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Los intentos de mediación argentino-chilenos en el conflicto entre Bolivia y Paraguay

En términos generales, Chile se opuso a los avances de la diplomacia argentina en América latina. Particularmente, el apoyo argentino a Paraguay en la guerra del Chaco despertó las suspicacias chilenas. Un informe norteamericano del Departamento de Guerra al Departamento de Estado, de enero de 1930, señalaba que “los chilenos no quieren que la Argentina sea considerada la nación líder de Sudamérica, y están celosos de cualquier acción que ésta pueda realizar para asumir tal posición ante el resto del mundo”. (1)  
   
Inicialmente, el gobierno de Chile pareció ansioso por colaborar con el de la Argentina en concretar un arreglo respecto del problema del Chaco, en el que los gobiernos latinoamericanos, más que Washington, jugaran el rol decisivo. Pero al mismo tiempo, el canciller chileno, Miguel Cruchaga Tocornal, aspiraba a ser el jefe de las negociaciones de paz, algo que su colega argentino Saavedra Lamas no estaba dispuesto a admitir. Cruchaga Tocornal jugó con la idea de una propuesta de paz conjunta argentino-chilena a la vez que procuró su propia fórmula de paz. El 17 de enero de 1933 Saavedra Lamas rechazó en forma incondicional la intentona individual chilena. (2)
   
No obstante las negociaciones conjuntas continuaron, llegándose a un acuerdo luego de consultar a los gobiernos de Brasil y Perú, el primero de los cuales hizo algunas observaciones. El 25 de enero la propuesta fue entregada confidencialmente a los ministros paraguayo y boliviano en Buenos Aires, pero con la condición de no darla a conocer hasta que se realizara la proyectada reunión de los cancilleres argentino y chileno. (3)  
   
El canciller chileno Cruchaga Tocornal y su colega argentino Saavedra Lamas acordaron reunirse en Mendoza. La conferencia tuvo lugar los días 1º y 2 de febrero de 1933, y en ella se hizo pública la fórmula de pacificación acordada a ofrecerse a ambos beligerantes. El 24 del mismo mes, los representantes de la Argentina, Chile, Brasil y Perú entregaban oficialmente en La Paz y en Asunción la propuesta de pacificación.
   
En la reunión de Mendoza también se acordó promover la convocatoria de una conferencia económica, la cual debía considerar: a) la situación en que se encontraban los países mediterráneos como Bolivia y Paraguay, a fin de establecer un régimen de tránsito comercial terrestre y fluvial que favoreciera el intercambio entre esos estados y aquéllos con salida al mar; b) el estudio de posibles acuerdos sobre comunicaciones ferroviarias o carreteras; y c) la formulación de un convenio entre estados ribereños para mejorar las condiciones de navegabilidad de los ríos internacionales.
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Asimismo, los cancilleres argentino y chileno acordaron establecer contacto entre ambos gobiernos para arreglar las siguientes cuestiones: fijar el programa de la conferencia panamericana a reunirse en Montevideo; proseguir el estudio sobre tráfico ferroviario entre los dos países; buscar la solución al litigio sobre el canal de Beagle, por arreglo directo o por la ratificación del protocolo de 1915 para arribar a una solución arbitral; modificar el tratado de extradición de 1910; estudiar la realización de un convenio sobre ejercicio de profesiones liberales; reprimir el contrabando, y ratificar la convención sobre policía fronteriza de 1919. Por último, se acordó estudiar fórmulas que permitieran el establecimiento de ventajas comerciales exclusivas entre los países limítrofes o como aspiración general entre las naciones latinoamericanas. (5)  
   
Un nuevo intento por cerrar el conflicto entre Bolivia y Paraguay por el Chaco Boreal tuvo lugar en enero de 1935, cuando el gobierno de Chile propuso al de la Argentina una gestión conjunta ante los de Bolivia y Paraguay, sobre las bases de que el gobierno boliviano reconociera la validez del fallo arbitral de la zona Hayes, y el paraguayo negociara directamente con Bolivia un acuerdo que contemplase las necesidades económicas de ambos países. Sobre dichas bases, los beligerantes acordarían: el cese de hostilidades; la desmovilización de las fuerzas con el concurso de técnicos militares de los países limítrofes, si las partes así lo desearan; y el sometimiento de la cuestión de fondo a una conferencia de las partes en Buenos Aires, con asistencia de los países limítrofes. En caso de no llegar a un acuerdo, se llegaría al arbitraje por mutua elección, y de no haber conformidad sobre esta elección, el asunto se sometería a la Corte Permanente de Justicia Internacional de La Haya. Se procedería por ambas partes al canje de prisioneros, y, si las dos o una de las partes lo solicitara, el árbitro determinaría la responsabilidad de la guerra. (6) 
   
Con esta propuesta de las autoridades chilenas, el gobierno argentino envió a Luis A. Podestá Costa en misión confidencial al Paraguay. A pesar de que el gobierno de Paraguay resolvió retirarse de la Liga de las Naciones, Podestá Costa logró de las autoridades de Asunción una fórmula en gran parte de acuerdo con la sugerida por Chile, y que tendía a obtener algunas modificaciones respecto de las recomendaciones de la Liga del 24 de noviembre anterior. (7) 
   
Comunicada la novedad a la cancillería chilena, ésta a su vez envió a Félix Nieto del Río en misión confidencial ante el gobierno de Bolivia, quien obtuvo un entendimiento preliminar. El 14 de marzo de 1935, los gobiernos de la Argentina y Chile comunicaron a sus representantes ante la Sociedad de las Naciones que habían sondeado a los beligerantes con un plan basado en las recomendaciones de la Sociedad y que tenían motivos para creer que alcanzarían buenos resultados. Se aclaraba además que los gobiernos de Perú y Brasil tenían conocimiento de lo realizado y que toda gestión se haría por los cuatro conjuntamente. (8)  
   
A este importante avance hizo referencia el canciller argentino Saavedra Lamas al afirmar que:

La posibilidad de llegar a la paz se aproxima a su madurez definitiva, no obstante ciertas manifestaciones accidentales, que se explican por el natural apasionamiento de los beligerantes. El Paraguay, a pesar de su retiro de la Sociedad de las Naciones, acepta las recomendaciones del 24 de noviembre con ciertas modificaciones que no pueden suscitar oposición irreductible en el otro beligerante; Bolivia admite, a su vez, la suspensión de las hostilidades con ciertas garantías. Ambos beligerantes desean la colaboración de los países mediadores, digna de la alta misión que desempeñarían y de la autoridad moral de que están investidos. Bolivia lo ha hecho saber así en Washington, según comunicaciones fidedignas; el Paraguay lo ha declarado públicamente. Y los países hermanos de América que los invitan a reanudar esta gestión, en suspenso, han querido ofrecerles el terreno más firme de la situación actual para realizar el común empeño convencidos de que la suma de las valiosas influencias morales que representaría la formación del grupo mediador, forzaría la obtención del éxito, así como su negativa podría retardarlo sensiblemente. (9)

De esta manera, quedaron sentadas las bases que habrían de desembocar en la apertura de de la Conferencia de Paz en Buenos Aires, el 1º de julio de 1935. Pero, para esta época, la Argentina se había convertido en el rival más peligroso de Chile, factor que llevó a la diplomacia trasandina a unir sus fuerzas con la brasileña para oponerse a Saavedra Lamas, presidente de la Conferencia.  
    A fines de dicho mes de julio, Saavedra Lamas propuso una fórmula comprensiva para solucionar el problema del Chaco. La misma consistía en una indemnización del Paraguay como vencedor de la guerra, en la concesión de créditos del gobierno norteamericano a las autoridades de La Paz y Asunción, la extensión del sistema ferroviario argentino al Oriente boliviano, y la cesión chilena de un puerto en el Pacífico a Bolivia. Esta propuesta recibió el contundente rechazo de los delegados chileno, brasileño y estadounidense, Félix Nieto del Río, José Bonifacio de Andrada e Silva y Hugh Gibson. (10)
 
   
Durante la Conferencia de Paz del Chaco reunida en Buenos Aires, Saavedra Lamas anunció su rechazo a la iniciación de negociaciones sobre la cuestión territorial pendiente entre Bolivia y Paraguay, mientras que el delegado norteamericano Spruille Braden recibió instrucciones respecto de adoptar acciones tendientes a resolverla. Como consecuencia del choque entre las diplomacias argentina y norteamericana, los delegados chileno, brasileño y norteamericano aunaron fuerzas para obligar a Saavedra Lamas a resolver una cuestión que ellos percibían imperativa. El ministro de relaciones exteriores argentino, incapaz de disuadir o disolver por sí mismo esta alianza informal en su contra, apoyó abiertamente al gobierno paraguayo. (11)
   
Esta actitud de Saavedra Lamas de apoyo al Paraguay fue criticada por los tres delegados-mediadores, integrantes del llamado “Comité de los Tres” que debía resolver los problemas territoriales existentes entre Bolivia y Paraguay. El 29 de abril de 1937 tuvo lugar un abierto choque entre las diplomacias argentina y chilena cuando los delegados de Chile, Brasil y Estados Unidos, Félix Nieto del Río, José de Paula Rodrigues Alves y Spruille Braden, criticaron severamente el manejo de la Conferencia de paz por parte del canciller argentino Saavedra Lamas. Los tres delegados, reunidos en una comida en Buenos Aires con el presidente argentino Agustín Pedro Justo, sostuvieron que la actitud del ministro de relaciones exteriores argentino era “fatal para la paz de América”. (12) Esta cena del 29 de abril fue interpretada por el canciller argentino como un descarado intento de las diplomacias chilena, brasileña y norteamericana por arrancar el control de las prerrogativas negociables de su alcance. (13)  
   
Con la llegada de Roberto M. Ortiz a la presidencia, y José María Cantilo como reemplazante de Saavedra Lamas en la cancillería a partir de febrero de 1938, el gobierno argentino adoptó una actitud más cooperativa en la Conferencia de Paz. (14) En ese mismo año, el ministro Cantilo fue invitado por el gobierno chileno a visitar el país vecino. Cantilo fue muy agasajado. En un almuerzo ofrecido por el ministro de defensa chileno en la Escuela Militar, el canciller argentino retribuyó la cálida recepción con las siguientes palabras:  

Es tan cierto que ninguna nube podrá empañar la fraternidad de nuestros pueblos, porque sus instituciones armadas, depositarias fieles de las más nobles tradiciones nacionales, no han de olvidar la concordia que practicaron y les regalaron los padres de ambas patrias en el juramento solemne estampado al pie del Cristo de los Andes: “Se desplomarán primero estas montañas antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor”. (15)

Se realizaron además declaraciones sobre relaciones económicas, de vialidad e intercambio intelectual.

  1. U.S., Archives, RG 59, Decimal File 724.3415/1043, 3850a-G2-380, War Department to Dept. State, Jan. 27, 1930, p. 1, cit. en L.B. Rout, Jr., op. cit., p. 63.

  2. U.S., Archives, RG 59, Decimal File 724.3415/2780, N1 7, Bliss (Buenos Aires) to Dept. State, Jan. 12, 1933, pp. 1-2, cit. en ibid., p. 83.

  3. Ibid., p. 83.

  4. I. Ruiz Moreno, op. cit., p. 197. Ver también República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores, Memoria...1932-1933, op. cit., tomo I, Primera parte, Anexo A, pp. 112-115.  

  5. Idem nota anterior.

  6. C.A. Silva,  op. cit., p. 366.

  7. I. Ruiz Moreno, op. cit., pp. 278-279.

  8. C.A. Silva, op. cit., p. 366.

  9. Ibid., p. 367.

  10. U.S. Dept. of State, Foreign Relations, 1935, IV, 100-101, 105-107; United States, National Archives, Washington, D.C., Department of State, RG 59, Decimal File 724.34119/80, N1 18, Gibson (Buenos Aires) to Dept. State, July 23, 1935, pp. 3-6, cit. en L.B. Rout, Jr., op. cit., p. 112.

  11. Ibid., p. 142.

  12. U.S., Archives, RG 59, Decimal File 724.34119 / 844, N1 63, Braden (Buenos Aires) to Dept. State, April 30, 1937, p. 2; U. S. Dept of State, Foreign Relations, 1937, V, 10-18, fuentes citadas en ibid., p. 184.

  13. Ibid., p. 185.

  14. U.S., Dept of State, Foreign Relations, 1938, V, 112-116, 118, 123, 130, 141, 144, 146, fuente citada en ibid., pp. 193-194. 

  15. I. Ruiz Moreno, op. cit., p. 198.

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