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En 1932, el arzobispo de la arquidiócesis de Buenos Aires, monseñor fray José María Bottaro, renunció su cargo aduciendo razones de salud, (1) pero en vez de hacerlo elevando su correspondiente renuncia al gobierno argentino, la presentó directamente a las autoridades de la Santa Sede. El gobierno mantuvo una actitud de bajo perfil y aceptó la renuncia del arzobispo, a pesar de la presión de los sectores anticlericales para que tomara cartas en el asunto y reclamara su derecho de patronato. (2)  
    La renuncia de Bottaro sin la participación del Poder Ejecutivo generó un fuerte debate en el Senado, algunos de cuyos miembros -caso del senador por Santa Fe- plantearon que la renuncia de Bottaro implicaba un acto ilegal de desconocimiento del derecho del Patronato, y criticaron el abandono del ejercicio de este derecho tanto por parte del Ejecutivo como del Senado. (3) Medios como La Prensa llegaron a presentar esta renuncia del arzobispo de Buenos Aires como “una nueva victoria del Vaticano sobre la soberanía argentina”, planteando que el Poder Ejecutivo había aceptado una renuncia que no le había sido presentada y que fue resuelta por las autoridades de la Santa Sede y la curia metropolitana. (4)  
   
No obstante el debate generado en el Senado acerca de la renuncia de monseñor Bottaro, los miembros de la Cámara Alta designaron la terna para proveer la vacante del arzobispado de Buenos Aires, integrada por los monseñores Santiago Luis Copello, Francisco Alberti y Audino Rodríguez Olmos. Finalmente fue designado como reemplazante de Bottaro monseñor Copello. (5)  
   
Por otra parte, en octubre de 1934 se celebró en Buenos Aires el Congreso Eucarístico Internacional. Concurrió como legado papal el entonces secretario del Vaticano, cardenal Eugenio Pacelli, quien en 1939 fue designado Papa con el nombre de Pío XII. Después del Congreso Eucarístico de 1934, la Argentina recibió un cardenal y tres nuevos arzobispos, lo cual demostraba la común preocupación de las autoridades del Vaticano y de las jerarquías eclesiásticas argentinas por contrarrestar los avances del nacionalsocialismo, cuyo perfil era claramente anticatólico. (6)  
    Además pesaban en las mentes de las autoridades de la Santa Sede los ultrajes anticlericales que trajo consigo la guerra civil española y los ataques del régimen de Hitler al clero católico alemán. La punta de lanza de la contraofensiva católica criolla a la infiltración nacionalsocialista en las escuelas fue la exigencia de devolver la educación religiosa a las escuelas públicas, un tema que los liberales argentinos habían creído resolver por la legislación laicista de la década de 1880. El Ministerio de Educación del gobierno de Justo fue particularmente sensible a los reclamos del clero y de los sectores católicos argentinos, y la influencia de éstos se vio claramente reflejada en varias provincias, tales como Buenos Aires, Santiago del Estero y Salta. (7)  
    Tanto el cardenal Pacelli como el arzobispo de Buenos Aires monseñor Copello fueron representantes de la Iglesia Católica con los que el embajador alemán en Buenos Aires, Edmund von Thermann, buscó asiduamente contactarse en su interés por ganar influencias y contrarrestar la imagen de anticlericalismo que le impidió al nazismo tener una mayor influencia en los sectores católicos argentinos. (8)  
   
Declarada la guerra, el 17 de abril de 1940, el secretario de Estado pontificio, cardenal Luis Maglione, y el embajador argentino ante la Santa Sede, Enrique Ruiz Guiñazú, firmaron en la ciudad del Vaticano una convención sobre valijas diplomáticas. Por este convenio, la correspondencia entre el Vaticano y la Nunciatura Apostólica de la República Argentina, y entre la Argentina y la Embajada ante la Santa Sede gozaría del privilegio y de la garantía de seguridad reconocida a los Correos de Gabinete (artículo 11). Además, dicha correspondencia iría incluida en valijas especiales cuyo sistema de cerradura sería elegido por las propias partes interesadas (artículo 21) y circularía con franquicia postal, pudiendo también expedirse certificada (artículo 31). (9)  
    Otro episodio que por cierto debe mencionarse fue la entrevista que el saliente embajador argentino en España, Adrián C. Escobar, mantuvo en compañía del joven nacionalista Juan Carlos Goyeneche con el Papa Pío XII, a mediados de agosto de 1942. La misión partía de una fantasía diplomática, gestada hacía algún tiempo por el canciller Ruiz Guiñazú, de establecer un triángulo entre la Argentina, España y la Santa Sede a fin de llevar a cabo una mediación para lograr la paz en Europa. (10)
    El 4 de julio de 1941, Ruiz Guiñazú había propuesto al embajador alemán Edmund von Thermann una mediación para terminar la guerra. El ministro proponía que el presidente Roosevelt mediara entre Inglaterra y Alemania, y se ofrecía personalmente para hacerlo entre Alemania y Estado Unidos. A pesar del que el embajador consideró la propuesta algo extraña, informó a sus superiores respecto de la misma. La oferta fue rechazada terminantemente por Ribbentrop. (11)  
    La idea era incentivada por emisarios de la Santa Sede, fascistas italianos y falangistas españoles que se dirigían a las embajadas argentinas en Europa. En julio de 1941, el nuncio papal en Suiza transmitió al embajador argentino que, tras su esperada victoria en Rusia, Hitler iniciaría gestiones de paz por intermedio de los países neutrales y que en el momento oportuno se solicitarían los buenos oficios de la Argentina. Ese mismo mes, el embajador argentino en Vichy también recibió a los representantes de Portugal y España. Estos requerían el respaldo argentino para una oferta de paz de Alemania, que tendría la aprobación de la Santa Sede. En agosto, el embajador en España comunicaba que rumores semejantes se oían en el gobierno español. (12)  
    No obstante la discreción puesta en práctica, la prensa internacional recibió noticias de las conversaciones con la Santa Sede, publicando que Escobar, una persona cercana al presidente Castillo, había mantenido una entrevista con el Papa y que éste se habría mostrado interesado en la eventual intervención argentina. En Buenos Aires, la noticia dio motivo para que se señalara que “la influencia de la Argentina como potencia para la paz ha sido reconocida por otros gobiernos”. (13)  
    Posteriormente a la visita de Escobar, Ruiz Guiñazú instruyó al nuevo embajador ante el Vaticano, José Manuel Llobet, recalcar ante el Papa la disposición argentina para llevar adelante una mediación para la finalización de la guerra. Al efecto, el embajador argentino se entrevistó el 6 de octubre de 1942 con el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Maglione, y el día 10 con el Papa Pío XII, quien agradeció que el gobierno argentino creyera conveniente la intervención de la Santa Sede en las gestiones de paz. El Papa señaló que en caso de que se presentara la oportunidad solicitaría la colaboración de la Argentina. (14)

  1. Ver respecto de la renuncia de monseñor José María Bottaro como arzobispo de la arquidiócesis de Buenos Aires y su reemplazo por el monseñor Santiago Luis Copello, República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1932-1933, op. cit., Tomo I, Segunda parte: Culto y Beneficencia, Anexo A: Culto, pp. 803-815.

  2. Norberto Padilla, subsecretario de Culto de la Nación, A treinta años del acuerdo con la Santa Sede, disertación en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, San Miguel de Tucumán, 13 de mayo de 1996, p. 14. 

  3. La Prensa, 3 de agosto de 1932, p. 12, y 17 de agosto de 1932, p. 11.

  4. Ver al respecto editoriales de La Prensa titulados La renuncia del arzobispo, 2 de agosto de 1932, p. 11; Derecho de Patronato, 17 de agosto de 1932, p. 7; y El Senado y el Patronato, 18 de agosto de 1932, p. 10. 

  5. La Prensa, 17 de agosto de 1932, p. 11; República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1932-1933, op. cit., pp. 807-815.

  6. El Tercer Reich identificaba al Dios católico con el reino de los judíos, y al cristianismo como una doctrina enemiga del nacionalismo alemán. En la particular visión de cruzada del nazismo, Alemania debía sacar a la Argentina de la herencia hispanoportuguesa y llevarla al dominio cultural germano. Ver palabras del diputado socialista Enrique Dickmann, República Argentina, Congreso Nacional, Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, 18 de mayo de 1938, p. 218. Un tema que generó particular resquemor entre los gobiernos del Reich y del Vaticano fue el deseo de las autoridades alemanas de incorporar la organización de la juventud católica a la Liga de la Juventud Hitlerista. El Vaticano defendió la independencia de la organización de la juventud católica, factor que obligó a las autoridades del Reich a flexibilizar su posición para no quebrar el concordato firmado con la Santa Sede. Ver al respecto el artículo A pesar del concordato, son delicadas las vinculaciones entre la Santa Sede y Alemania, en La Prensa, 11 de marzo de 1934, p. 7.

  7. Ver al respecto C.E. Aguinaga y R.  Azaretto, op. cit., p. 197, y Ronald C. Newton, El cuarto lado del triángulo. La amenaza nazi en la Argentina 1931-1947, Buenos Aires, Sudamericana, 1995, p. 168.

  8. R.C. Newton, El cuarto lado del triángulo..., op. cit., p. 146. 

  9. Texto de la Convención entre la Santa Sede y la República Argentina sobre valijas diplomáticas, Ciudad del Vaticano, 17 de abril de 1940, en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al período 1940-1941, Tomo I, Primera parte: Relaciones Exteriores, A) Política internacional, Capítulo séptimo: Convenios sobre valijas diplomáticas, Buenos Aires, Rosselli, 1941, pp. 276-278. 

  10. U. Goñi, op. cit., p. 37.

  11. Interrogatorios de Thermann, 27 de septiembre a 6 de noviembre de 1945, NARA, RG 59, Caja 26; cable ultrasecreto de Thermann a Ribbentrop, 5 de julio de 1941, DGFP, Serie D, Vol. 13, documento Nº 73, cit. en ibid., p. 38.

  12. “Gestiones de la cancillería argentina para obtener la mediación de la Santa Sede para la terminación de la guerra”, RREE, Guerra Europea, 1942, Expediente 1, Tomo IV; “Gestiones de potencias neutrales para obtener la concertación de una paz europea”, ídem, ídem, 1939, Expediente 163; “Rumores sobre posible presentación de proposiciones de paz por el Señor Hitler”, ídem, ídem, 1941, Expediente 329; y “Gestiones de paz con intervención de la Santa Sede”, ídem, ídem, 1942, Expediente 460, cit. en ibid., pp. 38-39.

  13. Cable de United Press, publicado por El Tiempo de Bogotá, 19 de abril de 1943, RREE, Guerra Europea, Expediente 1, Tomo IV, folio 8, cit. en ibid., p. 39.

  14. Telegramas cifrados 1272 y 1292, de Llobet a Ruiz Guiñazú, 6 y 10 de octubre de 1942, ambos en RREE, Guerra Europea, 1942, Expediente 1, Tomo IV, folios 5 y 6, cit. en ibid., pp. 39-40.

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