Las relaciones entre la Argentina y España
Las vinculaciones comerciales
En
lo que respecta al plano del intercambio comercial argentino-español, hasta
1930, España no había ocupado un lugar significativo como comprador de los
productos agropecuarios argentinos, ya que su condición de país agrícola había
impuesto muchas veces trabas a la compra de los principales artículos de
exportación del Plata. En cambio, la Argentina ocupaba el primer lugar en
Hispanoamérica como importador de productos españoles. Desde 1910, España había
figurado entre los diez principales suministradores de las importaciones
argentinas, representando un 3,1% entre 1910 y 1914 y un 2,5% entre 1925 y 1929.
En consecuencia, hasta 1930, y salvo contadas excepciones, la balanza comercial
había arrojado saldos negativos para la Argentina. (1)
A
partir de la década de 1930 las relaciones comerciales entre la Argentina y
España se deterioraron, como consecuencia del impacto de la crisis mundial y de
las medidas de control de divisas aplicadas por ambos países. Para 1935 las
exportaciones argentinas a España y las españolas a la Argentina habían
disminuido 14,4% y 24,4% respecto de los niveles corrrespondientes a 1929. Este
deterioro en el intercambio bilateral se agravó por los cambios en el comercio
exterior español a partir de 1936, provocados por la guerra civil. Las barreras
aduaneras adoptadas por el gobierno de Madrid impideron durante la primera parte
de la década de 1930 la introducción del maíz y otros productos agrarios
argentinos, motivando quejas en los intereses exportadores. (2)
España
redujo el intercambio con todos sus antiguos socios comerciales a excepción de
Italia y Alemania. El comercio hispanoargentino en 1937 se redujo a un tercio
del nivel, ya deteriorado, de 1935. (3) Entre 1930 y 1938 el balance del
intercambio comercial entre la Argentina y España reflejó permanentes saldos
negativos para la Argentina, con un valor máximo de 44.495.000 pesos moneda
nacional en 1930 y un mínimo de 867.000 pesos moneda nacional en 1938. Esta
tendencia se revirtió a partir de 1939, con la aplicación del esquema de
trueque de hierro español por trigo argentino, que reanimó el intercambio
bilateral y especialmente las exportaciones argentinas hacia España. (4)
Preocupados
por reanimar las decaídas relaciones comerciales entre la Argentina y España,
los representantes de ambos gobiernos celebraron en 1934 un convenio comercial,
el cual establecía que los desequilibrios en la balanza comercial bilateral se
resolverían por medio del funcionamiento de comisiones mixtas. Pero dichas
comisiones no resultaron, y el desequilibrio de la balanza comercial, negativo
para la Argentina, se acentuó. (5)
No
obstante, la guerra civil impuso a España una crónica escasez en el
abastecimiento interno de alimentos y abrió una oportunidad comercial para las
exportaciones agrícolas argentinas. La escasez de trigo fue especialmente
aguda, constituyendo uno de los problemas principales de España desde 1939. (6)
Esta situación se agravó además por la negativa incidencia de la política
industrial del gobierno de Franco sobre el sector agrícola. La prioridad puesta
en el desarrollo industrial estancó la agricultura, pues el régimen franquista
desdeñó la renovación de maquinarias agrícolas o la importación de insumos
claves para el sector como fertilizantes y abonos. Además, la agobiante política
aplicada por el gobierno de Franco sobre los productores agrarios provocó la
disminución de la producción de cereales y el aumento de sus precios,
convirtiendo el trigo en el “producto rey del estraperlo” o mercado negro. (7)
Esta situación de escasez se mantuvo durante toda la Segunda Guerra Mundial y
se agravó en el período de posguerra.
La
crónica escasez de alimentos que sufría el pueblo español debido a la guerra
civil fue un factor que motivó al gobierno de Franco a intentar el acercamiento
con la Argentina, que contaba con fuertes excedentes en la producción de
cereales y que, en su necesidad de colocarlos, no exigió a las autoridades
peninsulares retribución en efectivo. España necesitaba urgentemente
alimentos, pero no contaba con la suficiente solvencia para comprarlos. Para
concretar este intercambio, el Consejo de Ministros del gobierno español aprobó
un plan que consistía en un trueque de productos: la compra de cereales
argentinos a cambio de la venta de carriles de hierro españoles. En este plan,
la banca española tenía teóricamente el rol de entidad de financiación de
las operaciones. Pero si bien las autoridades españolas declaraban que España
no quería que la Argentina le regalase el trigo, lo cierto es que tenían muy
pocos medios para pagárselo: hierro español, créditos argentinos, y escasas
divisas. (8)
Cabe
advertir que la posibilidad de trueque de productos manufacturados españoles
(especialmente material ferroviario) por productos agrarios argentinos ya había
sido criticado por algunos medios de prensa locales. Así, El Diario, en
un editorial de mayo de 1932, se oponía a este trueque de productos,
argumentando tres razones básicas: a) los negativos efectos de dicho trueque en
el erario público argentino; b) la situación de inferioridad que este sistema
provocaba en aquellos países que producían los mismos artículos que España,
que, además, eran importantes consumidores de los productos agropecuarios
argentinos, y con los que la Argentina tenía pendientes obligaciones en virtud
de los tratados comerciales de reciprocidad firmados; y c) la necesidad de la
economía argentina, afectada por la crisis de principios de los años '30, de
“vender” sus productos y no “permutarlos” por otros. Concluía el editorial que
sólo exportando productos “llegaremos a obtener un saldo favorable y de
consideración en nuestro intercambio comercial, de cuyo éxito depende en gran
parte el retorno de la prosperidad y del bienestar”. (9)
No
obstante las objeciones, el trueque de trigo argentino por hierro español se
puso en vigencia. Las necesidades argentinas de hierro y acero importado para el
sector industrial se habían acentuado a causa del estallido de la Segunda
Guerra debido a la pérdida de cuatro de los proveedores europeos tradicionales
de hierro y acero (Alemania, Bélgica, Francia y Luxemburgo) y a la reducción
de las importaciones de hierro provenientes de Gran Bretaña.
A
estos elementos materiales favorables al acercamiento entre las autoridades
argentinas y españolas se sumó un factor ideológico: la común posición
neutral ante la guerra, que privó a ambos países del abastecimiento de
importaciones provenientes de los países beligerantes. El trueque de hierro y
acero españoles por créditos, trigo y otros cereales argentinos fue, en
consecuencia, una fórmula aparentemente conveniente para ambas partes. Para el
gobierno español, el acercamiento comercial con la Argentina implicaba un
abastecimiento regular de alimentos sin desembolsar efectivo. Para el gobierno
argentino, el estrechamiento de vínculos comerciales con el régimen de Franco
significaba un mercado alternativo donde colocar la producción de cereales y
una fuente de abastecimiento para sus importaciones de hierro, acero y carbón.
En
los diversos acuerdos firmados entre 1939 y 1942 se recurrió a mecanismos
alternativos de pago tales como la utilización, por parte de las autoridades
españolas, de créditos de guerra otorgados por el gobierno argentino, la
repatriación de títulos de la deuda pública argentina existente en España,
el suministro de barcos españoles al gobierno argentino, y en el convenio de
1944, el aumento de la cuota de importación de hierro y acero españoles a
60.000 toneladas anuales. Un claro testimonio de este singular patrón de
contacto comercial entre los gobiernos de España y la Argentina es el escrito
del Ministerio de Industria y Comercio español del 31 de diciembre de 1940,
cuyo texto dice:
Por
diversos conductos llegan a este Ministerio diferentes iniciativas todas ellas
encaminadas a una posible intensificación de relaciones comerciales entre España
y Argentina. Muchas de estas iniciativas toman como base la disposición en que
se encuentra la Argentina para la adquisición de armamentos de todas clases,
mediante la apertura de los oportunos créditos de guerra. Esta situación podría
ser el principio de un intercambio comercial hispano-argentino en el que, por
nuestra parte, podríamos ofrecer elementos de guerra, motores de aviación, cañones
antiaéreos. La Hispano-Suiza se ha preparado y se está preparando a tales
efectos ... Me permito sugerir a V.E. la conveniencia de que nuestra
representación diplomática en Argentina realice en los medios oficiales de
este país y cerca de su gobierno de un modo oficioso, las gestiones y
sugerencias que V.E. estime pertinentes del caso”. (10)
A
fines de 1938, y estando aún España en plena guerra civil, el representante
oficioso del gobierno de Franco en la Argentina, Juan Pablo de Lojendio, recibió
instrucciones de su gobierno para tramitar en Buenos Aires una línea de crédito
para la adquisición de 50.000 toneladas de trigo y 30.000 de avena y cebada.
(11) La Argentina, con 28 millones de hectáreas de trigo sembradas en los años
1939-1940, era el mayor productor de trigo junto con Canadá, y disponía de
excedentes excepcionalmente elevados debido a excelentes cosechas. (12) Esta
superproducción llevó a las autoridades de Buenos Aires a conceder amplios créditos
al gobierno español. En febrero de 1939, el poder ejecutivo dispuso la venta de
200.000 toneladas de trigo. Ese mismo año de 1939, las autoridades argentinas
convinieron con las españolas la exportación de 15.000 toneladas de avena y
15.000 de cebada en marzo; 200.000 de trigo en julio; y 400.000 de trigo en
diciembre. De acuerdo con una estadística publicada por la Dirección General
de Aduanas de España, en 1939 la Argentina se convirtió en el mayor exportador
a España, con un valor de 95.793.457 pesetas, mientras que España exportó a
la Argentina por un valor de solamente 5.137.000 pesetas. (13)
Por
cierto, un serio problema que obstaculizó durante la Segunda Guerra los
embarques de carnes congeladas argentinas hacia España fue la escasez de cámaras
frigoríficas en las embarcaciones argentinas y españolas. Sólo los buques
españoles Cabo de Hornos y Cabo
de Buena Esperanza tenían las bodegas necesarias, pero no admitían más de
200 toneladas en cada viaje. Aunque quedaba como alternativa el embarque de
carne envasada, la Argentina estaba comprometida a vender la mayor parte de este
rubro a Gran Bretaña, que contaba con la carne enlatada argentina para
alimentar a sus soldados. (14)
A
principios de 1940 España logró encontrar una solución al problema de la
escasez de bodegas al requisar barcos particulares que podían ser destinados
para el transporte de cereales. Como consecuencia, se sucedieron una serie de
acuerdos entre las autoridades de Buenos Aires y Madrid. Por el convenio de
julio de 1940, el gobierno argentino aprobó la venta de 500.000 toneladas de
trigo a España. En enero de 1941, las autoridades de Buenos Aires acordaron
vender a las de Madrid 350.000 toneladas de maíz a cambio de su equivalente en
productos siderúrgicos españoles, consistentes en carriles, hierros redondos,
perfiles laminados y ángulos. Al mes siguiente, la Argentina vendió a España
120.000 toneladas de algodón en fibra, ofreciendo para ello un crédito por el
importe total de la operación. Y por el convenio firmado en abril y aprobado
por el gobierno argentino en mayo de 1941, la Argentina exportó a España
380.000 toneladas de trigo. La
adquisición de carne fue financiada con un crédito de 35.000.000 de pesos
entregado por la Compañía Argentina de Electricidad. (15) Asimismo, se
firmaron convenios comerciales en 1942 y en 1944. Todos estos acuerdos
reflejaron la enorme incidencia de los cereales argentinos en el conjunto del
intercambio bilateral, que provocaron saldos comerciales favorables para la
Argentina a partir de 1939, revirtiendo la tendencia negativa predominante hasta
el año anterior. (16)
Luego
de dos años de negociaciones el embajador Escobar llegó a un acuerdo con el
gobierno español en enero de 1942. El gobierno argentino concedía al último
un crédito de 160 millones de pesos, estableciéndose como régimen de pago una
cuenta de compensación, en la que serían incluidas las operaciones ya
contratadas y pendientes de pago. Finalizadas las tramitaciones, el gobierno
argentino consideró conveniente que la firma del convenio se realizara en
Buenos Aires, a cuyo fin el gobierno de España designó una delegación. (17)
Eduardo
Aunós fue elegido para presidir la comisión española negociadora que debía
cerrar en Buenos Aires las conversaciones preliminares sobre la posibilidad de
englobar los anteriores acuerdos de compra de cereales ya concretados y concluir
una operación de mayor alcance que resolviese durante un período de tiempo más
prolongado las necesidades de consumo español. Acompañaron a Aunós en esta
misión el director general del Instituto Español de Moneda Extranjera, Blas
Huete Carrassó; el funcionario José
Antonio Montes, el abogado del Estado José Luis Díaz y los ingenieros agrónomos
Miguel Gortari y Jorge Montojo. La delegación española llegó en mayo a Buenos
Aires. Aunós se entrevistó con los ministros Enrique Ruiz Guiñazú de
Relaciones Exteriores, Carlos Acevedo de Hacienda y Daniel Amadeo y Videla de
Agricultura.
Mientras
Blas Huete asumió de hecho la dirección de los detalles técnicos de la
negociación, discutiendo con los miembros de una comisión interministerial del
gobierno argentino los términos del convenio, Aunós permaneció ajeno a todo
lo referente a la compra de cereales, a su compensación por productos españoles,
y medios de pago. En cambio, el jefe de la delegación española protagonizó en
conferencias, transmisiones radiales y agasajos una intensa actividad de índole
cultural y política que despertó la reacción de los medios de prensa
liberales e incluso hizo peligrar las negociaciones, debido al enfático apoyo
de Aunós a los regímenes totalitarios como forma de gobierno apropiada para un
hispanismo triunfante y expansivo, y sus abiertas críticas a las instituciones
democráticas. Estos contactos permitieron a Aunós conocer los intereses de
distintos sectores del gobierno argentino. Así, el general Domingo Martínez,
jefe de la policía federal, hizo saber a Aunós las necesidades de armamentos
de la Argentina. (18)
En
julio de 1942, Martínez trasnsmitía al encargado de negocios alemán, Erich
Meynen, la posibilidad de conseguir tanques y aviones vía España. La necesidad
era urgente debido a la supuesta amenaza brasileña y a los planes hegemónicos
de Estados Unidos. Castillo esperaba un últimatum de Estados Unidos y estaba
decidido a resistir pero necesitaba armas. Meynen también recibió la visita de
Aunós. El enviado del gobierno español aducía preocupación por el comentado
establecimiento de bases norteamericanas en Uruguay. Buenos Aires podía ser
bombardeada desde el vecino país y carecía de armas frente a tamaña amenaza.
España y Alemania debían aunar esfuerzos para facilitar armamento a la
Argentina, proponiendo que los envíos se despacharan como cargamento español
en buques argentinos. Aunós también comentó la idea de establecer una línea
aérea Madrid-Buenos Aires, un tema que el español y el enviado argentino
Goyeneche retomarían luego en Berlín. El 24 de agosto, apenas producida la
entrada de Brasil en la guerra, el agregado militar de la embajada alemana,
Dietrich Niebuhr, recibía una solicitud oficial de submarinos, aviones,
municiones y cañones antiaéreos de la armada argentina. La plana mayor de ésta
estaba a favor de aceptar la propuesta de Aunós para el transporte. Si bien los
aviones y tanques pedidos a Niebuhr no parecen haber sido despachados, la
embajada argentina en Madrid se ocuparía del envío de los cañones antiaéreos
a fines de 1943. (19)
Finalmente,
el convenio comercial entre la Argentina y España se suscribió el 5 de
septiembre de 1942. A último momento, el general Francisco Franco, en un
aparente gesto de disconformidad con la actuación de Aunós, firmó una
plenipotencia por la cual se autorizaba al embajador Antonio Magaz a firmar el
convenio, excluyendo así al presidente de la delegación española. Por el lado
argentino, el convenio fue suscripto por el canciller Enrique Ruiz Guiñazú.
El
acuerdo establecía la venta a crédito al gobierno español de 1.000.000 de
toneladas de trigo y de 3500 (según Figallo y las Memorias del Ministerio de
Relaciones Exteriores) o 3130 (según Escobar) toneladas de tabaco, en el plazo
máximo de 18 meses. Por su parte, España se comprometía a enviar a cambio a
la Argentina 30.000 toneladas de hierro y acero anuales, a razón de 7.500 por
trimestre; y a construirle dos barcos mercantes de 9000 toneladas y un
destructor del tipo Cervantes, en un plazo de 30 meses. Además, las autoridades
españolas facilitarían a las argentinas el transporte para el suministro de
petróleo. En cuanto a la entrega de trigo argentino, ésta se haría sobre vagón-puerto
por cupos trimestrales mínimos de 120.000 toneladas de la cosecha 1941-1942.
También se abría una cuenta en el Banco Central argentino a nombre del
Instituto Español de Moneda Extranjera, actuando estos dos organismos
financieros como agentes de sus respectivos gobiernos. En esta cuenta se debía
contabilizar la deuda de España al tesoro nacional argentino y los fondos que
ingresaran en concepto de pagos del valor de las mercaderías provenientes de
España, pagos legítimos a España, servicios prestados por las autoridades
españolas, etc. El convenio también establecía facilidades para permitir la
exportación de diversos productos. (20) Una
cláusula del mismo pondría en aprietos al gobierno español: los primeros
embarques de trigo se iniciarían inmediatamente después de la firma del
convenio, pero al cabo de 90 días contados a partir de esa fecha las remesas de
cereal estarían condicionadas al cumplimiento de los envíos de hierro y acero
por parte de las autoridades españolas. Los
términos del convenio se cumplieron entre 1942 y 1944. (21)
Este
acuerdo de septiembre de 1942 contenía un anexo confidencial, el número 7, por
el cual el gobierno argentino enunciaba una larga lista de suministros
especiales -metales y derivados, cables de acero, metales no ferrosos, puros,
soldaduras, tuberías, ferreterías común y especial, herramientas,
combustibles (carbón coke para fundición), pólvora, explosivos, motores de
aviación, paracaídas, bombas de demolición e incendiarias, ametralladoras y
cañones para aviones- que esperaba le fueran vendidos por las autoridades españolas
para el Servicio Hidrográfico, Construcciones Navales, la Dirección de Aviación
Naval, y la Dirección General de Fabricaciones Militares. (22)
El
acuerdo para la provisión de material militar trajo posteriormente una
complicación, cuando fue publicado el Libro Azul por el Departamento de
Estado norteamericano, en el contexto de su lucha por evitar la elección de
Juan Domingo Perón para la presidencia argentina. Este documento, confeccionado
sobre la base de la documentación encontrada en la cancillería alemana, daba a
conocer los despachos del encargado de negocios alemán Enrich Otto Meynen, en
los que hacía alusión a sus contactos con Aunós y a la presunta concertación
de un acuerdo triangular por el cual España proveería de armas a la Argentina
de su propia producción, siendo éstas reemplazadas luego por entregas
alemanas. El canciller Ruiz Guiñazú desmintió categóricamente que hubiera
existido un acuerdo secreto con España fuera del publicado en la fecha
correspondiente. Según Figallo, las tratativas por la compra de armamentos
existieron, pero esto no da por seguro la subsiguiente concertación del acuerdo
triangular. Excepto la llegada de un transporte auxiliar de la marina de guerra
argentina, que embarcó en Vigo, en 1942, una carga correspondiente a compras
realizadas antes de estallar la guerra, y de otro embarque similar realizado en
Lisboa en 1944, aparentemente no existen pruebas de una acción conjunta
hispano-germana en favor del rearme argentino. (23)
No
obstante el estricto cumplimiento del acuerdo por parte de las autoridades
argentinas, quienes entregaron puntualmente la provisión de cereales, el
gobierno español, una vez cubierto de sus necesidades alimenticias, demoró las
entregas de suministros especiales a la Argentina. En el caso de la pólvora y
explosivos, el Ministerio de Marina español advirtió a las autoridades de
Buenos Aires que no estaba en condiciones de suministrar tolueno y
dimetilanilina, por no haber existencias de estos productos.
Para
salvar estos obstáculos y profundizar los vínculos comerciales bilaterales, el
Ministerio de Guerra argentino designó al coronel Félix Best y al mayor Juan
L. Bertuch para que encabezaran las negociaciones complementarias a las
iniciadas por Aunós en Buenos Aires, a realizarse en Madrid. Por su parte, el
gobierno español dispuso la creación de la delegación comercial en Buenos
Aires, con la misión de encauzar, dirigir y atender las derivaciones de las cláusulas
convenidas en el tratado comercial argentino-hispano, negociar la compra de
productos, los embarques de cereales y su regularidad. Completaban esta delegación
tres vocales -el agregado comercial y el agrónomo de la embajada española en
Buenos Aires y el representante en la capital argentina del Banco Exterior de
España- y un secretario, el agregado comercial adjunto. (24)
Mientras
tanto, y desde su arribo a Madrid en diciembre de 1940, el embajador argentino
en España Adrián Escobar desplegaba una actividad en la que hacía gala de la
situación neutral de la Argentina. Su idea era que la Argentina encabezara una
liga de neutrales, bajo la égida suprema del Papa, que mediara para poner fin a
la Segunda Guerra Mundial. (25) Por su parte, el gobierno de Franco ofreció su
mediación a los beligerantes a fines de 1942. Pero ni las autoridades
argentinas ni las españolas apoyaron en forma concreta la propuesta de mediación
del otro, pues se consideraban con méritos propios suficientes como para
liderar esos intentos.
Consciente
de los inconvenientes que provocaba al gobierno argentino el mantenimiento de la
neutralidad (falta de armamento, desequilibrio argentino en esta cuestión
frente a sus vecinos Brasil y Chile, y las presiones diplomático-económicas de
Estados Unidos contra la Argentina), el embajador español en Buenos Aires,
Antonio Magaz, renovó ante las autoridades de Madrid los pedidos de material de
guerra para el gobierno argentino, con el fin de fortalecer su posición
internacional, en los siguientes términos:
Yo
entiendo que las facilidades que la Argentina pueda encontrar ahí para adquirir
material puede pesar mucho más en el ánimo de este gobierno para inducirle a
permanecer neutral que todas las gestiones y consideraciones de orden
especulativo que pudieran hacérsele y que es seguro nada pesarían. Es
evidente, por otra parte, que cada neutral que deja de serlo disminuye la posición
de los demás neutrales. (26)
No
obstante la escasa efectividad del mercado español como abastecedor de
armamentos para la Argentina, las autoridades argentinas siguieron manteniendo
expectativas. El 9 de febrero de 1943 la embajada argentina en Madrid, a cargo
de Palacios Costa, quien reemplazaba a Escobar desde noviembre de 1942, comunicó
al Ministerio de Asuntos Exteriores de España el nombramiento del mayor Juan
Leandro Bertuch, como representante del Ministerio de Guerra en las
negociaciones suplementarias del acuerdo de septiembre de 1942, relativas a la
provisión de suministros especiales para la industria y las fuerzas militares
argentinas. El mayor Bertuch, junto a los agregados militares y navales de la
embajada, decidió dirigirse directamente a las entidades civiles constructoras,
creyendo que de esta manera lograría el aprovisionamiento de manera más
sencilla que negociando con los ministerios militares. Pero como estas entidades
estaban intervenidas por el gobierno español y no podían acordar nada sin su
autorización, estas gestiones no tuvieron el resultado esperado. (27)
La
falta de cumplimiento de las autoridades de Madrid a los pedidos argentinos de pólvora,
explosivos, productos metalúrgicos, herramientas, aceros, grupos electrógenos,
maquinarias, altos hornos, hornos eléctricos y aviones de entrenamiento, entre
otros productos, preocupó seriamente a los diplomáticos españoles que
negociaban los envíos de trigo y temían ver frustradas sus gestiones a causa
de esta dificultad. Así, el embajador español Antonio Magaz comentaba al
canciller español, conde Francisco Gómez Jordana:
Por
conducto Gortari me entero existe en la Comisión Interministerial proposición
Ministerio de la Guerra pidiendo coaccionen Gobierno español para inmediato
cumplimiento de la nota 7 aneja al Convenio pues no ha sido siquiera nombrada
Comisión española que con la argentina, hace tiempo designada, debe estudiar
asunto. No debo ocultar V.E., la importancia tiene para política actual
Argentina contar con medios militares sin solicitarlos y doblegarse ante ellos
para obtenerlos. (28)
Mientras
el gobierno argentino enviaba puntillosamente trigo a España de acuerdo con los
términos pactados en el convenio de septiembre de 1942, los embarques españoles
de hierro hacia la Argentina no se produjeron. Este factor motivó permanentes
quejas de las autoridades argentinas. Así, en enero de 1943, la legación
argentina en Madrid se quejaba de que “todavía no se ha podido embarcar ni un
solo kilo de hierro comprendido en el Convenio”. A su vez, el embajador español
Magaz advertía desde Buenos Aires a las autoridades de Madrid que “las remesas
de trigo hubieran ya cesado de no ser por la intervención conciliadora y amable
del presidente de la República y del Ministro de Relaciones Exteriores”. (29)
Por
cierto, el gobierno de Castillo había accedido a enviar a España 50.000
toneladas de cereales sin esperar los embarques de hierro. Ante los sucesivos
obstáculos interpuestos por el gobierno español al suministro de hierro, las
autoridades de Buenos Aires recurrieron a la presión diplomática a través de
la embajada en la capital española, recurso que tuvo sus resultados, ya que el
gobierno de Franco ordenó el embarque de 3000 toneladas de hierro en el
buque Monte Amboto, que llegó a Buenos Aires en mayo de 1943.
Para esa fecha fueron embarcadas las restantes 5.000 toneladas de hierro
adeudadas por el convenio.
En
síntesis, los numerosos convenios firmados desde 1939 y durante los primeros años
de la década de 1940 ejercieron un impacto importante en las relaciones
comerciales entre la Argentina y España. A diferencia del caso del comercio con
Francia, durante la Segunda Guerra Mundial el deprimido intercambio comercial
con España se reactivó, e incluso la Argentina pasó de tener saldos
comerciales negativos a tener superávit en su balanza comercial. Mientras en
1938 las exportaciones argentinas a España tenían un valor de 7.299.000 pesos
nacionales, al año siguiente se más que cuadruplicaron. A su vez, el valor de
dichas exportaciones en 1940 casi duplicó el de 1939. Esta tendencia ascendente
continuó, con una leve baja en 1942. De este modo, la Argentina pasó de tener
un saldo negativo de 867.000 pesos moneda nacional en 1938 a un saldo favorable
de 24.217.000 pesos moneda nacional en 1939, casi el doble de este saldo al año
siguiente, y 60.010.000 pesos moneda nacional en 1941. (30)
Cuando
el gobierno de Castillo fue derrocado por un golpe militar el 4 de junio de
1943, el canciller español Gómez Jordana, temiendo la ruptura de la
neutralidad por parte de las nuevas autoridades y la “persecución de que sean
objeto personas del Eje”, autorizó a su embajador en Buenos Aires José Muñoz
Vargas, conde de Bulnes (reemplazante de Magaz), para que admitiera asilados,
“pero como hecho consumado e inevitable y de ningún modo como iniciativa
nuestra pues sólo consecuencias desagradables podemos esperar de esa
humanitaria actitud”. (31)
El
temor a que el nuevo gabinete se viese desbordado por un proceso revolucionario
y no lograra garantizar el orden público hizo que las autoridades españolas
pensaran incluso en un ataque a su embajada en Buenos Aires. No obstante estos
temores, el gobierno de Franco se apresuró a reconocer al gobierno de Pedro Ramírez,
“pues no conviene nos retrasemos a reconocimiento nuevo gobierno ya que ello
podría hacer suponer obediencia a no proceder con independencia absoluta que
nos carateriza”. (32) Pero para tranquilidad de las autoridades de Madrid, Ramírez
mantuvo la neutralidad argentina y reinició las negociaciones sobre
armamentos.
NOTAS
Ver tabla 1.12 sobre patrón geográfico del comercio exterior argentino anterior a 1930 (porcentajes), cit. en Carlos Díaz Alejandro, Essays on the Economic History of the Argentine Republic, New Haven, Yale University Press, 1970, p. 20. Ver también Mónica Quijada, “El comercio hispano-argentino y el protocolo Franco-Perón, 1939-1949. Origen, continuidad y límites de una relación hipertrofiada”, Ciclos en la historia, la economía y la sociedad, Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Vol. 1, N1 1, 2do. semestre de 1991, p. 7, cuyas fuentes son Cámara Española de Comercio de Buenos Aires: Relaciones de carácter económico entre España y la Argentina, Buenos Aires, 1928; Angel Viñas y otros, Política comercial exterior de España, Tomo 1, Madrid, 1979, pp. 134 y sigs.; Carlos Díaz Alejandro, Ensayos sobre la historia económica argentina, Buenos Aires, 1975, p. 33.
Editorial de La Prensa, titulado “El comercio con España”, del 30 de noviembre de 1932, p. 11.
Cámara Española de Comercio de Buenos Aires, Memoria Anual, 1935-1936, p. 27; Banco Central de la República Argentina, Anuarios del Comercio Exterior, años 1936 a 1938, fuentes citadas en M. Quijada, op. cit., p. 8.
República Argentina, Dirección General de Estadística y Censos de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina correspondiente a 1943..., op. cit., pp. 46-47.
A.C. Escobar, op. cit., p. 291.
Gabriel Remon de Pedreny, Los problemas fundamentales de España, Zaragoza, 1939, cit. en M. Quijada, op. cit., p. 8.
Carlos Barciela López, “Los costos del franquismo en el sector agrario: la ruptura del proceso de transformaciones”, en R. Garroubou, C. Barciela y J.I. Jiménez Blanco, Historia Agraria de la España Contemporánea (1900-1960), Barcelona, 1986, cit. en M. Quijada, op. cit., p. 8.
Beatriz J. Figallo, El Protocolo Perón-Franco: relaciones hispano-argentinas, 1942-1952, Buenos Aires, Corregidor, 1992, p. 19.
Editorial “Trigo para España”, El Diario, Buenos Aires, 12 de mayo de 1932, p. 5; también “Rieles contra maíz”, La Razón, 18 de febrero de 1933, p. 4.
Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, R. 2067 / 2, Madrid, 31 de diciembre de 1940, Del Ministerio de Industria y Comercio al Departamento de Asuntos Económicos, cit.en B.J. Figallo, op. cit., p. 18.
Los documentos referidos a esta negociación se encuentran en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1 R. 1080 e.1, cit. en M. Quijada, op. cit., p. 9.
Guido Di Tella y Manuel Zymelman, Las etapas del desarrollo económico argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1967; José Alfredo Martínez de Hoz, (h.), La agricultura y la ganadería argentina en el período 1930-1960, Buenos Aires, Sudamericana, 1967; Lorenzo Juan Sigaut, El desarrollo agropecuario y el proceso de industrialización en la economía argentina, Buenos Aires, 1964; “Desean que se reduzca con urgencia la producción triguera en el mundo”, La Nación, Buenos Aires, 21 de julio de 1939; y “La Argentina es el primer país exportador de trigo”, La Nación, Buenos Aires, 6 de enero de 1940, fuentes citadas en B.J. Figallo, op. cit., p. 13.
B.J. Figallo, op. cit., p. 14; también A.C. Escobar, op. cit., p. 259.
B.J. Figallo, op. cit., p. 16.
Ibid., p. 19; A.C. Escobar, op. cit., pp. 293, 297 y 301.
República Argentina, Dirección General de Estadística y Censos de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina correspondiente a 1943..., op. cit., pp. 46 y 47.
A.C. Escobar, op. cit., p. 312.
B.J. Figallo, op. cit., pp. 23-24.
Telegrama Meynen a Berlín, 27 de julio de 1942, expediente “Botschafter Ritter 1”, documentos del Auswärtiges Amt, NARA, RG 242, T-120, Rollo 766, 364472-475; la preocupación de la embajada alemana por la posibilidad de bases norteamericanas en Uruguay, en cable Meynen a Berlín, 13 de noviembre de 1940, Documents on German Foreign Policy, Serie D, Vol. 10, documento 327; interrogatorio Niebuhr, 10 de noviembre de 1945, NARA, RG 59, M-679, Rollo 3, cit. en U. Goñi, op. cit., pp. 34-35. También ver Robert A. Potash, El ejército y la política en la Argentina, 1928, 1945, Buenos Aires, Sudamericana, 1994, pp. 247-251.
Texto del convenio comercial entre la Argentina y España firmado en Buenos Aires el 5 de septiembre de 1942, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso de la Nación, correspondiente al período 1942-1943, Primera parte: Relaciones Exteriores, II: Política económica, A) Convenios firmados: Acta sobre intercambio comercial argentino-español, Buenos Aires, 1943, pp. 151-153; esta memoria y el trabajo de Eduardo Aunós, Argentina el Imperio del Sur, Buenos Aires, La Facultad, 1944, pp. 206-218, citados en B.J. Figallo, op. cit., p. 27. Ver también A.C. Escobar, op. cit., pp. 314 –315, y Vicente Torrente y Gabriel Mañueco, Las relaciones económicas de España con Hispanoamérica, Madrid, Cultura Hispánica, 1953, p. 27.
Texto completo del convenio en Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, R. 2067 e.3, fuente citada en M. Quijada, op. cit., p. 13.
B.J. Figallo, op. cit., p. 27.
Ibid., pp. 24-27.
Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, R. 2660 /29, Decreto de la presidencia de Gobierno del 11 de diciembre de 1942, cit. en ibid., p. 28.
Carlton J. H. Hayes, Misión de guerra en España, Madrid, Espasa-Calpe, 1950, p. 52; Adrián C. Escobar, op. cit., p. 55, fuentes citadas en ibid., p. 28.
Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, R. 3065/92, Buenos Aires, 29 de enero de 1943, De Antonio Magaz al conde de Jordana, pág. II, cit. en ibid., p. 30.
Ibid., p. 30.
Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, R. 2067 / 3. Buenos Aires, 27 de marzo de 1943, De Antonio Magaz a ministro, cit. en ibid., p. 30.
Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, Embajada argentina, Caja 31, Madrid, 10 de marzo de 1943, De Federico Quintana, primer secretario, a coronel Villar, Delegado del Estado para la Industria Siderúrgica; Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, R. 2067 /3, Buenos Aires, 26 de marzo de 1943, De Antonio Magaz al Ministro de Asuntos Exteriores, cit. en ibid., p. 31.
República Argentina, Dirección General de Estadística y Censos de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina correspondiente a 1943..., op. cit., pp. 46-47.
Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, R. 1078/5, Madrid, 8 de junio de 1943, De Jordana al embajador de Buenos Aires, cit. en B.J. Figallo, op. cit., p. 33.
Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, R. 1078 / 5, Madrid, 8 de junio de 1943, De Jordana al embajador de Buenos Aires, cit. en ibid., pp. 33-34.
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