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El convenio Comercial y de Pagos (septiembre de 1934)

Con el objetivo de reactivar el comercio con América latina y obtener de esta región las materias primas necesarias sin necesidad de utilizar divisas, las autoridades alemanas enviaron una delegación encabezada por Otto Kiep, cuyo primer punto de visita fue precisamente la Argentina, en junio de 1934. Para esa fecha, la economía argentina se recuperaba de la recesión posterior a la crisis de 1929: los precios de sus exportaciones habían subido y el convenio Roca-Runciman firmado con Gran Bretaña abría expectativas positivas. Este contexto de mejoría se extendió a las relaciones económicas con Alemania. En octubre de 1933, los representantes de la Administración de Correos argentina y del Sindicato Cóndor de Alemania (Condor Syndikat) firmaron un convenio sobre correo aéreo que permitió el servicio postal aéreo directo y regular entre la Argentina y Alemania, y, a fines de marzo de 1934, el gobierno argentino había otorgado una concesión por cuatro años al Condor Syndikat y a Lufthansa, para encargarse del correo aéreo regular con Europa. Air France también recibió una concesión similar y ambas líneas decidieron trabajar en forma conjunta. (1)
   
La delegación argentina encargada de recibir y negociar con la alemana fue encabezada por el subsecretario de agricultura Carlos Brebbia, e integrada por el director general de Aduanas, Agustín Pinedo; el jefe de la División Comercial del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Daniel Antokoletz; el secretario de la embajada en Londres, Pablo Santos Muñoz; el director de la Oficina de Control de Cambios, Edmundo Gagneux, y el subdirector de Economía Rural y Estadística del Ministerio de Agricultura, Ovidio Schipetto.
   
La situación al iniciarse las tratativas fue resumida del siguiente modo por Schipetto:

La situación del intercambio comercial era difícil. Por ambos gobiernos se habían adoptado medidas restrictivas que amenazaban paralizar las corrientes de intercambio.
Al bloqueo de fondos provenientes de las respectivas ventas efectuadas por cada país, se sumaba la casi absoluta falta de divisas por parte de Alemania.
Esta última circunstancia, principalmente, obligó al gobierno de Alemania a llevar a cabo convenios con los demás países que le permitieron intercambiar los productos sin que se viera precisado a efectuar remesas de fondos. A estas convenciones se llamó “Convenios de Compensación y de Pagos”.
Mediaba también de parte de Argentina interés en llegar a un arreglo comercial con Alemania a fin de concurrir en el abastecimiento de ese país, cuyo déficit iba negociando el gobierno del Reich con las naciones proveedoras mediante la distribución de los contingentes de importación.
Teníamos también la necesidad de liberar los fondos que se hallaban bloqueados en Alemania.
El interés capital de Alemania fincaba en obtener, mediante un convenio de compensación de ventas, el crédito necesario para adquirir la materia prima que utilizaban sus más importantes industrias, que no hubiera podido obtener de otro modo.
De tal manera que existía conveniencia en resolver una situación que resultaba perjudicial para los dos países. (2)

Por cierto, las negociaciones debieron sortear una serie de dificultades. Una de ellas fue el planteo alemán de la imposibilidad de comprar carne, lo cual contrariaba las expectativas argentinas. Otra fue la negativa argentina de acordar un intercambio sin divisas, debido a la necesidad de obtener un saldo para pagar la deuda externa y remitir los capitales de las empresas extranjeras radicadas en la Argentina. También lo fue la interpretación de las estadísticas comerciales, factor que llevó a las delegaciones argentina y alemana a discutir sobre cuál de los dos países tenía una balanza comercial favorable. Así, mientras las cifras acerca del valor del intercambio comercial argentino-alemán arrojaban entre 1930 y 1933 saldos desfavorables para la Argentina, salvo en 1932, las estadísticas de la Cámara de Comercio Argentino-Alemana otorgaban en esos mismos años saldos a favor de la Argentina. (3) La principal fuente de discrepancia se debía a que en la Argentina se calculaba de acuerdo al país en donde las mercancías desembarcaban, aunque éstas prosiguieran por tierra hacia otro destino. Así, muchos cargamentos destinados a Alemania, que desembarcaban en Amsterdam, figuraban en las estadísticas argentinas como exportaciones a Holanda. Debido a este inconveniente, Andrés Musacchio considera más confiables las estadísticas alemanas. (4)
   
Otro problema fue la existencia de fondos bloqueados en los dos países. La delegación argentina exigía que el convenio con Alemania garantizara el derecho de utilizar parte de los ingresos provenientes de las exportaciones para el pago de la deuda con el exterior. Esta exigencia implicaba un saldo comercial favorable que contrariaba las órdenes de la delegación alemana, consistentes en lograr un intercambio sin divisas. Para salvar los obstáculos, la delegación alemana aceptó garantizar a las autoridades argentinas un saldo comercial favorable (“cláusula Roca”) fijado en 11 millones de Reichmarks. Además, se autorizaba a los importadores alemanes a depositar hasta 5 millones de Reichmarks en el Reichsbank para pagar las deudas pendientes a los exportadores argentinos. El gobierno argentino utilizaría esos 16 millones de Reichmarks para cancelar los fondos bloqueados a Alemania. Por su parte, la contrapartida en pesos de esa suma sería utilizada por el gobierno alemán para saldar los fondos bloqueados a la Argentina. (5)
   
A continuación, las delegaciones argentina y alemana firmaron un principio de acuerdo, que evitaba transferencias de divisas, y contenía la exigencia argentina de una cuota de compras por parte de Alemania similar a la de 1933. Esto no fue aceptado por el gobierno alemán, ya que la “cláusula Roca” implicaba un saldo comercial favorable para la Argentina, objetivo que contrariaba los objetivos fijados en el “Nuevo Plan” del Tercer Reich. Debido a ello las autoridades de Berlín enviaron a la delegación alemana en la Argentina la orden de romper las negociaciones si no se aceptaba la posición alemana en su totalidad.
   
Pero varios hechos ocurridos en esa época fortalecieron la posición argentina en las tratativas con la delegación alemana. El primero fue la caída en el rendimiento de las cosechas norteamericanas, que provocó un aumento en los precios de los cereales y una demanda creciente de los provenientes de la Argentina. El segundo fue el aumento de las ventas de carne congelada argentina a Italia. Un tercer factor, que provocó desconfianza en la delegación argentina debido a la negativa alemana de comprar carne argentina, fue la información proveniente de la legación argentina en Berlín de que el gobierno alemán había comprado 65.000 vacunos a Dinamarca. (6)
   
Finalmente, el 28 de septiembre de 1934 (7) los representantes de los gobiernos de la Argentina y Alemania firmaron el convenio Comercial y de Pagos o acuerdo de Compensación y Clearing que complementaba el tratado de Amistad y Comercio de 1857. El gobierno argentino logró que las autoridades alemanas respetasen su exigencia de mantener un saldo comercial favorable. Además, consiguió una franquicia para ingresar uvas a Alemania entre los meses de enero y junio. Por este convenio, ambos países se comprometían a que sus importadores tuvieran un tipo de cambio no menos favorable que el de los importadores de cualquiera otra nación. El acuerdo argentino-alemán de 1934 permitía a cada país comprar al otro tanto como le vendía, pero no más. También estableció la creación de una comisión mixta argentino-alemana, con asiento en Buenos Aires, encargada de decidir sobre las diferencias de interpretación que el convenio acarrease. (8)  
    La firma del convenio no satisfizo las expectativas de las autoridades de Berlín, debido a que implicaba la permanencia de un saldo comercial favorable a la Argentina, objetivo contrario al planteado por las autoridades del Reich. No obstante, el canciller alemán von Neurath opinó que, aunque el convenio no concretara todas las esperanzas de las dos partes, era adecuado para la introduccción de productos argentinos en Alemania y garantizaba un mercado importante a las exportaciones alemanas. (9)  
    El acuerdo permitió a los alemanes utilizar las importaciones argentinas (sobre todo de cereales) para el consumo interno, comenzando a partir de 1937 a almacenar las mismas en vista de la creciente probabilidad de la guerra. No obstante, en su primer año de operación, el tratado de intercambio no logró un aumento significativo del comercio bilateral: las importaciones argentinas procedentes de Alemania se elevaron muy levemente de un valor de 97.462.000 pesos moneda nacional de 1934 a uno de 99.523.000 pesos moneda nacional en 1935; en tanto las exportaciones argentinas dirigidas al mercado germano cayeron de un valor de 120.006.000 pesos moneda nacional en 1934 a uno de 108.290.000 pesos moneda nacional en 1935. Tampoco el convenio de 1934 consiguió una reducción en la tenencia argentina de Reichsmarks, que era de 55 millones. (10)  
    La firma del convenio no implicó una inmediata reactivación del comercio entre la Argentina y Alemania debido a la persistencia de una serie de factores. En primer lugar, cabe mencionar el magro crecimiento de las exportaciones alemanas de manufacturas. Los objetivos del “Nuevo Plan” del Tercer Reich procuraban un intercambio sin divisas, y para el logro de este objetivo era imprescindible que las exportaciones alemanas se incrementaran. No obstante, el precio de las manufacturas germanas las volvía poco competitivas en el mercado internacional, frente a los productos manufacturados de Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón o Bélgica. (11)
   
En segundo lugar, el crecimiento de la demanda interna y la intensificación de la carrera armamentista, consecuencias ambas de la política adoptada por el gobierno nacionalsocialista alemán, también entorpecían el aumento de las exportaciones. En tercer lugar, las exigencias de los exportadores argentinos de pago al contado resultaban un verdadero dolor de cabeza para los importadores alemanes, quienes, dada la escasez de divisas, diferían sus pagos a 90 o 180 días. A este inconveniente se sumaba el de los atrasos en los pagos de las compras oficiales del gobierno argentino, que motivaban protestas y falta de credibilidad en los proveedores alemanes. (12)
   
Un último obstáculo lo constituía la competencia de Brasil, país que se mostraba más receptivo que la Argentina hacia los productos alemanes, y, por ende, podía negociar mejor sus exportaciones hacia el mercado germano. Brasil abasteció a Alemania de productos sustitutivos de los argentinos, tales como algodón, lana (en este producto desplazó totalmente a la Argentina), cueros, maderas e incluso, aunque muy esporádicamente, carne. No obstante esta competencia, las importantes exportaciones argentinas de cereales y lino a Alemania no se vieron afectadas. (13)  
    La competencia del Brasil preocupó seriamente al gobierno argentino. El embajador argentino en Berlín Eduardo Labougle dijo al respecto en 1937:

Ahora corresponde considerar en detalle el comercio argentino-alemán. Como lo significo en páginas precedentes, en vez de aumentar, se mantiene en su curva descendente, mientras el Brasil ha pasado a ocupar el primer renglón en el comercio alemán con la América Iberoamericana. Las razones de esta situación desfavorable para nosotros se debe, según lo he hecho notar reiteradamente, en el sistema de convenio comercial adoptado y principalmente en el régimen de cambio impuesto en el Brasil. Como el ministro conoce, el marco se cotiza en el país vecino con un fuerte desagio, lo que facilita grandemente las transacciones... El desagio del marco, en ese país, viene a ser como una prima de exportación, sin que sea necesario a las autoridades financieras del Reich recurrir a los expedientes que son conocidos. (14)

De esta manera, hacia fines de 1936 los negociadores argentinos estaban desencantados con el tratado firmado con Alemania. No obstante, en diciembre de dicho año los representantes de ambos gobiernos acordaron la extensión del tratado por un año más. Para obtener esta ampliación, el gobierno alemán optó por atender los reclamos de los diplomáticos argentinos y aumentar la cuota de carne de la Argentina a 54.000 toneladas, y tal vez más tarde a 80.000 toneladas. Pero el intercambio bilateral siguió sin experimentar mejoras en su situación: las importaciones alemanas de la Argentina cayeron en el primer trimestre de 1937. El mecanismo de compensación previsto por el acuerdo de 1934 no funcionó todo lo bien que se esperaba, ya que la alta demanda alemana de cereales y linaza provenientes de la Argentina conspiraba contra los objetivos alemanes de no gastar divisas y obtener superávits en la balanza comercial. (15)  
    No obstante este panorama, en estos mismos años los contratos del gobierno argentino otorgados a empresas alemanas vinculadas con la construcción estimularon las exportaciones germanas de hierro y acero, en buena medida a expensas de Estados Unidos. Hacia 1938 Alemania se había convertido en el principal abastecedor de estos productos. En dicho año, las importaciones argentinas de maquinaria, motores y vehículos provenientes de Alemania alcanzaron un porcentaje de participación en el total de las importaciones argentinas de 28,6%, cercano al de los norteamericanos, que tenían 31,5%, mientras que los británicos estaban relegados al tercer puesto, con 16,3%. (16) Los norteamericanos atribuían este avance de la presencia alemana en el mercado argentino al tratado de 1934, que permitía la entrada de casi todos los bienes alemanes a la Argentina a la tasa oficial de cambio, mientras que la mitad de los bienes estadounidenses (en 1938) habían tenido que ser pagados a la tasa más alta del mercado libre. (17)  
    Pero a pesar de la insatisfacción de los gobiernos de la Argentina y Alemania con el convenio de 1934, éste se renovó a fines de 1937, esta vez por dos años. Hacia principios de 1939, la comisión interministerial argentina de asuntos económico-políticos se encargó de estudiar cuidadosamente la capacidad argentina de absorber las mercaderías alemanas y la capacidad alemana de absorber los productos argentinos. Dos problemas aparecían en el intercambio bilateral. El primero de ellos era la evidencia de que los alemanes revendían mercaderías argentinas en el mercado europeo, quitándole a la Argentina ventas directas y perturbando la estructura de precios. El segundo era el superávit argentino en sus exportaciones de trigo y lana, y el ofrecimiento de premios del gobierno alemán sobre las compras de estos artículos. Los pagos alemanes eran lentos, creando problemas para los exportadores argentinos. Incluso el temor de una guerra general hizo preguntar a estos exportadores si los alemanes realmente pagarían este premio. A pesar de esta dificultad, la tentación de los premios hizo que los intereses exportadores argentinos siguieran mirando con interés el mercado germano. (18)

  1. Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich al ministro de relaciones exteriores argentino Carlos Saavedra Lamas, Berlín, 27 de marzo de 1934; y Saavedra Lamas a Barón von Neurath, ministro de relaciones exteriores del Reich, Buenos Aires, abril 16 de 1934, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al período 1933-1934, Primera parte: Relaciones Exteriores, Anexo C, Buenos Aires, Kraft, 1934, pp. 1147-1148 y p. 1148, respectivamente. También A. Musacchio, op. cit., p. 49, quien cita a A. Ebel, 1970, op. cit., p. 63. En septiembre de 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se suspendieron los vuelos de la aerolínea alemana Cóndor hacia la Argentina, con lo que las comunicaciones por vía aérea con Europa quedaron limitadas a las provistas por otras líneas. Ver al respecto J.R. Sanchís Muñoz, op. cit., p. 38.

  2. Ovidio Schipetto, Política  económica internacional, Buenos Aires, p. 134, cit. en A. Musacchio, op. cit., pp. 49-50.

  3. De acuerdo con el Anuario del Comercio Exterior de la Nación, en 1930 la Argentina obtuvo en su intercambio con Alemania un saldo comercial en contra de 74.601.000 pesos moneda nacional; en 1931 uno de 16.236.000 pesos moneda nacional y en 1933 uno de 4.077.000 pesos moneda nacional. La única excepción a esta tendencia negativa fue el año 1932, que arrojó un saldo favorable para la Argentina de 35.203.000 pesos moneda nacional. En cambio, de acuerdo con la Cámara de Comercio Alemana en la Argentina, los saldos comerciales entre 1930 y 1933 fueron todos favorables a la Argentina: 115,6 millones de Reichmarks en 1930, 34,7 millones en 1931, 101,5 millones en 1932 y 49, 2 millones de Reichmarks en 1933. Ver al respecto República Argentina, Dirección General de Estadística y Censos, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina correspondiente al año 1933 y noticia sumaria del período 1910-1933, Buenos Aires, Peuser, 1934, p. LXXXII; República Argentina, Dirección General de Estadística y Censos de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina correspondiente a 1943 y datos retrospectivos desde 1910 hasta 1943, Buenos Aires, 1944, p. 42, y Deutsche Handelskammer, Cámara de Comercio Alemana, Wirtschaftsbericht, 1933, Buenos Aires, tabs. 1 y 2, p. 67.

  4. Andrés Musacchio, Comercio y política, las relaciones argentino-alemanas 1930-1939, IX Jornadas de Historia Económica, Buenos Aires, 1988, cit. en A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., p. 50.

  5. A. Ebel, 1970, op. cit., pp. 107-108, cit. en A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., p. 51.

  6. A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., p. 52.

  7. A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., p. 53, coloca como fecha de firma del Convenio Comercial y de Pagos entre la Argentina y Alemania el 28 de noviembre de 1934. Nosotros tomamos la fecha que figura en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1934-1935, op. cit., Tomo I,  pp. 275-278,  que es 28 de septiembre de 1934.

  8. El derecho aduanero establecido por el convenio de 1934 para las uvas argentinas a su entrada en Alemania en envases de 15 kilogramos o menores, vigente del 11 de enero al 30 de junio, era de 7 Reichsmarks por quintal doble (100 kilogramos). Los productos argentinos que según el acuerdo debían gozar de contingentes equitativos a su entrada en Alemania eran los siguientes: algodón en rama, semillas de nabo, manteca de vaca, tripas saladas y secas, extracto de quebracho, rollizos de quebracho, cebada, centeno, trigo, avena, chicharrones, sebo, extracto de carne, huevos, manteca de cerdo, cueros vacunos salados, cueros vacunos secos, cueros yeguarizos salados y secos, cueros lanares sucios y pelados, cueros corderos peludos, cueros de cabra y cabrito, cueros de animales silvestres, cueros de pesca, reptiles y otros, maíz y maíz de Guinea. Texto del Convenio Comercial y de Pagos celebrado entre la República Argentina y el Reich Alemán, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1934-1935, op. cit., Tomo 1, pp. 275-278 y pp. 747-750. También en  O. Schipetto, op. cit., pp. 200-201, y Cámara de Comercio Argentino-Alemana, Wirtschaftsberich, 1934, pp. 33-34, citados en A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., p. 52. Ver también R.C. Newton, El cuarto lado del triángulo..., op. cit., pp. 128-129. Además, el convenio contenía un anexo donde se fijaron los volúmenes mínimos de mercancías que Alemania se comprometía a comprar para 1935. Estos eran centeno: 20.000 toneladas; trigo: 90.000 toneladas; cebada forrajera: 80.000 toneladas; cebada: 20.000 toneladas; maíz: 170.000 toneladas; semilla de nabo: 1000 toneladas; semilla de girasol: 3000 toneladas; semilla de lino: 185.000 toneladas; algodón: 10.000 toneladas; madera quebracho: 14.000 toneladas; sebo: 25.000 toneladas; menudencias de carne: 500 toneladas; extracto de carne: 750 toneladas; manteca de cerdo: 2000 toneladas; premier jus: 3000 toneladas; manteca de vaca: 1000 toneladas; huevos: 500 toneladas; lana: 30.000 toneladas; cueros salados: 32.000 toneladas; cueros secos: 6000 toneladas; cueros de yegua: 400 toneladas; cueros lanares: 700 toneladas; cueros de reptiles: 100 toneladas; tripas saladas y secas: 10.000 toneladas; tortas oleaginosas: 60.000 toneladas y extracto de quebracho: 42.000 toneladas. Ver al respecto A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., p. 53, quien cita como fuente: Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, Alemania, División Comercial, expediente 13/1935. 

  9. Reportaje publicado en La Nación, reproducido en el diario Koelnische Zeitung, de Colonia, el 20/10/1934, cit. en  A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., p. 53.

  10. Ver República Argentina, Dirección General de Estadística y Censos de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina correspondiente a 1943..., op. cit., p. 42. Consultar también R.C. Newton, El cuarto lado del triángulo..., op. cit., p. 129, cuya fuente es: C.M. Ravndal, Germany's Commercial Position in Argentina, consulado general de los Estados Unidos en Buenos Aires 76 a Department of State, 13 de mayo de 1936, 635.6231/43, pp. 5-7.

  11. Documento de la Auswaertiges Amt, Abt III, Wirtschaft, Sudamerika, publicado en H.J. Schroeder, Die Nue deutsche Sudamerikapolitik, Jahrbuch Für Geschichte Lateinamerikas, N1 6, 1969, pp. 350-360, cit. en A. Musacchio, La Alemania nazi y la Argentina..., pp. 57-58.

  12. Alfred Schneider, Deutschlands Lateinamerika-handel auf neuen Wegen, Revista Wirtschaftsdienst, Hamburgo, enero 1936, p. 17; Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República  Argentina, Alemania, División Asuntos Económicos y Consulares, expediente 19/1937, fuentes citadas en ibid., p. 58.

  13. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, Alemania, División Comercial, expedientes 26 y 41/1936, cit. en ibid., p. 58.

  14. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, Alemania, Memoria anual de la Embajada, año 1937, cit. en ibid., pp. 58-59.

  15. C.M. Ravndal, German Compensation  Trade with Argentina, consulado general de los Estados Unidos en Buenos Aires 193 a Department of State, 5 de abril de 1939, 635.6231/84, p. 6, n. 7, cit. en R.C. Newton, El cuarto lado del triángulo..., op. cit., p. 132.

  16. A. Ebel, 1971, op. cit., pp. 181-182, cit. en ibid., p. 132.

  17. C.M. Ravndal, 1939, 27; C.M. Ravndal, German Compensation Trade with Argentina, consulado general de los Estados Unidos en Buenos Aires a Department of State, 2 de mayo de 1938, 620.6321/90, fuentes citadas en ibid., p. 132. 

  18. R.C. Newton, El cuarto lado del triángulo..., op. cit., p.133.

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