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La Conferencia de Paz de Buenos Aires (julio de 1935-julio de 1938)

La Conferencia de Paz del Chaco inició su primera sesión el 1º de julio de 1935, ratificándose en ella los protocolos del 12 de junio. (1). El canciller argentino Saavedra Lamas fue designado presidente de la Conferencia y llevó a cabo una política de dilación, la cual se atribuye a la intención de beneficiar la posición paraguaya. Según el plan del ministro de relaciones exteriores argentino, el gobierno de Estados Unidos debía otorgar o convencer a los bancos para que prestasen dinero al gobierno de Bolivia, que éste a su vez usaría para pagar reparaciones al de Paraguay. En ello iba implícita la especulación de que el dinero que Bolivia recibiera eventualmente podría llegar a Buenos Aires para saldar los empréstitos argentinos a Paraguay. Al mismo tiempo, las autoridades bolivianas podían ser aliviadas por las chilenas, si éstas se avinieran a devolver el litoral perdido al gobierno de La Paz. En este plan de Saavedra Lamas, los beligerantes serían satisfechos a costa de Estados Unidos y Chile. Obviamente, los gobiernos de Washington y Santiago rechazaron la propuesta argentina. (2)
   
Como el estancamiento de la Conferencia apuntaría críticas a su presidente, Saavedra Lamas aceptó, el 19 de julio, la propuesta de los delegados de Estados Unidos, Chile y Brasil de que las cuestiones sobre prisioneros fueran giradas a comisión para su estudio. (3) Dos días después el canciller se arrepintió y anunció que el tema de los prisioneros tendría que esperar, ya que el asunto más importante era el arreglo territorial. (4) Pero al día siguiente, nuevamente Saavedra Lamas cambió su posición y aceptó que el tema de los prisioneros continuara en discusión. (5) No obstante cuando el canciller argentino tuvo la seguridad de que no se realizaría una proyectada reunión de los presidentes de Bolivia y Paraguay, comenzó a desalentar el acuerdo sobre la disposición de los prisioneros, dado que el mismo sostenía el punto de vista boliviano. (6)
   
En opinión de un historiador boliviano, la delegación paraguaya, en complicidad con el canciller argentino, desalentó el tratamiento de estos temas, con el objetivo de evitar la discusión de la cuestión de límites hasta que la desmovilización de los ejércitos hubiera terminado y fuese imposible reanudar la guerra. La delegación paraguaya se negaba a devolver los prisioneros bolivianos hasta que no se firmase un tratado definitivo de paz. Esta estrategia apuntaba a conservar una valiosa carta para el momento tan ansiado por las autoridades bolivianas en que se discutiese la cuestión territorial del Chaco. (7)  
   
Una semana después que se decidiera el estudio de la cuestión de los prisioneros, la Conferencia se abocó a tratar el problema de determinar la responsabilidad de la guerra. A ese fin se constituyó una comisión formada por los representantes de Perú, Brasil, Uruguay y los beligerantes. No obstante, el asunto no prosperó. (8) A mediados de septiembre, Saavedra Lamas intentó que se aceptara la propuesta del representante peruano Felipe Barreda Lagos, que establecía el nombramiento de 3 jueces, uno nombrado por cada parte, y un juez federal de Estados Unidos. La fórmula se aceptó el 2 de octubre, pero no se hicieron esfuerzos para su implementación. (9)  
   
Respecto de la cuestión territorial, los beligerantes optaron por posiciones extremas. Saavedra Lamas expresó que se inclinaba por declarar a Bolivia como el agresor y que ésta tuviera que pagar su acceso al río Paraguay. Pero el canciller estimaba que llevaría dos años alcanzar un arreglo al respecto. (10)  
   
Por otro lado, terminada la labor de la Comisión Militar Neutral y desmovilizados los respectivos ejércitos beligerantes, la Conferencia de Paz resolvió declarar terminada la guerra entre las repúblicas de Bolivia y del Paraguay, y acordó hacer un llamamiento a ambos gobiernos “para que unan sus esfuerzos a los de los mediadores con el noble propósito de dar cuanto antes solución pacífica a todas las divergencias que aún separan a ambos pueblos”, resoluciones que se consignaron en el Acta del 25 de octubre de 1935. (11)  
   
Cuando los asuntos sobre los cuales la Conferencia debía decidir parecían estancados, se destrabó la cuestión de los prisioneros. Paraguay llegó a la conclusión de que el mantenimiento de 17.000 prisioneros era muy oneroso, aun cuando éstos eran utilizados como fuerza de trabajo. Consecuentemente a comienzos de noviembre el gobierno paraguayo anunció que consideraría la devolución de los prisioneros. (12) Paraguay insistía en retener las líneas del cese del fuego hasta que se estableciera la paz definitiva. Bolivia se opuso. Finalmente una visita al Paraguay del representante norteamericano en la Conferencia, Spruille Braden, consiguió un acuerdo aceptable. (13)
   
La firma del Acta protocolizada tuvo lugar el 21 de enero de 1936. Luego de superar la oposición del nuevo delegado paraguayo, Gerónimo Zubizarreta, la repatriación de los prisioneros se llevó a cabo entre abril y diciembre de 1936. Paradójicamente este paso le valió a Saavedra Lamas, además de un notorio desgaste en sus relaciones con el delegado paraguayo, el reconocimiento del gobierno boliviano, quien premió al canciller argentino con la medalla del Cóndor de los Andes, por su contribución al intercambio de prisioneros. (14) Por la mencionada Acta también se ratificó lo convenido en los protocolos del 12 de junio de 1935, acordando el mantenimiento de las medidas de seguridad estipuladas en éstos y la renovación de las relaciones diplomáticas. El Acta fue aprobada por el Congreso del Paraguay el 7 de febrero, y por el de Bolivia el 8. Con este paso ambas naciones reanudaron relaciones diplomáticas. (15)  
   
Otro tema que preocupaba a Bolivia era el camino Villa Montes-Boyuibe, que tenía sesenta kilómetros ocupados por las fuerzas paraguayas desde su ofensiva de febrero de 1935, y era indispensable para el aprovisionamiento de víveres adquiridos en la frontera argentina para las poblaciones bolivianas de Boyuibe, Charagua y Santa Cruz. El general José Félix Estigarribia respondió a la petición de negociación boliviana con una negativa, sosteniendo que no podía ceder lo obtenido por las armas. El tránsito sería autorizado pero bajo control paraguayo. Ni siquiera aceptó la alternativa de que el camino Villa Montes-Boyuibe fuera declarado zona neutral y puesto bajo el control de una policía internacional hasta que se definiese el problema fronterizo. El interés paraguayo en no desprenderse de las zonas adyacentes al camino estaba vinculado al descubrimiento de tres perforaciones petrolíferas de la Standard Oil, que aún conservaban sus materiales. Se estima que el canciller argentino Saavedra Lamas apoyaba este interés paraguayo; a ello se atribuye su disposición de que se preparara un informe sobre las zonas petrolíferas del Chaco. (16)  
   
Poco realizó la Conferencia de Paz durante el resto de 1936 debido a los cambios de gobierno en Paraguay (la llegada del coronel Rafael Franco en febrero) y en Bolivia (el golpe de estado del coronel David Toro en mayo), por lo cual buena parte del tiempo y la energía de los miembros de aquélla fue dedicada a la cuestión de cómo estos gobiernos serían reconocidos.
   
En abril de 1937, la Conferencia de Paz sancionó una reglamentación de las funciones de vigilancia y control en la región del Chaco, que no pudo ponerse en ejecución por el desacuerdo entre las delegaciones paraguaya y boliviana acerca del alcance de sus cláusulas.
(17) Durante todo el año 1937, la Conferencia de la Paz sufrió un proceso de estancamiento, debido a la indiferencia pública tanto en Bolivia como en Paraguay y al cansancio de los delegados que la integraban. Bolivia y Paraguay siguieron aferrándose a sus posiciones, sin lograr ponerse de acuerdo. La delegación boliviana se empeñó en compensar su derrota militar con la victoria diplomática de obtener un puerto en el río Paraguay, y un arbitraje que le diese posibilidades de recobrar aunque fuera algo del territorio perdido por las armas. Por su parte, la delegación paraguaya siguió firme en su convicción de no querer desprenderse del territorio conquistado por su ejército y evitar la concesión de un puerto a favor de Bolivia.
   
En el medio, Saavedra Lamas condujo su estrategia de demorar el tratamiento de la cuestión territorial, que si bien inicialmente era coincidente con los intereses paraguayos, terminó por molestar a todos los miembros de la Conferencia de Paz. Al estilo del canciller argentino, se sumaba la competencia entre los integrantes del grupo mediador. Al respecto, el ministro boliviano ante el gobierno argentino, Enrique Finot, comentaba: “Hay en la conferencia una pugna abierta de intereses entre los países mediadores y hasta incompatibilidades personales entre los delegados, agravadas por el carácter preponderante del canciller argentino”. (18)  
   
Al aproximarse el fin del período presidencial del general Agustín P. Justo, Saavedra Lamas quiso convencer al presidente electo Roberto Ortiz de que lo mantuviese al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, ofreciéndole, entre otras cosas, una rápida resolución de la cuestión del Chaco como primer logro de su gobierno. Pero Ortiz optó por elegir canciller de su gobierno a José María Cantilo.
   
A pesar del fin de lo que Querejazu Calvo califica como la “dictadura” de Saavedra Lamas en la Conferencia de Paz, el mantenimiento de posiciones extremas e irreconciliables por parte de los delegados de Bolivia y Paraguay amenazaba con convertir a ésta en un fracaso. Por su parte, la delegación argentina procuraba flexibilizar la postura boliviana, señalando su temor al fracaso de la Conferencia y al traslado del litigio sobre el Chaco a la Corte Internacional de La Haya, pues esta posibilidad demoraría la solución por 3 o 4 años más, con el riesgo de que el gobierno de Paraguay no aceptara el fallo. Incluso los mediadores declararon que la Conferencia de Paz debería suspender sus labores, si el gobierno de Bolivia continuaba insistiendo con el puerto. (19)

   
No obstante, la delegación boliviana no cedió a la presión de los mediadores. Alvéstegui respondió a los delegados de los países mediadores:  

Si ustedes entienden que deben llenar su cometido oponiendo obstáculos a la salida de Bolivia sobre el río Paraguay en vez de ayudarla a obtener esa salida, es preferible que, de una vez, hagan desaparecer a mi país del mapa. Ya fue encarcelado, hace tiempo, y desde entonces no vive, sino agoniza; por eso ha quedado rezagado en el camino del progreso... Es preferible que de una vez por todas convengan en el reparto de Bolivia entre sus vecinos... Los bolivianos no podemos seguir soportando el encarcelamiento... Si no se nos reconocen los más elementales atributos de vida preferimos desaparecer... (20)

Por cierto, la posición de la delegación boliviana se fortaleció con la firma del tratado de vinculación ferroviaria con Brasil, una de cuyas cláusulas comprometía a las autoridades de Río de Janeiro a “garantizar la integridad territorial de Bolivia”. La representación brasileña en la Conferencia de Paz, interesada en el petróleo boliviano, respaldó la petición de un puerto para Bolivia. La diplomacia argentina intentó neutralizar los efectos de esta entente boliviano-brasileña, procurando a su vez un convenio de vinculación ferroviaria argentino-boliviana, con el trazado de un ferrocarril Villa Montes-Boyuibe.  Alarmado por los alcances de esta competencia argentino-brasileña por el petróleo boliviano, el delegado paraguayo Zubizarreta escribió a su gobierno: “El petróleo le ha servido a Bolivia a maravilla para ir creando intereses en algunos países representados en la conferencia y por ese camino se propone conquistar su voluntad en la cuestión del Chaco”. (21) 

  1. C.A. Silva, op. cit., p. 370.

  2. J.F. Bratzel, op. cit., pp. 133-135; U.S. Dept. of State, Foreign Relations, 1935, IV, pp. 95, 98, 100-101, 106-107, 111-112; U.S. Archives, RG 59, Decimal File 724.34119/45, Philips to Gibson (Buenos Aires), July 18, 1935; Argentine, Archives, Box 5, Expediente I, Asuntos Varios, Confidential letter 200, Quintana (Santiago) to Saavedra Lamas, July 21, 1935, cit. en J.F. Bratzel, op. cit., pp. 134-135.

  3. U.S. Dept. of State, Forign Relations, 1935, IV, p. 101, cit. en ibid., pp. 136-137.

  4. Ibid., p. 137.

  5. U.S. Archives, RG 59, Decimal File 724.34119/80, Gibson (Buenos Aires) to Dept. of State, July 29, 1935, cit. en ibid., p. 137.

  6. U.S. Archives, RG 59, Decimal File 724.34119/84, Gibson (Buenos Aires) to Dept. of State, August 3, 1935; Decimal File 724.34119/96, Gibson (Buenos Aires) to Dept. of State, August 11, 1935, cit. en ibid., p. 138.

  7. R. Querejazu Calvo, op. cit., p. 458.

  8. J.F. Bratzel, op. cit., p. 139.

  9. U.S. Dept. of State, Foreign Relations, 1935, IV, pp. 140, 143; U.S. Dept. of State, Chaco Peace Conference, pp. 95-98, cit. en ibid., p. 143.

  10. U.S. Dept. of State, Foreign Relations, 1935, p. 109; U.S. Archives, RG 59, Decimal File 724.34119/84,  Gibson (Buenos Aires) to Dept. of State, August 3, 1935; Decimal File 724.34119/96, Gibson (Buenos Aires) to Dept. of State, August 11, 1935, cit. en ibid., p. 140.

  11. C.A. Silva, op. cit., p. 370.

  12. J.F. Bratzel, op. cit., p. 146.

  13. Ibid., p. 147.

  14. Ibid., pp. 148-149; R. Querejazu Calvo, op. cit., pp. 459.

  15. C.A. Silva, op. cit., pp. 371 y 373.

  16. R. Querejazu Calvo, pp. 463-464.

  17. A. Salum-Flecha, op. cit., p. 188.

  18. R. Querejazu Calvo, op. cit., p. 467.

  19. Ibid., pp. 467-468.

  20. Ibid., p. 468.

  21. Ibid., p. 469.

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