entusiasmo: "Seremos las
dos alas de la paloma de la paz, usted la económica y yo la política".
(5) Saavedra Lamas cumplió con su promesa de cooperar con Hull. El 12 de
diciembre de 1933 apoyó en forma entusiasta la propuesta norteamericana de
llevar un amplio ataque contra las perjudiciales barreras comerciales y las
elevadas tarifas aduaneras por medio de acuerdos comerciales recíprocos. En
retribución, Hull respaldó el 15 la propuesta argentina de que cada delegación
comprometiera a su gobierno a suscribir los cinco instrumentos existentes para
la organización de la paz. Ambas resoluciones fueron aprobadas en forma unánime.
(6) En los puntos críticos, susceptibles de acusar división, Saavedra Lamas
mantuvo la palabra empeñada a Hull. Por ejemplo, cuando se trató la espinosa
cuestión de la intervención, la delegación argentina dejó que fueran los
representantes de otros países los que dirigieran sus ataques a los
norteamericanos. Y cuando la delegación mexicana presentó un vasto programa
sobre deudas y problemas monetarios, Saavedra Lamas estuvo junto a Hull en la
posición de aplazar tal propuesta para una próxima conferencia. Asimismo, al
no obtener de los delegados de la Conferencia el respaldo a su proposición de
que los países limítrofes censuraran la guerra del Chaco, el canciller
argentino respaldó la resolución de Hull que recordaba a los gobiernos de
Bolivia y Paraguay las obligaciones contraídas con el pacto de la Sociedad de
las Naciones y les solicitaba que arreglaran sus divergencias por la vía jurídica.
(7)
El
logro más relevante de la Séptima Conferencia Internacional de Montevideo,
desde el punto de vista latinoamericano, fue la adopción de la Convención
sobre Derechos y Deberes de los Estados. Hull decidió aceptarla, aunque con una
reserva en cuanto a declaraciones y políticas del gobierno de Roosevelt y “al
derecho de las naciones tal como es generalmente reconocido y aceptado”. El
artículo principal de la Convención era el que disponía que “ningún Estado
tiene derecho de intervención en los asuntos internos ni en los externos de
otro”. Según Connell-Smith, la aceptación de dicho documento fue una
“piedra miliar” en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América
latina, a pesar de las reservas endosadas por Hull. No obstante, debe señalarse
que en esa época el gobierno de Roosevelt interpretaba la “intervención”
de manera estrecha, entendiendo por tal el empleo de la fuerza armada. Así,
poco después del fin de la conferencia, el presidente declaró que “a partir
de ese momento, la política definida de los Estados Unidos se opone a la
intervención armada”. En el mismo discurso señaló:
(...) Y sólo cuando la falta de los procesos ordenados afecta a las demás naciones del continente, pasa a ser de la incumbencia de ellas; pero lo que se debe destacar es que en tal caso pasa a ser de la incumbencia conjunta de todo un continente en el que todos somos vecinos. (8)
Evidentemente,
Roosevelt pensaba en alguna forma de intervención colectiva, tema que con el
tiempo adquiriría gran importancia. (9)
La
Conferencia de Montevideo fue en consecuencia la más exitosa de todas las
conferencias panamericanas, en gran medida debido a la mutua actitud adoptada
por las delegaciones argentina y norteamericana. Saavedra Lamas abandonó la
tradicional actitud de oposición respecto de las propuestas norteamericanas por
la de agente catalizador de las mismas. A cambio, obtuvo la receptividad de
Washington a su pacto Antibélico, la seguridad de Hull de que no habría
intervención norteamericana en la región y un prometedor programa de
reciprocidad bilateral. Además, el canciller argentino recibió el voto de su
colega norteamericano para recibir el Premio Nobel de la Paz. (10)
No
obstante, la imagen de cordialidad y mutuas concesiones que caracterizó la
gestión de las delegaciones argentina y norteamericana en la Conferencia de
Montevideo de 1933 no pudo eclipsar por completo la esencial rivalidad entre
ambos países. La competencia argentino-norteamericana se manifestó a las
claras en las negociaciones que la diplomacia de una y otra nación llevaron a
cabo para terminar la guerra del Chaco (1932-1935) entre los gobiernos de
Bolivia y Paraguay. Finalmente, se impuso el criterio argentino, ya que la
Conferencia de Paz se celebró en Buenos Aires y no en Washington. Asimismo, la
rivalidad reaparecería al poco tiempo, en la Conferencia Interamericana de 1936
en Buenos Aires, donde tuvo lugar un verdadero duelo entre un Saavedra Lamas en
el pináculo de su prestigio internacional y el secretario de Estado
norteamericano Cordell Hull.
NOTAS
Weddell a Hull, 28 de octubre de 1933, FRUS, 1933, IV, 34, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 104.
Cordell Hull, The Memoirs of Cordell Hull, Nueva York, 1948, volumen I, 308-309, cit. en ibid., II, p. 104.
C. Hull, op. cit., I, pp. 317-318, cit. en ibid., II, pp. 104-105.
C. Hull, op. cit., I, pp. 318-324, cit. en ibid., II, p. 105.
C. Hull, op. cit., I, pp. 327-329; memorándum de las conversaciones entre el secretario y miembros de diversas delegaciones, sin fecha, FRUS, 1933, IV, 178-182, cit. en ibid., II, p. 105.
Séptima Conferencia Internacional de los Estados Americanos, Minutes and Antecedentes with General Index, cap. I, 20-23; cap. IX, 90-92; C. Hull, op. cit., I, pp. 331-333; Departamento de Estado, Report of the Delegates of the United States of America to the Seventh International Conference of American States, pp. 7-10, 54-57, 195-198, cit. en ibid., II, p. 106.
Minutes and Antecedents, cap. II, 107-115, 121-122; C. Hull, op. cit, I, pp. 333-336, cit. en ibid., II, p. 106.
Samuel I. Rosenman (comp.), The Public Papers and Addresses of Franklin D. Roosevelt, with a special introduction and explanatory notes by President Roosevelt, vol. 2. The Year of Crisis, 1933, Nueva York, 1938, pp. 545-6, cit. en Gordon Connell-Smith, Los Estados Unidos y la América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1977, p. 194.
G. Connell-Smith, op. cit., pp. 192-194.
H.F. Peterson, op. cit., II, pp. 106-107. Ver también Miguel Angel Scenna, ¿Cómo fueron las relaciones argentino-norteamericanas?, Buenos Aires, Plus Ultra, 1970, pp. 148-149.
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