La Tercera Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores (Río de Janeiro, enero de 1942)
Ante la nueva situación provocada por la agresión japonesa, Estados Unidos y Chile propusieron una Tercera Reunión de Consulta, que se llevó a cabo en Río de Janeiro en enero de 1942. Las tres naciones americanas que habían roto las relaciones diplomáticas con las naciones del Eje aunque no declarado la guerra, México, Colombia y Venezuela, introdujeron una resolución que, contando con el aval norteamericano, hacía extensible la ruptura de relaciones al resto de las naciones de la región. El proyecto de ruptura con el Eje presentado por los tres países americanos disponía lo siguiente:
1.
Las Repúblicas Americanas declaran que consideran estos actos de agresión
contra una de las Repúblicas Americanas como actos de agresión contra todas
ellas y como una amenaza inmediata a la libertad e independencia del Hemisferio
Occidental.
2. Las Repúblicas Americanas reafirman su completa solidaridad y su determinación
de cooperar estrechamente para su protección mutua, hasta que la presente
amenaza haya desaparecido completamente.
3. En consecuencia, las Repúblicas Americanas manifiestan que, en virtud de su
solidaridad y a fin de proteger y preservar su libertad e integridad, ninguna de
ellas podrá seguir manteniendo sus relaciones políticas, comerciales y
financieras con los gobiernos de Alemania, Italia y Japón; y, asimismo,
declaran que, en pleno ejercicio de su soberanía, tomarán las medidas
correspondientes a la defensa del Nuevo Mundo, que consideren, en cada caso, prácticas
y convenientes.
4. Las Repúblicas Americanas declaran, por último, que antes de reanudar sus
relaciones políticas, económicas y financieras con las potencias agresoras,
consultarán entre sí, a fin de que su resolución tenga carácter colectivo y
solidario. (1)
Este
proyecto dio lugar a diversas gestiones apuntadas a obtener la conformidad del
gobierno argentino, que había manifestado su oposición a cualquier medida que
condujera necesariamente a la ruptura de relaciones. El subsecretario de Estado
norteamericano Sumner Welles visitó al canciller argentino Ruiz Guiñazú,
ocasión en que el último dio las razones de la actitud adoptada. En la
retribución de la visita, realizada al día siguiente por Ruiz Guiñazú,
Welles manifestó que el gobierno de Estados Unidos consideraba que “la
ruptura de relaciones con los países agresores estaba impuesta por los
compromisos de orden internacional asumidos por los Estados Americanos y que era
además esencial para la defensa del hemisferio”. (2) Las gestiones paralelas
de los patrocinantes del proyecto tampoco lograron modificar la posición del
ministro argentino. El proyecto también fue rechazado por la delegación
chilena.
De
acuerdo con la óptica de Ruiz Guiñazú, la ruptura de relaciones diplomáticas
significaba un paso hacia la “prebeligerencia”, y ésta, uno hacia la
guerra. Pero el pueblo argentino estaba a favor de la neutralidad, y su delegación
deseaba hablar de paz y no de guerra. Procurando justificar su postura, el
canciller argentino sostuvo que el objetivo de la reunión era la consulta y no
la adopción de medidas obligatorias. Además, basándose en que por disposición
de la Constitución argentina sólo el Congreso podía declarar la guerra, los
delegados argentinos no podían aprobar una resolución que, casi con seguridad,
podía conducir a la guerra. Asimismo, el canciller argentino criticó la
doctrina de solidaridad hemisférica impulsada por Washington como un intento
que apuntaba a crear una suerte de “supersoberanía” que destruiría la
individualidad de las naciones americanas y, por ende, su derecho a la
autodeterminación. (3) El canciller también negó en Río el alcance hemisférico
del ataque japonés a Pearl Harbor. Según Ruiz Guiñazú, el ataque nipón a
posesiones norteamericanas en el Pacífico no configuraba una típica agresión
continental, por tratarse de posesiones asiáticas de Estados Unidos. Aun en
fecha tan tardía como 1944, en su libro La política argentina y el futuro
de América, escrito para justificar su gestión como canciller, Ruiz Guiñazú
evocó el ataque japonés a Pearl Harbor como “este hecho extracontinental,
con origen exclusivamente asiático (...)”. (4)
Ante
el escollo presentado por el canciller argentino, las delegaciones de Estados
Unidos y de los demás países procuraron que dicha reunión condujese a algún
resultado concreto y buscaron una solución de compromiso. Para superar la
reserva argentina de que la ruptura diplomática con las naciones del Eje debía
contar con la aprobación legislativa, la comisión formada durante la reunión
de cancilleres resolvió añadir al polémico artículo 3º la frase “en el
ejercicio de su soberanía y de conformidad con sus instituciones y poderes
constitucionales, siempre que éstos estén de acuerdo”. Días después de
haberse presentado la resolución y gracias a la gestión mediadora del
canciller brasileño Osvaldo Aranha, Ruiz Guiñazú aprobó el proyecto. (5) El
texto del mismo era el siguiente:
1.
Las Repúblicas Americanas refirman su declaración de que consideran todo acto
de agresión por parte de un Estado no americano, como un acto de agresión
contra todas ellas desde que tal acto constituye un acto contra la libertad y la
independencia de América.
2. Las Repúblicas Americanas refirman su completa solidaridad y determinación
de cooperar conjuntamente en su recíproca protección hasta que hayan
desaparecido completamente los efectos de la agresión contra el continente.
3. Las Repúblicas Americanas, en consecuencia, declaran que, en ejercicio de su
soberanía, y de conformidad con sus instituciones y poderes constitucionales,
siempre que éstos concuerden, no podrán continuar sus relaciones diplomáticas
con el Japón, Alemania e Italia, desde que el Japón ha atacado y las otras
potencias han declarado la guerra a un país de este continente.
4. Las Repúblicas Americanas declaran, por último, que antes de restablecer
las relaciones a que se refiere el párrafo anterior, se consultarán entre sí
a fin de que su decisión pueda ser colectiva y unánime. (6)
Pero
el presidente Castillo introdujo una nueva complicación en la ya enredada
agenda de la reunión de cancilleres de Río, al anunciar el 21 de enero de 1942
al embajador Armour que el gobierno argentino no aprobaría ninguna resolución
que implicara una ruptura con las potencias del Eje, desautorizando el acuerdo
logrado por el canciller Ruiz Guiñazú. Esta actitud del presidente interino
hizo que el ministro de relaciones exteriores argentino endureciera su posición
y retirara su aprobación al artículo 3º ya modificado, proponiendo en su
lugar uno que si bien conservaba las frases referentes a los procesos
constitucionales, reemplazaba la cláusula obligatoria por una mera recomendación.
Algunos delegados propusieron que se suscribiera la versión original, dejando
aislados a Chile y la Argentina. Sin embargo, Sumner Welles y la mayoría de los
demás delegados prefirieron preservar la unanimidad y aprobaron el texto con la
recomendación, que era el siguiente:
I.
Las Repúblicas Americanas se reafirman en su declaración de considerar todo
acto de agresión de un Estado extracontinental contra una de ellas, como acto
de agresión contra todas, por constituir una amenaza inmediata a la libertad e
independencia de América.
II. Las Repúblicas Americanas reafirman su completa solidaridad y su
determinación de cooperar todas juntas para su protección recíproca hasta que
los efectos de la presente agresión al Continente hayan desaparecido.
III. Las Repúblicas Americanas, siguiendo los procedimientos establecidos por
sus propias leyes y dentro de la posición y circunstancias de cada país en el
actual conflicto continental, recomiendan la ruptura de sus relaciones diplomáticas
con el Japón, Alemania e Italia, por haber el primero de esos Estados agredido
y los otros dos declarado la guerra a un país americano.
IV. Las Repúblicas Americanas declaran, por último, que, antes de restablecer
las relaciones a que se refiere el párrafo anterior, se consultarán entre sí
a fin de que su resolución tenga carácter solidario. (7)
Aparte
del polémico tema de la ruptura de relaciones diplomáticas con las naciones
del Eje, Ruiz Guiñazú no formuló objeciones importantes al resto de los temas
planteados en la agenda de la reunión de cancilleres en Río. Dio su respaldo a
las recomendaciones de ruptura de relaciones comerciales y financieras con las
naciones del Eje, de clausura de estaciones de telecomunicaciones controladas
por ellas y de desarrollo de los recursos económicos. No se opuso a la creación
de la Junta Interamericana de Defensa, como tampoco a la del Comité Consultivo
de Emergencia para la Defensa Política. (8)
Por
otra parte, no cabe duda de que la fuerte posición económica norteamericana,
reforzada por la desaparición de los mercados europeos debido a la guerra, fue
el instrumento principal utilizado por dicho país en Río para lograr que los
hasta ese momento renuentes vecinos aceptaran sus propuestas. La mayor parte de
las Resoluciones adoptadas por la conferencia, basadas fundamentalmente en el
programa propuesto por los delegados norteamericanos, apuntaba a la
“movilización económica” del continente. Tales sugerencias intentaban
fomentar el aumento de la producción de materiales estratégicos, necesarios
para la continuación de la guerra (Resolución II). A fin de lograrlo, se pondrían
en vigencia medidas destinadas a mejorar los medios de transporte, a coordinar
los servicios de navegación (Resolución IV), y a estabilizar los tipos de
cambio (Resolución XV). Para el sostenimiento de las economías internas de los
países americanos, se recomendaba a las naciones productoras de materias primas
y de maquinarias industriales que hicieran todo lo posible para suministrar
dichos elementos en cantidades suficientes, a fin de evitar consecuencias
perjudiciales en la vida de los pueblos; también se instaba al establecimiento
de sistemas de créditos adecuados y a la adopción de medidas para armonizar
precios (Resolución III). Asimismo, se recomendaba invertir capitales en las
repúblicas americanas (Resolución XI) y prestar colaboración en la explotación
del suelo y del subsuelo (Resolución XVI). El Comité Consultivo Económico y
Financiero Interamericano, creado en la Primera Reunión de Consulta de Panamá,
sería el organismo encargado de poner en práctica dichos planes. (9)
La
diplomacia argentina logró sus objetivos en la reunión de Río. A pesar de las
presiones bilaterales y multilaterales impulsadas por el Departamento de Estado
norteamericano, el gobierno de Castillo no rompió vínculos con el Eje. Tan sólo
aprobó declaraciones y recomendaciones, que podía cumplir como más deseara.
La política de "prudente neutralidad" del gobierno de Castillo, en
consecuencia, continuó siendo el eje de la política exterior de su gestión
hasta que ésta finalizó con motivo del alzamiento militar del 4 de junio de
1943.
Como
puede apreciarse a través de la lectura del texto definitivo de la Conferencia
de Río, el deseo de Sumner Welles de preservar a toda costa la unidad americana
tuvo un alto precio, ya que las concesiones al gobierno argentino hicieron que
la categórica resolución sobre ruptura de relaciones, presentada por las
delegaciones de Colombia, Venezuela y México con apoyo de la de Estados Unidos,
se transformara en una mera fórmula de recomendación, sujeta al libre arbitrio
de cada país americano. La flexible actitud del subsecretario norteamericano de
ceder al obstruccionismo argentino puso furioso al secretario de Estado Cordell
Hull, provocando un cisma entre ambos que terminó con la renuncia de Welles en
agosto de 1943. (10)
No
obstante, es necesario señalar que la posición de neutralidad defendida tan enérgicamente
por el gobierno argentino tenía sus condicionantes. Estos eran: a) el hecho de
que un rol de vasallaje respecto de los Estados Unidos era contrario a una larga
tradición diplomática argentina; b) el desaire todavía presente a la
propuesta argentina de “no beligerancia” de 1940; c) la tendencia de gran
parte de la opinión pública argentina ampliamente favorable a la neutralidad
-incluso de grupos marcadamente proaliados-, debido a la situación expuesta del
país, su considerable población de origen alemán, italiano y español, y la
imposibilidad de Estados Unidos de defender la parte meridional de Sudamérica;
y d) la función argentina de abastecer de alimentos a las potencias aliadas podía
ser mejor ejercida como neutral que como beligerante. (11)
Lógicamente
la actitud argentina de desafío al gobierno de Estados Unidos en la reunión de
Río tuvo sus costos. A partir de ese momento, dicho gobierno comenzó a tratar
al gobierno de Buenos Aires de manera diferente que al resto del hemisferio,
excepto Chile. El argumento del gobierno norteamericano era que se consideraba
imperativo otorgar inmediata y pronta consideración a los requerimientos de
defensa de los países que se habían puesto abiertamente del lado de Estados
Unidos y corrían los riesgos inherentes a dicha posición. Como la Argentina no
había adoptado esa actitud, era evidente que sus requerimientos serían
postergados. Lo paradójico de este discurso, en opinión de Michael Francis,
era que, al mismo tiempo, el gobierno de Estados Unidos afirmara a las
autoridades de Chile que no se atraerían peligros adicionales por cooperar,
intentando calmar los temores de un posible ataque a la extensa costa del país,
si rompían relaciones con el Eje. (12)
Con
todo, hubo algunas voces disidentes en el gobierno norteamericano con la política
hacia la Argentina. Por ejemplo, el jefe interino de la División de Repúblicas
Americanas, Philip Bonsal, arguía que la Argentina debía ser tratada de la
misma manera que las demás repúblicas americanas. En un memorándum a Welles,
Bonsal señalaba que “proceder de otra manera sería dejar de tener una visión
realista de la importancia de la Argentina para nosotros y para los británicos
en este momento”. No obstante, estaba de acuerdo con negar material militar,
dado que esto colocaba a la Argentina en una posición desventajosa frente a
Brasil y era un punto de presión sobre importantes grupos políticos y
militares argentinos. A su vez, el director de la Junta de Guerra Económica,
Milo Perkins, también era contrario a la política contra la Argentina. Su
opinión era que sin la cooperación de Gran Bretaña, dicha política no sería
efectiva, y este país no estaba en posición de aplicar la presión. Esto
significaba que la presión económica resultante de la política en cuestión
era unilateral y no sería efectiva. En un memorándum al secretario Hull,
Perkins también advirtió que dicha política podía llevar a graves errores,
que resultaran en daños a los intereses de los Estados Unidos. (13)
No
obstante, la política fue implementada. Durante 1942 y 1943, el Departamento de
Estado rehusó todas las entregas de armas a la Argentina y la sometió a un
boicot económico creciente. Este consistió en una serie de medidas
discriminatorias económicas y diplomático-políticas sumamente perjudiciales
para la Argentina, cuya vigencia se extendió entre los años 1942 y 1949. (14)
Un primer efecto concreto de dicha política de boicot fue el fracaso de la misión
militar-naval argentina Lapez-Sueyro, que gestionaba en Estados Unidos la
adquisición de armamentos por el sistema de Préstamo y Arriendo.
NOTAS
“Proyecto de ruptura de relaciones, presentado por las delegaciones de Colombia, Venezuela y México”, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1941-1942, op. cit., pp. 108-110; A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 76-77, y C.A. Silva, op. cit., p. 872.
“Proyecto de ruptura de relaciones...”, op. cit., p. 110.
República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Tercera reunión de consulta de los ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, pp. 10-11 y 15-16, 24; Enrique Ruiz Guiñazú, La política argentina y el futuro de América, Buenos Aires, 1944, pp. 21, 35, 79-80, fuentes citadas en H.F. Peterson, op. cit., II, pp. 145-146.
Expresiones de Ruiz Guiñazú citadas en A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., p. 83.
Sumner Welles, The Time for Decision, New York, 1944, p. 232; C. Hull, op. cit., pp. 1146-1147; La Prensa, 21 y 22 de enero de 1942, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 146.
Texto de la propuesta rechazada por el presidente Castillo, cit. en A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 77-78.
Texto de la resolución aprobada en la Tercera Reunión de Consulta de Río de Janeiro, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores, Memoria...1941-1942, op. cit., pp. 112-113; A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., pp. 78-79, y C.A. Silva, op. cit., p. 873.
República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Tercera reunión de consulta de los ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, pp. 38-39; Departamento de Estado, Bulletin, VI, pp. 117-141, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 148.
A. Conil Paz y G. Ferrari, op. cit., p. 81; “Acta final de la Tercera Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la República Argentina, celebrada en Río de Janeiro del 15 al 28 de enero de 1942”, República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1941-1942, op. cit., pp. 147-209.
Hull acusó telefónicamente a Welles de haber violado sus instrucciones respecto de obtener del gobierno argentino una resolución de ruptura obligatoria con las naciones del Eje y de rendirse servilmente a la voluntad de las autoridades argentinas. Por su parte, Welles se defendió sosteniendo que una resolución obligatoria en tal sentido hubiera dividido en dos a la reunión de Río, debido a que la Argentina no era el único país que rechazaba la ruptura con el Eje propuesta por Washington, sino que seguramente sería respaldada por los gobiernos de Brasil y Chile. La solución de compromiso a la que Welles llegó en Río, que reflejó el éxito de la política obstruccionista argentina tendiente a evitar compromisos panamericanos de ruptura con el Eje, dice Whitaker, “agudizó la dicotomía entre los dos planteos diferentes del problema argentino que representaban estos dos hombres –Welles, quien creía que a la larga se obtendrían mejores resultados con paciencia, persuasión y, cuando fuera inevitable, mediante concesiones y compromisos en interés de la unanimidad; y Hull, cuya opinión de la mala voluntad de los gobiernos argentinos fue reforzada por este episodio y que consideraba la solución del compromiso como una cláusula de escape que facilitaría la evasión de la Argentina de sus obligaciones interamericanas”. A.P. Whitaker, La Argentina y los Estados Unidos, op. cit., pp. 131-132. También véase Alberto Ciria, Los Estados Unidos nos mira, Buenos Aires, La Bastilla, 1973, p. 122.
Carlos Escudé, op. cit., pp. 93-94.
FRUS, 1942, V, 307-308 y VI, 6-7, cit. en M. J. Francis, op. cit., pp. 149-150.
FRUS, 1942, V, 329 y 335, cit. en ibid., p. 150.
Véase C. Escudé, op. cit., pp. 251-330.
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