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La Octava Conferencia Internacional de Estados Americanos se celebró, como estaba establecido, en Lima en diciembre de 1938. Dado el fracaso de su estrategia de postergación, el canciller argentino José María Cantilo optó por no concurrir personalmente a Lima para evitar un choque directo con Hull. No obstante, no resistió la tentación de inaugurar la conferencia, aprovechando que Hull aún no había llegado. El discurso de Cantilo, aunque tuvo alguna referencia al compromiso sobre la unidad hemisférica, fue la más apasionada defensa de los vínculos con Europa y la más clara refutación del deseo norteamericano de construir mecanismos de solidaridad continental, como puede apreciarse en sus palabras:

La solidaridad americana, señores, es un hecho que nadie pone ni puede poner en duda. Todos y cada uno de nosotros estamos dispuestos a sostener y aprobar esa solidaridad frente a cualquier peligro, que venga de donde viniera, amenazara la independencia o la soberanía de cualquier Estado de esta parte del mundo. No necesitamos para ello de pactos especiales. El pacto ya está hecho en nuestra historia. Actuaríamos con un solo e idéntico impulso, borradas las fronteras y con una sola bandera para todos: la de la libertad y la de la justicia. (...) Pero la Argentina cree que cada pueblo americano con fisonomía inconfundible debe desarrollar su propia política sin olvidar por ello la magna solidaridad continental ni la gravitación natural de intereses recíprocos que se agrupan por razones geográficas. (...) Vale decir que nuestra solidaridad continental no puede ser excluyente de la que nos une al resto del género humano y que no podemos desinteresarnos de lo que ocurre fuera de América. La Argentina no lo hizo ni lo hará, no sólo por razones de orden económico, sino por imposiciones históricas y de carácter sentimental. (1)

La delegación argentina quedó en manos de Isidoro Ruiz Moreno, a quien Cantilo ordenó que no se comprometiera a ningún acuerdo sin consultarlo previamente. 
   
El abandono de la conferencia por parte de Cantilo hizo pensar a Hull que el canciller argentino intentaba boicotear la reunión. Antes de su partida, Cantilo hizo una declaración a un periodista que mostraba a las claras la posición argentina:  

El señor Hull parece motivado por lo que pasa afuera de este continente (...). Yo lo estoy por América misma. Yo digo que nuestro deber es seguir adelante, construyendo a la vida americana con espíritu americano. Cuando una nación de afuera realmente nos amenace, entonces llegará el momento de actuar (...). Lo que sí pienso es que América debiera unirse sólidamente tras su propio desarrollo. Nuestro programa debiera formularse no porque tenemos a un enemigo de afuera, sino porque queremos una América fuerte (...). Los Estados Unidos no nos compran prácticamente nada. ¿Cómo podemos olvidar a los pueblos que dan vida a nuestra nación y compran nuestros productos? (2)

Las dos últimas oraciones de su declaración eran sumamente elocuentes de la disyuntiva que enfrentaba la política exterior argentina en esa época.
   
Por su parte, el representante norteamericano, Cordell Hull, insistió en un acuerdo que asegurara la unidad de las Américas contra cualquier amenaza proveniente de Europa. La situación en el viejo continente era por cierto angustiante. Las tropas de Hitler habían incorporado a Alemania, en mayo de ese año, Austria y los Sudetes checoslovacos.  Tras días de estancamiento, Estados Unidos obtuvo en Lima el respaldo para mantener un frente regional unido, aunque no en los términos deseados. (3)
   
El resultado concreto de la conferencia fue el documento conocido como "Declaración de Lima", sancionado unánimemente en vísperas de la Navidad de 1938, y que decía lo siguiente:

Los Gobiernos de los Estados Americanos declaran:
1º Que reafirman su solidaridad continental y su propósito de colaborar en el mantenimiento de los principios en que se basa dicha solidaridad.
2º Que, fieles a los principios antes enunciados y a su soberanía absoluta, reafirman su decisión de mantenerlos y defenderlos contra toda intervención o actividad extraña que pueda amenazarlos.
3º Y que para el caso de que la paz, la seguridad o la integridad territorial de cualquiera de las Repúblicas Americanas se vea así amenazada por actos de cualquier naturaleza que puedan menoscabarlas, proclaman su interés común y su determinación de hacer efectiva su solidaridad, coordinando sus respectivas voluntades soberanas mediante el procedimiento de consulta que establecen los convenios vigentes y las declaraciones de las Conferencias Interamericanas, usando los medios que en cada caso aconsejen las circunstancias. Queda entendido que los gobiernos de las Repúblicas Americanas actuarán independientemente en su capacidad individual, reconociéndose ampliamente su igualdad jurídica como Estados soberanos.
4º Que para facilitar las consultas que establecen este y otros instrumentos americanos de paz, los Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas celebrarán, cuando lo estimen conveniente y a iniciativa de cualquiera de ellos, reuniones en las diversas capitales de las mismas, por rotación y sin carácter protocolar. Cada gobierno puede en circunstancias o por razones especiales, designar un representante que sustituya a su Ministro de Relaciones Exteriores. (4)

No obstante el respaldo acordado a la declaración de solidaridad continental, la diplomacia argentina, consecuente con su política tradicional de identificación con Europa y resistencia a Estados Unidos, sentó también sus reservas en Lima, como un síntoma de su renuencia a apoyar los principios que había firmado y que estaban impulsados por las autoridades norteamericanas. (5)  

  1. Declaraciones de Cantilo en Lima, citadas en A.Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 54-55. La posición de la delegación argentina en Lima se encuentra en: FRUS, 1938, V, 3-4; Phillips al Secretario de Estado, 15 de febrero de 1938, NA, DS, 835.00/802; la óptica del canciller Cantilo en Informaciones argentinas, Nº 8, 15 de diciembre de 1938, fuentes citadas en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 118.

  2. New York Times, 13 de diciembre de 1938, cit. en C. Escudé, op. cit., p. 46.

  3. A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 53-59; José María Rosa, Historia Argentina. Orígenes de la Argentina contemporánea, tomo 12, “Década infame” (1932-1943), Buenos Aires, Oriente, 1992, pp. 194-195.

  4. Texto de la Declaración de Lima, citado en A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., p. 58, y en C.A. Silva, op. cit., p. 830.

  5. Carlton J. Hayes, Essays on Nationalism, Nueva York, 1928, pp. 77-78, 83, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 120. 

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