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  Proliferación de ejércitos en el tercer mundo
 
 
 Antecedentes y orígenes de los mercenarios del fin del milenio  

Aunque el fenómeno del mercenario es tan viejo como la historia humana (1), su auge actual tiene características especiales. Su precedente más cercano es quizás el de los "perros de la guerra", figura shakesperiana (2) con que se denominó a los soldados de fortuna de las luchas por la independencia africana y los sucesivos golpes de Estado posteriores. Sin embargo, aquellos luchadores eran criminales reclutados en tabernas, no militares profesionales como los ofrecidos ahora por las empresas mercenarias importantes. Mucho antes, durante la larga fase de expansión colonial europea, las compañías que recibían jurisdicciones territoriales de parte de alguna metrópoli imperial, como la East India Company, la Compagnie Francaise des Indes Orientales, la Compañía Holandesa de la India Oriental, o la Hudson´s Bay Company en Canadá, tenían también sus fuerzas militares privadas. Por otra parte, la revista norteamericana Soldier of Fortune, que data de la década de 1960, cuando los norteamericanos reemplazaron a los franceses en Vietnam, y mercenarios norteamericanos también reemplazaron a mercenarios franceses, ilustra el hecho de que los soldados de fortuna siempre tuvieron vigencia.
    La actual oferta de servicios militares privados, altamente profesionales y tecnologizados, responde a circunstancias históricas específicas. Con el fin de la Guerra Fría, la consiguiente reducción de la participación de las superpotencias en los conflictos locales, y la falta de disposición de la comunidad internacional de involucrarse activamente en guerras civiles e interestatales en las partes más violentas del Tercer Mundo, se abrió un espacio nuevo para el mercenario. Este espacio se amplió con las bajas sufridas por las fuerzas norteamericanas en Somalí en 1993, que acentuaron la reticencia del gobierno de los Estados Unidos a intervenir directamente en escenarios peligrosos. Por cierto, con los eventos producidos a comienzos de la década de 1990 emergió un vacío de poder en importantes regiones del planeta, especialmente en África, que abrió el camino para estos ejércitos privados, contratados por gobernantes con abundantes recursos mineros pero al frente de Estados colapsados y en bancarrota. Algunas guerras ideológicas se convirtieron en competencias por el dominio de recursos naturales, en especial en aquellos países en que el control del gobierno significa el control de la riqueza minera, botín de las crónicas guerras civiles.
    Este proceso representó la entrada directa del mundo corporativo en el negocio de las guerras africanas y de otras regiones del Tercer Mundo, un negocio que a menudo viene de la mano de la minería. En África especialmente, el pasado socialista post-colonial es sólo un recuerdo remoto. Ahora, los ministros de minería de diversos Estados enclenques compiten entre sí creando incentivos para los inversores extranjeros, a la vez que la inestabilidad política y las guerras civiles e interestatales siempre se cruzan con la competencia por la posesión de minerales, juego en que los mercenarios encuentran un campo propicio. Y en esta lucha sórdida de intereses inescrupulosos y violentos, son empresas canadienses (o con sede en Canadá) las que llevan la delantera, recaudando dineros en las bolsas de Toronto y Vancouver, que son más flexibles que la de Nueva York para negocios turbios. Un informe de Meteorex Ltd. calcula que unas 80 empresas canadienses están buscando minerales al sur del Sahara, junto con 30 empresas australianas y 25 sudafricanas. La Bolsa de Vancouver informa que 60 de sus empresas están activas en 18 países africanos, y que en el período 1996-97 invirtieron allí el 12% del total mundial de inversiones en exploración minera (3).
    Estos poderosos intereses, canadienses o de cualquier otro origen, requieren protección. Como dice el experto Shearer con referencia al Reino Unido:

"La política exterior británica está cada vez más forjada por la política de las corporaciones. Los mercenarios de hoy no luchan en guerrillas en el monte para recuperar países, sino para proteger intereses vitales. Gobiernos como el nuestro no quieren intervenir en crisis como la de Sierra Leona, pero quieren que se produzca el desenlace adecuado, así que estan complacidos de que los operadores privados hagan su trabajo (4)".

  • NOTAS
  1. Los soldados y ejércitos mercenarios no son un fenómeno limitado al mundo antiguo, donde proliferaban, ni a los condotieros que vencieron a las ciudades-Estado italianas, ni a los regimientos gurkha empleados por el gobierno británico aún hoy. Nuestro propio Guillermo Brown (entre otros militares extranjeros que lucharon al servicio de las fuerzas rioplatenses en los tiempos de la Independencia) era técnicamente un mercenario. La Guardia Suiza del Vaticano quizá no lo sea en el día de hoy debido a lo acotada de su función, pero ella no es sino la continuación de los "regimientos libres" de suizos, franceses y alemanes, o para el caso, de la Gran Compañía Catalana, que durante la Edad Media se ofrecían para luchar al servicio del príncipe o duque que los convocara.

  2. Caesar´s spirit, raging for revenge,
    With Ate by his side, come hot from hell,
    Shall in these confines, with a monarch´s voice,
    Cry, ´Havoc!´ and let slip the dogs of war;
    That this foul deed shall smell above the earth
    With carrion men, groaning for burial.
                                                        Julio César, III.i.270

  3. Christian Science Monitor, 25 de marzo de 1998.

  4. Times, 9 de mayo de 1998.

 

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