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 Una multinacional de mercenarios  

El 11 de diciembre de 1998 el Wall Street Journal Europe publicó un artículo titulado "Executive Outcomes piensa colgar sus pistolas. ¿Será cierto?" El periódico expresaba pesimismo respecto de la anunciada intención de interrumpir sus actividades de parte de esta gran empresa sudafricana de servicios mercenarios de alto nivel para gobiernos y multinacionales en apuros, también conocida como EO en el ambiente. La empresa era víctima de sus propias tácticas de marketing de alto perfil, que la habían hecho el blanco de un permanente acoso periodístico. Acoso difícil de evitar, por otra parte, cuando una poderosa organización de mercenarios emite comunicados de prensa cada vez que gana militarmente una batalla (1).
    Gracias a ello, sin embargo, sabemos más sobre EO que sobre ninguna de las otras muchas empresas del rubro, motivo por el cual sus proezas ocuparán un lugar importante aunque no exclusivo en este trabajo. Cuando arrinconada por la prensa, por el gobierno sudafricano, y por los Estados Unidos (cuyas organizaciones mercenarias preferidas son la competencia de EO), la empresa comunicó la decisión de cesar sus operaciones el 1° de enero de 1999, resultó difícil de creer. Frente a su eventual liquidación legal en Pretoria, la maraña de organizaciones en la que está inserta simplemente transferirá sus recursos a entidades portadoras de otros nombres y de más bajo perfil, pero con idéntica función en el orden mundial.
    Confirmando estas sospechas, el 16 de enero de 1999 el semanario The Economist publicaba un artículo titulado "¿Puede alguien frenar a los perros de la guerra africanos?" La revista informaba que, a pesar del anuncio, las oficinas de EO seguían funcionando, y que ex-soldados de la empresa operaban en Sierra Leone bajo el paraguas de Lifeguard Ltd., una subsidiaria de la misma, a la vez que otros ex-empleados trabajaban para el gobierno de Angola contra los rebeldes del UNITA, y otros aun estaban contratados por el mismo UNITA para luchar contra el gobierno, aportando comunicaciones, artillería y vehículos blindados (2).
    Como en el caso de otras organizaciones del rubro, los ejecutivos de EO se presentan impecablemente como auténticos representantes del mundo corporativo. Según su propia folletería, prestan "servicios de seguridad" a corporaciones mineras multinacionales, y entrenamiento militar a varios gobiernos africanos, a un servicio anti-drogas sudamericano y a un gobierno del sudeste asiático. Sus trabajos en Angola, Sierra Leona y Papúa Nueva Guinea están ampliamente documentados y se describirán más abajo. Además, se conoce su involucramiento en una treintena de países africanos, incluida Kenia -donde es socia de Raymond Moi, hijo del presidente Daniel Arap Moi-, Uganda -donde han entrenado a tropas del gobierno y proveyeron protección para la exploración aurífera y petrolera-, y Burundi -adonde se sospecha que han contrabandeado armas (3)-. Para realizar sus operaciones EO cuenta con:

- 2000 soldados veteranos altamente experimentados sin prontuarios delictivos, dispuestos a entrar en operaciones;
- Helicópteros de transporte armados soviéticos Mi-17;
- Helicópteros de combate Mi-17 Hind;
- Caza-bombarderos a reacción MiG-23;
- Por lo menos 3 Boeing 727 para abastecimiento, comprados a American Airlines por U$S 550.000 cada uno (4);
- Un escuadrón de aviones de entrenamiento Swiss Pilatus, reconvertidos para lanzar cohetes aire-tierra (5);
- Tecnología de lucha nocturna;
- Tecnología para interrumpir las comunicaciones del enemigo;
- Equipos de relevamiento fotográfico aéreo y de detección de dirección de radio para encontrar al enemigo (6), y
- Expertos en campañas psicológicas para desacreditar políticos (7).

La empresa dice tener relaciones con treinta gobiernos. Según la estimación conservadora del New York Times (seguramente reducida adrede para evitar servir de agente involuntario en el reclutamiento de mercenarios norteamericanos), el sueldo mínimo de los "empleados" de EO es de U$S 2000 por mes y sus pilotos ganan más de U$S 5000, a la vez que volar los helicópteros cuesta U$S 5000 la hora (8). Pero de acuerdo a estimaciones más realistas, los empleados ganan por lo menos U$S 15.000 por mes, según The Age (9), y entre U$S 19.000 y 20.000 por mes, según el Camberra Times (10). Además, los mercenarios reciben importantes seguros de vida, beneficio crucial para profesión tan riesgosa.

  • NOTAS
  1. Wall Street Journal Europe, 11 de diciembre de 1998.

  2. The Economist, 16 de enero de 1999.

  3. Mail and Guardian, 24 de enero de 1997.

  4. Weekly Mail and Guardian, 24 de enero de 1997, y New York Times, 16 de febrero de 1997.

  5. New York Times, 16 de febrero de 1997.

  6. Sydney Morning Herald, 8 de marzo de 1997.

  7. The Age (Melbourne), 25 de febrero de 1997.

  8. New York Times, 2 de febrero de 1997.

  9. The Age, 25 de febrero de 1997.

  10. Camberra Times, 14 de abril de 1997.

 

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