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 Los orígenes de Executive Outcomes y su conglomerado  

Hasta su renuncia en julio de 1998 debido a un grave escándalo protagonizado en Papúa Nueva Guinea sobre el que se informa más adelante (1), Eeben Barlow, nacido en Zambia de padre inglés y madre francesa, veterano de la guerra de Angola, ex-oficial de la South African Defense Force (Fuerza de Defensa de Sudáfrica) y ex-agente del departamento de "juegos sucios" del régimen del apartheid, fue el principal ejecutivo de EO y uno de los fundadores de la empresa sudafricana en 1989 (2).
    En septiembre de 1993 la empresa sudafricana estableció sus oficinas en Gran Bretaña (en el condado de Hampshire), y fue registrada en Londres como Executive Outcomes Ltd. por dos personas: Simon Mann, ex-oficial británico, y (el más importante) Anthony (Tony) Buckingham. Éste es un hombre de negocios británico, buzo veterano del Special Boat Service Regiment, y amigo cercano y socio de Sir David Steel, el conocido ex-jefe del Partido Liberal del Reino Unido, que figura como director en Heritage Oil and Gas, la principal empresa de aquel (3). Buckingham posee grandes intereses en varios países africanos. Según un informe de inteligencia británico, fue en aquella ocasión que Barlow conoció a Buckingham y Mann, el comienzo de una fructífera relación (4).
    En parte gracias a ello, EO configuró un conglomerado pan-africano y está involucrada en las guerras interconectadas de la región de los Grandes Lagos de ese continente. Durante mucho tiempo se negaron los vínculos formales entre las empresas del grupo, admitiéndose sólo "relaciones amistosas", pero en 1997 se conocieron los vínculos corporativos formales a través del holding de Executive Outcomes, Strategic Resources Corporation (5). Sito en Lynwood, Pretoria, incluye entre otras a la empresa de construcciones e ingeniería civil Bridge International; a la empresa de seguridad Saracen; a Falconer Systems, una empresa especialmente montada para encubrir la realización por parte de EO de tareas logísticas para organizaciones vinculadas a las Naciones Unidas (6) y a Ibis Air International, una aerolínea que opera desde Johanesburgo y que facilita sus aviones para las operaciones militares de EO (7). En las palabras de Jeremy Harding, el conglomerado se diversifica:

"adquiriendo experiencia en proyectos hidráulicos, construcción de caminos y viviendas, turismo, conservación, cuidados clínicos, suministros médicos, quizás hasta ganadería extensiva. A medida que entran los contratos –como de hecho ocurre en Mozambique y, últimamente, Zambia– la compañía y su extraño pariente, Strategic Resources Corporation, crecen y se multiplican, si es necesario bajo la apariencia de pequeñas empresas con nombres exóticos, muchas de ellas registradas en los países donde operan" (8).

Unos de los directores de EO, Lafras Luitingh, reconoció que la empresa tiene intereses en por lo menos 30 países, agregando a los campos ya citados la telefonía celular y el software. Es una recolonizadora del continente africano en aquellos lugares donde la guerra y el debilitamiento del Estado condujeron a un colapso del orden y del imperio de la ley. En Angola y en Sierra Leona, EO negoció concesiones en yacimientos de diamantes y bauxita a cambio de sus servicios. Aparte de los sueldos y las tentadoras pólizas, los empleados tienen otros beneficios. Por ejemplo, cuando encabezaron una columna de 1500 angoleños que recapturó Cafunfo, el centro del comercio de diamantes de Angola, uno de los mercenarios reconoció que saquearon el pueblo. El logo de la empresa es un caballo de ajedrez como el de la vieja serie televisiva norteamericana "Have Gun, Will Travel" (9).Cuando en febrero de 1997 los mercenarios se retiraron de Sierra Leona, quedó una subsidiaria, Lifeguard Ltd., para proveer servicios de seguridad más ortodoxos.
    Una empresa asociada a EO y con sede en Londres es Sandline International, que también tiene como presidente de su directorio al ubicuo Tony Buckingham. Sandline se define como una empresa de consultoría militar, o sea que es en alguna medida complementaria del trabajo operativo de EO, y frecuentemente subcontrata a la empresa mercenaria sudafricana. Por otra parte, el empresario minero canadiense Robert Friedland (quien reside parte del año en Australia, donde tiene una casa de U$S 10 millones con vista al puerto de Sidney) tiene vínculos con Sandline por vía de una empresa minera, Diamond Works Ltd., con sede en Vancouver. Diamond Works se formó en Canadá en octubre de 1996 por vía de una empresa de la familia Friedland, Carson Gold Corporation, que compró a la británica Branch Energy Ltd., registrada en la isla de Man y controlada por Tony Buckingham. Esta se transformó así en Diamond Works, y adquirió concesiones mineras en Angola y Sierra Leona después de las operaciones de EO, recapturando minas del dominio de ejércitos rebeldes. Diamond Works y Sandline International comparten la misma dirección en Londres, en un elegante edificio de propiedad de Buckingham en el barrio de Chelsea, sito en 535 King’s Road y bautizado "Plaza 107", donde cohabitan otras dieciséis empresas vinculadas a éste (10).
    Por su parte, Friedland no sólo se aseguró una parte del paquete accionario de Diamond Works, sino que hizo nombrar en su directorio a otros tres ejecutivos que trabajan para él en su empresa principal, Ivanhoe Capital Corporation (11), e hizo presidente del mismo a su hermano Eric Friedland. Por otra parte, Tony Buckingham es asimismo director y accionista importante de Diamond Works. Según anuncia un folleto de esa empresa, Buckingham oficia como intermediario entre EO y gobiernos africanos que necesitan servicios militares (12). Según The Globe and Mail de Toronto, Buckingham es quien realmente maneja Diamond Works. La empresa minera posee seis concesiones de diamantes en Sierra Leona y cinco en Angola (13). Otra empresa controlada por Buckingham es la canadiense Heritage Oil Corporation, que tiene sede en Calgary y cotiza en la bolsa de Toronto. También requiere de protección mercenaria, en tanto posee yacimientos petrolíferos en la República del Congo, Uganda, Angola y Omán (14). EO entró a Angola por primera vez contratada por Heritage, en cuyo directorio está, como se dijo, Sir David Steel, el prestigioso ex-jefe del Partido Liberal británico. No es arriesgado decir que la presencia de Steel fue estratégica para la presencia de Heritage (y de EO) en Angola, dadas las excelentes relaciones del ex-dirigente liberal con los elencos políticos angoleños, y especialmente con el líder rebelde Jonas Savimbi, de quien puede depender que las instalaciones de la empresa sean o no atacadas (15).
    Por otra parte, el principal ejecutivo de Sandline International y también empleado de Diamond Works (16) es el Teniente Coronel (R) Tim Spicer, OBE, oficial británico de familia militar con veinte años de antigüedad, que en sus años de cadete ganara la preciada espada de plata de la Real Academia de Sandhurst y luego actuara en el Ulster con los prestigiosos Guardias Escoceses, donde obtuvo la Orden del Imperio Británico. Condecorado por su comportamiento heroico en la guerra de Malvinas (17), Spicer también fue comandante británico en la guerra del Golfo (18) y (ya como voluntario) vocero del general Michael Rose, el comandante de las Naciones Unidas en Bosnia (19).
    En el caso de una frustrada intervención en Papúa Nueva Guinea tratada más adelante, Spicer (quien para la ocasión subcontrató a EO) había ofrecido aceptar pagos parciales de parte del gobierno de ese Estado en la forma de concesiones minerales (20). Según Jeffrey Moag, del National Security News Service, adonde va EO le sigue Branch Energy (o Diamond Works, su compradora) adquiriendo concesiones mineras. En coincidencia con lo que ya se sugirió más arriba, un informe de las Naciones Unidas arguye que una vez que una empresa como EO establece seguridad en una región, "aparentemente comienza a explotar las concesiones que recibió, estableciendo asociados y filiales" dedicadas a una variedad de actividades legítimas. Tales empresas adquieren "una presencia significativa, si no hegemónica, en la vida económica del país donde operan (21)". Por cierto, la guerra en muchos países del Tercer Mundo es con frecuencia motivada por el botín, y EO es acusada de compartirlo a través de sus subsidiarias y empresas asociadas (22).
    En Sierra Leona, mercenarios de EO ametrallaron civiles desde sus helicópteros mientras perseguían rebeldes. Pero según los jefes tribales locales la vida sin ellos era peor, ya que los civiles habían sido perseguidos por los rebeldes y también por soldados renegados del gobierno. Los ejércitos mercenarios no reclutan niños, no necesitan acudir al botín para comer, y no están contaminados por los antiguos odios locales que muchas veces conducen al genocidio. Además, porque los mercenarios son tan caros, fuerzan a los tiranos a hacer cálculos: quizás esta provincia no valga una guerra; quizás la paz cueste menos (23).
    EO aduce haber evitado un golpe de Estado en un país africano que no nombra, y dice que rehusó trabajar en Sudán (24) debido al apoyo que ese país presta al terrorismo. Como contracara, el grupo de derechos humanos británico International Alert los condena en los peores términos, como "un grupo de ex-asesinos, espías, saboteadores y canallas (25)". Nick van der Bergh, un vocero de EO, dijo sin faltar a la verdad que en Angola la actuación de la empresa cambió dramáticamente el equilibrio de poder, forzando a los rebeldes de UNITA a la mesa de negociaciones. Su contraparte, Malick Chaka, el vocero de UNITA en Washington, dijo que la intervención de EO fue "casi como si una unidad de élite de la vieja Fuerza de Defensa de Sudáfrica se desempeñara militarmente en otro país". Se quejaba amargamente: "Si Brasil interviene en Angola (...) podemos protestar a las Naciones Unidas. ¿Frente a quién se protesta por la presencia de estos operadores independientes?" Inversamente, Jim Woods, ex-secretario asistente de defensa de los Estados Unidos para asuntos africanos, los defendió: "si uno está dispuesto a construir un muro alrededor de un barrio privado y a poner guardias armados, ¿porqué debe ser ilegal formar una empresa para esos fines y llevar a cabo el servicio para un cliente extranjero (26)?" Por el contrario, quienes se oponen a este tipo de actividad arguyen que los dictadores que pueden comprar estos servicios tienen menos motivaciones para negociar y transformar un proceso militar en un proceso político.
    En julio de 1997, frente a la pregunta de si los objetivos tradicionales de las actividades mercenarias le parecían legítimos, el entonces ejecutivo de EO Eeben Barlow evitó la respuesta con un argumento frontal: "Nos formamos en un ejército que era muy diferente a nuestros contrapartes occidentales" –dijo, refiriéndose al aislamiento del régimen del apartheid como Estado paria, y a su apoyo a actividades guerrilleras encubiertas en Mozambique, Namibia y Angola-- "Tuvimos que desarrollar nuestras propias estrategias a medida que avanzábamos. Tuvimos que construir nuestra propia doctrina y tácticas de guerra (27)". Pero Barlow también dice que EO no es realmente mercenaria, que sólo trabaja para Estados reconocidos, que no trabaja para Estados que exportan el terrorismo, y que responde a una tendencia mundial hacia la privatización de las fuerzas militares, ya que cada vez menos países pueden costear ejércitos permanentes y apoyo aéreo y naval.
    No obstante estos argumentos, Sudáfrica probablemente limite la operación de servicios mercenarios desde su territorio. Hay proyectos de ley para penar a los mercenarios sudafricanos al servicio de un país extranjero con diez años de prisión y una multa de 150.000 libras esterlinas, a no ser que operen con la autorización explícita del gobierno de Pretoria (28). Frente a esta perspectiva Barlow no se inmutó y sostuvo que si EO no puede seguir operando desde Sudáfrica, simplemente se instalará en otro país (29). Alternativas no le faltarán, en tanto la red de intereses multinacionales representada por el conglomerado EO-Sandline-Diamond Works es demasiado importante como para disolverse por una ley del gobierno de Mandela.
    La animosidad de los Estados Unidos es, por supuesto, otra cuestión, y es con seguridad el motivo por el que EO está acosada. Pero aunque el gobierno norteamericano pueda ensañarse con alguna empresa que no sea fiel a sus intereses estratégicos, es él mismo el principal proveedor de trabajo para estas organizaciones, de modo que la perversa trama que representan –antigua pero novedosa en muchos sentidos– no será conmovida por la eventual transformación de EO en algo distinto pero parecido. Por otra parte, la eventual desaparición de la marca Executive Outcomes del mercado se limita a la empresa de Pretoria, ya que sus empresas asociadas, como Sandline International de Londres (que presta importantes servicios al Foreign Office británico en algunos de los rincones más peligrosos del planeta) no se verán afectadas (30).

  • NOTAS
  1. Sunday Times, 27 de julio de 1997.

  2. Times, 24 de febrero de 1997.

  3. El nombre de Sir David Steel es usado frecuentemente por los ejecutivos del grupo de empresas de EO, como una fuente de prestigio. Por su parte, frente a preguntas del periodismo, éste responde que Heritage Oil and Gas es una empresa independiente de EO, y que los negocios de la segunda no se tratan en las reuniones de directorio de la primera. Pero lo cierto es que Heritage tiene importantes intereses en Angola, y que EO entró a ese país por primera vez contratada por la petrolera en cuyo directorio está Sir David, quien además posee vínculos privilegiados con ambos el gobierno y los rebeldes angoleños. Guardian, 8 de marzo de 1997.

  4. Times, 24 de febrero de 1997, y Weekly Mail and Guardian, 24 de enero de 1997.

  5. Weekly Mail and Guardian, 9 de mayo de 1997.

  6. Weekly Mail and Guardian, 24 de enero de 1997. Jeremy Harding, editor asistente del London Review of Books, cuenta en una nota publicada también en el Guardian (8 de marzo de 1997) sobre su viaje a Sierra Leona. Allí fue testigo de los trabajos logísticos de EO para una agencia internacional de asistencia que "no podía montar la operación sin la ayuda de EO, y no podía ser vista como asociada en modo alguno a una fuerza mercenaria sudafricana". Agrega: "pero cualquiera que tuviera algo que hacer en esta parte de Sierra Leona –proyectos de asistencia, recuperación de instalaciones, cálculo de daños, o simplemente una actividad agropecuaria familiar– era dependiente de la empresa para la logística y la seguridad".

  7. Weekly Mail and Guardian, 24 de enero y 18 de julio de 1997.

  8. Guardian, 8 de marzo de 1997.

  9. The Age, 25 de febrero de 1997.

  10. Camberra Times, 14 de abril de 1997.

  11. Globe and Mail, 21 de febrero de 1997.

  12. Globe and Mail, 27 de noviembre de 1997.

  13. Globe and Mail, 1 de agosto de 1997.

  14. Globe and Mail, 6 de enero de 1999.

  15. Guardian, 8 de marzo de 1997.

  16. Camberra Times, 14 de abril de 1997.

  17. Daily Telegraph, 11 de octubre de 1997, y Globe and Mail, 1 de agosto de 1997.

  18. Guardian, 9 de mayo de 1998.

  19. New York Times, 13 de mayo de 1998.

  20. Camberra Times, 14 de abril de 1997.

  21. U.S. News and World Report, 20 de enero de 1997.

  22. Chicago Tribune, 27 de enero de 1997.

  23. New York Times, 16 de febrero de 1997.

  24. Probablemente sea verdad que EO no aceptó contratos con el gobierno del Sudán, pero se cree que trabajó en el país defendiendo intereses petroleros canadienses (Weekly Mail and Guardian, 24 de enero de 1997). También existe evidencia de que otros grupos sudafricanos proveen servicios mercenarios al gobierno de ese país (Weekly Mail and Guardian, 10 de octubre de 1997). Además, documentos del gobierno sudafricano han revelado que armas de ese origen llegan al gobierno sudanés de Omar Al Bashir, y a través de Uganda (que apoya a los rebeldes del sur) al Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLA) que acaudilla John Garang. Las armas sudanesas que llegan a los rebeldes incluyen vehículos blindados, misiles anti-aéreos y anti-tanque, municiones, y sistemas de detección de minas (Weekly Mail and Guardian, 5 de septiembre de 1997).

  25. U.S. News and World Report, 20 de enero de 1997.

  26. U.S. News and World Report, 20 de enero de 1997.

  27. Chicago Tribune, 25 de enero de 1997.

  28. Daily Telegraph, 16 de julio de 1997.

  29. Daily Telegraph, 27 de julio de 1997.

  30. El 11 de diciembre de 1998, Wall Street Journal informó que EO había anunciado el cese de sus operaciones a partir del 1 de enero de 1999. El periódico atribuía las dificultades de la empresa a su alto perfil, y agregaba que los expertos opinan que seguirá operando bajo otro nombre o transferirá sus recursos a otra empresa, con una estrategia de marketing más discreta.

 

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