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La neutralidad adoptada por el presidente Castillo no era compartida en forma monolítica por el conjunto de la clase política argentina. A mediados de junio de 1941, el embajador norteamericano en Buenos Aires, Norman Armour, informaba al secretario de Estado norteamericano que la impaciencia que suscitaba en algunos sectores de la opinión pública y de la clase política argentina la actitud circunspecta e irresoluta de Castillo iba haciéndose más marcada, y, en agosto del mismo año, daba cuenta también de que una insistente demanda popular exigía mayor colaboración con Gran Bretaña, Estados Unidos y las demás repúblicas americanas. (1) 
   
Lo cierto fue que, entre junio de 1941 y el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre del mismo año, el gobierno de Castillo pareció ceder a la presión interna de los sectores aliadófilos y acercarse a los intereses de seguridad interamericana impulsados por el gobierno de Estados Unidos. Un ejemplo de esta actitud fue la declaración efectuada por el presidente interino el día 7 de julio ante dos mil oficiales del ejército, en la que, si bien dejando definida su actitud como una de "prudente neutralidad", Castillo justificó un acercamiento a Estados Unidos y a la cooperación interamericana en los siguientes términos:

Aunque  el choque de las potencias extracontinentales en pugna perturba sensiblemente nuestra economía y modifica nuestra balanza comercial (...) sólo consideramos correcto el mantenernos alerta en el anhelo de colaborar con las naciones americanas para que nuestro continente pueda continuar en el ambiente de civilización armónica, donde imperan la paz y el orden que hacen grandes a los pueblos y más respetables a los hombres. (2)

A este "gesto" del gobierno de Castillo en procura de un acercamiento con la Casa Blanca le siguieron otros. Las autoridades argentinas permitieron que el jefe de estado mayor de la marina participara en una gira de inspección de establecimientos navales norteamericanos. Asimismo, el 13 de mayo de 1941, la gestión de Castillo cerró tardíamente los puertos y aguas argentinos a los submarinos beligerantes. También el gobierno argentino propuso a sus colegas norteamericano y brasileño una mediación tripartita en la disputa fronteriza entre Ecuador y Perú. (3)
   
Mientras tanto, el impacto de la Segunda Guerra Mundial en la atmósfera política interna argentina era más que evidente. En los mismos días en que el gobierno de Castillo adoptaba un conjunto de medidas tendientes a un mayor acercamiento con Estados Unidos, la Comisión de la Cámara de Diputados que investigaba la penetración de las redes de espionaje y organizaciones nazis en la Argentina, fuertemente respaldada por los sectores y medios de prensa aliadófilos, presionaba sobre el gobierno argentino para que éste declarase sus intenciones. Mediante revelaciones periódicas acerca de las actividades de la embajada alemana en la Argentina, estos medios pusieron al descubierto el grado en que el embajador von Thermann abusaba de sus privilegios diplomáticos, colocando al gobierno de Castillo en una posición sumamente incómoda. El 15 de septiembre de 1941 la Cámara de Diputados votó una moción de censura y recomendó la disolución de todas las organizaciones laborales y culturales alemanas. (4)
   
En medio de esta incómoda situación, el gobierno de Castillo procuró acelerar las negociaciones diplomáticas tendientes a estrechar la cooperación con Washington. Las mismas se relacionaron esencialmente con tres problemas: el control mundial del trigo, la escasez de equipo militar y el intercambio comercial argentino-norteamericano.
   
Respecto del primer problema, los funcionarios argentinos se reunieron con sus colegas de Australia, Canadá, el Reino Unido y Estados Unidos con el objeto de resolver las crecientes dificultades ocasionadas por la demanda y la oferta mundial de trigo. Como resultado de estos contactos, los representantes de estos países acordaron firmar en abril de 1942 un acuerdo que abarcaba temas tales como existencias, fondo de ayuda y controles sobre producción, exportación y precios.
   
Respecto del segundo problema, el de la escasez de equipo militar por parte de la Argentina, los esfuerzos norteamericanos por satisfacer las necesidades argentinas debieron sortear numerosos obstáculos. Los negociadores argentinos presentaron a fines de junio de 1941 su lista inicial de equipos militares escasos, sobre todo de productos químicos y metales. Un mes más tarde, cuando intentó vincular estas necesidades argentinas a conversaciones sobre defensa continental entre los estados mayores de ambos países, el Departamento de Estado tropezó con la reacción negativa del embajador argentino en Washington, Felipe A. Espil. Ante esta dificultad, los funcionarios del Departamento de Estado se apresuraron a establecer una separación completa entre necesidades militares y compromisos políticos. Una vez que recibieron seguridades sobre este espinoso punto, las autoridades argentinas decidieron enviar en el mes de agosto una misión negociadora a Washington.
   
Respecto del problema del intercambio comercial bilateral, el gobierno de Castillo adoptó la trascendente decisión de firmar con las autoridades norteamericanas un convenio recíproco de comercio el 14 de octubre de 1941, el que reemplazó el obsoleto tratado de 1853. Este paso resultó de importancia. Ambas naciones, afectadas por la dislocación del comercio en la coyuntura bélica y por la escasez de bodegas, lograron concretar un moderno tratado comercial.
   
Si bien no aseguró a la Argentina el mercado norteamericano para sus cereales y carne fresca, dicho convenio sentó las bases para la futura diversificación del intercambio comercial. Sobre todo, contribuyó a reducir el resentimiento de las décadas anteriores a causa de las mutuas discriminaciones contra los productos exportables, modificando el fundamental conflicto filosófico-comercial entablado entre los conceptos de comercio bilateral y multilateral. Por una parte, el acuerdo aseguró una reducción de índices tarifarios sobre según Conil Paz y Ferrari 69% y según Peterson 75% de las exportaciones argentinas de 1940 a Estados Unidos, incluyendo el rubro de la carne envasada. Por la otra, dicho acuerdo también rebajó los índices sobre 18% de los productos manufacturados norteamericanos importados por la Argentina en el mismo año (entre otros rubros, el de automóviles y heladeras). El gobierno argentino prometió además no subir las tarifas aduaneras existentes por encima de 12%. Mantuvo las cuotas vigentes y el control de cambios, pero se comprometió a no utilizarlos en perjuicio de Estados Unidos, salvo a favor de Gran Bretaña y los países del área de la libra esterlina, así como de sus vecinos y de Perú. (5)  
    Luego de haber concluido el tratado comercial, el gobierno de Castillo decidió una serie de pasos que generaron en la Casa Blanca la esperanza de que la Argentina adoptaría una auténtica participación en la defensa del hemisferio junto a Estados Unidos. A fines de octubre de ese año de 1941, el presidente interino argentino anunció que una misión militar partiría sin tardanza a Estados Unidos con el objetivo de realizar compras esenciales de equipos y armamento. Esta misión militar fue acompañada por un experto en finanzas, con el fin de discutir la ayuda bajo la Ley de Préstamo y Arriendo en las condiciones fijadas por los norteamericanos. En noviembre, y de modo acorde con los planes norteamericanos de guerra económica, el ministro de relaciones exteriores argentino Ruiz Guiñazú notificó a Washington que la Argentina vendería a Estados Unidos toda su producción de tungsteno durante un período de tres años. Asimismo, en ocasión de  un viaje efectuado por diputados argentinos a Estados Unidos, el ex ministro de relaciones exteriores Cantilo hizo referencia a la “ineludible necesidad de fortalecer las relaciones panamericanas y, en particular, la amistad entre los Estados Unidos y la República Argentina”. Y el 2 de diciembre de 1941 el propio presidente Castillo aseguró al embajador Armour que el gobierno argentino estaba dispuesto a cumplir con sus compromisos interamericanos, afirmando que Estados Unidos podía contar con el apoyo cabal de la Argentina. (6) 

  1. Armour al Secretario de Estado, 13 de junio y 20 de agosto de 1941, NA, DS, 810.20 Defense / 882, 1402, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 135.

  2. La Prensa, 8 de julio de 1941, cit. en ibid., II, p. 136.

  3. Dicha disputa entre Ecuador y Perú fue finalmente resuelta en ocasión de la Tercera Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de Río de Janeiro, a través de este mecanismo de mediación tripartita al que se sumó el gobierno de Chile. Departamento de Estado, Bulletin, VI / 31 de enero de 1942/ 94, 194-196, cit. en ibid.

  4. El contenido de las revelaciones de la comisión investigadora de la Cámara de Diputados argentina fue volcado por el embajador norteamericano en Buenos Aires, Norman Armour, en los siguientes documentos: NA, DS, 962.20235/570, 583, 601; 701.6235/110, 119 , 122, 124, 126, 146, cit. en ibid.

  5. Convenio comercial, con planillas anexas I, II y III, y cuatro notas. Acta final, 14 de octubre de 1941, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Instrumentos internacionales de carácter bilateral suscriptos por la República Argentina. (Hasta el 30 de junio de 1948), tomo II, Buenos Aires, Alea, 1950, pp. 947-979; Department of State, Executive Agreement Series 277, y J.C. de Wilde y Bryce Wood, “U.S. Trade with Argentina”, Foreign Policy Report, XVII, 1º de diciembre de 1941, pp. 229-231, cit. en H.F. Peterson, II, op. cit., p. 140; A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., p. 73.

  6. Armour al Secretario de Estado, 19 de octubre de 1941, y otras comunicaciones, NA, DS, 835.24/195; The New York Times, 24 de octubre de 1941; República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Instrumentos internacionales de carácter bilateral suscriptos por la República Argentina, II, 981-982; Departamento de Estado, Bulletin, V, 18 de octubre de 1941, p. 295; Armour al Secretario de Estado, 6 de diciembre de 1941, NA, DS, 033.3511/154; Armour al Secretario de Estado, 2 de diciembre de 1941, NA, DS, 810.20 Defense/1732, fuentes citadas en H.F. Peterson, op. cit., II, pp. 140-141; Acuerdo, por notas reversales, referente a la exportación de tungsteno, 26 de noviembre de 1941, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Instrumentos internacionales de carácter bilateral suscriptos por la República Argentina, op. cit., II, pp. 981-987.

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