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Después de la reunión de Río, la Argentina y Chile fueron los dos únicos países americanos que no cumplieron con la ruptura de relaciones con las naciones del Eje. Las autoridades de Buenos Aires intentaron seguir una línea de estricta neutralidad. Se negaron a entregar a los prisioneros alemanes internados en el país luego del combate del Río de la Plata, y mantuvieron los vínculos económicos, diplomáticos y de telecomunicación con los países del Eje. Pero a la vez rehusaron asilo a los diplomáticos del Eje expulsados por otras repúblicas americanas, renunciaron a representar intereses italianos en México y América Central, y solicitaron el retiro del embajador alemán en Buenos Aires.
   
No obstante, dichas medidas fueron consideradas insuficientes por el gobierno norteamericano. La permisiva actitud del gobierno de Castillo a las actividades de inteligencia y espionaje de los agentes del Eje exasperó al secretario de Estado norteamericano Cordell Hull, e incentivó el conflicto burocrático respecto de la actitud a seguir frente a la Argentina dentro del Departamento de Estado y entre éste y la secretaría del Tesoro. Welles estaba muy presionado por la prensa norteamericana que exigía un cambio en las políticas de Castillo o un cambio de gobierno en la Argentina. Welles no era partidario de apoyar un golpe, pero comenzó a otorgar ayuda a los grupos aliadófilos en la Argentina y a tratar de inducir al gobierno argentino a alinearse con Estados Unidos. Para ello utilizó diversas tácticas coercitivas, entre las cuales figuraban las siguientes:
   
a) El embarque del papel prensa sólo para aquellos diarios partidarios del alineamiento. El gobierno argentino reaccionó, ordenando a la flota mercante que se abstuviera de transportar papel prensa y decretando luego el control gubernamental sobre la distribución. (1)  
    b) El lanzamiento de una campaña radial antigubernamental. El Departamento de Estado se dirigió a la Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos, encabezada por Nelson Rockefeller, para establecer una estación de radio de largo alcance a fin de transmitir programas anti-Eje a la Argentina. Asimismo, se iniciaron tres programas de radio en la Argentina para realizar propaganda norteamericana, se contrató a argentinos para mandar cartas de protesta a diarios supuestamente pro-Eje, y se convenció a hombres de negocios norteamericanos de que retiraran sus avisos en ellos. (2) 
   
c) Un intento de alarmar al cuerpo de oficiales argentino, suministrando importante cantidad de armamentos a Brasil, Uruguay, Chile y Paraguay. También se sugirió el establecimiento de una base de hidroaviones en Rio Grande do Sul, con bombarderos de largo alcance a ser eventualmente entregados a Brasil. Welles y Roosevelt iniciaron un acuerdo sobre bases aéreas con el Brasil. (3) Como ya se dijo, la cancillería argentina trató de usufructuar el deseo de la marina norteamericana de llegar a un acuerdo militar con la Argentina, pero Welles boicoteó dicho acuerdo con su exigencia del convoy de buques hasta el sur del Brasil, lo cual fue rechazado por Ruiz Guiñazú con el argumento de que su aceptación conduciría a la beligerancia. (4) 
   
d) La confección de una lista negra para castigar a las empresas supuestamente pro-Eje que operaban en la Argentina. (5) 
   
e) El establecimiento de un boicot económico contra la Argentina, que con distintas características se extendió desde febrero de 1942 hasta 1949. La oportunidad para Hull sobrevino al convertirse Estados Unidos virtualmente en la única fuente de maquinaria de acero, repuestos ferroviarios, equipamiento para explotación de petróleo, cubiertas y otros productos industriales a la que podía recurrir la Argentina. En marzo de 1942 la Junta de Guerra Económica (Board of Economic Warfare) comenzó a denegar permisos a los exportadores norteamericanos para la venta a la Argentina de equipos eléctricos y sustancias químicas. Hacia septiembre de ese año la Argentina prácticamente no obtenía nada de Estados Unidos salvo carbón y papel para impresión. (6)  
    Así, a mediados de 1942 se pudieron apreciar en la economía argentina los efectos de la política de coerción impuesta desde el Departamento de Estado norteamericano. La falta de bodegas había reducido la importación de artículos manufacturados. Los hundimientos realizados por los submarinos destruían cargamentos de hojalata, caucho crudo, papel para diarios, hierro y acero. La escasez de papel para diarios había reducido a la mitad el tamaño de los grandes diarios porteños. Las casas y locales para oficinas sufrían la falta de combustible. El aumento de los costos de los artículos importados y nacionales incidía negativamente en el nivel de vida. (7)  
    A la vez, el Departamento de Estado norteamericano continuaba con la censura pública a la Argentina y Chile por la persistencia en sus actitudes de neutralidad y la falta de medidas en contra de la propaganda y las actividades de los agentes del Eje. El 6 de julio de 1942, dicho Departamento enviaba una nota al ministro de relaciones exteriores argentino, protestando por la continua operación de los agentes del Eje en la Argentina. El documento señalaba que la embajada había provisto al gobierno argentino información sobre el tema, pero los casos no habían sido investigados. Reclamaba por el hecho de que algunos diarios, estaciones de radio y editoriales fueran centros de diseminación de propaganda totalitaria y operaran abiertamente. Mencionaba asimismo las telecomunicaciones con los países del Eje. (8) El 8 de julio, el embajador Armour volvió a protestar ante el presidente Castillo por la decepcionante actitud de la Argentina ante las resoluciones tomadas en la Conferencia de Río. Castillo insistió en que la posición del país era proaliada, pero sostuvo que su gobierno no rompería relaciones con el Eje. Aparte de esto, brindaría la mayor colaboración. (9)  
    La respuesta del canciller argentino a la nota del gobierno norteamericano del 6 de julio afirmaba que sólo teniendo una información errónea podía aseverarse que la Argentina permitía actividades del Eje en su territorio. Hacía referencia también a la legislación sancionada para evitar que organizaciones extranjeras actuaran en la Argentina. Sin embargo, eran justamente estas leyes las que los sectores proaliados consideraban potencialmente dirigidas en su contra. La nota mencionaba la Oficina de vigilancia y represión de las actividades antiargentinas, creada en la esfera del Ministerio del Interior; pero el jefe de la misma había dicho repetidamente a miembros de la embajada norteamericana que no podía cumplir con su tarea por falta de fondos. (10)  
    Con estos antecedentes, el 8 de octubre de 1942, el subsecretario Welles dio una controvertida conferencia ante el Consejo Nacional de Comercio Exterior de Boston, en que fue muy crítico de la Argentina y Chile. La embajada argentina en Washington inmediatamente hizo saber el extremo desagrado con que el gobierno argentino había recibido el discurso. Señaló además que las afirmaciones estaban en abierta contradicción con la realidad del estado de las relaciones de la Argentina con los Estados Unidos y los demás países americanos. Asimismo protestó por los términos generales e imprecisos utilizados, que no especificaban casos y que hacían difícil al gobierno argentino responder. Desde el punto de vista argentino, era difícil entender el motivo por el cual el hundimiento de barcos era atribuido a informes enviados desde la Argentina. (11)  
    Ante la reacción argentina y chilena frente al discurso de Welles, el Departamento de Estado se vio obligado a presentar evidencia para sostener las palabras del subsecretario. Por cierto, la embajada en Buenos Aires estaba dispuesta a proporcionar dichas pruebas. El 22 de octubre, enviaba un borrador de una extensa nota, que proponía presentar al gobierno argentino. (12) El memo, que fue aprobado con pocos cambios, señalaba que había por lo menos cuatro grupos de agentes de espionaje trabajando en la Argentina. Afirmaba que Brasil había sido el centro de espionaje del Eje en la región, pero las restricciones en ese país habían terminado con la organización. Mencionaba también que los alemanes usaban correos en barcos españoles y de otros países neutrales, la valija diplomática y las facilidades del correo ordinario para transmitir información entre Estados Unidos y Sudamérica. Desde Sudamérica la información era transmitida por radios clandestinas al Alto Mando alemán.  
    Asimismo, el memorándum hacía referencia a los ciudadanos de los países sudamericanos que cooperaban en las transmisiones, y al soborno de la policía y otros funcionarios del gobierno. Mencionaba también que algunos de los más importantes agentes tenían status diplomático o eran agregados a las embajadas alemanas. La información enviada por estos canales incluía arribo y salida de barcos, información política, movimiento de equipo militar dentro del continente, detalles sobre la defensa hemisférica, el canal de Panamá, etc. Además de una lista de treinta y tres miembros de los grupos de espionaje, el documento contenía copias de algunos de los mensajes enviados por estos grupos a través de transmisores de radio clandestinos.  
    El secretario Hull decidió transmitir al gobierno argentino sus revelaciones sobre la propaganda y el espionaje nazis dirigidos desde Buenos Aires. En un principio el embajador Espil estuvo de acuerdo incluso en que la información se hiciera pública en un futuro cercano. El 3 de noviembre, el embajador Armour entregaba el extenso memorándum con la comprometedora información al Ministerio de Relaciones Exteriores argentino. El 7 de noviembre, a su vez, el embajador Espil presentaba una nota dirigida a Welles con el pedido de que el memorándum relacionado con el espionaje no fuera dado a publicidad de inmediato. Como Welles no le diera seguridad al respecto, el embajador pidió ver al secretario Hull. Este habría dado su palabra de no hacerlo en ese momento. El impacto de la publicación del memorándum respecto de Chile había inducido al gobierno argentino a tratar de evitar la misma repercusión en su país. (13)  
    Ante la intensa presión diplomática de Washington, el gobierno argentino decidió tomar algunas medidas que distendieran un poco la situación bilateral. Puso freno a las actividades de los representantes del Eje y estados satélites que pudieran perjudicar la seguridad de las repúblicas americanas. En diciembre, los tribunales federales otorgaron prioridad a los cargos judiciales acumulados contra 38 presuntos espías del Eje, incluyendo entre ellos a varios diplomáticos alemanes. Otra medida conciliatoria de las autoridades de Buenos Aires fue la de permitir una gran concentración pública para rendir "homenaje a Roosevelt" el día de la conmemoración del ataque japonés a Pearl Harbor. Finalmente, en enero de 1943, el gobierno argentino resolvió declarar persona non grata al agregado naval alemán. (14)  
    No conforme, sin embargo, con las medidas tomadas por el gobierno argentino, el Departamento de Estado decidió utilizar, como en el caso de Chile, los mecanismos multilaterales de presión contra el gobierno de Castillo, enviando el 21 de enero de 1943 el memorándum al Comité Consultivo Interamericano de Emergencia para la Defensa Política, creado en Montevideo como resultado de la Resolución XVII de la Reunión de Consulta de Río de Janeiro, con la recomendación de su publicación. El ministro de relaciones exteriores argentino intentó frenar la ofensiva norteamericana en el foro multilateral, enumerando en un comunicado las medidas adoptadas contra los ciudadanos alemanes, pero no tuvo éxito. Las conclusiones del memorándum fueron publicadas el 23 de enero en Buenos Aires y transmitidas por estaciones de onda corta norteamericanas a lo largo de todo el hemisferio, con adicionales comentarios antiargentinos.  
    El gobierno argentino no realizó ningún esfuerzo para evitar la publicación y el texto apareció en todos los diarios. El mismo día, el Ministerio de Relaciones Exteriores emitió un decreto afirmando que no había nada nuevo en el documento, que los jueces estaban investigando los casos mencionados y que la publicación obstruía la investigación y prejuzgaba las decisiones judiciales. (15) Por cierto, a pesar de las presiones, y de que Chile había roto relaciones con Alemania y Japón el 20 de enero de 1943, el gobierno de Castillo reafirmó su actitud neutral.
   
Hull también trató de cortar las telecomunicaciones entre la Argentina y el Eje, dando órdenes a la empresa que proveía el servicio de interrumpir sus operaciones. La firma Transradio International Argentina era una empresa mixta anglo-norteamericana-argentina, y operaba con una licencia otorgada por el gobierno argentino. Los británicos resistieron las presiones norteamericanas, señalando que cerrada la empresa otra vendría a ocupar su lugar, pero se dieron por vencidos en octubre de 1942. Pusieron no obstante la condición de que el gobierno argentino fuera notificado con anterioridad a la medida, dado que no podía soslayarse el hecho de que otros neutrales hicieran libre uso de sus instalaciones de telecomunicaciones. Sin embargo, Hull ordenó a Transradio interrumpir inmediatamente sus operaciones. (16)  
    Por su parte, y previamente a que los británicos decidieran su curso de acción, el gobierno argentino anunció que todas las telecomunicaciones pasarían a control gubernamental. El 4 de diciembre de 1942, un decreto suspendía los radiogramas internacionales codificados, con la excepción de cien palabras por día para todas las embajadas y consulados, manteniendo de esta manera una actitud absolutamente neutral. El 19 de enero de 1943, Transradio fue obligada por el Departamento de Estado a negar el uso de códigos al Eje, con o sin permiso del gobierno argentino. Pero una nueva intervención argentina terminó con la cuestión, resolviendo que, en virtud de que se trataba de una compañía argentina, que proveía un servicio vital para el país y estaba sujeta a las leyes nacionales, Transradio no podía acatar órdenes de un gobierno extranjero. (17)  
    Ante el fracaso de las presiones políticas tanto a nivel bilateral como multilateral, las autoridades del Departamento de Estado reforzaron las restricciones económicas para la Argentina. Exportadores e importadores norteamericanos, incluyendo firmas instaladas en el mercado argentino, se sumaron a la presión económica contra la última nación neutral del hemisferio. Por su parte, el embajador Armour recomendó que se estrechara más la cooperación entre ingleses y norteamericanos para presionar a las autoridades argentinas, cercenando los ricos mercados de colocación de carnes. Pero los norteamericanos no pudieron explotar este talón de Aquiles del comercio de exportación argentino, debido a la creciente demanda de carne por parte de consumidores británicos y de los ejércitos aliados. (18)  
   
A pesar de las limitaciones, las autoridades del Departamento de Estado insistieron con las armas económicas para obligar al gobierno argentino al abandono de la neutralidad. La Junta de Guerra Económica (Board of Economic Warfare) llamó a poner en marcha un severo sistema de controles de exportación que limitara los embarques de artículos de consumo de primera necesidad, equipos mecánicos y repuestos para transportes. Sólo escaparon a esta rigurosa reglamentación los materiales destinados a operar y mantener los frigoríficos y las minas productoras de tungsteno y berilio. Este sistema de permisos comenzó a regir a partir del 1º de abril de 1943. A esta medida de presión se sumaron otras. En el mismo mes de abril el gobierno de Estados Unidos y sus aliados impidieron que la Argentina participara en la Conferencia Alimentaria de las Naciones Unidas celebrada en Hot Springs, Arkansas. Además, la gira del vicepresidente norteamericano Henry A. Wallace por Sudamérica excluyó intencionalmente a la Argentina. (19)  
    Finalmente, el gobierno de Castillo cayó por un alzamiento militar en junio de 1943. Este golpe fue recibido con júbilo por las autoridades del Departamento de Estado, quienes inicialmente identificaron este cambio político como un corolario de la exitosa presión diplomático-económica norteamericana. Hull y sus colaboradores festejaron la noticia, convencidos de que el derrocamiento de Castillo llevaría a la ruptura de relaciones con el Eje. Cuando los hechos demostraron que esta optimista percepción era errada, el Departamento de Estado se embarcó en una campaña aún más agresiva que la anterior, para forzar a la Argentina a la beligerancia y provocar una convulsión política de grandes proporciones. 

  1. FRUS, 1942, vol. V, pp. 402-403, cit. en ibid., p. 102.

  2. Rockefeller a Welles, 17 de abril de 1942, box 500, RG 229, OCIAA; “Conversation  Between Duggan and Robert Wells (Chairman of the Coordination Committee for Argentina)”, 4 de agosto de 1942, Memoranda-Argentina, vol. 4, RG 59, DOS, cit. en ibid.

  3. Welles a Bonsal, 6 de febrero de 1943, Memoranda-Argentina, vol. 3, RG 59, DOS; Armour a Hull, 6 de febrero de 1943, 835/00/1358, RG 59, DOS, cit. en ibid., p. 103.

  4. FRUS, 1942, vol. V, pp. 379-90; Cordell Hull, The Memoirs of Cordell Hull, New York, 1948, vol. 2, p. 1378, cit. en ibid.

  5. FRUS, 1942, vol. V, p. 483, cit. en ibid., p. 104.

  6. FRUS, 1941, vol. VI, pp. 384-386; FRUS, 1942, vol. VI, pp. 307-308 y 365-368; “Informe sobre la Argentina”, Business Week, 4/4/1942, p. 37, cit. en ibid., pp. 254-256.

  7. Reportajes procedentes de Buenos Aires, Montevideo y Asunción publicados por The Christian Science Monitor, 16, 18 y 20 de abril, 13 y 23 de mayo y 2 de junio de 1942, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, pp. 150-151.

  8. FRUS, 1942, 1942, V, 201-202, cit. en M.J. Francis, op. cit., pp. 161-162.

  9. 740.0011 European War 1939/22790, Telegram, Embassy in Buenos Aires to Secretary of State, July 8, 1942, cit. en ibid., p. 162.

  10. FRUS, 1942, V, 202-205, cit. en ibid., pp. 162-163.

  11. FRUS, 1942, V, 210-211, cit. en ibid., p. 163.

  12. FRUS, 1942, V, 212, cit. en ibid., pp. 163-164.

  13. FRUS, 1942, V, 230 y 242-248; 800.20235/206, Memo, Oct. 28, 1942; C. Hull, The Memoirs of Cordell Hull, New York, 1948, p. 1382, cit. en ibid., pp. 165-167.

  14. The New York Times, 19 de noviembre y 5 y 9 de diciembre de 1942; 12 de enero de 1943, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 153.

  15. 862.20210/2189, Telegram, Embassy in Buenos Aires to Secretary of State, January 23, 1943, cit. en M.J. Francis, op. cit., pp. 168-169.

  16. FRUS, 1942, vol. V, pp. 110-116, 119. 134, 140, 153; Bonsal a Long y Duggan, 2 de octubre de 1942, y Reunión entre ARA, Long, Duggan y Berle, 22 de enero de 1943, Memoranda-Argentina, vol. 3, RG 59, DOS, cit. en C. Escudé, op. cit., p. 111.

  17. FRUS, 1942, vol. V, pp. 163, 176-79, y Reunión entre ARA, Long, Duggan y Berle, 22 de enero de 1943, Memoranda-Argentina, vol. 3, RG 59, DOS, cit. en ibid., p. 112.

  18. The New York Times, 26 de enero de 1943; Armour al Secretario de Estado, 5 de febrero de 1943, NA, DS, 835.00/1358, cit. en H.F. Peterson, op. cit., II, p. 154.

  19. The New York Times, 18 de abril de 1943; FRUS, V, p. 297 y sigs., cit., en ibid.

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