Las relaciones con Chile
Problemas compartidos ante la Segunda Guerra Mundial
Como
todos los demás estados americanos, Chile declaró su neutralidad ante el
comienzo de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la ocupación de Dinamarca y
Noruega causó preocupación en Chile y la certeza de que lo que ocurría en
Europa no culminaría con un simple cambio en el equilibrio de poder en el viejo
continente. Así muchos funcionarios chilenos comenzaron a pensar que la
cooperación hemisférica sería deseable. (1)
La cuestión de la
provisión de armas adquirió entonces relevancia y ocupó considerable atención
a fines de 1940 y todo 1941. A mediados de 1940, el gobierno chileno dijo al
norteamericano que Alemania había ofrecido vender a Chile armas capturadas en Bélgica,
Holanda, Checoslovaquia y Francia, a un precio sensiblemente menor que el
norteamericano. Si bien el gobierno chileno aseguró haber respondido en forma
negativa, la velada amenaza surtió efecto, estimulando las conversaciones. No
obstante, éstas no fueron fructíferas debido a la incertidumbre sobre su
financiación. Incluso las negociaciones sobre una base de Préstamo-Arriendo no
habían sido concluidas cuando se produjo el ataque a Pearl Harbor. Asimismo
constituyó motivo de preocupación para el gobierno chileno el asunto de
posibles bases en suelo chileno. Por cierto, un pedido norteamericano, originado
en el Departamento de Marina, de establecer una oficina para un observador naval
en Punta Arenas fue rechazado en marzo de 1941. (2)
A su vez, la preocupación
de Estados Unidos radicaba en la poblacióm de origen alemán asentada en el sur
de Chile. Significativamente, la cuestión de una posible subversión germana le
insumió al embajador norteamericano en Chile, Claude Bowers, bastante tiempo y
esfuerzo. También hubo en Chile bastante propaganda pro-Eje. Esta enfatizaba
las críticas a las listas negras, los temores a un expansionismo norteamericano
en Chile bajo la excusa de la defensa, y la idea de que Alemania sería un mejor
mercado para los productos chilenos después de la guerra. (3)
Con la muerte del
presidente Aguirre Cerdá, en noviembre de 1941, las responsabilidades del
ministro de relaciones exteriores, Juan B. Rossetti, aumentaron. Este se mantuvo
en funciones hasta abril de 1942, en que un nuevo gobierno inició su período.
Rossetti intentó mostrarse favorable a los Estados Unidos. En noviembre, el
ministro lideró una proposición de una declaración conjunta de las naciones
americanas en contra de la ejecución de rehenes por los alemanes en Francia.
Sin embargo, Estados Unidos, previamente a favor de un frente americano unido,
rechazó la idea con el argumento de que la declaración tendría mayor
probabilidad de éxito si Estados Unidos no la firmaba. (4)
En el momento de
producirse el ataque a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, Chile estaba
dirigido por un presidente interino y se preparaba para elecciones generales
fijadas para el 1º de febrero de 1942. El canciller era pronorteamericano pero
no tenía un poder omnímodo. La opinión pública parecía indicar que la
guerra en Europa no era del interés de Chile. No obstante, el gobierno chileno
tuvo una rápida reacción ante el hecho. El mismo día 7, el embajador chileno
en Estados Unidos, Rodolfo Michels, llamó al Departamento de Estado para
comunicar que su país estaba tomando medidas para proteger las minas e
industrias de propiedad norteamericana, y que se tomarían precauciones para
asegurar el flujo de materiales estratégicos desde Chile, flujo del que por
otra parte la economía chilena era muy dependiente. Al día siguiente, el
canciller Rossetti mantuvo una reunión con el embajador Bowers, señalando que
el gobierno chileno estaba de acuerdo con Washington y cumpliría con sus
compromisos de defensa. El 9 de diciembre, Rossetti enviaba un telegrama al
comité directivo de la Unión Panamericana pidiendo una reunión de ministros
de relaciones exteriores, lo cual coincidió con los deseos de Washington. (5)
El canciller chileno
preguntó al embajador Bowers si podía tener una consulta con el subsecretario
Sumner Welles previamente a la apertura de la Conferencia de Río. Rossetti
también admitió que, como podría no continuar en funciones con la asunción
del nuevo presidente, quería dejar en marcha una firme política proaliada
cuando dejara el cargo. Asimismo el ministro expresó disgusto con la Argentina
porque ésta no accedía a fortificar el estrecho de Magallanes, como había
sido acordado. El argumento del gobierno argentino consistía en que las
fortificaciones serían vulnerables incluso terminadas y, por consiguiente, podrían
provocar el ataque. (6)
Iniciada la
Conferencia, el subsecretario Welles, jefe de la delegación norteamericana,
consideraba que, si la Argentina aceptaba firmar alguna fórmula,
Chile se vería obligado a adherir a la declaración conjunta. No
obstante, en los primeros días de la reunión, Welles no estaba muy conforme
con la posición asumida por Rossetti, porque éste parecía querer negociar más
ayuda militar y financiera, como contrapartida a su apoyo a una resolución que
exigiera la ruptura de relaciones con los países del Eje. Welles consideró
luego que la actitud inicial de Rossetti obedecía a promesas que había hecho
al gabinete y a comisiones legislativas, basadas en el temor de que la ruptura
de relaciones pudiera provocar un ataque sobre un indefenso Chile, así como
también en la especulación de que una actitud distante podría dar lugar a
ofrecimientos de mayor cooperación económico-financiera. (7)
Las instrucciones de
Rossetti lo autorizaban a apoyar a Estados Unidos en toda forma posible, pero no
a acceder a una ruptura de relaciones con el Eje. Por ello, el 19 de enero, el
canciller chileno telegrafió, solicitando autorización para apoyar una
declaración que incluyera dicha ruptura. La autorización fue concedida pero
sujeta a aprobación del Congreso. La explicación que se dio en Río fue que,
dado que el paso podría llevar el país a la guerra, y como el Congreso tenía
la atribución de declarar la guerra, éste debía aprobar también la ruptura
de relaciones. De este modo, si bien en Santiago la actitud de Rossetti era
vista como proaliada, para Welles resultaba muy poco clara. Era evidente que en
Santiago existía muy poco entusiasmo a favor de la ruptura; además,
frecuentemente se mencionaba la posibilidad de un ataque japonés. (8)
A
pesar de que la redacción final del problemático artículo 3º de la declaración
de Río sólo recomendaba la ruptura de relaciones diplomáticas con los países
del Eje, el 24 de enero en una sesión plenaria de la conferencia, el delegado
chileno expresó que, sin la menor duda, Japón atacaría inmediatamente a
Chile. A la mañana siguiente, Rossetti visitó a Welles, pidiéndole que
firmara un documento con la promesa de que
Estados
Unidos tomaría medidas precautorias de defensa en las aguas del Pacífico
adyacentes a Sudamérica y que en caso de ocurrir alguna emergencia, Chile podría
contar con efectiva asistencia militar de los Estados Unidos y que los detalles
técnicos de dicha asistencia serían acordados en el futuro inmediato. (9)
Al
solicitar Welles instrucciones para firmar el pedido del canciller chileno, el
Departamento de Estado le envió una versión algo diferente, que era la
siguiente:
con la inequívoca seguridad de acudir en ayuda de cualquier nación del hemisferio occidental, que haya sido víctima de un ataque por un agresor no americano, los Estados Unidos, en el caso de un ataque de un país no americano contra Chile, darán los pasos inmediatos para enviar fuerzas navales, aéreas y terrestres, a fin de repeler esta agresión. Mientras tanto, medidas defensivas precautorias han sido tomadas para hacer tan improbable como sea posible un ataque a la costa de Chile. (10)
El
telegrama de Washington también señalaba que Rossetti debía ser advertido de
los límites de la capacidad norteamericana para patrullar, y que Chile no debía
esperar preferencia. Finalmente, el acuerdo fue firmado por ambas partes. Es
posible que el canciller chileno buscara este acuerdo además por razones políticas,
para protegerse de las acusaciones de que su posición proaliada era suicida
para Chile. (11)
Cuando regresó a
Chile, el canciller Rossetti insistió en que presentaría los documentos
firmados en Río ante el Congreso para una rápida ratificación, y le aseguró
al embajador Bowers que, en el término de un mes, las legaciones del Eje serían
echadas de Chile. No obstante, a partir de ese momento comenzaron los problemas.
Bowers transmitió su opinión de que salvo que el presidente electo Ríos
interviniera en contra, la aprobación saldría. Pero la prensa chilena, con
excepción del diario comunista El Siglo, no estaba a favor de una rápida
ruptura de relaciones. De todos modos, Rossetti continuó asegurando a Bowers, a
comienzos de marzo, que el Congreso sería convocado. A su vez, el canciller
chileno se quejaba de que la decisión de Welles de no firmar el acuerdo de Préstamo
y Arriendo con Chile, hasta que la política de este país se clarificara, lo
dejaba mal parado ante sus compatriotas. No obstante, el 10 de marzo aseguró a
Bowers que tenía la palabra del presidente interino de que convocaría una sesión
especial del Congreso a los fines de la ratificación. (12)
Sin embargo, la sesión
especial nunca llegó. Ernesto Barros Jarpa, quien reemplazó a Rossetti cuando
Ríos se hizo cargo de la presidencia, expresó más tarde a Bowers que el
gobierno se había opuesto al envío del proyecto al Congreso, porque hubiera
sido atribuir al Congreso injerencia en la política exterior del país. Barros
señaló que era prerrogativa del presidente decidir la ruptura de relaciones, y
que no era su obligación ni su intención consultar al Congreso. (13) Por
cierto, desde la asunción de Ríos el 2 de abril de 1942 hasta enero de 1943,
en que el gobierno chileno finalmente tomó la decisión de la ruptura, tuvo
lugar una muy extensa y complicada negociación.
El hecho de que la
Argentina y Chile no cumplieran con la ruptura recomendada en la declaración de
Río era visto por el gobierno norteamericano como una seria brecha en la unidad
americana. La resistencia de Chile, así como también la de su vecino, fue
percibida como una política perversa. Pero al igual que en el caso argentino,
Gran Bretaña no tenía la misma preocupación al respecto. El gobierno chileno
podía señalar un número de contribuciones al esfuerzo de guerra, entre ellas
el embarque de materiales estratégicos a Estados Unidos, la cooperación con
las listas negras, el arresto de agentes del Eje, el otorgamiento a Estados
Unidos del status de no beligerante, la aceptación de las baterías costeras,
etc. (14) De esta manera, al considerar que sus contribuciones no eran pequeñas,
el gobierno chileno interpretaba las acciones norteamericanas a favor de otros
países vecinos como castigo. (15)
En opinión de Michael
Francis, las razones del gobierno chileno para no declarar la ruptura de
relaciones con el Eje fueron varias: a) la imposibilidad del gobierno de Estados
Unidos de otorgar protección militar adecuada; b) la posible victoria del Eje;
c) la negativa de Estados Unidos a hacer concesiones económicas en conexión
con la ruptura y previamente a la misma; d) continuar con sus embarques a
Estados Unidos en barcos chilenos neutrales; e) la opinión pública chilena no
favorable a la ruptura; y f) la posición del canciller Barros Jarpa, quien por
momentos pareció más opuesto a la ruptura que el propio presidente Ríos.
Para presionar a Chile
a tomar la decisión de la ruptura, el Departamento de Estado comenzó a
considerar a fines de octubre de 1942 la idea de publicar un memorándum sobre
las actividades subversivas del Eje en Chile, que había sido adelantado al
canciller el 30 de junio. Finalmente, éste fue dado a publicidad a través del
Comité Consultivo de Defensa Política, con sede en Montevideo. Cuando la
prensa chilena publicó la noticia, muchos diarios criticaron el procedimiento.
(16)
De todos modos, hacia
fines de 1942, el presidente Ríos tenía tomada la decisión de llevar a cabo
la ruptura. En diciembre, envió a su joven ministro del interior, Raúl Morales
Beltrami, a Washington para explicar la posición de Chile y hacer algunos
arreglos finales. En su encuentro con Roosevelt, el 17 de diciembre, Morales
renovó el pedido de protección. Pero, en un curioso documento presentado al
presidente, expresaba que Chile debía adoptar la decisión de romper relaciones
“en ausencia de la atmósfera dramática del conflicto, estimulándola en el
contexto de principios abstractos, sin actos de guerra para precipitarla”.
Luego en conversación con Welles, el ministro señaló que a su gobierno le
gustaría un pretexto específico para la ruptura, una de cuyas opciones podría
consistir en la presentación de evidencia específica de que el espionaje del
Eje en Chile había llevado al hundimiento de barcos. Morales obtuvo una
declaración, señalando que, al menos ante los ojos de Estados Unidos, algunos
barcos americanos procedentes de Chile habían sido hundidos en el Caribe,
debido a radiomensajes clandestinos enviados por agentes del Eje en Chile. Fue
además en estas charlas que Morales presentó una lista de armamentos, juzgada
por un funcionario del Departamento de Estado como fantástica y totalmente
fuera de la cuestión. De esta manera, luego de algunos compromisos del gobierno
norteamericano en cuanto a protección y arreglo de algunas otras cuestiones después
de la ruptura, el presidente Ríos la declaró el 20 de enero de 1943. (17)
NOTAS
740.0011 European War 1939/2253, Embassy in Santiago to Secretary of State, April 10, 1940; and 710.11/2489, Embassy in Santiago to Secretary of State, May 15, 1940, National Archives (NA), cit. en Michael J. Francis, The Limits of Hegemony. United States Relations with Argentina and Chile during World War II, London, Univ. of Notre Dame Press, 1977, p. 32.
825.24 /171, Telegram, Embassy in Santiago to Undersecretary of State, July 15, 1940; 825.51/1310, Memo, January 21, 1941; 825.24/183, Bowers to Welles, March 7, 1941, NA; FRUS, 1941, VI, 552-554, cit. en ibid., p. 38.
825.00/1426, Embassy in Santiago to Secretary of State, October 9, 1941; 862.20225/304, Memo, Octuber 9, 1941, NA, cit. en ibid., pp. 39-40.
FRUS, 1941, VI, 39-45, cit. en ibid., p. 42.
FRUS, 1941, VI, 74-75 y 119-120, cit. en ibid.
FRUS, 1942, V, 7-8; 710. Consultation 3/605, Memo, December 30, 1941, cit. en ibid., p. 82.
FRUS, 1942, V, 28; 710. Consultation (3)/598, Miscellaneous Bound Telegrams, Undersecretary to Embassy in Santiago, January 19, 1942, cit. en ibid., p. 83.
710. Consultation (3)/605, Memo, January 22, 1942; FRUS, 1942, V, 301; 710. Consultation (3)/598, Miscellaneous Bound Telegrams, Embassy in Rio to Embassy in Santiago, January 23, 1942; 710.Consultation (3)408, Telegram, Embassy in Santiago to Secretary of State, January 19, 1942, cit. en ibid., p. 85.
FRUS, 1942, V, 39, cit. en ibid., p.87.
FRUS, 1942, V, 42, cit. en ibid., p. 88.
Ibid., p. 88.
710.Consultation (3)552, Telegram, Embassy in Santiago to Secretary of State, January 31, 1942; 710. Consultation (3)/562, Telegram , Embassy in Santiago to Secretary of State, February 2, 1942; 710. Consultation (3)650, Telegram, Embassy in Santiago to Secretary of State, February 17, 1942; Consultation (3)708, Telegram, Embassy in Santiago to Secretary of State, March 6, 1942; 710. Consultation (3)723, Memo, March 5, 1942; 710. Consultation (3)712, Telegram,Embassy in Santiago to Secretary of State, March 11, 1942; 710. Consultation (3)722, Telegram, Embassy in Santiago to Secretary of State, March 14, 1942; 710. Consultation (3)746, Memo, March 16, 1942, cit. en ibid., p. 89.
740.0011 European War 1939/21679, Telegram, Embassy in Santiago to Secretary of State, May 19, 1942, cit. en ibid.
825.24/706, Embassy in Santiago to Secretary of State, November 24, 1942, cit. en ibid., p. 102.
Ibid., p. 103.
862.20225747A, Telegram, Undersecretary of State to Embassy in Santiago, October 29, 1942; FRUS, 1942, V, 103-105, cit. en ibid., pp. 126 y 127.
740.0011 European War 1939/27116, Memo, December 17, 1942;FRUS, 1942, VI, 42-44; 825.24/767, Memo, December 19, 1942, cit. en ibid., pp. 127-128.
© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de
copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines
estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier
otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.