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Las vinculaciones comerciales

Mientras en la década de 1920 la balanza comercial entre la Argentina e Italia otorgó permanentes saldos negativos para la Argentina (salvo en 1928), durante la de 1930, el intercambio bilateral sufrió altibajos. En los primeros años del decenio, hasta 1934, se registraron saldos negativos para la Argentina, cuyo pico máximo se dio en 1930, con 96.302.000 pesos moneda nacional. En 1935 esta tendencia se revirtió, repitiendo este comportamiento en 1937, año en el que la Argentina obtuvo el saldo comercial favorable más importante del período, con 70.016.000 pesos moneda nacional. Sin embargo, los saldos en contra reaparecieron en 1938 y 1939. De 1940 a 1942 la Argentina tuvo saldos favorables en su comercio con Italia, aunque no tan importantes como el de 1937, y declinantes año a año: de 16.984.000 pesos moneda nacional en 1940, pasó a 446.000 pesos moneda nacional en 1941, y 38.000 pesos moneda nacional en 1942. Para 1943, las estadísticas del comercio exterior argentino no registraron exportaciones argentinas a Italia, apareciendo en consecuencia un saldo comercial negativo para la Argentina  de 39.000 pesos moneda nacional. (1)  
   
El 26 de septiembre de 1933, los ministros plenipotenciarios argentino e italiano, el embajador Ezequiel Ramos Mexía, y el jefe de gobierno, primer ministro y ministro de relaciones exteriores, Benito Mussolini, firmaron la Convención Aduanera entre la República Argentina y el Reino de Italia, (2) cuyo texto establecía, por el artículo 11, que los derechos de importación en la República Argentina para los productos procedentes de Italia y sus posesiones que figuraban en la lista A anexa a la Convención (3) y los derechos de importación en Italia para los productos procedentes de la Argentina, indicados en la lista B anexa a la misma Convención (4) no podían ser superiores a los derechos fijados en dichas listas, y que en todos los casos los derechos aplicables serían los más bajos que estuvieran en vigor en cualquier momento en cada uno de los dos países. 
   
Por el artículo 21 de la Convención Aduanera, ambas partes establecían que las mercaderías en tránsito a través del territorio argentino e italiano estarían recíprocamente exentas de todo derecho de tránsito, “ya sea que transiten directamente, ya sea que, durante el tránsito, deban ser trasbordadas o descargadas, depositadas y vueltas a cargar. Las mismas, en ningún caso y por ningún motivo, podrán ser sometidas a un tratamiento menos favorable del consentido para las mercaderías en tránsito procedentes de cualquier tercer País”. Esta exención al tránsito no se extendía a los diversos derechos aduaneros pecibidos para cubrir los gastos efectivos inherentes al tránsito, como almacenaje, eslingaje, derecho de estadística y similares. Por el artículo 31, ningún derecho interno

percibido por cuenta del Estado, de Municipios y de otras Entidades que grave o pueda gravar en el futuro la producción, la fabricación, la venta o el consumo de un producto cualquiera en el territorio de una de las Altas Partes contratantes será, por ninguna razón, más elevado o más oneroso para los productos originarios o procedentes del territorio de la otra, del que sea establecido para los productos similares indígenas.

Mediante el artículo 41, los gobiernos de la Argentina e Italia se comprometían a no obstaculizar el comercio recíproco de las mercaderías con prohibiciones o restricciones de la importación, exportación o tránsito, salvo: a) en circunstancias extraordinarias para provisiones de guerra; b) por razones de seguridad pública; c) por monopolios estatales en vigor o que puedan ser establecidos en el futuro; d) en los casos en que se sometiesen las mercaderías extranjeras a las mismas restricciones o prohibiciones establecidas por la legislación interna para la venta o el transporte de mercaderías similares de producción nacional; y e) por razones de policía sanitaria.
   
Por el artículo 51, el gobierno italiano se comprometía a tener en cuenta los intereses argentinos cuando considerase la oportunidad de disciplinar el consumo de carnes congeladas en el Reino. Finalmente, el artículo 61 establecía la exigencia de presentar certificados de origen para establecer el origen de los productos importados. Los certificados de origen serían expedidos por la Dirección de Comercio e Industria del Ministerio de Agricultura de la República Argentina y por los Consejos y las Oficinas Provinciales de la Economía Corporativa en Italia.  
    A esta Convención Aduanera entre los gobiernos de la Argentina e Italia, se agregaron, el mismo día 26 de septiembre de 1933 en que se firmó este convenio, las firmas de un Protocolo Final y una Declaración anexa. El Protocolo Final establecía que las provincias argentinas se atendrían al artículo 31 de la Convención, y que los artículos mencionados en la Lista A anexa a la misma estarían sujetos a los derechos allí establecidos y además al derecho adicional del 10% establecido por ley N1 11.588 del 30 de junio de 1932 y su modificación por la ley N1 11.681 del 3 de enero de 1933. Este adicional del 10% decrecería en la medida de 0,50% en los meses de noviembre y diciembre de 1933 y de 0,75% durante cada mes del año 1934, caducando definitivamente el 31 de diciembre de 1934. También establecía que los derechos totales de importación a las “menudencias congeladas” y a las “carnes congeladas, otras”, rubros que se hallaban en la lista B de derechos aduaneros en el Reino de Italia para los productos de procedencia argentina, anexa a la Convención Aduanera, eran, respectivamente, de 80 y 100 liras por quintal. Aun en el caso de incremento del derecho sobre las “carnes frescas o enfriadas”, los derechos reducidos, de 80 y 100 liras, quedaban fijos por un período de 18 meses a partir del 11 de marzo de 1934, salvo que la entrada en vigor de la Convención tuviese lugar en fecha anterior; en ese caso, el período de 18 meses empezaba a regir a partir de esa fecha. (5)  
   
Por su parte, el texto de la declaración anexa a la Convención firmada en septiembre de 1933 establecía la continuación de las negociaciones para que los gobiernos de la Argentina e Italia llegasen a acordar un Tratado completo de Comercio y Navegación, “destinado a regir, entre otras cosas, la radicación y el ejercicio de las actividades de los ciudadanos y de las sociedades de un País en el otro, la navegación, la emigración e inmigración, la propiedad intelectual, la doble imposición, y la policía sanitaria vegetal y anima. (...)” (6)  
   
En una carta enviada al ministro de relaciones exteriores Carlos Saavedra Lamas, el ministro de Agricultura Luis Duhau hizo los siguientes comentarios sobre los convenios firmados con el gobierno de Italia, que demostraban el grado de preocupación de los sectores ganaderos por la colocación de carnes argentinas en el mercado italiano. Decía la carta de Duhau:

(...) Se ha estipulado en la convención aduanera entre la Argentina y el Reino de Italia, que las carnes congeladas argentinas, a su entrada en la Península, gozarían de una rebaja en el arancel vigente de 140 liras, a 100 liras; que los derechos de aduana para las menudencias se rebajarían, de 140 liras, a 80 liras el quintal, debiendo rebajarse, asimismo, el derecho de las carnes conservadas, de 240 liras a 200 liras, durante el período de 18 meses comprendido a partir del 11 de marzo de 1934.
Para el resto del período de los 3 años que abarca la Convención, el compromiso del Gobierno Italiano se reduce a mantener, con respecto a las carnes frescas, una diferencia en menos que sería, para las carnes congeladas, del 28,58%, y para las menudencias, del 42,9% inferior a los derechos de las carnes y menudencias frescas.
Nuestras concesiones han sido hechas, en todos los casos, por 3 años, y es evidente que no existe reciprocidad en las estipulaciones del Convenio, cuando Italia concede, sólo por la mitad de aquel período, las preferencias que nos acuerda en el principal y preponderante renglón constituido por las carnes y menudencias congeladas.
Se ha estipulado, además, en la Convención que si, por imprevisibles impedimentos, ésta fuera ratificada con posterioridad al 28 de febrero de 1934, el período de 18 meses de consolidación para los derechos de las carnes correría siempre desde el 11 de marzo de dicho año, de modo que a partir de ese día (11 de Marzo), y mientras no se proceda a la ratificación correspondiente, el plazo se reducirá en relación al tiempo que se demore en ratificar la concesión acordada.
La circunstancia de haberse estipulado, por las notas reservadas cambiadas entre nuestra Misión y el Gobierno Italiano, un contingente libre de 25.917 toneladas anuales para la carne congelada de procedencia argentina y de haberse estipulado que esa cuota no podrá ser importada en Italia sino por las firmas que designe el Gobierno Argentino, hacen que el Departamento a mi cargo juzgue de alta conveniencia procurar salvar los inconvenientes puntualizados en los párrafos precedentes, pues la concesión especial que nos acuerda Italia permitiría colocar en aquel mercado un fuerte contingente de animales vacunos, dando vida a toda zona ganadera argentina, como es la de nuestro Litoral Norte, fuertemente castigada por la crisis y sin ninguna esperanza de reacción en estos momentos en que se encuentran cerrados, o poco menos todos los mercados que absorbían antes las carnes congeladas procedentes del tipo de ganado de las provincias de Entre Ríos y Corrientes.
La única concesión, de parte de Italia, de una rebaja de los derechos de 140 liras a 100 liras el quintal, para las carnes congeladas, no permitiría por sí sola reconquistar un mercado que actualmente puede considerarse malogrado para la colocación de las carnes congeladas en general, debido a los altos aranceles que al presente rigen; pero esa rebaja unida a un contingente fijo de cuya distribución se deja dueña a la República Argentina, tiene la doble ventaja de poner el producto al alcance de la población consumidora que no podría comprar esa carne si los derechos se mantuvieran en 140 liras, y neutralizar, al mismo tiempo, la competencia de carnes procedentes de otros países productores, toda vez que la Convención asigna un contingente fijo de 25.917  toneladas, sobre una importación media anual de 48.900 toneladas, cantidad que representa el promedio de las importaciones de carne congeladas en el último quinquenio, según las estadísticas italianas.
De ahí, señor Ministro, que el Departamento a mi cargo considere que sería conveniente, antes de elevar el Convenio a la consideración del Honorable Congreso, iniciar gestiones ante el Gobierno Italiano para que el plazo de la concesión del contingente y de las rebajas aduaneras en él estipuladas, sea ampliado por los 3 años de la vigencia del mismo, ofreciendo, en compensación a la modificación que sugiero, facilidades en los cambios, cuya medida dejo librada al criterio del señor ministro de Hacienda, como asimismo la solución que corresponda dar para la anulación de la rebaja del adicional del 10%, que ha sido estipulado en la Convención del 26 de septiembre, y que, por voto del Honorable Congreso del 29 del mismo mes, se resolvió mantener en vigencia.(...) (7)

A su vez, la Convención sobre Intercambio y Pagos entre la Argentina e Italia fue firmada en Buenos Aires el 4 de marzo de 1937, y fijaba las cuotas a las importaciones de procedencia argentina en valores fijados en liras. Las cuotas a aplicarse en el año 1938 fueron fijadas a través de un intercambio de notas entre los gobiernos argentino e italiano a fines de 1937, y comprendieron, entre otros, los siguientes rubros: trigo, lanas naturales,  carnes congeladas de bovinos, carnes de cerdo, maíz, legumbres secas, semillas no oleaginosas como alfalfa y trébol, manteca, sebo industrial, caseína, crin animal, tripa salada, uvas y otras frutas, abonos orgánicos, cuernos, huesos y materias similares, carnes conservadas, huevos, grasas alimenticias, minerales metálicos y no metálicos, cueros para peletería, fibras vegetales, partes de animales muertos para usos opoterápicos, vinos en botellas, gluten y cola de gluten, pescados congelados y anchoas saladas. (8)
   
El 1º de junio de 1939, los representantes de los gobiernos argentino e italiano firmaron en Roma el Protocolo Adicional a la convención entre la República Argentina y el Reino de Italia firmada en Buenos Aires el 4 de marzo de 1937 para regular el intercambio comercial y sus pagos. El texto del Protocolo establecía, entre otras cosas, un régimen de comunicaciones mensuales entre el “Istituto Nazionale per y Cambi con l' Estero” y el Banco Central de la República Argentina, con el objetivo de regular el equilibrio en el intercambio y sus pagos. (9) 

  1. República Argentina, Dirección General de Estadística y Censos de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina correspondiente a 1943..., op. cit., p. 50.

  2. Texto de la Convención Aduanera entre la República Argentina y el Reino de Italia, Roma, 26 de septiembre de 1933, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al período 1933-1934, Primera parte: Relaciones Exteriores, Anexo B: Política comercial, Buenos Aires, Kraft, 1934, pp. 994-1013.

  3. Los productos procedentes de Italia, sus colonias y posesiones que figuran en la lista A anexa a la Convención del 26 de septiembre de 1933 son los siguientes: limones; azufre bruto en piedra; lana hilada para el telar; hilados de seda artificial en madejas, bobinas, etc., para el telar; fideos -libre de derechos-; pasta de tomate en otros envases (excluida la de frascos de vidrio); quesos gorgonzola, provolone, caciocavallo y canestrato, cloches de paja en general, excepto los de panama, sombreros para hombres y niños de paja de Italia llamada Pedal o Maglina, finos; sombreros para hombres y niños, de paja de Italia llamada Pedal o Maglina, hasta regulares; sombreros para hombres y niños, de toda otra clase de paja como ser: Rustic, Payason, Viruta, Sumatra y otras fibras vegetales, finos; sombreros para hombres y niños, de toda otra clase de paja como ser: Rustic, Payason, Viruta, Sumatra y otras fibras vegetales, hasta regulares; hilo para coser bolsas, exclusivamente al típico para coser bolsas en las fábricas -libre de derechos-; mármol blanco y bardiglio, rústico, en chapas de 15 a 20 mm. de espesor; mármol blanco y bardiglio, rústico, en chapas de 22 a 70 mm. de espesor; mármol blanco y bardiglio en blocks; colchas de algodón regenerado, con hasta 40% de seda artificial; colchas de algodón regenerado, con más de 40% y hasta 85% de seda artificial; colchas de algodón, con seda artificial, hasta 40% de este textil aunque contenga hasta 15% de algodón regenerado; colchas de algodón con seda artificial, con más de 40% y hasta 85% de seda artificial; colchas de seda artificial; tejidos de algodón de color, de más de 130 gramos el metro cuadrado; tejidos de algodón con seda artificial exclusivamente; tejidos de lana mezcla, desde 200 hasta 400 gramos el metro cuadrado; tejidos de seda artificial exclusivamente, hasta 15% de otro textil; tejidos de mezcla de algodón con seda artificial exclusivamente, con más de 40% y hasta 85% de este textil; tejidos de mezcla de lana con seda artificial exclusivamente, con más de 40% y hasta 85% de este textil; ácido cítrico natural proveniente de limones, con certificado de origen; y ácido tartárico. Todos estos productos estaban sujetos a derechos, salvo los fideos y el hilo para coser bolsas, que estaban libres de derechos. Ver al respecto Lista A anexa a la Convención Aduanera del 26 de setiembre de 1933, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1933-1934, op. cit., Primera parte, Anexo B, pp. 1008 y 1010.

  4. Los productos procedentes de la Argentina que figuran en la lista B anexa a la Convención Aduanera del 26 de septiembre de 1933 son los siguientes: carnes no preparadas (excluidas las de aves de corral, caza, pichones y conejos), congeladas (menudencias y otras); carnes preparadas: saladas, ahumadas o preparadas de otra manera; otras: pancetas de cerdo saladas, no arrolladas; pancetas de cerdo ahumadas, no arrolladas; corned beef, boiled beef, lenguas conservadas, en latas; caseína al ácido láctico; semillas de lino; sebo animal; otro sebo, colado y prensado; grasa de cerdo para usos industriales; crin animal en bruto libre de derechos y extracto de quebracho. Todos los productos anteriormente mencionados estaban sujetos a derechos aduaneros, salvo las envolturas de yute y de algodón en las que esuvieran envueltas las carnes congeladas, que eran libres de derechos.  Lista B anexa a la Convención Aduanera de septiembre de 1933 cit. en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1933-1934, op. cit., Primera parte, Anexo B, p. 1012.

  5. Texto del protocolo final, Roma, 26 de septiembre de 1933, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1933-1934, op. cit., Primera parte, Anexo B, pp. 1002 a 1006.

  6. Texto de la declaración anexa a la Convención Aduanera firmada el 26 de septiembre de 1933, cit. en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1933-1934, op. cit., Primera parte, Anexo B, p. 1006.

  7. Carta del ministro de Agricultura Luis Duhau al ministro de relaciones exteriores Carlos Saavedra Lamas, República Argentina, Ministerio de Agricultura, N1 887, Buenos Aires, 27 de febrero de 1934, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1933-1934, op. cit., Primera parte, Anexo B, pp. 1017-1020.

  8. República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al período 1936-1937, Tomo I, Primera parte: Relaciones exteriores, Sección B: Política comercial, Capítulo 11: Convenios internacionales, Buenos Aires, Rosselli, 1938, pp. 413-415; y Memoria...1937-1938, op. cit., Tomo I, Primera parte, Sección C, Capítulo primero, pp. 275-276.

  9. Texto del Protocolo Adicional a la convención de 1937, Roma, 11 de junio de 1939, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1939-1940, op. cit., Tomo I, Primera parte, Sección D, Capítulo 11: Convenios internacionales, pp. 257-262.

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