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En un contexto mundial signado por el avance de los regímenes totalitarios y la debilidad de la Sociedad de las Naciones –institución que tanto había defendido el canciller Saavedra Lamas como mecanismo de pacificación mundial-, durante el último año del gobierno de Justo las autoridades argentinas intentaron acercarse a Washington. Así, en la comida de la comunidad norteamericana efectuada el 4 de julio de 1937, el otrora combativo canciller Saavedra Lamas dio su respaldo a la Doctrina Monroe, en la medida que la misma excluía de la región americana toda idea hostil a la forma republicana de gobierno. El diario The New York Times se refirió a este discurso de Saavedra Lamas como "el discurso más laudatorio, fuera de duda, que se haya pronunciado con referencia a los Estados Unidos en cualquier país latinoamericano en la última generación". Y como para que no quedasen dudas en la Casa Blanca de la actitud amistosa adoptada por las autoridades de Buenos Aires, en la inauguración del monumento a George Canning efectuada en diciembre de ese mismo año, el ministro de relaciones exteriores argentino manifestó que "la protección de los Estados latinoamericanos contra la agresión venida de fuera procedería siempre de los Estados Unidos y Gran Bretaña". (1) Incluso en dos ocasiones Saavedra Lamas apoyó vehementemente la candidatura de su rival en la Conferencia de Buenos Aires, Cordell Hull, al Premio Nobel de la Paz. (2)  
    Los gestos amistosos hacia la Casa Blanca fueron continuados por el nuevo presidente Roberto M. Ortiz. En primer lugar, y en forma acorde con la opinión pública argentina, dio la bienvenida a las seis "fortalezas volantes" enviadas por las autoridades norteamericanas en su honor. En segundo lugar, Ortiz inició negociaciones en procura de la incorporación de ocho instructores de vuelo de la fuerza aérea norteamericana. El 21 de marzo de 1938, en presencia del embajador norteamericano en Buenos Aires, Alexander W. Weddell, y de altos funcionarios de gobierno, el presidente argentino pronunció un mensaje radial de buena voluntad dirigido al pueblo norteamericano. En septiembre del mismo año, época de la crisis checoslovaca, Ortiz envió a Roosevelt la promesa de apoyo argentino a su llamamiento a la paz, dirigido a Hitler. (3)  
    Pero esta serie de gestos amistosos hacia la Casa Blanca dirigidos por el gobierno de Ortiz no alteraron la orientación básica de la política exterior argentina, remisa a compromisos con Estados Unidos que pudieran dañar los vínculos con Europa. Así, el nuevo canciller José María Cantilo, consciente de que la situación europea llevaría al secretario de Estado Hull a insistir en el proyecto de unidad hemisférica, trató de postergar la Conferencia de Lima. Pero el gobierno de Estados Unidos y los de los países americanos que respondían a su influencia no aceptaron la sugerencia argentina.  

  1. The New York Times, 5 de julio y 5 de diciembre de 1937, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 117.

  2. Weddell al Secretario de Estado, 24 de julio de 1937 y 9 de febrero de 1938, NA, DS, 093.57 N66/318, 343, cit. en ibid.

  3. Press Releases, XVIII, 5 de marzo de 1938, 279-280; FRUS, 1938, V, 313-320; Weddell al Secretario de Estado, 22 de marzo de 1938, NA, DS, 835.76/22; Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, 1938-1939, I, 285-287, 289, cit. en ibid., II, p.118.

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