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RESPUESTA A LA NUEVA CRISIS IDENTITARIA
DE LA COMUNIDAD IMAGINADA DE LOS ARGENTINOS.
Por
Carlos Escudé
Introducción
Cuando las provincias argentinas finalmente se amalgamaron como
Estado unificado y cesaron las guerras civiles, la crisis identitaria
generada por la quiebra de la proto-nacionalidad hispanoamericana
estaba superada, y el país pudo aprovechar la gran oportunidad
que la coyuntura económica internacional de la segunda mitad del
siglo XIX le ofrecía a los nuevos países de clima templado. El
potencial rioplatense para la producción de cereales y carnes
de alta calidad, muy demandadas en Inglaterra, se combinaba con
la disponibilidad de capitales en ese país, esenciales para generar
la infraestructura portuaria y ferroviaria indispensable para
que ese potencial fructificase en cuantiosas exportaciones. Además,
el exceso de población europea creaba condiciones favorables para
poblar la pampa húmeda con inmigrantes de ese origen, cosa que
la clase dirigente argentina juzgó necesaria para forjar el país
que soñaba.
El proyecto result un éxito resonante, de manera que la longitud
de las vías férreas se expandió de 503 km. en 1865-69, a 31.104
km. en 1910-14; las exportaciones de mercaderías saltaron de 29,6
millones de pesos oro en 1865-69, a 431,1 millones en 1910-14;
la superficie sembrada aumentó de poco más de medio millón de
hectáreas en 1865-69, a 20,62 millones en 1910-14. El producto
per cápita se equiparó con los de Alemania, Holanda y Bélgica.
Y la población aumentó de 1,7 millones en 1865-69, a 7,2 millones
en 1910-14, casi totalmente como consecuencia del influjo de inmigrantes
europeos
[1]
.
El programa de Alberdi, con su lema "gobernar es poblar", se cumplió
impecablemente, a la vez que en pocos años el país se volvió irreconocible
para sus viejos habitantes, y la misma clase dirigente que había
auspiciado la inmigración europea se enfrentó con una aguda crisis
de identidad, que busc solucionar por medio de un programa de
adoctrinamiento educativo diseñado para "argentinizar" los hijos
de inmigrantes. Una cabal comprensin de las causas y consecuencias
de este nuevo problema identitario requiere una mirada en profundidad
a las políticas que se instrumentaron para intentar solucionar
la cuestión. Esta políticas fueron análogas a lo que Benedict
Anderson llama "rusificación"y "nacionalismo oficial", esto es,
los esfuerzos por homogeneizar la cultura desde el Estado, como
los instrumentados por el régimen zarista en el vasto imperio
de los rusos.
Mi investigacin sobre a la llamada "educación patriótica", que resumiré
en este capítulo, fue facilitada gracias a la existencia de una
publicación mensual del Consejo Nacional de Educación, ente que
desde la organización de la educación en la Argentina, en 1884,
regía la instrucción primaria en la Capital Federal y territorios
nacionales, a la vez que ejercía una enorme influencia sobre los
consejos provinciales de educación. Además, esa influencia se
amplió en 1905, cuando la Ley Láinez permitió el establecimiento
de escuelas nacionales en las provincias que adhirieran voluntariamente
al régimen, cosa que hicieron todas. Por otra parte, la antedicha
publicación, El Monitor de la Educación Común, publicada
hasta 1949, es un verdadero archivo de la educación primaria argentina.
Distribuída gratuitamente entre los maestros del Consejo, era
un instrumento de adoctrinamiento con múltiples artículos ideológicos
que reflejaban la filosofía educativa oficial. Simultáneamente
llevaba una Seccin Oficial que traía informacin
sobre leyes, decretos y reglamentos, e incluso resoluciones sobre
nombramientos, ascensos, jubilaciones y despidos. Además, los
Informes que anualmente publicaba el Consejo suplen cualquier
omisión informativa del Monitor, de manera que la
educación primaria argentina y su ideología pueden historiarse
fácilmente
[2]
.
El
aluvión inmigratorio
Lo primero que surge de un análisis del pensamiento pedagógico de
principios del siglo XX es algo que ya fue observado por otros
autores
[3]
, y esto es que el aluvin inmigratorio que la Argentina recibió
desde la década de 1880 pronto generó una reacción nacionalista
y xenófoba. Más aún, generó cierta paranoia cultural en sectores
de una clase dirigente que ya no reconocía al país en el que había
nacido, tan cambiado estaba por ese influjo cosmopolita que los
alarmaba, a pesar de que la política explícita del Estado argentino,
liderado por esos mismos sectores, había sido promover la inmigración.
Hay que considerar que ya para la primera década de este siglo,
más del 30% de la población del país y alrededor del 50% de la
población de la ciudad de Buenos Aires había nacido en el extranjero.
Esta situación se prolongó durante un par de décadas. La reacción
a este presunto mal que la propia clase dirigente argentina se
había buscado (en tanto fue la promotora de la inmigracin) puede
ilustrarse con las palabras de 1928 de Guillermo Correa, un viejo
vocal del Consejo, quien afirmaba que ya en 1895 un 58% de la
propieded urbana de la Capital Federal pertenecía a extranjeros,
y que treinta años más tarde esa cifra se había elevado a casi
un 80%. Correa decía que él se sentiría muy tranquilo si fuera
un conquistador de América, pero que era un simple ciudadano argentino
y por tanto, materia conquistada
[4]
. La cuestión de que esa riqueza había sido legítimamente
ganada por inmigrantes que habían colaborado en la generación
de mucha más riqueza aún, y de que la estructura de la propiedad
rural presentaba un perfil muy diferente, que era favorable a
las clases dirigentes criollas, es secundaria y no viene al caso
en tanto el factor que aquí interesa es la percepción de una invasión
y una amenaza. Esta percepción fue causa y motivación de una política
educativa extremista, establecida oficialmente en 1908, para "argentinizar"
a los hijos de inmigrantes. Aunque similar al movimiento de "americanización"
del inmigrante que se gestó en los Estados Unidos en parecidas
circunstancias, el caso argentino fue más extremo debido a una
mayor centralización del aparato educativo y a la vigencia de
una ideología más colectivista y menos respetuosa de la pluralidad.
A su vez, otros países inmigratorios como Canadá y Australia,
que enfrentaron el mismo problema, adoptaron políticas en extremo
liberales y para nada desarrollaron este tipo de paranoia xenófoba.
La experiencia de tales países demostró que, aunque la reacción
de las clases dirigentes argentinas frente a la inmigración fuera
comprensible, la "solución argentina" al problema de
la inmigracin no era la única solucin posible, y probablemente
distara de ser la mejor
[5]
.
En la Argentina, la discusión sobre la política educativa a seguir
frente al influjo inmigratorio había comenzado en la última década
del siglo XIX, y lentamente fue consolidándose una opinin favorable
a un fuerte adoctrinamiento nacionalista. No debe pensarse, sin
embargo, que antes de las reformas de 1908 la educación primaria
argentina carecía de contenidos "nacionalizantes". Hacia
1900 ya eran obligatorios un número de canciones y marchas patrióticas,
y las fiestas nacionales se celebraban regularmente en los establecimientos
educativos. Un decreto de 1888 establecía que en primero y segundo
grado se debían dedicar seis horas semanales a la historia argentina,
y otro de 1899 dictaba que la historia y la geografía argentinas
sólo podían ser enseñadas por ciudadanos argentinos y que el castellano
sólo podía ser enseñado por un nativo de la lengua. Un decreto
de 1902 establecía que todas las escuelas tenían la obligación
de exhibir la bandera y el escudo nacional
[6]
. No puede decirse, pues, que la educación primaria argentina
careciera de un contenido nacionalizante en los años en que estaba
desarrollándose la paranoia cultural de las élites. Para los moderados
esto era razonable y suficiente. Pero para los sectores más xenófobos
distaba de ser suficiente, era peligrosamente liberal y carecía
de toda sustancia patriótica. A medida que aumentó el porcentaje
de extranjeros creció la influencia de esos sectores xenfobos.
Hacia 1908 su influencia era ya decisiva y avasalladora. Ese año
una nueva administración se hizo cargo del Consejo. Y esa administración,
presidida por José María Ramos Mejía, se lanzó a la introducción
de las reformas extremistas conocidas como la "educación
patriótica".
El
proyecto extremista de Ramos Mejía
Las instrucciones a los maestros de 1908 son interesantes para tener
una idea cabal del significado de la "educación patriótica":
"Lectura y escritura - En los grados inferiores, léanse y escríbanse
con frecuencia (...) palabras y frases de carácter patritico (...).
"Castellano - Es sabido que el conocimiento perfecto de la
lengua que se habla en un pueblo puede ser de por si un medio
de hacer que éste sea amado y de vincular entre si a los hombres
que lo habitan. Tanta importancia tiene el estudio del idioma,
del punto de vista de la educación patriótica, que no son pocos
los sostenedores de que es acaso el único medio de cultivar el
patriotismo (...). Dicho esto, véanse a continuación algunos medios
especiales que sin abusar de ellos deben emplearse oportunamente
(...). En la conversación, en todos los grados, incluír con frecuencia
asuntos de carácter patritico: la bandera, el escudo, los monumentos,
el himno nacional, los prohombres. Hacer lo mismo durante los
ejercicios de reproduccin oral de frases y trozos
selectos (...). La composicin se presta particularmente (...)
a multiplicidad de ejercicios relacionados con la educacin cívica
y patriótica (...). Fórmense cuadernos de recortes de carácter
patriótico.
"Ciencias naturales e higiene - En ciencias naturales ilustraremos
de preferencia las lecciones con ejemplos de la fauna, la flora
y la gea argentinas; haremos resaltar bien cuán rico es nuestro
país, cómo se provee, gracias a ello, hasta a sus habitantes más
pobres, de alimentos, comodidades, placeres, de que se hallan
privados, o tienen que pagar muy caro, sinnúmero de otros pueblos
de la tierra. Estableceremos comparaciones respecto de la superioridad
de nuestra producción comparada con los principales países del
mundo, en la ganadería, en la agricultura (...). Hasta la higiene
puede prestarse para provocar observaciones de carácter nacional
y patriótico. Al referirse, por ejemplo, a las obras de salubridad
de Buenos Aires, haríamos resaltar que por ellas figura nuestra
capital entre las primeras del mundo."
[7]
Similares instrucciones se emitieron para "Historia y geografía",
"Moral, instrucción cívica y economía social", "Dibujo",
"Música" y hasta "Aritmética". Por ejemplo,
bajo el título "Cálculo y aritmética" las instrucciones
especiales para la semana de mayo de 1909 estipulaban:
"Problemas referentes a los años en que vivieron San
Martín, Belgrano, Rivadavia, Moreno, Vicente López y Planes, etc.
Determinar la fecha de nacimiento de esos prohombres y decir cuántos
años tenían en 1810. Tiempo que media entre el 25 de mayo de 1810
y las principales acciones de guerra de la Revolución. Problemas
concretos en los que se haga mencin a fechas de batallas, al número
de patriotas antes y después de entrar en combate, al nacimiento
y muerte de algún prohombre, a las fechas en que se reunieron
las distintas asambleas, a los recursos, a la renta, al comercio,
etc., de aquellos tiempos comparados con el presente."
[8]
Estas instrucciones eran complementadas por numerosos elementos
en los que no podemos detenernos sino sumariamente. El programa
de educación cívica, por ejemplo, establecía que la fórmula que
sigue debía ser aprendida de memoria: "El primero y principal
deber del hombre y del ciudadano es amar, honrar y servir a su
Patria, trabajando por su prosperidad interior y por su grandeza
y su gloria en el exterior."
[9]
Esta doctrina debía ser "comentada inteligentemente"
por los alumnos. Y en 1909 se estableció la obligación de memorizar
un "catecismo patritico" que contenía preguntas y respuestas
como las siguientes:
"Maestro - ¿Cuáles son los deberes de un buen ciudadano?
"Alumno - El primero amar a la patria.
"Maestro- ¿Antes que a los padres?
"Alumno- ¡Antes que a todo!"
[10]
Por otra parte, el Consejo Nacional de Educación ordenó encuestas
para investigar los efectos de la música sobre las emociones de
los niños. Las conclusiones de estos encuestadores pioneros fueron
que el himno y las marchas militares son un "potentísimo
generador de amor patrio", ya que según las respuestas de
los niños producían "orgullo de ser patriota", "una
cosa mandada de Dios; mucho respeto", "heroísmo y entusiasmo";
"ganas de reír y llorar al mismo tiempo". Segun los
estudios: "En el soldado el niño ve la encarnación de la
patria (...). Los sonidos ejecutados por una banda militar
llegan al oído del niño como un lenguaje fantástico y fascinador(...)".
Así, racionalmente, estos positivistas buscaron alimentar la irracionalidad
para ponerla al servicio de una causa nacional que estaban inventando.
Como decía el inspector general de música del Consejo:
"El honorable Consejo Nacional de Educación, al inaugurar la
bien meditada serie de medidas tendientes a fortificar en el alma
de los niños argentinos el sentimiento augusto de la Patria, y
a convertir la escuela en el más firme e indiscutible sostén del
ideal nacionalista de nuestra tradición y espléndido pasado, asignó
a la música, en esta magna tarea, el papel importantísimo, y aún
puede decirse decisivo, que ella por su carácter de poética vaguedad
y de intenso emotismo puede ampliamente desempeñar."
[11]
Se estaba instrumentando un adoctrinamiento para exaltar el sentimiento
nacional y patritico. Lo más curioso e interesante es que esta
concepción del patriotismo buscaba no tanto enaltecer la virtud
cívica y forjar un sentido del deber, cuanto generar emociones
artificiales que en un gran número de casos eran fingidas (en
otras palabras, generar un vicio). El inspector general técnico
del Consejo lo explicaba bien (y aprobatoriamente): no hay mérito
alguno en amar al país natal, porque esto es natural; lo que debe
hacerse es exaltar este sentimiento natural al nivel de la pasión,
y para alcanzar este objetivo la escuela debía estar activa desde
la más tierna infancia de cada niño.
En este sentido, el ejemplo de la educación alemana era frecuentemente
mencionado como digno de admiración e imitacin. El inspector técnico
era preciso:
"La Alemania ha sacado gran partido de la enseñanza de la historia
bajo el punto de vista nacional y patritico porque reconoci que
el objetivo principal de la historia era vivificar el sentimiento
nacional y el amor a la patria a fin de obtener su unificación
por medio del cultivo del patriotismo (...). El Estado alemán
se apodera del niño apenas empieza a balbucear y ya no le suelta;
le manda que se eduque, que aprenda los hechos más notables de
su historia, los sacrificios que la patria impone, el respeto
que se debe a la ley y la obligación en que está de defenderla
con su sangre y con su vida."
[12]
Y más aún, sobre el tema de "los héroes de la civilización",
el inspector técnico sostenía que "no hay nada más respetable
que el ejército y la marina de un pueblo (...). El sentimiento
se exalta ante el recuerdo de las proezas de los héroes
que ilustran los fastos de la patria, cubriendo de gloria a la
bandera." Más adelante en el mismo texto, elaborando sobre
la enseñanza de la historia, el inspector sostenía que hay en
ella "tres grandes ciclos": el de los héroes, el de
los Estados y el del mundo. Agregaba:
"(...)En lo tres primeros grados de la escuela común no
debe tener cabida sino el primer ciclo, el de los héroes, y la
enseñanza debe ser dramática y legendaria, con el deliberado propósito
de herir vivamente la imaginacin impresionable del niño (...).
No creemos que la historia universal (tercer ciclo) sea la más
apropiada para la escuela común (...)"
Así, se alimentaban simultáneamente la emotividad (y la irracionalidad)
en asuntos vinculados a la vida pública, a la vez que el autoritarismo
y el militarismo, en un marco de dogmatismo que desalentaba activamente
el pensamiento, ya que del pensamiento verdadero a la crítica
de estos conceptos había un paso muy corto. La inspiración extremista
de este proyecto educativo no hubiera podido ser más clara. Así
lo atestiguan las palabras del inspector técnico cuando citaba
aprobatoriamente al escritor italiano De Amicis, reflexionando
sobre la inevitabilidad del triunfo japonés en la guerra contra
Rusia:
"No podía suceder de otro modo. Por fuerza de espíritu nacional
y por organización militar el Japón era tan superior, que no se
podía dudar del éxito de la lucha. El pueblo japonés no tiene
un ejército, es un ejército. El japonés entra en el ejército cuando
entra en la escuela. El Estado, que le da la enseñanza gratis,
le pone al mismo tiempo en las manos el alfabeto y el fusil. Toda
la educación escolar es patriótica y belicosa. El maestro es el
primer educador militar del niño. Las paredes de la escuela están
cubiertas de inscripciones marciales, de frases heroicas, de recuerdos
gloriosos de la epopeya guerrera de la patria (...). Al
niño se le repite contínuamente que él no pertenece ni al padre
ni a la madre, y que cuando tenga una familia propia no se deberá
considerar nunca como perteneciente a su familia, sino a su país,
que está por encima de todo y al cual se debe (...). País sesudo
ha de ser, en verdad, el que así sabe honrar y enaltecer a los
maestros primarios, porque se sirve adecuadamente de la escuela
como de un instrumento fecundo de gobierno y campo fértil donde
germinan y se desarrollan todos los grandes sentimientos y las
más grandes y sólidas disciplinas. Por eso, allí se recompensa
al general vencedor en Port Arthur, una vez concluída la guerra,
nombrándolo... ¡maestro de escuela! ¡Hermoso ejemplo ofrecido
por la nación del sol levante a los demás pueblos de la tierra!"
[13]
Esta ideología se coronaba con la idea (de clara raíz jacobina)
de transformar al patriotismo en religin. La ley de educacin que
regía desde 1884 era laica y prohibía el dictado de religión en
las escuelas públicas durante las horas de clase. Por añadidura
(así lo señalaron repetidamente varios idelogos) la Argentina
no poseía una religin que fuera privativamente nacional. ¿Porqué
no, entonces, reemplazar a Dios por la Patria en la escuela, y
convertir al patriotismo en culto? Esta noción cobró una enorme
difusión en las primeras dos décadas del siglo XX argentino, para
decaer luego, a medida que el catolicismo ganaba terreno en la
educación pública. De todos los elementos de la "educacin
patriótica" instaurada en 1908, el de la religión del patriotismo
fue el único que experiment un retroceso en las décadas posteriores:
los demás fueron una herencia indeleble. Aún así, muchas características
retóricas de la enseñanza patriótica argentina coinciden, aún
hoy, con la retórica religiosa. No es de extrañar, cuando durante
tantos años se alentó el curioso paralelo. Vaya como ejemplo la
"Oracin de Mayo", publicada por el inspector técnico
en junio de 1910, compárandola explícitamente con el Padre Nuestro:
"San Martín, Moreno, Belgrano, Rivadavia, padres ilustres de
la República Argentina que moráis en las regiones excelsas de
la inmortalidad en la historia; fundadores de la Libertad y de
la Independencia de la Patria, ¡glorificada sea vuestra memoria
por las presentes y futuras generaciones!"
[14]
Claramente, pues, el de la educación patriótica era un proyecto
positivista de ingeniería cultural que buscaba generar una nación
artificial a través de un Estado que era un accidente histórico-político.
Era también un proyecto extremista que, racionalmente, buscaba
generar irracionalidad exaltando sentimientos fanáticos a través
de la enseñanza. La preocupación por una educación para el desarrollo,
tal como había sido concebida por Sarmiento, había desaparecido
por completo. En su lugar, primaba un concepto adoctrinador, dogmático,
autoritario y militarista, que encadenaba el individuo al Estado.
Que esto estuviera en contradicción con las instituciones argentinas
es un hecho del que los mentores de esta perversión cultural no
parecieron percatarse. Un sistema educativo centralizado y en
expansión, con los abundantes recursos presupuestarios de un Estado
cada vez más rico, estaba intentando plasmar una cultura nacional
dogmática y estrecha que era la antítesis de la modernidad requerida
para dotar al país de un desarrollo autosostenido: esta era la
segunda contradicción que afectaba al sistema. Según mi hipótesis,
la estabilidad política se vería afectada por la contradicción
entre cultura (así gestada) e instituciones (creadas en un momento
ideológico previo y muy distinto). A su vez --también hipotéticamente--
los objetivos nacionalistas de la educacin patriótica se verían
frustrados por la contradicción entre una cultura chauvinista,
dogmática y mitmana, y las necesidades funcionales del desarrollo
del poder en el siglo XX, que exige alentar la duda sistemática
para gestar un método de pensamiento científico. Finalmente, no
es de extrañar que, más de veinte años después de la instauración
de estas reformas, el ejército haya usurpado impunemente el gobierno,
por primera vez en la historia de la Argentina organizada. Veintitantos
años de adoctrinamiento en el dogma de que "no hay nada más
respetable que el ejército y la marina de un pueblo" no pasan
en vano. Al menos en parte, el militarismo de la política argentina
parece haber sido una consecuencia de una cultura militarista,
y el militarismo de esa cultura parece a su vez haber sido una
consecuencia de los contenidos educativos, desde los programas
de educación patriótica en adelante. Estas son algunas de las
graves consecuencias posibles de una crisis identitaria, al menos
cuando el Estado intenta resolverla con un programa de "nacionalismo
oficial".
Comparativamente, estos contenidos educativos e intención adoctrinadora
resultan menos extremistas que los vigentes en la Alemania y Japón
de entonces, aunque también más artificiales (ya que el tradicionalismo
alemán y japonés se asentaban en tradiciones milenarias, mientras
que el argentino se basaba en tradiciones improvisadas cuando
no en mitologías inventadas, que hacían una burda caricatura de
la aplicación del modelo del Volksgeist en este país).
Esta artificialidad tendría, según la hipótesis manejada en este
estudio, graves consecuencias para el desarrollo de una actitud
intelectual seria, la duda sistemática y un método de pensamiento
científico, dado que los dogmas de la nacionalidad eran tanto
más burdos y la duda no sólo más peligrosa sino también más pertinente.
Una tradición milenaria siempre es digna de estudio, por primitiva
que sea, y siempre puede ser percibida desde un ángulo que merezca
respeto y cariño local, mientras lo mismo no es cierto de una
tradición inventada por un contemporáneo, como lo fueron en la
Argentina del Centenario el mito del gaucho y el culto de San
Martín. Según mi hipótesis estas cualidades negativas habrían
determinado que estas pseudotradiciones y mitologías --y en general,
la aplicación del modelo de nación del Volksgeist en la
Argentina-- fueran menos funcionales para el progreso material
que en algunos países, como Japón y Alemania, en los que la educación
durante este período tuvo características similares en cuanto
a su tradicionalismo, autoritarismo y militarismo. En este sentido
es importante señalar que en Japn, desde 1880 en adelante, la
dirigencia quería deliberadamente plasmar ciudadanos sumisos pero
funcionales para el desarrollo de un capitalismo moderno y pujante
[15]
.
Respecto de Francia el caso argentino parece haber sido más extremo,
dado que la tradición republicana, fuertemente contractualista,
siempre neutralizó en gran medida el pensamiento de la extrema
derecha francesa (que no era muy diferente del que inspiraba a
la educación primaria argentina, pero que en la época bajo estudio
en este acápite no consiguió dominar la educación primaria pública
francesa). Obsérvese que aunque la idea de una religión del patriotismo
fue originalmente francesa y jacobina, la patria y la nación eran,
en el caso de la Revolución que inspiró esa idea, el producto
de un teórico pacto social, es decir, de una eleccin y no de una
imposicin, elemento que estaba ausente de la versión argentina
de este concepto. Para documentar este punto basta recordar el
texto Patria de Joaquín V. González (ministro del Interior,
ministro de Instruccin Pública y vocal del Consejo Nacional de
Educacin), usado en la primera década del siglo para la enseñanza
primaria argentina, del cual con toda claridad emerge la noción
autoritaria, militarista, antropomórfica e incluso metafísica
de "patria", como "persona" , "organismo
individual y perpetuo" y "alma invisible", "ley
natural ineludible que ata al hombre a la tierra en que nace",
"anterior a toda doctrina, superior a todo interés y más
poderoso que las voluntades", "mvil eterno de heroísmos
individuales y colectivos y la única fuente inextinguible de la
verdadera gloria". Como se ve, se trata del modelo del Volksgeist
en su más pura y nefasta expresión, y la cabal antítesis del contractualismo
francés.
[16]
Respecto de los Estados Unidos, aparte de la ya señalada mayor centralización
del caso argentino, hay diferencias claves vinculadas con el individualismo
norteamericano que hacen mucho menos extremo ese caso cuando se
lo compara con el argentino
[17]
. Por su parte y como ya se dijo, en materia de contenidos
ideológicos de la educación primaria los casos australiano y canadiense
están en el otro extremo de un continuo liberal-autoritario e
individualista-colectivista. Slo los casos alemán y japonés, entre
los conocidos, se perfilan como más extremos que el argentino
antes de la Primera Guerra Mundial, con la importante diferencia,
ya señalada, de que el slido arraigo de las tradiciones celebradas
por el nacionalismo alemán y japonés dotaba a estos de una mayor
seriedad intelectual que es esencial para la calidad de un sistema
educativo (aunque no merme su autoritarismo). En la Argentina
fue necesario mentir burdamente para, concientemente, inventar
mitos que luego no podrían ser cuestionados en las aulas, y así
crear las bases para una cultura que adhierara al modelo de nación
del Volksgeist.
El
período 1914-1930
Con la muerte de José María Ramos Mejía --que aconteció casi simultáneamente
con el inicio de la Primera Guerra Mundial-- el rgano oficial
del Consejo, el Monitor, adoptó un tono más moderado y
técnico, pero esencialmente nada cambió en los contenidos ideológicos
con que los niños argentinos eran adoctrinados. Para empezar,
los programas introducidos en 1909 y oficialmente aprobados en
1910 no cambiaron hasta 1939: esta es la primera evidencia que
presentaré para argumentar que los gobiernos de la Unión Cívica
Radical, que administraron el país entre 1916 y 1930, hicieron
suya la ideología pedagógica instaurada por conservadores positivistas
en 1908. En el período que va desde 1914 hasta 1930 no se agregó
contenido nacionalista y militarista a la enseñanza, pero tampoco
se dió marcha atrás. Es precisamente por ello que tomo como punto
de partida a 1914 (año de la muerte de Ramos Mejía y del comienzo
de la gran guerra) y no a 1916 (año de asuncin del gobierno radical):
aunque el efecto sobre la enseñanza de la muerte del viejo presidente
del Consejo y del comienzo de la guerra europea fue sólo epidérmico,
en realidad fue mayor que el del cambio de gobierno, en lo que
se refiere a los contenidos educativos
[18]
.
El segundo elemento de evidencia que aportaré aquí se vincula con
la enseñanza de la música en las escuelas primarias públicas durante
el período en cuestión. Ante la imposibilidad de describir los
contenidos ideolgicos de las doctrinas pedagógicas del período
en detalle, resulta quizás ilustrativo examinar la siguiente tabla,
que nos presenta el porcentaje de canciones de aprendizaje obligatorio
con contenido "patriótico" o "nacionalizante"
en 1920:
GRADO
PORCENTAJE DE CANCIONES
DE CONTENIDO "PATRIOTICO"
O "NACIONALIZANTE"
[19]
Primer grado inferior
14%
Primer grado superior
33%
Segundo grado
58%
Tercer grado
71%
Cuarto grado
85%
Quinto grado
100%
Sexto grado
93%
El "Himno a la Mañana", extraña y solitaria excepcin a
la tónica "patriótica" de las canciones estipuladas
para sexto grado, quiebra un crescendo por lo demás perfecto.
Está claro, pues, que el espíritu de Ramos Mejía no hubiera podido
tener mayor hegemonía en la enseñanza misma, a seis años de su
muerte y en plena gestión de la Unión Cívica Radical. Independientemente
de las múltiples desavenencias y oposiciones que pudieran existir
entre conservadores y radicales, parece claro que había considerable
consenso en esta perversión educativa. Además, debe subrayarse
que aquí nos encontramos con un crescendo en las canciones
con contenido nacionalizante que eran obligatorias de año en año
de la enseñanza. Este crescendo es una técnica de
adoctrinamiento coincidente con los objetivos del período 1908-1913,
ya que se buscaba exaltar el sentimiento "patriótico".
Si junto con el fanatismo engendrado por medio de este y otros
métodos no se desarrolla el hábito --en apariencia contradictorio
con el fanatismo-- de evaluar las políticas públicas en términos
de costos y beneficios, la exaltacin artificial del sentimiento
"patriótico" redundará, en la práctica, en una reducción
de la racionalidad con que la población así educada encara los
asuntos públicos: esto es lo que, en mi opinin, ocurrió en la
Argentina, y no sólo en el ámbito de la política exterior.
El tercer elemento de prueba que presentaré para demostrar que,
con los radicales en el gobierno, nada sustantivo cambió en cuanto
a la "educación patriótica", es la resolución del Consejo
de noviembre de 1920, estableciendo un juramento obligatorio de
fe nacionalista para los maestros. En sus considerandos la resolución
establecía que:
"El Consejo Nacional de Educación está en la obligación ineludible
de velar para que no se deslicen en la enseñanza gérmenes nocivos,
que pueden producir amargos frutos en el porvenir. Quienes no
estén conformes con la orientación nacionalista que el Consejo
ha dado a la enseñanza, deben tener la lealtad de renunciar al
puesto que desempeñan en el magisterio, para recuperar la libertad
de accin, y no realizar el verdadero abuso de confianza que significa
el hecho de valerse de los elementos y de la autoridad que el
Estado pone en sus manos para socavar sus fundamentos."
El Consejo resolvi entonces que, al comienzo de cada curso escolar,
se celebre en todas las escuelas, junto con la ceremonia de apertura
de curso, un juramento de los maestros, llamado "voto profesional",
según la fórmula:
"Por la Bandera de la Patria: ¿Prometéis conservar para la
niñez argentina la dignidad y la entereza de carácter; guardar
y venerar el tesoro de la historia patria; su tradición
gloriosa; sus símbolos benditos; su espíritu democrático y humanitario;
cuidar que nadie ose profanar, ni aún con el pensamiento,
los fueros de la nacionalidad? (...)."
La resolucin establecía que antes del juramento se debía cantar
el himno; después, un canto a la Bandera, y luego los maestros
debían firmar la frmula jurada en un acta especial. El artículo
4 de la resolución dictaba que: "cualquier infraccin a las
disposiciones de la presente resolución será considerada como
desobediencia voluntaria y manifiesta, y sujeta a las penalidades
correspondientes a faltas graves (artículo 79 del Reglamento)"24.
No extraña entonces que en 1922 Ricardo Rojas, un pensador que era
afiliado a la Unión Cívica Radical y que, no obstante, había sido
uno de los inspiradores de la reforma de "educación patriótica"
instaurada por los conservadores, haya podido jactarse de que
sus viejas ideas eran ahora las de casi toda la nacin. Su libro,
La Restauración Nacionalista, que en 1909 había
señalado el camino de las reformas patrióticas, se había revelado
como fructífera (aunque perversa) semilla (como que se convirti
en un clásico argentino). En el prlogo a la segunda edición de
la obra, Rojas daba por sentado que sus preceptos eran ya parte
integral y quizá permanente de la educación y la cultura argentinas:
"La buena fortuna lograda en doce años por La Restauración
Nacionalista explica por qué hablo de ella con desusada inmodestia;
es que me parece no estar hablando de mí, ni de cosa mía. El mensaje
que ella anunció es hoy divisa de muchas conciencias. Estado
de alma individual, ha tendido a hacerse estado de alma colectiva.
La prensa, la Universidad, la literatura, las artes, la política
argentina sienten ahora la inquietud de los problemas allí planteados.
Los trabajos de renacimiento idealista que proyecté en las 'conclusiones'
del libro han venido realizándose desde 1910, bajo los auspicios
de diversas instituciones sociales."25
El de arriba es el cuarto y último elemento de prueba que voy a
presentar en esta síntesis respecto de la ausencia de cambios
significativos en este ámbito durante la casi década y media de
gobierno de la Unión Cívica Radical. El punto es muy importante,
ya que era el único período en que las cosas podían cambiar: luego
vinieron el golpe de Estado cuasifascista de 1930, la llamada
"década infame" de fraude electoral conservador, el
nuevo golpe de Estado de 1943, y el gobierno de Perón inaugurado
en 1946 como sucesor directo de aquel golpe, en el cual el propio
Perón fue importante protagonista. En la Argentina, durante el
período estudiado (1900‑1950), las rupturas políticas no
produjeron rupturas en lo que hace a los contenidos ideológicos
nacionalistas, autoritarios y militaristas, de claro sello dogmático,
instaurados por los conservadores en 1908
[a]
. Por el contrario, el proyecto cultural conservador de "argentinización"
y "deseuropeizacin" de los hijos de inmigrantes cobró
hegemonía en un sentido cabalmente gramsciano, al punto de que
se convirtió en un sobreentendido que pasó inadvertido como elemento
de consenso (aunque perverso) en una sociedad que, en muchas otras
cosas, estaba profundamente dividida. Desde 1908 en adelante el
objetivo de la enseñanza no fue formar ciudadanos funcionales
para una sociedad moderna, auténticamente democrática y orientada
hacia un continuo progreso material mediante el trabajo y el desarrollo
tecnológico y científico, sino el adoctrinamiento en los dogmas
de la "argentinidad", dogmas que eran, por otra parte,
artificiales y recientemente creados por los mismos propulsores
de la educación patriótica. Así se alimentó el mito del gaucho
("bárbaro semidiós de los tiempos heroicos", en los
términos de uno de los ideólogos de la educacin patriótica) y
el de San Martín (que fue transformado en un superhéroe dotado
de todas las virtudes y ninguno de los defectos que enriquecen
a los hombres de carne y hueso)
[b]
. El único cambio generado por los gobiernos de la Unión Cívica
Radical fue una cuota mayor de libertad de expresión fuera del
aula, que en nada amenazaba a un proyecto de ingeniería cultural
que día a día, año a año, alimentaba y consolidaba una nueva cultura
masiva del patrioterismo más irreflexivo. La irracionalidad, la
reaccin emotiva, la retrica vacua, el dogmatismo, se incentivaban
diariamente desde las aulas en los cuatro puntos cardinales del
país, y se proyectaban del maestro al niño y del niño a la cultura
argentina, curso tras curso, generacin tras generacin, convirtiendo
en tabúes el pensamiento y la duda. Esta es, al menos, la hipótesis
que surge con enorme poder de convicción cuando se estudian las
características de aquella enseñanza argentina, contraponiéndolas
a las características de la vida política de un país al que --por
otra parte-- la cultura universal casi nada debe
[c]
.
El
período 1930-1950: hacia la acentuación del autoritarismo y la
irracionalidad
Quizá no haya mejor manera de introducirnos a este período que citar
la definición de la "orientación moral de la educacin"
del Monitor en su primer número posterior al golpe de Estado
de 1930:
"1-La Escuela Argentina, desde los primeros grados hasta la
Universidad, debe proponerse desarrollar en los argentinos la
convicción fervorosa de que el destino manifiesto de su
nacionalidad consiste en consumar una civilización propia, de
carácter eminentemente democrático, heredera de los valores espirituales
rectificados de la civilización occidental (...). 2-Como consecuencia
(...) la Escuela Argentina se propone contribuir a la formación
de una raza capaz de realizar el destino manifiesto de la nacionalidad
(...). 3-El educador argentino debe contribuir a la formación
de un tipo humano resistente a la fatiga y a la enfermedad, sereno
y pronto al peligro, y apto para el trabajo (...). 4-La Escuela
Argentina debe proponerse educar la personalidad psíquica de nuestro
niño en función del ideal colectivo (...)."26
Este párrafo es de una enorme riqueza, tanto por las típicas confusiones
semánticas en torno de conceptos tales como "democracia"
y "civilización occidental" (que son otras tantas trampas
lingüísticas para dotar al autoritarismo propio del prestigio,
paradójicamente aún vigente en la propia cultura, de conceptos
provenientes de otras ideologías) como por la referencia explícita
al destino manifiesto de la Argentina y al "ideal colectivo".
Particularmente, el ideal colectivo es interesante, ya que desde
1908 uno de los objetivos básicos siempre proclamados por los
educadores, aunque no documentados en esta síntesis por falta
de espacio, había sido la creacin de una cultura nacional integral,
sin fisuras ni pluralidades. Las referencias a un ideal colectivo
de la argentinidad son continuas, aunque este ideal está definido
de la manera más difusa y es básicamente el producto del capricho
o de las expresiones de deseos de los ideólogos que sobre él escribían,
más que un ideal que pudiera verificarse empíricamente en la cultura
argentina. Esta tendencia, presente desde Ramos Mejía, se acentuó
en la nueva etapa. El 30 de abril de 1932, por ejemplo, el general
Justo, elegido presidente por la exclusión del partido mayoritario
(que rehusó participar debido al fraude electoral), proclamaba
que el argentino debía poseer "un ideal colectivo y una sola
alma", y para esto proponía usar la escuela, lo que no era
nuevo27.
Por otra parte, también en esta década de 1930 comenz a usarse el
aula para fines políticos más pequeños, lo que entrañaba otra
agudización de las tendencias preexistentes. Una cosa era usar
la escuela para crear un "ideal colectivo" que nadie
podía definir más allá de una rétorica chauvinista esencialmente
vacua. Otra cosa, bastante diferente, era usar el aula para vender
un bono que el gobierno nacional había emitido bajo el nombre
de "Empréstito Patriótico", como ordenó el inspector
general técnico del Consejo en mayo de 193228.
Posteriormente, a partir del golpe de Estado de 1943, y particularmente
a partir de la asunción por Perón de la presidencia en 1946, este
tipo de uso político del aula, con fines ya no "metapolíticos"
sino claramente partidistas, se convertiría en cotidiano. El parentesco
de la conservadora década de 1930 con el peronismo por venir se
observa con aún mayor claridad, por otra parte, cuando consideramos
los ejercicios escolares sugeridos por el inspector técnico en
junio de 1932 para hacer la propaganda del Empréstito Patritico.
Uno de los temas de clase era: "El patriotismo de los hombres
de 1810 nos di la libertad política; el de los hombres de 1932
nos dará la libertad económica, sin la cual no se sostendrá aquélla"29.
El slogan peronista de la "independencia econmica" (presuntamente
gestada por Perón) tuvo pues un antecedente en la propaganda política
propalada en las aulas durante el gobierno de Justo, quince años
antes.
Simultáneamente la Iglesia Católica ganaba posiciones y la administracin
escolar se convirti en su aliada. Durante la década de 1930 aún
no se animaron a cambiar la ley laica de 1884, pero en su lugar
optaron por facilitar el dictado de enseñanza católica fuera del
horario de clases, e introducir a los sacerdotes en la escuela
con el ardid de hacerlos bendecir la bandera, cosa que no estaba
explícitamente prohibida por la ley. En 1943 la Ley 1420 fue derogada
y un decreto estableció la enseñanza católica como obligatoria
para todos aquellos niños cuyos padres no se opusieran expresamente.
Esta situación se prolongó durante la mayor parte del gobierno
de Perón. La noción de una religión del patriotismo ya había sido
reemplazada por una gradual infiltración del catolicismo en la
enseñanza pública.
No obstante, el fomento de la irracionalidad en las actitudes políticas
se acrecentó. Una doctrina pedagógica de gran influencia en el
Consejo en la década de 1930 era la que llevaba el lema "La
Escuela Argentina para la Vida Exaltando el Sentimiento"
(así, con mayúsculas). Constaba de ejercicios didácticos por los
que se enseñaba historia, geografía, música, aritmética y hasta
el sistema métrico decimal a medida que las niñas cortaban y cosían
una bandera, y los niños hacían la driza y el asta de madera.
Lo mismo se hacía con escarapelas que eran luego repartidas en
solemnes actos comunitarios. El trabajo era matizado por canciones
patrióticas30.
El autor de estos métodos fue un vocal del Consejo, José A. Quirno
Costa. Y discípulo de este técnico del adoctrinamiento nacionalista
fue José C. Astolfi, un educador de gran influencia en generaciones
enteras de educandos a través de sus numerosos textos de difusin
masiva. Su ideología es instructiva. Como reacción a la "decadencia
de Occidente", Astolfi proponía la "Mística":
"Mística, del griego mystis, es el reconocimiento de
la limitacin humana para resolver el Misterio (...). La
mística de la enseñanza se conjuga con la mística del nacionalismo,
sentimiento que no es nuevo ni exótico entre nosotros (...). Esta
mística del nacionalismo debe encenderse en la escuela. Somos
un país de aluvión (...). Pese a la admirable fuerza de asimilacin
de nuestro medio, ciertos núcleos extranjeros se resisten a disolverse
en la masa común; semejante oposicin engendra un innegable peligro.
Se ha creado una nueva técnica de conquista. Antes los pueblos
conquistadores aparecían con su flota y sus ejércitos en las playas
o en las fronteras de los países codiciados, y procuraban dominarlos
en campo abierto. Ahora se aplican métodos de refinada penetración
psicológica: se ensanchan pacientemente las grietas del conjunto
social, se enconan los ánimos, se exacerban los antagonismos,
se avivan viejas reivindicaciones y agravios dormidos, se despierta
la concuspicencia de los egoístas y el apetito de los ambiciosos,
se siembra por doquier la desorientación, la confusión y el desánimo,
y cuando el edificio está carcomido hasta los cimientos, basta
un solo envión prepotente para derrumbarlo con estrepitosa instantaneidad.
Dios quiera que nunca el ejército se vea en la necesidad de defender
nuestro suelo mediante una campaña militar, pero el magisterio
debe desde ya ocupar su lugar para luchar contra esa otra campaña
preparatoria porque a él le incumbe primordialmente esa tarea.
El patriotismo ha sido una manifestación amable, celebrada con
espíritu cordial: un tremolar de banderas, un entonar de himnos,
un desfilar jubiloso de niños, de soldados y de ciudadanos; hoy
es un imperativo categórico; una obra indeclinable de preservación
nacional."31
Este párrafo de Astolfi es muy esclarecedor. Pocos años más tarde
Perón crearía una nueva mística, centrada en su "movimiento"
y persona. La idea ya estaba en el aire. La mística peronista
no sería exótica para los argentinos. Por otra parte, el grado
de paranoia de esta prosa es una anticipación de la "doctrina
de seguridad nacional", presuntamente impuesta por el Pentágono
a América latina tres décadas más tarde. Todo es peligroso y responde
a un enemigo sin identificar, incluyendo la ambición y la concupiscencia.
Frente a tales peligros, las fuerzas armadas se presentarían otra
vez como salvadoras de la patria.
El militarismo, pues, también se acentuaría durante la década de
1930, lo que era inevitable en un período conservador de fraude
electoral que es una suerte de "sandwich" entre dos
golpes de Estado. Octavio S. Pico, presidente del Consejo en 1932,
ilustra ese reforzado militarismo:
"Dejando de lado los conocimientos técnicos elementales necesarios
para la vida de relación, hay que destacar como conceptos fundamentales
para la formación del alma y el carácter pueriles, las ideas morales
elevadas, el estudio de la Historia patria y de la Constitución,
y esos ejercicios viriles que la ley define como `ejercicios y
evoluciones militares más sencillos'. Vemos así que la escuela
argentina tiene por fin primordial formar ciudadanos argentinos,
entendiéndose por tales aquellos que están penetrados de nuestra
historia y de nuestras tradiciones que son alto y puro ejemplo
de carácter, de firmeza y de virilidad no superado por ningún
pueblo de la tierra. Esta historia y estas tradiciones deben ser
defendidas a toda costa por el ciudadano argentino, y es por eso
que el legislador ha dispuesto la iniciación de la práctica de
aquellas disciplinas dando así cumplimiento al precepto constitucional
que dice que todo ciudadano argentino está obligado a armarse
en defensa de la patria y de esta Constitución... El maestro,
cumpliendo la ley y sus reglamentos, realiza su tarea. Toda su
vida, tanto pública como privada, debe subordinarse a ella. El
ejemplo que da, sea bueno o malo, ha de fructificar para el bien
o para el mal en el tierno corazón del niño. Las palabras que
se pronuncian delante de ellos son irreparables porque se graban
definitivamente en sus cerebros vírgenes. Debe entonces el maestro
guardar oculto todo pensamiento escéptico o irónico, desengañado
o agrio, toda doctrina que pueda originar sentimientos de envidia,
rencor, odio o rivalidad. Un verdadero secreto profesional se
le impone; violarlo es crimen de lesa humanidad (...)."32
El maestro, pues, era concebido como parte de un orden cuasimilitar
del que el niño era el último eslabón. Indudablemente la violación
sistemática de la Constitución por parte de esa misma clase dirigente
que recurría al fraude y la proscripción para ganar elecciones
era parte del "secreto profesional" que se imponía al
maestro: la hipocresía era ley. A su vez la paranoia política
alcanzaba niveles histéricos: su análisis con visin retrospectiva
hace sospechar que, quizás, el miedo a la subversión fuese más
una excusa para apelar a un autoritarismo vocacional, que el autoritarismo
verdadero producto del miedo.
Por otra parte, la vieja obsesión "argentinizante" continuaba.
En noviembre de 1932, el ministro de Instrucción Pública decía:
"En un país viejo, de largas tradiciones y firmes costumbres,
es la familia quien forma, sin proponérselo deliberadamente, la
conciencia infantil (...). Nosotros, con una vida independiente
que apenas sobrepasa un siglo y que en menos de ese tiempo hemos
duplicado la poblacin con la concurrencia extranjera, con hogares
de origen, costumbres, ideas y sentimientos heterogéneos, no podemos
aún confiar principalmente en la familia esa intensa y noble tarea
de formación. Aquí, el baluarte nacionalista tiene que ser, inevitablemente,
la escuela. Debe ser ella la creadora en el alma de los niños
extranjeros (...) y en la de los hijos y nietos (de extranjeros),
de un nítido y firme sentimiento nacional. La escuela, entre nosotros,
debe forjar alrededor de los niños una atmósfera nacional que
sustituya la atmosfera europea reinante en muchos hogares nuestros
(...)."33
Esta idea del ministro Iriondo es una descripción precisa de lo
que el proyecto positivista de ingeniería cultural se había propuesto:
además de engendrar fanatismos, buscó deseuropeizar a la Argentina;
sustituir la "atmósfera europea" por una atmósfera telúrica
imperfectamente definida, cuya capacidad para crear o recrear
una civilización dinámica capaz de competir en el mundo contemporáneo
era totalmente incierta. Como ya se dijo, la civilización propia
que se proponía crear carecía de contenido, y el adoctrinamiento
se concentraba entonces en hipnotizar con símbolos patrios y marchas
guerreras, sembrando el autoritarismo y el militarismo, desalentando
el verdadero pensamiento y privando de creatividad a la cultura.
En mi opinión, el proyecto tuvo éxito en tanto logró engendrar
algo "distinto" (hacia la década de 1930 ya estaba en
plena gestación), pero ese algo fue, desde casi todo punto de
vista, inferior a la cultura europea que en parte reemplazaba:
menos dinámico, menos creativo y más corrupto. Se mantuvieron,
sin embargo, las formas externas de la civilización europea, rasgo
que se acentuaría y se exacerbaría, al punto que, en apariencia,
los argentinos llegaron a ser más europeos que los europeos: apariencia
falaz, forma sin contenido, trampa mortal. Para colmo, la necesidad
de diferenciar un "carácter nacional" inventado del
resto de América latina dió una impronta racista a la cultura
argentina. El país se defini como "abrumadoramente blanco
y europeo" (mito que ignoraba los masivos contingentes de
mestizos del Interior del país). La cultura argentina resultó
exitosamente deseuropeizada a la vez que los argentinos se obsesionaban
cada vez más por identificarse como una colectividad europea diferenciada
de las demás: casi como si compartiéramos una frontera con Francia.
Y esa mayoría de argentinos que desciende de inmigrantes terminó
siendo un grupo humano étnicamente europeo sin mentalidad europea,
no obstante lo cual sus códigos sociales, costumbres, modales
y formas de vestir serían una imitacin servil de lo qintaesencialmente
europeo (y preferiblemente aristocrático). A los yanquis y los
australianos se los miraría con desprecio: rudas sociedades de
frontera, no eran suficientemente europeas.
Muchas de estas tendencias se agudizaron, sucesivamente, en 1943
y en 1946. Esto fue más notorio quizás en el caso del autoritarismo
que se venía incubando desde 1908. El gobierno militar inaugurado
en 1943 dejó cesantes a 32 maestros por "actividades contrarias
a la nacionalidad" y a 22 por "inmoralidad", sobre
un total de 115 cesantías34.
A su vez, el primer interventor del Consejo del gobierno peronista
pontificaba a fines de 1946:
"(...)La escuela no es comité político ni ateneo para
discursos o lecciones huecas... Es templo de la Patria, y en sus
altares no puede rendirse otro culto que al trabajo, a los próceres
y al niño. Quien persiga otros fines (...) que abandone las aulas
y busque en otros ámbitos --que no sean los sagrados recintos
de la escuela-- campos propicios, si es que los halla, para su
prédica. En este empeño, porque el maestro sea digno de su elevada
como responsable misión, nuestro cuidado será extremado. Avaloramos
ciertamente al sabio, pero preferimos al virtuoso, porque la escuela
primaria no tiene necesidad de eruditos, pero sí de quienes alientan
el verdadero sentimiento de argentinidad y guardan las estrictas
normas de conducta que ese sentir impone. (...) Y exigimos lealtad,
porque mal puede ser digno y probo quien arteramente se acoja
a los beneficios de una función de confianza que el Estado jerarquiza,
para combatirlo en su propia casa."35
Y a medida que avanz el régimen peronista, esta dimensin autoritaria
de la escuela y de otros ámbitos se acentuó cada vez más. El 21
de marzo de 1950, por ejemplo, Eva Pern discurseaba:
"Yo me uno al deseo del compañero Perezzolo de que las reparticiones
oficiales deben purificarse para que aquellos que no sienten la
hora argentina o que permanezcan indiferentes a la hora extraordinaria
en que vivimos y que no comprenden que el general Perón está quemando
su vida y sus horas en aras de un ideal por la grandeza del pueblo
argentino, dejen su lugar para los argentinos de bien, para los
argentinos que tengan el corazón puro y que conserven los valores
espirituales como los ha conservado la clase trabajadora del país.
Pido a los trabajadores que denuncien a los antiperonistas, porque
son vendepatrias, y también les pido a los funcionarios que tomen
medidas, porque si no creeremos que ellos también son vendepatrias.
(...) El que no se siente peronista no puede sentirse argentino."36
Y el mismo mes del mismo año, el ministro de Educación de Perón,
Oscar Ivanissevich, complementaba filosóficamente el discurso
de la Primera Dama:
"A menudo se dice: yo quiero ser libre. Para esto no hay más
que dirigirse hacia adentro, hacia uno mismo, porque la libertad
no consiste efectivamente en dominar a los demás sino en dominarse
a uno mismo. Ser libre no es hacer lo que nos gusta. Ser libre
es poder hacer lo que no nos gusta."37
Simultáneamente con el autoritarismo se acentuaba la falta de seriedad
y la dimensión farsesca que acercaban cada vez más a la política
argentina a la de una típica republiqueta. Cierta falta de seriedad
ya había comenzado a gestarse muy tempranamente, cuando en los
tiempos de Ramos Mejía un ideólogo influyente como Carlos Octavio
Bunge proponía, palabras más o menos, inventar historias (que
él llamaba "ficciones poéticas") para suplir la ausencia
de leyendas de largo arraigo en este país nuevo. La idolatrización
de San Martín y del gaucho fueron algunas de las secuelas de esta
doctrina. A ellas se sumaron los mitos territoriales que traté
al comienzo de este libro. Súbitamente, con la incorporación retótica
de la "Antártida Argentina" al territorio nacional, la superficie
argentina registrada en los textos de geografía aumentó en más
de un millón de kilómetros cuadrados durante la década de 1940.
Esta mitomanía culminaría con la atribución de la Antártida a
España en tiempos coloniales: en la enseñanza argentina se podía
y aún se puede inventar impunemente, siempre que el invento sea
percibido como funcional a los objetivos de este ingenuo nacionalismo.
Sería imposible documentar aquí las muchas dimensiones de este
fenómeno que equivale a la desvalorizacin de todo criterio de
verdad y de lo auténticamente intelectual; se presentó en muchas
formas y de diversos colores. Durante el gobierno de Perón se
llegó a divulgar oficialmente la novedad de que la Argentina controlaba
la reacción termonuclear, gracias al "sabio" Richter,
un científico nazi importado por Perón
[d]
. Y en el campo de la educacin este género de actitud puede
ilustrarse con las palabras que el mismo Perón dirigió al magisterio
el 19 de septiembre de 1947:
"Hemos estructurado una nueva planificación, que probablemente
llevará a nuevos métodos pedagógicos en la enseñanza de la República
Argentina. Yo solamente les pido que se preocupen ustedes de crear
esos nuevos métodos pedagógicos, porque a los argentinos hay que
enseñarles con un método argentino. No hay necesidad de recurrir
a Pestalozzi ni a ninguno de los otros grandes pedagogos."38
De esta manera el general sentaba las bases para aquella autóctona
revolución en los métodos pedagógicos argentinos que suplantaría
a "Mamá me ama" por "Evita me ama" en los
textos de lectura más elementales. La gran máquina de adoctrinamiento
creada por Ramos Mejía sobrevivía intacta y podía incorporar cualquier
contenido compatible con el autoritarismo originario. Lo que es
más, la cultura dogmática y autoritaria generada por esa máquina
era enteramente compatible con estas innovaciones. Además, la
obsecuencia, ese admirable complemento funcional del autoritarismo,
operaba para desencadenar reacciones inmediatas a esta demanda
de Perón. El 9 de diciembre de 1947 una resolución del Consejo
establecía que los inspectores y visitadores del Interior y los
inspectores de la Capital debían reunirse para recibir directivas
que luego deberían transmitir al magisterio de todo el país, sobre
la aplicación del Plan Quinquenal a la educación. El primer tema
a tratarse decía:
"Los cuatro grandes principios del Presidente de la República
General Don Juan Domingo Perón para organizar la educacin (son):
I Objetividad; II Simplicidad; III Perfectividad; IV Estabilidad.
Aplicacin de estos principios a la Escuela Primaria. El objetivo
de la misma. La formación del hombre argentino. Preparacin e Instruccin
y Configuracin o Desenvolvimiento."39
Los funcionarios, pues, rápidamente recogieron la sugerencia de
Perón y lo transformaron en el Primer Pedagogo, que reemplazaba
a Pestalozzi.
Más que cambios y rupturas radicales, pues, lo que se observa cuando
se estudia la evolución de las doctrinas pedagógicas argentinas
a lo largo de la primera mitad del siglo XX es una asombrosa continuidad
que se conjuga con cambios evolutivos que acentúan tendencias
ya perfiladas. Fue como una enorme bola de nieve que rueda por
la ladera nevada de una montaña: por momentos crece y por momentos
permanece estable, pero sus dimensiones nunca disminuyen. Estas
tendencias doctrinarias fueron, en alguna medida, paralelas a
otras tendencias identificables en la evolucin de la vida política
del país y del comportamiento político de los argentinos. Cuando
el chauvinismo y el autoritarismo de la doctrina pedagógica se
traduce en un reglamento que establece que todo maestro que no
comparta la "fe nacionalista" debe renunciar, como ocurrió,
con variantes, desde 1908, estamos frente a un hecho que no solamente
refleja la intención de adoctrinar, sino también, en algún grado,
la legitimidad cultural y política de esa intención. Este es particularmente
el caso cuando se recuerda que, durante décadas, casi nadie objetó
ni los reglamentos ni los mecanismos de represin. Por el contrario,
como ya se dijo, la ideología que inspiraba a ambos, que fue creada
por conservadores, fue adoptada casi inadvertidamente por radicales,
militares y peronistas. De tan sobreentendida nadie se percataba
de que representaba un cierto consenso en una Argentina que estaba
dividida en casi todo lo demás: era y en alguna medida es como
el blanco de los ojos que todos los seres humanos compartimos
sin darnos cuenta.
Naturalmente que hacia fines del sub-período estudiado, se produjeron
importantes excepciones a la regla de la ausencia de objeciones:
algunos de los aspectos más exagerados de la educación peronista
generaron fuertes rechazos que hasta ese entonces no se habían
registrado. Pero el derrocamiento de Pern, que elimin esas exageraciones,
restableció la mayor parte de los postulados de la "educacin
patriótica" en su estado puro: elimin las peculiaridades
del peronismo en la educación, pero rescató los contenidos y métodos
que habían coadyuvado a hacer posible el surgimiento del peronismo
y frente a los cuales éste no era ruptura sino culminación. Se
extirpó el personalismo, pero permaneció la intención adoctrinadora
generadora de fanatismos, la reprobacin del pluralismo (contrario
al "ideal colectivo" y a la "cultura nacional
integral" constantemente preconizados por la educación patriótica)
y una visión exaltada y poco realista de la Argentina, su poder,
"grandeza" y gloria. En verdad, lo que más sorprende
de los resultados de esta indagacin sobre el contenido nacionalista
y autoritario de las doctrinas pedagógicas primarias es una continuidad
que va mucho más allá de la doctrina y que representa la identidad
misma (artificialmente generada en pocas décadas) de ese Estado-nación
que es la Argentina.
Un ejemplo de esta "continuidad con ritmo de crescendo"
que está directamente relacionado con la "cultura exterior"
de los argentinos es el de los reglamentos (frecuentes en otros
países latinoamericanos) que estipulan que los mapas escolares
(incluyendo los publicados en textos) deben recibir el imprimatur
del Instituto Geográfico Militar. Esta reglamentación, que data
de la década de 193040,
gracias a la cual se garantiza que los mapas del territorio argentino
estudiados por los niños argentinos incluirán las islas Malvinas,
Georgias del Sur, Sandwich del Sur y la "Antártida Argentina"
(es decir, todo el territorio imaginario), está claramente asociada
al adoctrinamiento irredentista y a su funcionalidad para los
intereses corporativos de los militares. Vino de antes de Perón,
se agudizó con éste, se proyectó mucho más allá de él, y continúa
vigente en el presente.
De la misma manera, durante el gobierno de Perón encontramos en
la educación primaria un activo adoctrinamiento respecto del carácter
virtuoso, altruísta y pacifista que, desde siempre, se atribuyó
a la política exterior argentina. Las instrucciones a los maestros
hablaban de "nuestra tradición de pueblo generoso, sin resentimientos
ni agravios, amigo de la paz, sensible a las afinidades de otros
pueblos, movido por sentimientos de verdadera fraternidad, celoso
de su dignidad nacional, fuertemente amante de la justicia y firme
guardián de todos estos atributos que lo definen con fisonomía
y carácter propios". Estas palabras habrían podido ser escritas
por Ramos Mejía, como habrían podido escribirse también en la
década de 1980: desde este punto de vista nada había cambiado
y nada cambiaría en la educacin argentina. Como en los tiempos
ya lejanos, de fines del siglo XIX, en los que se acuñó el slogan
"la victoria no da derechos" (inmediatamente después
de la anexión de importantes territorios paraguayos conquistados
en guerra genocida), el niño de la época de Perón debía "aprender
e ir guardando como tesoro de su intimidad que sus padres y abuelos
lucharon con las armas, pero jamás para avasallar".
El maestro, a su vez, debía estar "persuadido de que su patria
posee un linaje de origen, de historia, de conducta, de entidad
internacional que le ha permitido permanecer inamovible en un
mismo estado de grandeza y de respeto desde sus días iniciales
hasta los que vivimos", y debía "desbaratar"
frente a sí mismo y sus alumnos "cualquier tentativa de extrañas
ideologías, de renunciamientos o de olvidos"41. Este dogma adquirió una hegemonía
tal que, hasta la guerra de las Malvinas, su cuestionamiento era
tabú no sólo en el aula de la escuela elemental sino también para
los académicos. Trabajos presuntamente científicos avalaban estas
ingenuas ideas, y el académico que osara cuestionarlas era acusado
de traición42.
Las "constantes" de la política exterior argentina elaboradas
por académicos de mucho prestigio en el país eran una recitación
acrítica del dogma43.
Así, una vez más, se registró una clara continuidad entre el pasado
preperonista, el gobierno de Perón y el futuro de la guerra de
las Malvinas. En este caso particular (de un dogma tan funcional
para el irredentismo), la proyeccin del adoctrinamiento escolar
a la cultura política parece razonablemente demostrada, debido
al vínculo directo entre dogma escolar y cultura académica y "científica".
Una vez más se reitera la falta de seriedad intelectual que caracterizaría
a la vida argentina, y la ausencia de criterios de "verdad".
Algunas
críticas contemporáneas a la "educación patriótica"
Un resumen de las doctrinas pedagógicas del viejo Consejo Nacional
de Educacin (que según la hipótesis aquí barajada tanto incidieron
en la gestación de una cultura política autoritaria y de un nacionalismo
megalómano que perdió contacto con la realidad) sería incompleto
si no se hiciera mencin de algunas de las escasas críticas a la
educación patriótica toleradas en el seno del mismísimo Monitor.
Estas críticas, que fueron marginales en el contexto político
de la época y que de nada sirvieron para alterar el rumbo tomado
por la educación primaria en la Argentina, son relevantes para
mostrar que, a pesar del tiempo transcurrido, nuestra percepción
actual respecto de aquellas doctrinas podría ser compartida por
hombres cultos, sensatos y sensibles que fueron contemporáneos
a las doctrinas estudiadas.
Me limitaré aquí a dos ejemplos de tales críticas, uno de los tiempos
de las reformas de Ramos Mejía, y el segundo de la década de 1930.
El primero es de la pluma del poeta Enrique Banchs, y se sitúa
en el contexto de las canciones escolares. El tema era apropiado
para tal autor por su calidad de poeta, pero él aprovechó la ocasión
para desarrollar una crítica que va mucho más allá de la letra
de estas canciones:
"¿Cuáles son los pensamientos de las canciones escolares argentinas?
La mayoría son patrióticas. El patriotismo es una cosa buena porque
es un ideal para el mayor número de las gentes. Pero tiene, como
el carbn, diferentes formas. En nuestras canciones predomina el
patriotismo hinchado y falso de los diarios parroquiales. Ha franqueado
la frontera que separa lo sublime de lo rídiculo. (...) La alevosa
puntería patriótica-literaria que engendra esas canciones se decide
comúnmente por San Martín y Belgrano. Esos son nombres que no
debieran salir de los textos de historia (...). Los niños carecen
en absoluto de la noción de proporciones en la historia. Se les
impone, pues, una bonita lección de falsedad al presentarles a
esos agentes de la Independencia con perfiles inusitadamente colosales,
magnos hasta la insensatez. Sin embargo, fueron humanos y no hicieron
más que cumplir con su deber. Tal vez infiltrando al niño la noción
de que esos hombres cumplieron con su deber e hicieron cosas inspiradas
en el razonamiento y no en el delirio, se sentirá capaz de hacer
lo que ellos en parecidas circunstancias. Mientras representen
para la mente infantil hinchazones de genio, de divinidad, de
infinito, son modelos inmorales, porque su vida no se ofrece a
la imitación. Ni siquiera pueden ser amados (...). La literatura
histórica cuando se hace con criterio fomentador del prodigio
y de lo heroico, tiene para el niño el peligro de que obsesionado
por la brillantez del pasado no salga de su círculo, y desdeñe
el tiempo presente por vulgar y bajo, indigno de que se le consagre
ningún esfuerzo (...). Más vale que los niños sepan que todas
las épocas son de una identidad abrumadora; que la vulgaridad
es el patrimonio de todas las edades humanas (...)."
"La cancin escolar actual en lo que significa parte principal
de la enseñanza tiende, como flecha al hito, a concretar en el
ánimo de los niños la idea de que ser argentino es un privilegio
excepcional, una ejecutoria de nobleza. El honor de nacer en territorio
argentino es una suerte compartida con numerosas familias de insectos.
Nuestros antepasados hicieron algunas cosas notables, por ejemplo
ganar batallas. Venere el niño las glorias pasadas pero no se
las atribuya. Ninguna parte tuvo él en esos hechos."44
Esta bella pieza demuestra claramente que, aún en los tiempos del
Centenario, en plena conjuncin de riqueza agroexportadora y aluvión
inmigratorio, era posible conservar el sentido de las proporciones
respecto de ambos el "peligro" de desnacionalización
y la "grandeza" argentina. La propuesta de Banchs era
justo lo contrario del proyecto militarizante de Ramos Mejía.
Todos los programas de Instrucción Cívica y de Historia se proponían
el objetivo de (más que enseñar) obligar a los niños a
amar a la patria o a fingir ese amor. Esto no podía sino desesperar
a un poeta, y es por eso que concluyó proponiendo, para los varones
de los grados primarios superiores, "trabajar en el sentido
de intensificar el amor a la naturaleza y el optimismo en la vida".
Como sabemos, sin embargo, no fue su actitud la que prevaleció,
sino la de (entre tantos otros ejemplos), el vocal del Consejo
y rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, Enrique de Vedia,
que exhortaba:
"Formemos (...) con cada niño de edad escolar un idólatra frenético
de la República Argentina, enseñándole --porque es cierto-- que
ningún país de la tierra tiene en su historia timbres más altos,
ni afanes más altruistas, ni instituciones más liberales, ni cultos
más sanos, ni actuación más generosa, ni porvenir más esplendoroso.
Lleguemos en este camino a todos los excesos, sin temores ni pusilanimidades
(...)".45
El extremismo del proyecto de ingeniería cultural de "educación
patriótica" está claro, pues, tanto cuando analizamos la
prosa de sus inspiradores como cuando estudiamos la de sus (escasos)
críticos. Ese extremismo no es la errnea percepcin de quien lo
estudia desde el nuevo fin de siglo y con una perspectiva valorativa
"globalizada", sino calificación válida para cualquiera
que crea en la democracia, la cooperación internacional y la racionalidad
en la vida política. Idénticas conclusiones surgen cuando se lee
la crítica a la educacin argentina esbozada por el historiador
Enrique de Gandía, más de dos décadas después de la de Banchs:
"Desde el año 1810 comienza una historia catastrófica, episódica,
guerrera y patriotera, en la cual no hay más (que) batallas y
triunfos de las armas nacionales en contra de los españoles, a
quienes se presenta como sanguinarios y sobre los cuales se trata
de echar una sombra de ridículo. Del hecho de armas más insignificante
se da el número de todos los soldados que intervinieron en él,
de muertos, de heridos, de prisioneros y de fusiles tomados al
enemigo con una minuciosidad inútil. A los actores de la independencia
se los presenta como seres gloriosos ante los cuales la humanidad
nada significa. (...) En vez de hacer la historia de la civilización
y el progreso humano, imponiendo una nueva orientacin en la enseñanza
de la historia nacional, se insiste en la repetición de los errores
antiguos y de los conceptos adversos a todo lo extranjero, cuyo
aporte, en cambio, debería ser avalorado en todos sus grandes
méritos, pues sin él comenzaría por no existir nuestra patria,
cuyo progreso lo debe en primer lugar a las masas inmigrantes
que llegan a sus playas y que por una cruel ironía del destino
hasta ahora no han recibido más que la ingratitud de sus hijos
nacidos en las tierras que ellos hicieron aptas para la civilización."46
La de Enrique de Gandía fue la única crítica fuerte a la "educación
patriótica" publicada por el Monitor durante la década
de 1930. Más tarde, en la década de 1940, el Monitor ya
no toleró tales críticas. No es de extrañar, dada la filosofía
que oficialmente y sin tapujos inspiraba a la educacin argentina:
tal como lo dijera aprobatoriamente y con admirable precisión
el ministro de Educación peronista Oscar Ivanissevich, en la Argentina
el concepto mismo de "libertad" se había transformado,
y según la definición del régimen justicialista significaba "poder
hacer lo que no nos gusta".
Una
evaluación de los datos recopilados
La hipótesis de que el sistema educativo argentino ha alimentado
el autoritarismo, el militarismo, el chauvinismo, la falta de
seriedad intelectual y la emotividad (o la irracionalidad) frente
a lo político parece más firme que cuando se comenzó con esta
línea de investigaciones. Parece probable, por ejemplo, que la
irracionalidad del apoyo casi unánime a la guerra de las Malvinas
haya sido posibilitada, al menos en parte, por los contenidos
educativos que hemos descripto. No se puede demostrar un vínculo
causal directo entre estas variables (salvo en casos específicos
muy acotados) pero una hipótesis respecto del fuerte condicionamiento
que, sobre el proceso político y las políticas exteriores, habría
ejercido una cultura política alimentada por tales contenidos,
parece muy razonable.
En este sentido, se tiene la impresión de que la irracionalidad
de la vida política argentina fue en aumento durante la mayor
parte del siglo. Hacer la guerra para recuperar las Malvinas,
por ejemplo, habría sido inimaginable en períodos anteriores al
del gobierno militar de 1976‑83. Igualmente habría sido
la elección de un presidente que oculta sus planes de gobierno.
Por otra parte, el autoritarismo también parece haber aumentado
hasta 1983: el autoritarismo se presentó por oleadas y su incremento
no fue constante, pero da la impresión de que esas oleadas fueron
progresivamente peores, y el terrorismo de Estado y los asesinatos
de la década de 1970 no tuvieron precedentes, por su magnitud,
en la historia de la Argentina organizada. Tampoco aquí puede
demostrarse un vínculo causal directo con el adoctrinamiento que
estudiamos, pero sería difícil desmentir la hipótesis de que,
quizás, ese adoctrinamiento haya facilitado la gestacin de los
fenmenos políticos mencionados.
Un elemento muy importante de los contenidos ideológicos de la educación
primaria argentina durante todo el período estudiado, que no he
documentado por falta de espacio, es la deslegitimización del
lucro personal, considerado innoble. Según los pedagogos del Consejo,
debía forjarse un ciudadano que trabajase no por su interés personal
sino por la patria; posteriormente, fue por Dios y por la patria
[e]
. Aparte de su probable impacto sobre la cultura económica
de los argentinos (que no nos corresponde tratar aquí) es posible
que este adoctrinamiento haya contribuido a desechar los cálculos
de costos-beneficios materiales en el diseño de las políticas
exteriores, las que, según la expresión de Miguel Angel Cárcano,
debían definir "el espíritu de un pueblo".
Por otra parte, el contraste entre las doctrinas pedagógicas identificadas
en la enseñanza primaria argentina y la filosofía que inspir a
la educacin norteamericana es notable, y no solamente por la cuestión
de la legitimidad del lucro bien habido. En la Argentina siempre
se buscó eliminar pluralidades, crear una "masa uniforme"
y engendrar un "ideal colectivo". Esta intención
está clara desde las reformas de Ramos Mejía en 1908, hasta la
ideología peronista y su pretensión "movimientista"
y hegemónica, que represent un crescendo frente al colectivismo
anterior. Ralph Waldo Emerson, en cambio, describía su intencin
pedagógica, bastante prototípica de la ideología hegemónica en
los Estados Unidos, de la siguiente manera:
"Masses are rude, lame, unmade, pernicious in their
demands, and need not be flattered, but schooled. I wish not to
concede anything to them, but to tame, drill, divide, and break
them up, and draw individuals out of them!"
[f]
El caso es interesante porque también los Estados Unidos enfrentaron
el problema de una inmigración masiva, no obstante lo cual su
política educativa frente al fenómeno fue (como ya se dijo) cualitativamente
diferente. De estas intenciones pedagógicas contrastantes surgieron
sin duda ciudadanos diferentes, y estos ciudadanos diferentes
crearon sociedades diferentes, con un funcionamiento político
y económico claramente diferenciado. No otra era la hipótesis
que, allá por las décadas de 1920 y 1930, inspiró al politólogo
Charles E. Merriam, de la Universidad de Chicago, a dirigir su
precursora serie de estudios The Making of Citizens, donde
estudiaba los mecanismos de socialización en Alemania, Italia,
Francia, la Rusia soviética, Gran Bretaña, Suiza, los Estados
Unidos y los países desmembrados del extinto Imperio austrohúngaro.
La realización de un proyecto similar para América latina sería
un enorme paso hacia la comprensión de las peculiaridades de la
región y las dificultades con que, histricamente, ha tropezado.
Dicha investigación sería especialmente interesante, considerando
los hallazgos que demuestran que existe una mitología irredentista
común a muchas de sus culturas.
NOTAS
[a]
. El caso argentino contrasta netamente con el caso mexicano,
donde las rupturas polticas generaron cambios cualitativos en
los contenidos ideolgicos de la educacin primaria y secundaria.
Vase J. Z. Vzquez, Nacionalismo y Educación en Mxico,
El Colegio de Mxico 1975.
[b]
. Carlos Octavio Bunge fue uno de los principales idelogos inspiradores
de esta reforma educativa y proyecto de ingeniera cultural.
Sus numerosos artculos en el Monitor fueron muy citados
posteriormente por otros idelogos. Vanse especialmente "La
enseñanza de la tradicin y la leyenda" (28 de febrero de
1911), "La educacin patritica ante la sociologa" (31
de agosto de 1908), "La poesa popular argentina" (30
de diciembre de 1909), "Teora de un libro de lectura escolar"
(31 de diciembre de 1910), y "La enseñanza de la historia"
(31 de enero de 1911). Paradigmtica de la actitud de Bunge respecto
de la invencin de tradiciones y leyendas es su afirmación en
el primero de los artculos mencionados: "Aunque ferviente
partidario del positivismo cientfico (...) soy el ms sincero
partidario de la ficcin potica en la instruccin del niño".
[c]
. Quizs el tango sea el único producto colectivo argentino que
tuvo un fuerte impacto sobre otras culturas y en alguna medida
se internacionalizó. Seguramente es sintomático que el mismo
haya perdido todo mpetu creativo e innovador hace ya dcadas
(salvando alguna excepción individual). Y es ciertamente interesante
recordar que Manuel Glvez, uno de los padres fundadores del
nacionalismo argentino, haya considerado que una de las ms fehacientes
pruebas de que la Argentina estaba sufriendo un grave proceso
de "desnacionalizacin" que deba ser corregido era
la difusin, precisamente, de ese baile "extranjerizante".
Véase M. Glvez, El Diario de Gabriel Quiroga: Opiniones Sobre
la Vida Argentina (Arnoldo Moen y Hno., Buenos Aires 1910,
pag. 129; cf. C. Solberg, op.cit., pag 141). Que
lo que luego se transformó en el símbolo mismo de la Argentina
pudiera ser considerado extranjerizante en 1910 es una ilustracin
ms del carcter esttico que aquellos hombres pretendan para la
nacionalidad.
[d]
. Mucho ms adelante, en la dcada del '80, se difundi la novedad
de que un equipo de mdicos del Consejo Nacional de Investigaciones
Cientficas y Tcnicas (CONICET) haba desarrollado un milagroso
antdoto contra el cncer, la "crotoxina", una droga
basada en veneno de cobra. Cuando la cuestin se convirti en
un escndalo con incriminacin de los responsables, un segmento
significativo del pblico fue convencido de que el potencial
milagroso de la crotoxina sera frustrado por las maniobras de
los grandes laboratorios internacionales, que no podan aceptar
las prdidas que acarreara el desarrollo de una panacea contra
el cncer, y menos an que sta (que para colmo era econmica) se
desarrollara en la Argentina. A tal punto se ha llegado a borrar
los criterios de objetividad y de verdad (cientfica, histrica,
etc.) que reina en la poblacin una abrumadora confusin, por
la que todo es posible y nada es creble.
[e]
. La doctrina que establece que el hombre debe trabajar, no
para s, sino por la patria, est documentada a lo largo de las
cinco dcadas estudiadas en C. Escud, op.cit. 1990. Esta
idea se encuentra en conferencias de Fichte de principios del
siglo XIX (dictadas mientras soldados franceses patrullaban
las calles de Berln) y probablemente tenga su origen en el idealismo
alemn.
[f]
. "Las masas son rudas, torpes, informes, perniciosas en
sus exigencias, y no se debe halagarlas sino educarlas. Nada
deseo concederles, sino domarlas, ejercitarlas, dividirlas,
romperlas, ¡y extraer de ellas individuos!" Citado en F.J.
Antczak, Thought and Character: The Rhetoric of Democratic
Education, Iowa State University Press, Ames 1985, pag.
5.
[1]
. C. Díaz Alejandro, Essays on the Economic History of
the Argentine Republic, New Haven: Yale University Press,
1970, ensayo 1.
[2]
. Esta etapa de la línea de investigaciones se encuentra
en C. Escudé. El Fracaso del Proyecto Argentino: Educacin
e Ideología, Ed. Tesis/Instituto Di Tella, Buenos Aires
1990.
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