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El 11 de marzo de 1941, el Congreso norteamericano sancionó la Ley de Préstamo y Arriendo (Lend-Lease Act), que permitió al presidente norteamericano enviar refuerzos militares a las fuerzas aliadas. A partir de ese momento, el gobierno de Estados Unidos ingresó en una fase de semi-beligerancia que terminó en diciembre de 1941, cuando las autoridades norteamericanas decidieron ingresar en la guerra.
   
Esta ley de Préstamo y Arriendo autorizó al presidente de Estados Unidos, “cuando lo considere de interés para la defensa nacional (...) a vender, permutar, transferir, arrendar, prestar” toda clase de artículos para la protección del “gobierno de cualquier país cuya defensa el Presidente considere vital para los Estados Unidos”. En consecuencia, dicha ley otorgó respaldo jurídico interno a la proyección internacional del gobierno norteamericano como el “arsenal de las democracias”. Como resultado de las medidas previsoras de la Ley de Préstamo y Arriendo, la economía estadounidense adaptó su producción a las necesidades de la guerra un año antes de declararla, y puso al alcance de sus aliados unos 50.000 millones de dólares en armas, servicios y alimentos. Asimismo, a través de la Ley de Préstamo y Arriendo, el gobierno de Estados Unidos puso en práctica y a gran escala la política del gift o “regalo”, que en décadas posteriores repitió exitosamente para defender su liderazgo global. Esta política del gift consistió en donaciones de bienes o capitales por parte del gobierno norteamericano a determinados países sin contraprestación de las naciones receptoras. Estas operaciones tuvieron una finalidad política, generalmente expresa, y descansaron en la premisa de que es preferible la ayuda masiva a un plan de defensa de costo equivalente o superior a la guerra misma. La ausencia de contraprestación por parte de los países receptores de la ayuda económica norteamericana no implicaba la ausencia de ventajas para el país donante, pues la reactivación económica de los primeros aumentaba el intercambio y, en consecuencia, terminaba beneficiando al país que había otorgado la ayuda. (1)  
    La política del Préstamo y Arriendo consistió en prácticamente un regalo de armamento del gobierno de Estados Unidos a aquellos países latinoamericanos que sintonizaran con la política de seguridad norteamericana. Dicha política alteró de manera sustancial el equilibrio de poder en la región, favorable a la Argentina hasta la Segunda Guerra Mundial. Así lo atestigua una nota enviada por el embajador de Alemania en Río de Janeiro, Ritter, quien, en marzo de 1938, daba cuenta a Hitler de la preocupación brasileña respecto de su poderoso vecino en los siguientes términos:

El único adversario potencial del Brasil en el plano militar es la Argentina.  Pero actualmente, y por mucho tiempo todavía, el Brasil se encuentra, desde el punto de vista militar, en situación de inferioridad respecto de la Argentina.
El núcleo del poder militar del Brasil, que es también el de su poder industrial, se encuentra en los Estados del centro: San Pablo, Río de Janeiro, Minas Geraes. Pero este centro de poder no tiene prácticamente ninguna vinculación ferroviaria estratégica con los Estados del sud. Por la superioridad naval de la Argentina, las comunicaciones militares con los Estados del sud, por mar, serían en caso de conflicto controladas por la Argentina. (2)

A partir de la vigencia del Lend-Lease o política de Préstamo y Arriendo en marzo de 1941, las entregas de armas por parte del gobierno norteamericano a países latinoamericanos reverdecieron viejas rivalidades intra-regionales. Desde esa fecha en adelante, la diplomacia argentina intentó congeniar dos actitudes irreconciliables: mantener la neutralidad y a la vez evitar su creciente inferioridad bélica procurando captar la ayuda norteamericana por el camino del Lend-Lease.
   
El 30 de julio de 1941, el embajador norteamericano en Buenos Aires Norman Armour presentó a la cancillería argentina un memorándum confidencial en el que hizo saber que el gobierno de Estados Unidos había resuelto, en los próximos años, otorgar a las repúblicas americanas material naval y militar por un valor aproximado de 400 millones de dólares. Sostenía el memorándum que el gobierno argentino podía acceder a la entrega de material naval y militar en una fecha cercana en los términos de la Ley de Préstamo y Arriendo. Finalizaba el memo informando que el subsecretario Welles tenía entendido que las autoridades argentinas estaban dispuestas a reanudar las conversaciones de estados mayores iniciadas en Buenos Aires, durante las visitas del capitán Spears y el teniente coronel Christian. Para concretar dicho objetivo, el documento sugería la designación de una comisión naval-militar argentina que viajara a Estados Unidos en fecha próxima, con facultades para continuar las conversaciones iniciadas en Buenos Aires el año anterior y expresar las necesidades del gobierno argentino con respecto al equipo militar y naval.

  1. A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 91-95; J.M. Rosa, op. cit., pp. 270-271.

  2. Nota del embajador alemán en Río de Janeiro a su gobierno, Río de Janeiro, marzo de 1938, acerca de la preocupación brasileña con respecto a la superioridad militar argentina, cit. en A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., p. 93.

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