Capítulo 47: Las relaciones con los países vecinos (1930-1943)
Las relaciones de la Argentina con Bolivia y Paraguay
La cuestión del Chaco y sus orígenes
Antes
de comenzar con el análisis de las relaciones entre la Argentina y Bolivia en
la década de 1930, resulta conveniente hacer mención, aunque sea brevemente,
de los orígenes del litigio boliviano-paraguayo en torno al Chaco Boreal, tema
clave en la agenda de este período. (1) El Chaco es un área de 297.000 kilómetros
cuadrados, limitada al sur y al oeste por el río Pilcomayo, al este por el río
Paraguay, y que se extiende por el noroeste hasta el río Parapetí en Bolivia.
Debido a que el Chaco no tenía metales preciosos, ni mano de obra indígena, ni
tierras ricas para la explotación agrícola, durante la época colonial los
españoles nunca delimitaron claramente la región. El litigio sobre el Chaco
apareció por primera vez durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870),
que enfrentó a los gobiernos de la Argentina, Brasil y Uruguay contra el de
Paraguay. En el tratado previo a la guerra firmado entre los aliados, el
gobierno argentino dejó sentado su reclamo del Chaco Boreal hasta Bahía Negra.
Terminada
la guerra, y luego de largas negociaciones, se llegó a un acuerdo
argentino-paraguayo por el cual el Chaco Boreal fue dividido en dos partes: la
zona comprendida entre el río Verde y Bahía Negra era otorgada al Paraguay; la
sección entre los ríos Pilcomayo y Verde sería sometida al arbitraje del
presidente de Estados Unidos. En la última se encontraba ubicada la localidad
de Villa Occidental pretendida por el gobierno argentino. El presidente
norteamericano Rutherford Hayes falló en favor del Paraguay, otorgando a este
país toda la última zona, incluida la villa, que pasó a llamarse Villa Hayes.
El
fallo Hayes se convirtió en un argumento fuerte para las autoridades paraguayas
en las tensas negociaciones sobre la cuestión del Chaco mantenidas con el
gobierno de Bolivia entre 1927 y 1933. Con
dicho fallo parecieron cesar los reclamos argentinos en el Chaco, pero no los
bolivianos. A consecuencia de ello, las autoridades bolivianas y paraguayas
hicieron varios intentos por llegar a un acuerdo: el tratado Quijarro-Decoud de
1879, el tratado Tamayo-Hicual de 1887 y el tratado Benítez-Ichazo de 1894,
pero todos fracasaron.
En
1906 el gobierno de Bolivia construyó puestos militares en el Chaco para
fortalecer sus reclamos territoriales. En 1907 se firmó el protocolo
Pinilla-Soler, que contó con la mediación del canciller argentino Estanislao
Zeballos. No obstante, las autoridades bolivianas demandaron una revisión del
protocolo, acusando al gobierno argentino de parcialidad en favor de los
paraguayos. El protocolo Ayala-Mujía de 1915 canceló el protocolo
Pinilla-Soler, pero obligaba a las partes a mantener el statu quo en el Chaco.
Entre 1916 y 1918 las diplomacias boliviana y paraguaya firmaron una serie de
protocolos extendiendo el período para llegar a un acuerdo directo sobre la
disputa territorial.
Tras
dos fracasados intentos de acercamiento diplomático en 1919 y 1921, las
relaciones entre ambos países sufrieron un serio desgaste, que se reflejó en
enfrentamientos militares. El 5 de diciembre de 1928, fuerzas paraguayas
atacaron y destruyeron el fortín boliviano Vanguardia, y el 14 del mismo mes,
el ejército boliviano atacó y capturó el fortín paraguayo de Boquerón. El
recurso a las armas se volvió una alternativa inevitable para los gobiernos de
Bolivia y Paraguay, debido al descubrimiento de petróleo en la región de
Camiri, que hizo suponer a las autoridades y agentes económicos bolivianos la
existencia de otras zonas petrolíferas en el Chaco.
A
la vez, el descubrimiento de petróleo en el sudoeste boliviano aceleró el
viejo interés argentino por la construcción de un ferrocarril que conectara
esa región con el norte argentino. El ministro argentino en La Paz, Horacio
Carrillo, insistió además en la necesidad de una salida para los productos del
Oriente boliviano a través del norte argentino. Las negociaciones del gobierno
argentino en este sentido despertaron recelos en las autoridades bolivianas, que
temían que el estrechamiento de los vínculos económicos entre el Oriente
boliviano y el norte argentino contribuyesen a exacerbar los movimientos
separatistas contra el gobierno de La Paz, sobre todo en la región de Santa
Cruz.
Por
otro lado, los envíos de materias primas del Oriente boliviano a la Argentina
no beneficiaban a la gente del Altiplano. A menos que el gobierno boliviano
instalase un sistema de transportes que conectara el Altiplano con el Oriente,
el primero recibiría sólo una pequeña proporción de la riqueza derivada del
desarrollo de la región oriental. Pero aun con la existencia de tal sistema de
transporte, la no industrializada región del Altiplano no podía competir con
el menor costo y la mayor calidad de los productos manufacturados provenientes
del mercado argentino. Por cierto, las autoridades de Buenos Aires adoptaron
medidas que afectaron la economía boliviana y generaron buena parte del
sentimiento antiargentino imperante en La Paz. Entre ellas figuraban la elevación
de los aranceles sobre las exportaciones de petróleo boliviano en 1927 -lo cual
frustró los planes del gobierno del Altiplano de pagar sus deudas con las
divisas obtenidas por la venta de este producto-, y la negativa a garantizar el
privilegio de la construcción de oleoductos a la Standard Oil. La salida del
Oriente vía la Argentina era obviamente la ruta más ventajosa, pero las
autoridades argentinas decidieron mantener el petróleo boliviano fuera del
mercado hasta que lograran controlar su transporte y comercialización. (2)
Al
mismo tiempo, para la Argentina, la posesión paraguaya de los yacimientos
petrolíferos del Chaco podía ser una buena solución a la escasez que sufría
en el aprovisionamiento de petróleo, elemento esencial para la industrialización
argentina. Dada la influencia económica de la Argentina en el Paraguay, era
probable que el gobierno argentino prefiriera que el Chaco Boreal perteneciera
al Paraguay y no a Bolivia, ya que la primera opción implicaba mayor facilidad
de acuerdos para obtener el petróleo y suministrarlo a las industrias
argentinas. (3)
Estas
razones económicas, y su potencial vinculación a los endémicos movimientos
separatistas de Santa Cruz, despertaron en el gobierno de La Paz un profundo
sentimiento antiargentino. El ministro argentino en la capital boliviana,
Horacio Carrillo, subraya que la guerra del Chaco contribuyó a exacerbar aún más
este sentimiento. Los bolivianos estaban convencidos de que las autoridades
argentinas ayudaban a las paraguayas. (4)
NOTAS
John F. Bratzel, “A political portrait of Carlos Saavedra Lamas”, Ph.D., Michigan State University, 1974, pp. 39-42; y Leslie B. Rout, Jr., Politics of the Chaco Peace Conference, Institute of Latin American Studies, Austin, University of Texas Press, 1970, pp. 3-16.
Argentina, Archivo, Box 20, Folio 38, Memorándum sobre informaciones y consideraciones, p. 2; Box 20, Estado Mayor General de Marina. Consideraciones de orden logístico y estratégico que afectan la solución del conflicto boliviano-paraguayo, pp. 19-20, fuentes citadas en L.B. Rout, Jr., op. cit., p. 58.
Roberto Querejazu Calvo, Masamaclay. Historia política, diplomática y militar de la Guerra del Chaco, La Paz, Novedades, 1965, p. 415.
Ver al respecto el memorándum titulado La posible colaboración de la Argentina, para contribuir a descongestionar el problema de la guerra boliviano-paraguaya: Informe del Ministro Doctor Horacio Carrillo, del 9 de enero 1934, p. 88, cit. en ibid., p. 415.
Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.
© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de
copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines
estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier
otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.