La agenda política
Los años de la Segunda Guerra Mundial
El
11 de septiembre de 1939, la cancillería argentina recibió una comunicación
por la cual se le hacía saber que Alemania había iniciado acciones de guerra
con Polonia. Dos días más tarde, los representantes diplomáticos de Gran
Bretaña y Francia comunicaron que sus países se consideraban en estado de
guerra con Alemania. Como consecuencia de las comunicaciones recibidas, el poder
ejecutivo argentino dictó el 4 de septiembre de 1939 un decreto declarando el
estado de neutralidad. Para el cumplimiento de esta neutralidad se aplicarían
las disposiciones pertinentes de las convenciones firmadas en La Haya el 29 de
julio de 1899 y el 18 de octubre de 1907. Poco después, la Reunión de Consulta
de Ministros de Relaciones Exteriores de los países americanos, que tuvo lugar
en Panamá a fines de septiembre de 1939, también resolvió el mantenimiento de
la neutralidad. Los delegados a la misma reclamaron como “derecho inherente” que
las aguas hasta una distancia de aproximadamente 300 millas de sus litorales
permanecieran “libres de la comisión de todo acto hostil por parte de cualquier
nación beligerante no americana, sin importar que dicho acto hostil se
intentara o realizara por tierra, mar o aire”. (1)
No
obstante, el 13 de diciembre de 1939 tuvo lugar un combate naval frente a la
costa noreste del Uruguay, librado entre los cruceros británicos Exeter y Ajax, el neozelandés Achilles
y el acorazado “de bolsillo” alemán Admiral Graf von Spee. Este combate
se llevó a cabo dentro de la zona de seguridad establecida en la Reunión de
Consulta de Panamá y, como consecuencia de ello, los gobiernos americanos
lanzaron una protesta colectiva hacia los países beligerantes.
Luego de averiar
al Exeter y perseguido por las naves británicas, el Graf Spee se
refugió, a su vez averiado y con bajas, en Montevideo. Su capitán solicitó a
las autoridades uruguayas un amplio plazo para poder efectuar reparaciones, pero
obtuvo de éstas un permiso de sólo 72 horas. Mientras tanto, las naves
enemigas esperaban al Graf Spee a la salida de las aguas jurisdiccionales
uruguayas. Vencido el plazo el día 17 de diciembre, el barco alemán salió del
puerto de Montevideo y su capitán, Hans von Langsdorff, decidió evacuar la
tripulación y hundir voluntariamente el acorazado en aguas del Río de la Plata
para que no cayera en manos enemigas. Al día siguiente, su comandante,
oficiales y resto de la tripulación llegaron al puerto de Buenos Aires por
intermedio de embarcaciones de bandera argentina, que habían sido previamente
contratadas a través de un acuerdo entre la embajada del Reich en Buenos Aires
y el comandante de la nave. El 19 de diciembre de 1939, el poder ejecutivo
argentino emitió un decreto, seguido por otro del 16 de marzo de 1940,
ordenando la internación de los ex jefes y oficiales del acorazado alemán,
fijando como zona de internación el territorio de la capital federal y el
comprendido dentro de un radio de 50 kilómetros desde sus límites. Ambos
decretos establecían además la posibilidad de ubicar a este contingente alemán
en otros lugares del territorio argentino, y el deber del gobierno germano de
costear los gastos de las medidas de internación. Un decreto posterior de las
autoridades argentinas, del 8 de abril de 1940, fijó como zona de internación
la isla de Martín García. (2)
La embajada de Alemania
en Buenos Aires protestó el 23 de diciembre de 1939 contra la internación de
la tripulación del Graf Spee, exigiendo su permanencia en territorio
argentino pero con pleno goce de su libertad, ya que en su óptica se trataba de
náufragos refugiados en un país neutral, traídos por barcos neutrales.
Agregaba la embajada alemana que la medida de internación adoptada por el
gobierno argentino era una actitud hostil, que se sumaba a la de la prensa y a
las actividades probritánicas que se venían desarrollando. Esta protesta fue
rechazada por el gobierno argentino el 27 de diciembre, expresando que la
internación de la tripulación del Graf Spee se ajustaba a las normas
del derecho internacional público, ya que no se trataba de náufragos como
sostenía la embajada alemana, pues el hundimiento había sido intencional, y
previamente se habían contratado las embarcaciones para el rescate. Para
respaldar su posición, el gobierno argentino citó el artículo 10 de la
convención de La Haya de 1899, que contemplaba medidas como la internación.
Hacia fines de 1942, se constató que gran cantidad de los internados en 1939 se
habían fugado de la zona establecida por los decretos de internación. (3)
La batalla del Río
de la Plata demostró la dudosa efectividad de la zona de seguridad. En
consecuencia, en el mismo mes de diciembre de 1939, el canciller argentino, José
María Cantilo, señaló al embajador británico en la Argentina, sir Esmond
Ovey, que la Argentina podría abandonar la neutralidad. Gran Bretaña no
respondió a la propuesta, porque de todos modos este país contaba con los
suministros argentinos sin necesidad de la beligerancia, y porque una acción
unilateral de esa naturaleza podía molestar a los Estados Unidos. (4)
El canciller
Cantilo entonces convocó, en abril de 1940, al embajador norteamericano Norman
Armour y en nombre del gobierno argentino le hizo la propuesta de que la
Argentina y los Estados Unidos, y tal vez otros países americanos, abandonaran
la neutralidad. Dado que la neutralidad era violada en todas partes, el
canciller argentino proponía abandonarla y adoptar en sustitución la “no
beligerancia”, considerando a ésta como una posición intermedia entre la
neutralidad y la beligerancia. Cantilo sostuvo que la “no beligerancia” no
significaba el ingreso a la guerra, permitía a los gobiernos libertad de acción
y no recibiría objeciones de Alemania ya que ésta aceptaba igual actitud por
parte de Italia, en tanto que los aliados verían con agrado un cambio de posición
que les fuera favorable. Cantilo señaló que la propuesta era altamente
confidencial. La propuesta, sin embargo, fue rechazada por el gobierno
norteamericano. (5)
Por
otra parte, el 27 de mayo de 1940 el barco de carga argentino Uruguay fue
torpedeado y hundido por un submarino alemán a la altura del cabo Villano,
situado a 130 millas de la costa española, mientras se encontraba viajando
hacia el puerto neutral de Limerick. Inicialmente el Uruguay se dirigía
con su cargamento de cereales hacia uno de los puertos de Bélgica, pero, al
tener conocimiento de la invasión de este país por parte de las fuerzas
alemanas, el capitán decidió desviarlo hacia Limerick, en Irlanda. El gobierno
argentino reclamó al alemán por el hundimiento del Uruguay a través de
su embajada en Berlín el día 3 de junio, y el 26 la cancillería del Tercer
Reich contestó que algunos de los documentos encontrados en dicho buque de
carga y no denunciados a la cancillería se prestaban a la sospecha del
comandante del submarino de que la carga podía ser desviada hacia un país
enemigo, y que la elección del puerto neutral hacia donde iba el barco también
era sospechosa para las autoridades alemanas. La nota del Reich negaba carácter
intencional a la medida adoptada, manifestando que “las fuerzas navales alemanas
tienen el mayor interés en que se mantenga y se cultiven esmeradamente las
tradicionales relaciones amistosas entre ellas y las marinas de guerra y
mercante argentinas”. (6)
El
31 de julio de 1940 la Cancillería argentina aceptaba las explicaciones
alemanas, con la esperanza de que
una
vez terminada la guerra, ha de encontrarse por el Gobierno alemán la
oportunidad de poner de manifesto, con respecto a los distintos aspectos de la
primera nota argentina, las disposiciones amistosas que ella destaca; lo que
llevará al pueblo argentino al convencimiento de que el incidente del Uruguay
fue sólo un hecho accidental, privado de todo propósito agraviante para la
nacionalidad del barco y que los amistosos sentimientos que, según la misma
nota, abriga la marina del Reich, para con la marina de la República Argentina,
son también los del Gobierno alemán, frente al Gobierno argentino. (7)
La
situación se haría todavía más complicada cuando el 7 de diciembre de 1941
se produjo el ataque japonés a la flota de guerra norteamericana en Pearl
Harbor, lo cual decidió la entrada de Estados Unidos en la guerra. La reacción
del gobierno argentino pareció ser amistosa hacia el país del hemisferio. El 9
de diciembre se declaró por decreto que la Argentina cumpliría sus
obligaciones panamericanas respecto de la seguridad, la asistencia recíproca y
la cooperación en la defensa. Además se concedía a Estados Unidos el status
de no beligerante. El decreto ratificaba la posición de neutralidad de la
Argentina, pero en general daba la impresión de que el gobierno argentino habría
de asumir una posición cooperadora.
No obstante, pronto se
hizo evidente que los miembros del gobierno no eran partidarios de una cooperación
demasiado estrecha. El presidente Castillo y el canciller Ruiz Guiñazú,
resueltos a mantener la posición de neutralidad, adoptaron una actitud ambigua,
que en poco tiempo provocaría la alienación del gobierno norteamericano y la
adopción, por parte de éste, de graves sanciones económicas. (8) El 11 de
diciembre, en ocasión de la visita del embajador von Thermann al ministro Ruiz
Guiñazú para comunicarle el estado de guerra de su país con Estados Unidos,
se le hizo saber que el gobierno argentino trataría de preservar, dentro de lo
posible y respetando los acuerdos interamericanos, su posición de neutralidad.
Incluso el canciller solicitó la colaboración del embajador para lograr que el
gobierno del Reich diera una solución a la cuestión de su permanencia en la
Argentina, debido al voto de censura impuesto por el Congreso en su contra. Pero
el ministro de relaciones exteriores del Reich, von Ribbentrop, no aceptó el
retiro del embajador. Este fue anunciado finalmente el 29 de diciembre. (9)
El 13 de diciembre el
gobierno argentino emitía otro decreto que tomaba nota del estado de
beligerancia entre Estados Unidos, por un lado, y Alemania e Italia, por el
otro, otorgaba derechos de no beligerante a Estados Unidos y ratificaba la
neutralidad argentina. Sin embargo, a diferencia del decreto anterior, que había
hecho referencia a la violación del territorio estadounidense por los
japoneses, no se señalaban en esta ocasión -como advirtiera el propio
embajador- las acciones de Alemania e Italia como actos de agresión o de
amenaza al continente. (10) En otra audiencia concedida a von Thermann el 15 de
diciembre, el presidente Castillo le confirmó que
el gobierno está decidido a aferrarse a la neutralidad refirmada recientemente con respecto a Alemania e Italia. Una guerra contra Italia era inconcebible, a causa de los muchos vínculos de sangre. La próxima conferencia de ministros de Relaciones Exteriores en Río de Janeiro se ocuparía principalmente de resolver los problemas económicos de la solidaridad panamericana. No podría producir decisiones políticas obligatorias, por ejemplo una declaración de guerra o la ruptura de relaciones. En este grupo de problemas, cada país continuaría siendo el dueño soberano de sus decisiones. (11)
Al
anticipar al embajador alemán la posición que la Argentina habría de asumir
en la conferencia de Río, Castillo consideraba que tenía suficiente respaldo
militar para hacer frente a las presiones del gobierno norteamericano en favor
de una cooperación más estrecha. Esto se deducía del pacto acordado con los
jefes militares en el mes de octubre y de las palabras del almirante (R) León
Scasso, que pocos días antes le había reafirmado que los oficiales del ejército
y la marina sostendrían el mantenimiento de esa posición. (12)
Con su posición
relativamente fortalecida, el presidente solicitó la aprobación del gabinete
para imponer el estado de sitio en todo el país. A pesar de alguna oposición,
el presidente logró que todos los ministros firmaran el decreto
correspondiente. Con este instrumento Castillo pudo perseguir a los numerosos
opositores a su política exterior, concediendo en cambio libertad de acción a
nacionalistas y simpatizantes del Eje. Para asegurarse el cumplimiento estricto
de las instrucciones que ordenaban la prohibición de realizar reuniones públicas
y la publicación de artículos en la prensa que significaran críticas a la política
exterior del gobierno, Castillo designó como jefe de la policía federal al
general Domingo Martínez, oficial germanófilo en servicio activo. (13)
La Tercera Reunión de
Consulta de ministros de Relaciones Exteriores se llevó a cabo en Río de
Janeiro entre el 15 y el 28 de enero de 1942. El objetivo fundamental del
gobierno de Estados Unidos en la misma era la adopción de una resolución por
la cual todos los países americanos tuvieran la obligación de romper
relaciones con el Eje. Esto no pudo concretarse porque la Argentina y Chile se
negaron a suscribirla. En cambio, todos los demás gobiernos habían declarado
la ruptura al finalizar la conferencia.
Para hacer fracasar la
Conferencia de Río, las autoridades del Tercer Reich formularon desde Berlín
una virtual amenaza a las embajadas de la Argentina, Brasil y Chile: si estos países
adoptaban la ruptura con Alemania, ésta podría “facilitar el camino” para
una futura declaración de guerra por parte de las naciones del Eje. La amenaza
obligó al entonces canciller interino Guillermo Rothe –reemplazante del
canciller Ruiz Guiñazú, quien participaba de la reunión de Río de Janeiro- a
declarar la “sorpresa y desagrado
con que este gobierno recibe advertencias de esta clase, que en el curso de
nuestra historia ningún país se creyó hasta ahora autorizado a dirigirnos”.
(14) No obstante, a diferencia del gobierno de Brasil, que declaró la ruptura
de relaciones con el Eje, los gobiernos de la Argentina y Chile mantuvieron su
neutralidad aún un tiempo más.
El 17 de abril de 1942
se produjo nuevamente un incidente con un buque argentino. A 300 millas de la
costa de Estados Unidos y mientras navegaba en dirección al puerto de Nueva
York, el petrolero Victoria, de bandera argentina, fue atacado por
submarinos alemanes. No obstante estar averiado, el Victoria llegó a
destino. El gobierno argentino vinculó el incidente con las operaciones “que
notoriamente realizan en la misma zona los submarinos de Alemania e Italia a los
que, según comunicados oficiales -de ambos gobiernos- se debe al hundimiento
reciente de una serie de barcos de diversas nacionalidades, incluidas algunas
americanas”. (15)
El 9 de junio de 1942,
la cancillería argentina emitió el siguiente comunicado que fijaba la posición
oficial del gobierno argentino respecto del incidente del Victoria:
Como
es del dominio público, el barco de bandera argentina “Victoria” fue objeto de
un ataque el día 17 de abril ppdo., el que navegaba en ese momento, en posición
de 36º 36' 5" de latitud norte y 68º
39' 5" de longitud oeste, con un cargamento de semilla de lino.(...)
Si
bien no es posible afirmar, en absoluto, que los torpedos que averiaron al
“Victoria” fueran de un origen dado o disparados por un submarino de una
nacionalidad dada, existe un conjunto de circunstancias que permite suponer,
cualquiera haya sido la clase de los torpedos, que fueron disparados por un
submarino de alguno de los Estados del Eje.
Esas circunstancias son las siguientes:
1) Que el
“Victoria” llevaba un
importante cargamento de lino, materia que Estados Unidos no produce en cantidad
suficiente;
2) Que por ello, los únicos
interesados en impedir que esa mercadería arribase al país de destino, eran
los gobiernos enemigos de aquél;
3) Que en la guerra que los
beligerantes realizan no sólo en tierra y en la atmósfera, sino también en el
mar, todos los buques hundidos hasta ahora que llevaban cargamentos diversos a
los puertos de Estados Unidos, lo han sido por submarinos del Eje, según los
propios comunicados oficiales de esos gobiernos.
Ante la indeterminación que existe con relación a la nacionalidad del
submarino agresor, el Ministro de Relaciones Exteriores ha considerado que la
reclamación correspondiente debía ser presentada separadamente ante los
gobiernos de Alemania e Italia, cuyos submarinos operan notoriamente en la zona
de referencia. (...) (16)
Por
su parte, la cancillería alemana reconoció el torpedeamiento del Victoria
y declaró que fue cometido por error, expresando “el vivo pesar del Gobierno
del Reich, que está dispuesto a indemnizar los daños ocasionados”. Asimismo,
sostuvo que el comandante del submarino no reconoció al buque como argentino,
agregando que no había existido el propósito de ofender al pabellón
argentino. (17)
Con todo, el 22 de
junio de 1942 un submarino alemán torpedeaba y hundía otro buque argentino, el
Río Tercero, perteneciente a la flota mercante del Estado. El 26 del
mismo mes, la embajada argentina en Berlín presentó la correspondiente
protesta al gobierno alemán. El 30, el gobierno del Reich envió al argentino
una nota expresando nuevamente su disposición a pagar los daños y señalando
que el ataque se debió a que la tripulación del submarino no identificó
debidamente al buque argentino. (18)
El hundimiento
del Río Tercero generó la reacción de los sectores aliadófilos en la
Argentina, que acosaron al presidente Ramón Castillo y a su canciller Enrique
Ruiz Guiñazú. En la sesión de la Cámara de Diputados correspondiente al 15
de julio de 1942 tuvo lugar una interpelación al canciller argentino, cuyo
temario incluyó los incidentes sufridos por los barcos argentinos Victoria
y Río Tercero provocados ambos por submarinos alemanes. En aquella ocasión,
el diputado socialista Nicolás Repetto criticó la debilidad del gobierno
argentino ante el hundimiento del Río Tercero. En contra de la opinión
complaciente del canciller Ruiz Guiñazú hacia los pedidos de disculpa del
Tercer Reich por estos incidentes, Repetto sostuvo que:
las
explicaciones que ha dado Alemania por el torpedeamiento de los vapores de
bandera argentina “Victoria” y “Río Tercero” son reticentes e involucran un
cargo para nuestro gobierno, pues llevan implícita la acusación de que éste
no ha sabido aún disponer lo necesario para que los buques argentinos se hagan
reconocer suficientemente como tales. (...)
Estas son las explicaciones que da el gobierno alemán. Nuestra cancillería las
ha aceptado plenamente; más aún: obedeciendo a una sugestión alemana ha
adoptado nuevas medidas para asegurar la identificación de los barcos
argentinos, en forma que no pueda alegarse en el futuro ninguna confusión. Pero
después de las explicaciones del gobierno alemán, de esas notas tan explícitas
y satisfactorias, el gobierno argentino se ha apresurado a rectificar el
itinerario de los barcos de su propia marina mercante.
Este resultado, muy desgraciado por cierto y tenido por definitivo para nuestro
gobierno, no es satisfactorio, lo afirmo, para los intereses ni para la soberanía
de la Argentina; pero teniendo en cuenta el habitual caso omiso que hace
Alemania del derecho y de las convenciones internacionales, y teniendo en cuenta
la expansión sin límite que Alemania se ve necesariamente obligada a dar a la
guerra submarina, podemos considerar que el resultado obtenido representa uno de
los más grandes triunfos diplomáticos de nuestra cancillería, porque es el único
que puede conceder un país que se encuentra en tan desesperada situación
militar. (...)
Alemania necesita impedir a todo trance que lleguen a los Estados Unidos y a sus
aliados las materias primas, los alimentos, los minerales y los combustibles que
los países democráticos necesitan para ganar la guerra. Es una necesidad fatal
para Alemania, y no se apartará de la guerra submarina por ninguna razón de
orden sentimental, por ningún argumento de pabellón. Después de hundir
nuestros barcos, seguirá dándonos tal vez algunas explicaciones más, pero serán
siempre explicaciones insuficientes. Sus seguridades de indemnización serán
promesas vanas; sus desagravios a nuestra bandera serán meras formalidades,
recursos para salir momentáneamente de la dificultad. (...)
Dije al plantear la interpelación que salvo que nuestro gobierno renuncie a
hacer navegar nuestros barcos, estos torpedeamientos van a reproducirse; y ésta
es la opinión de nuestro gobierno, no manifestada aquí por el ministro de
Relaciones Exteriores, pero evidenciada en una forma clarísima por las medidas
adoptadas en lo que se refiere a los cursos de navegación de nuestros barcos.
(19)
A su vez, el ministro de relaciones exteriores manifestó que el poder ejecutivo se consideraba satisfecho plenamente porque además de las explicaciones inequívocas, el gobierno alemán había querido acentuar su política de amistad. El ministro afirmó también que no había renuncia alguna al ejercicio de ningún derecho sino medidas de precaución ante los hechos que se habían producido.
NOTAS
Gordon Connell Smith, Los Estados Unidos y la América latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1974, pp. 204-205.
Texto de los decretos del gobierno argentino N1 50.826 del 19 de diciembre de 1939, N1 58.556 del 16 de marzo de 1940 y decreto del 8 de abril de 1940, sobre la internación de la tripulación del Graf von Spee, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso de la Nación, correspondiente al período 1939-1940, Tomo I, Primera parte: Relaciones Exteriores, Sección A: Política internacional, Capítulo quinto: Violación de la zona de seguridad establecida en la Conferencia de Panamá. Combate naval de Punta del Este. Internación de marinos alemanes, Buenos Aires, Peuser, 1940, pp. 104-107. Ver también J.R. Sanchís Muñoz, op. cit., pp. 51-52. Acerca de la vida de los internados alemanes ex integrantes del Graf Spee en territorio argentino, ver el trabajo de Enrique Rodolfo Dick, Tras la estela del Graf Spee, Buenos Aires, Candil, 1996, especialmente pp. 127 a 177.
República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1939-1940, op. cit., pp. 108-113; J.R. Sanchís Muñoz, op. cit., p. 52.
Minuta del Foreign Office, 14 de enero de 1940, A 313/1/51, FO 371/24189; Ovey al Foreign Office, diciembre de 1939, A 8748/, A 9021/, A 9175 y A 9219/5992/51, FO 371/22765, fuentes citadas en Carlos Escudé, Gran Bretaña, Estados Unidos y la declinación argentina, 1942-1949, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1988, pp. 52-53.
FRUS, 1940, vol. I, pp. 743-44 y 752-54, cit. en ibid., pp. 53-54 y 55.
Nota del Reich referente al incidente con el buque Uruguay, 26 de junio de 1940, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al período 1940-1941, Tomo I, Primera parte: Relaciones Exteriores, Sección A: Política internacional, Capítulo quinto: Guerra europea, Buenos Aires, J. Rosselli, 1941, p. 245. Ver también J.R. Sanchís Muñoz, op. cit., p. 62.
República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1940-1941, op. cit., p. 245, y C.A. Silva, op. cit., p. 844.
Ver C. Escudé, op. cit., capítulos V y VI.
Memorándum de una conversación telefónica con el embajador von Thermann, firmado Weizsacker, St.-S. Nº 815, 11 de diciembre de 1941, Roll 207/156,844; telegrama de Weizsacker al embajador en Buenos Aires, 12 de diciembre de 1941, Roll 207/156,845; La Prensa, 30 de diciembre de 1941 y New York Times, 31 de diciembre de 1941, cit. en R. A. Potash, op. cit., pp. 236-238.
Von Thermann a Berlín, telegrama Nº 2122, 15 de diciembre de 1941, Roll 207/156,852-53, cit. en ibid., p. 238.
Von Thermann a Berlín, telegrama Nº 2124, 15 de diciembre de 1941, Roll 207/156, 855, cit. en ibid.
Von Thermann a Berlín, telegrama Nº 2122, 15 de diciembre de 1941, Roll 207/156,852-53, cit. en ibid., pp. 238-239.
El texto del decreto y las firmas aparecen en Anales de legislación argentina, 1852-1964, Buenos Aires, 1942-1965, año 1941, tomo I, p. 381; La Nación, 17 de diciembre y 19 de diciembre de 1941; Foreign Relations, 1941, VI, 67-68; La Nación, 24 y 25 de diciembre de 1941; Ministerio de Guerra, Boletín Militar, 1901-1943, Nº 11.884, 3 de enero de 1942, cit. en ibid., pp. 239-240.
J.R. Sanchís Muñoz, op. cit., p. 131.
Ver República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso de la Nación correspondiente al período 1942-1943, Primera parte: Relaciones Exteriores, I: Política internacional, A )Asuntos políticos relacionados con la guerra, 1-Ataques a dos buques argentinos: Torpedeamiento del “Victoria” y hundimiento del “Río Tercero”, Buenos Aires, 1943, p. 23.
Ibid., pp. 24-26.
Ibid., p. 26.
Ibid., pp. 26-28; I. Ruiz Moreno, op. cit., p. 403.
Palabras del diputado socialista Nicolás Repetto en la interpelación al canciller Enrique Ruiz Guiñazú, en República Argentina, Congreso Nacional, Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, sesión del 15 de julio de 1942, Tomo II, Buenos Aires, Imprenta del Congreso Nacional, 1942, pp. 682 y 684. Ver también referencia a esta interpelación al canciller argentino por el diputado Repetto en República Argentina, Memoria...1942-1943, op. cit., Primera parte, I, A, 1, pp. 51-67. Las últimas palabras de la cita se referían a la decisión del gobierno argentino de desviar la ruta de los barcos mercantes argentinos del Atlántico hacia el Pacífico, para que descargaran en Los Angeles o en algún otro punto de California, evitando los ataques de los submarinos y acorazados “de bolsillo” alemanes.
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