|
El mayor contratista de servicios mercenarios del
mundo es el gobierno de los Estados Unidos, a través de las ramas
específicas de su departamento de Defensa, o como suele llamarlo
la prensa, el Pentágono. La mayoría de las empresas de mercenarios
están radicadas en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Sudáfrica
e Israel. También existen sórdidas organizaciones montadas por genocidas
como Slobodan Milosevic, quien lucra con la miseria de los soldados
serbio-bosnios desmovilizados (1). Por su parte, el gobierno ucraniano
ha reconocido que un número no especificado de sus ciudadanos está
involucrado en conflictos mundiales diversos. Especialistas militares
de la ex-Unión Soviética estiman que probablemente haya miles de
ex-soldados soviéticos, veteranos de Afganistán y Chechenia, luchando
en ejércitos extranjeros, principalmente en Yugoslavia y África
(2). Existe asimismo un tenebroso tejido de mercenarios derechistas
franceses que opera desde las islas Comores, Lyón y Marsella, y
que según se sabe en el ambiente no dan un paso sin la aprobación
encubierta del gobierno francés (3). Y el propio Nelson Mandela
ha alentado la exportación de mercenarios sudafricanos blancos a
otros países del África sub-saharana, sacándose de encima una peligrosa
mano de obra desocupada originada en el extinto régimen del apartheid
(4).
Según el Times, la mayor concentración
mundial de modernas empresas mercenarias está en Londres, donde
operan por lo menos 10 organizaciones privadas con contratos extranjeros
evaluados en más de U$S 150 millones y una disponibilidad de más
de 8000 aguerridos ex-militares. Hay veteranos británicos de las
Malvinas, de la guerra del Golfo y de las operaciones de mantenimiento
de la paz en Bosnia, que operan en por lo menos 30 países extranjeros
(5). El Guardian concuerda con el Times acerca del
lugar de privilegio que le toca a Londres, y estima que con el creciente
número de guerras civiles habrá buenos negocios para la industria
de mercenarios de la city. Según un entrevistado:
"La guerra del Tercer Mundo ya ha comenzado. Son brotes
fragmentarios que hostigan a todos. No se puede mencionar parte
alguna del mundo donde no haya una. Recorrimos un círculo completo
y la disuasión nuclear ya es cosa vieja. Hemos regresado a las
balas, a las bayonetas, a la limpieza de trincheras y a la represión
de grupos tribales, que requieren exactamente el tipo de habilidad
que ofrecemos y nuestro tipo de gente." (6)
La oferta de servicios de estas empresas es muy amplia y puede
consultarse fácilmente en internet. El mayor general (R) Stephen
Carr-Smith, por ejemplo, ejecutivo de Defense Systems Limited (DSL,
situada frente al palacio de Buckingham), se enorgullece de representar
a una empresa que ha operado en países que abarcan desde Argelia
hasta el Zaire, y que parecen una lista los 40 regímenes más desagradables
para Amnesty International. Quizá la empresa mercenaria de más confianza
para el establishment, DSL puede vanagloriarse de haber reemplazado
a los marines como guardias de la embajada de los Estados
Unidos en el Congo (7). Otro caso es el de European Security Operations,
de Westgate, Kent, que sostiene que puede ubicar una unidad completa
de combate en cualquier parte del mundo en 48 horas. La paga se
ubica entre 150 libras esterlinas por día en zonas de bajo riesgo,
y 400 por día en lugares de mayor peligro. Con frecuencia hay también
una suma adicional que se desembolsa cuando el mercenario ha cumplido
con su contrato con discreción. En sus folletos de presentación,
las empresas incluyen a Colombia, Guatemala, Argelia, la ex-Yugoslavia,
Sri Lanka, las ex-repúblicas soviéticas, Angola, Ruanda, Mozambique
y otros Estados africanos entre sus clientes (8).
Por otra parte, recientes publicaciones norteamericanas
como la prestigiosa revista Foreign Policy intentan legitimar
y des-estigmatizar la práctica, señalando que estas empresas son
útiles para quebrar desacuerdos insuperables y llevar a las partes
a la mesa de negociaciones. David Shearer, investigador del Instituto
Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres (9), sostiene
que la comunidad internacional debe descartar el rótulo "mercenarias"
para las grandes empresas multinacionales del rubro y reconocer
su legitimidad, esforzándose a la vez para regular sus actividades
dentro de un marco legal. Por otra parte, Shearer no es el precursor
entre los intelectuales apologistas de este fenómeno. Mucho antes,
en su libro de 1993 titulado War and Anti-War: Survival at the
Dawn of the 21st Century, Alvin y Heidi Tofler hicieron una
propuesta parecida (10). Y pasando al plano político, el mismo planteo
fue realizado recientemente por el canciller británico, Robin Cook
(11). El mercado es, al fin y al cabo, una cuestión de oferta y
demanda, y toda gran demanda genera su propia oferta. El prestigioso
Christian Science Monitor lleva la apología hasta sus últimas
consecuencias cuando remata una nota de octubre de 1998 diciendo:
"Durante generaciones hemos visto al sector privado ganar
dinero con la guerra. Bien regulado, ha llegado el momento de
permitirle sacar una ganancia del (proceso de hacer) la paz."
(12)
Según documentos del Pentágono difundidos por Le Monde,
en varios escenarios africanos intervinieron mercenarios norteamericanos
con las bendiciones del gobierno de los Estados Unidos. Tal fue
el caso en Ruanda y en el Congo (cuando aún se llamaba Zaire), en
alianza con el otrora rebelde y hoy temible dictador Laurent Desiré
Kabila. Se trató de ex-militares reclutados por empresas estadounidenses,
que respondían a la política norteamericana de instrumentar una
intervención que pudiera negarse oficialmente en el caso de que
el escenario político lo exigiera. En otras palabras, la vieja táctica
de tirar la piedra y esconder la mano. Los franceses denunciaron
el hecho, sospechosos de las intenciones de los Estados Unidos desde
la guerra civil de Ruanda, que en 1994 derrocó a un régimen Hutu
genocida pero francófilo, y lo reemplazó por un régimen anglófono
y pro-norteamericano de etnia Tutsi. La rebelión de Kabila contra
el dictador Mobutu Sese Seko tuvo apoyo del régimen tutsi ruandés,
y los franceses dicen que los recursos del primero provinieron de
Washington, aunque las malas lenguas agregan que entre las fuerzas
del segundo actuaron mercenarios franceses. Pero no sólo los franceses
acusaron a los Estados Unidos de intervenir indirectamente a través
de mercenarios; también los Physicians for Human Rights,
un grupo de activistas norteamericanos, acusaron a su gobierno de
esta intervención, que por su parte el Pentágono reconoce sin tapujos.
(13)
En el caso congoleño, el interés de estas grandes
potencias por aquellas rencillas tribales tiene una clave clara:
diamantes. Pero el narcotráfico puede pronto convertirse en otro
"buen" motivo para la intervención indirecta a través
de mercenarios. Por cierto, el artículo de Foreign Policy
parece presagiar nuevos y más extendidos usos de este recurso reprobado
pero vigente desde la noche de los tiempos.
En una época en que las grandes democracias dudan
mucho antes de incurrir en los altos costos políticos de involucrar
a sus tropas regulares en conflictos extranjeros, a la vez que los
imperativos del poder siguen exigiendo la intervención de las grandes
potencias en muchos escenarios de violencia en el mundo entero,
¿estamos frente a una encrucijada en que se intenta legitimar la
contratación norteamericana de mercenarios en, por ejemplo, Colombia,
para quebrar a la guerrilla y a los narcos sin correr el riesgo
de un nuevo Vietnam? Ya son muchos los informes que denuncian la
presencia, en pequeña escala, de mercenarios británicos e israelíes
en ese país, para entrenar a fuerzas regulares y para proteger instalaciones
de British Petroleum. Más aún, el Daily Telegraph dice que
el proyecto norteamericano es aumentar la participación de mercenarios
en Colombia (14).
Este inquietante interrogante es uno de los tantos
que se perfilan en el orden internacional de post-Guerra Fría, un
orden que en los umbrales del año 2000 aún no puede terminar de
describirse sino en términos de tendencias emergentes. El planteo,
en abstracto, quizá no nos alarme demasiado. Pero el acceso a datos
que demuestran claramente la sórdida realidad actual de estas empresas
y sus contratistas, nos hace cobrar consciencia de que la posibilidad
de una intervención mercenaria masiva en Colombia está a la vuelta
de la esquina.
Para penetrar en este tenebroso circuito que
amenaza con convertirse en uno de los pilares de la política internacional
del siglo XXI, comenzaremos describiendo uno de los conglomerados
mercenarios más importantes del mundo, y ciertamente el más notorio.
-
Globe and Mail (Toronto), 4 de marzo de
1997.
-
Guardian, 14 de enero de 1999. En Moscú
se publica una revista dedicada al mundo de los mercenarios,
llamada "Soldado de Fortuna" en emulación de otra
revista norteamericana del mismo nombre. Su editor se llama
Pavel Kolsenikov.
-
Weekly Mail and Guardian, 9 de enero de
1998. A pesar de las desmentidas del gobierno francés, éste
aparentemente hace uso de los servicios de estos mercenarios,
más allá de la ideología del partido en el poder. Esto también
se vio claramente en las violaciones francesas al embargo de
armas contra Sudáfrica durante el régimen del apartheid, perpetradas
incluso con los socialistas en el poder.
-
New York Times, 2 de febrero de 1997.
-
Times (Londres), 9 de mayo de 1998.
-
Guardian, 8 de septiembre de 1997.
-
Guardian, 8 de septiembre de 1997.
-
Times (Londres), 9 de mayo de 1998. Los
servicios mercenarios también son usados por los gobiernos centrales
al interior de sus propios países, para tareas sucias o de espionaje
que el Estado prefiere delegar a empresas privadas. En Gran
Bretaña, por ejemplo, las investigaciones de aduana y de impuestos
frecuentemente son delegadas a este tipo de empresa, y el Estado
entra en acción sólo cuando tiene toda la información necesaria
para hacer intervenir a la justicia.
-
Autor de un artículo titulado "Subcontratando
la guerra" en la mencionada revista, y de Private Armies
and Military Intervention, Adelphi Paper # 316 (marzo 1998),
Londres: Oxford University Press, 1988.
-
Alvin y Heidi Tofler, War and Anti-War: Survival
at the Dawn of the 21st Century, Warner Books (Mass Market
Paperback Reprint), 1995. Primera edición 1993.
-
Sunday Times, 28 de junio de 1998.
-
Christian Science Monitor, 13 de octubre
de 1998. Nota de opinión firmada por David Isenberg.
-
Informe de Le Monde, reportado por The
Independent de Londres, 28 de agostos de 1997.
-
Por ejemplo, Daily Telegraph, 7 de junio
de 1998; Los Angeles Times, 17 de junio de 1998; Dow
Jones Newswires, 2 de julio de 1997; Guardian, 24 de
julio de 1997; Washington Post, 17 de agosto de 1997;
International Herald Tribune, 15 de septiembre de 1997.
Debe señalarse que en la década de 1980 los mercenarios británicos
e israelíes manejaron escuadrones de la muerte que fueron alentados
por el ejército colombiano y financiados por el cártel de Medellín,
para proteger sus propiedades y para encubrir las prácticas
de "guerra sucia" del ejército.
|
|