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El 7 de diciembre de 1941, sin previa declaración de guerra, las fuerzas aeronavales japonesas atacaron la base estadounidense de Pearl Harbor (situada en el archipiélago de Hawai), con el propósito de asestar un duro golpe a la flota de Estados Unidos. La base fue seriamente dañada y gran parte de los buques y aviones estacionados en ella quedaron fuera de servicio. Al día siguiente, el gobierno norteamericano declaró la guerra a Japón, y el 11 lo hizo con Alemania e Italia. De esta manera, la guerra llegaba al continente americano.
   
Las divergentes consideraciones geográficas, económicas y estratégicas en cada uno de los países de la región fueron las que determinaron tanto el grado de rapidez con que éstos reaccionaron ante el ataque sufrido por los Estados Unidos, como la medida en que cumplieron con sus obligaciones interamericanas. Así, los nueve pequeños estados del área del Caribe, estrechamente vinculados a Estados Unidos por lazos comerciales y de defensa, declararon la guerra a las naciones del Eje el 10 de diciembre de 1941. En cambio, las naciones más extensas del Caribe, México, Colombia y Venezuela, si bien igualmente importantes para Estados Unidos en materia de abastecimiento y estrategia, actuaron con más lentitud que los estados caribeños pequeños, aunque ya hacia fin de ese año 1941 habían roto las relaciones diplomáticas con las fuerzas nazifascistas. Un tercer grupo de estados, que comprendía a la Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay, alejados del Atlántico Norte y preocupados por su defensa, decidieron acordar al gobierno de Estados Unidos la condición de no beligerante. Por último, las naciones restantes del continente, Brasil, Ecuador, Paraguay y Perú, reconocieron formalmente su solidaridad con Estados Unidos, pero se abstuvieron de adoptar acciones concretas hasta fines de enero de 1942. (1)  
    La primera reacción del gobierno de Castillo ante el ataque japonés a Pearl Harbor fue el decreto Nº 108.040 enviado al secretario Hull el 9 de diciembre de 1941, que estipulaba que la Argentina conformaría su política a la asistencia recíproca dispuesta por la Resolución XV del Acta Final de La Habana. Dicho decreto disponía lo siguiente:

 Art. 1º La posición de la República Argentina en el actual conflicto internacional se regirá en lo que respecta a los Estados Unidos por los compromisos panamericanos contraídos sobre solidaridad, asistencia recíproca y cooperación defensiva.
Art. 2º Como consecuencia de ello, la República Argentina no considera a los Estados Unidos de América en la situación de país beligerante en este conflicto.
Art. 3º Hácense extensivas al presente estado de guerra y únicamente con respecto a Gran Bretaña y Japón las disposiciones del decreto sobre neutralidad dictado en Acuerdo de Ministros el 4 de septiembre de 1939.
Art. 4º La República Argentina en su oportunidad y por el procedimiento previsto por la Convención XV de La Habana ya citada, procederá a negociar los acuerdos complementarios necesarios. (2)

Al día siguiente del decreto del 9 de diciembre, Castillo informó a Roosevelt del decreto de no beligerancia, transmitiéndole que el gobierno argentino “no considera a los Estados Unidos de América en situación de país beligerante ni sujeto en consecuencia en este país a las limitaciones propias del régimen de neutralidad”. Castillo presentó además en su mensaje a Roosevelt “los votos amistosos del gobierno y pueblo argentinos”. El presidente norteamericano señaló en su respuesta que su gobierno se sentía muy agradecido “por las medidas prácticas de cooperación tomadas ya por el Gobierno Argentino, de conformidad con los términos de los acuerdos existentes entre las repúblicas americanas”. (3) Cuatro días más tarde, el presidente argentino amplió su posición de no beligerancia a fin de abarcar la guerra de Estados Unidos con Alemania e Italia  En ambos decretos, Castillo reiteró la neutralidad argentina proclamada el 4 de septiembre de 1939. En la visión del gobierno argentino, la posición de no beligerancia respecto de Estados Unidos sería para este país de mucho mayor provecho que otra posición extrema y permitiría prestarle una mayor colaboración. (4) 
   
No obstante, estas actitudes formales de Castillo que aparentaron buena voluntad para con el gobierno norteamericano fueron desbordadas por las reacciones de distintas personalidades ajenas al gobierno argentino. El ex presidente Agustín P. Justo envió un cordial telegrama al presidente Roosevelt, y la embajada norteamericana en Buenos Aires recibió expresiones de solidaridad procedentes de distintos sectores, incluyendo al ex ministro de relaciones exteriores Cantilo. Dirigentes de la Cámara de Diputados argentina volcaron expresiones similares de solidaridad y las enviaron al presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Sam Rayburn. A su vez, los medios de prensa porteños, al criticar el ataque japonés a Pearl Harbor, sostuvieron que el telegrama enviado por Castillo al presidente norteamericano Roosevelt no reflejaba en forma suficiente el hondo sentimiento de solidaridad del pueblo argentino para con el norteamericano. En particular, La Prensa exigió de las autoridades argentinas un pronto acuerdo sobre una política uniforme a la que adhirieran todas las naciones americanas. (5) 
   
El gobierno de Castillo respondió en forma severa a las expresiones pronorteamericanas provenientes de distintos sectores de la clase política y la opinión pública argentinas, despertando serias dudas en el embajador norteamericano Norman Armour acerca de la sinceridad de las buenas intenciones argentinas para con el gobierno de Washington. El 16 de diciembre de 1941 Castillo decretó el estado de sitio. Esta medida apuntó a mantener e incluso fortalecer la posición neutral. Al suspender las garantías constitucionales, el gobierno podía acallar los medios de prensa y debilitar la presión de la opinión pública en favor de una estrecha colaboración con las naciones americanas. También el estado de sitio podía fortalecer el poder del régimen frente a las crecientes críticas provocadas por el fraude en las elecciones provinciales. Estos objetivos del estado de sitio decretado por el presidente Castillo provocaron satisfacción en los sectores conservadores, deseosos de que la Argentina no se apartase de la neutralidad. (6)  
    En una reunión de gabinete del 23 de diciembre, Ruiz Guiñazú sostuvo que la Argentina debía evitar cooperar más estrechamente con Estados Unidos y se debía atener a la más estricta neutralidad posible. Pocos días después, el ministro de relaciones exteriores argentino dio otra molesta señal a las autoridades de Washington al hacer saber al embajador brasileño que la Argentina no estaba en condiciones de declarar la guerra, ni siquiera de romper relaciones con los países del Eje. (7)  
    Unos días antes de dar comienzo la Conferencia de Río, el embajador Armour enviaba un memorándum con sus apreciaciones acerca de la posición que la delegación argentina asumiría en la misma. Armour consideraba prácticamente seguro que el gobierno argentino no accedería a declarar la guerra y tampoco a una ruptura de relaciones, aunque lo último no podía asegurarlo. El hecho de que en la Argentina hubiera una importante comunidad tanto de italianos como de alemanes llevaba a pensar que la declaración de guerra a Japón podía ser más factible. El embajador señalaba que existía el temor de que si la Argentina declaraba la guerra podría producirse algún sabotaje o ataque a modo de ejemplo para otros países. Armour sostenía en cambio que el gobierno argentino cooperaría en actividades de patrullaje u otras medidas que no incluyeran convoy. (8) 
   
Ante los ojos de Washington, la actitud de la Argentina comenzó a llamar la atención, cuando este país realizó esfuerzos para que los diplomáticos latinoamericanos en viaje a Río de Janeiro pasaran previamente por Buenos Aires. Varios de ellos, como los representantes de Paraguay, Uruguay, Chile y Perú, lo hicieron. (9)  
    Una semana antes de la apertura de la Reunión de Consulta, el gobierno argentino presentó una protesta ante el norteamericano por el hecho de que había sido firmado un pacto de alianza en Washington por veintiséis países (nueve de ellos americanos), declarando la guerra al Eje. El gobierno argentino señalaba que esta acción se había llevado a cabo sin previa consulta y que además dicha acción excedía cualquier concepto regional. Esto, según el memorándum entregado al subsecretario Welles por el embajador Espil, creaba dudas acerca de la utilidad de consulta alguna en Río. El documento también afirmaba lo siguiente:

Existe una cierta contradicción en invitarnos a participar del estudio y adopción de medidas de defensa común al mismo tiempo que nueve países proceden sin previo intercambio de opiniones a definir de manera absoluta su doble posición, intracontinental y extracontinental, con los consiguientes riesgos y responsabilidades de un estado de guerra. (10)

El gobierno argentino agregaba que cualquier nación, celosa de su soberanía, encontraría el procedimiento objetable.

  1. FRUS, V, 359; D. H. Popper, "The Rio de Janeiro Conference of 1942", Foreign Policy Report, XVIII, 15 de abril de 1942, 27-28, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 141.

  2. Texto del decreto Nº 108.040 del 9 de diciembre de 1941, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al honorable Congreso Nacional, 1941-1942, tomo I, pp. 54-56; en A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 74-75; en C.A. Silva, op. cit, p. 862; y en Departamento de Estado, Bulletin, V, 13 de diciembre de 1941, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 142.

  3. Texto de la nota del presidente Castillo al presidente Roosevelt, 10 de diciembre de 1941, y respuesta del presidente norteamericano, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1941-1942, op. cit., pp. 57-58;  C.A. Silva, op. cit., p. 862.

  4. “Declaraciones del Excmo. Señor Vicepresidente de la Nación, en ejercicio del Poder Ejecutivo”, República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1941-1942, op. cit., p. 107; A.P. Whitaker, La Argentina y los Estados Unidos, op. cit., p. 130.

  5. Armour al Secretario de Estado, 12 de diciembre de 1941, NA, DS, 740. 0011 Pacific War /1021, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 142. 

  6. Armour al Secretario de Estado, 24 de diciembre de 1941, NA, DS, 740. 0011 Pacific War /1512, cit. en ibid., II, pp. 142-143. Véase también  Michael J. Francis, The Limits of Hegemony. United States Relations with Argentina and Chile during World War II, London, Univ. of Notre Dame Press, 1977, pp. 80-81.

  7. Armour al Secretario de Estado, 24 de diciembre de 1941, NA, DS, 740.0011 Pacific War /1512; Armour al Secretario de Estado, 27 de diciembre de 1941, NA, DS, 710. Consultation (3) / 121, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 144. 

  8. FRUS, 1942, V, 16-22, cit. en M.J. Francis, op. cit., p. 81.

  9. 710. Consultation (3)116, Telegram, Embassy in Asunción to Secretary of State, December 26, 1941, cit. en ibid.

  10. FRUS, 1942, V, 24-25, cit. en ibid., pp. 81-82.

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