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Dentro de este contexto, se puede considerar al caso
de EO como especialísimo, porque en él se suman las consecuencias
del fin de la Guerra Fría, el fin del régimen del apartheid y la
exportación de la violencia propia de ese régimen fuera de las fronteras
de Sudáfrica (1). Al respecto, pontificaba admonitoriamente el New
York Times en una editorial del 2 de febrero de 1997: "Aunque
el gobierno de Nelson Mandela dice que va a prohibir las actividades
de EO, estuvo feliz de tener a los soldados del grupo ocupados en
alguna otra parte del África en vez de creando problemas en su país.
El Sr. Mandela tiene razón en comenzar a preocuparse. No es del
interés de Sudáfrica ni de sus vecinos alentar a EO".
EO se estableció en Angola a principios de la
década de 1990, defendiendo una instalación petrolífera de Ranger
Oil, vinculada a Heritage Oil and Gas, la empresa que hizo rico
a Tony Buckingham (2). Cuando en 1992 la Unión Nacional para la
Independencia Total de Angola (UNITA) perdió las elecciones frente
al Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), la guerra
civil volvió a irrumpir (3). EO firmó entonces un contrato por un
año con el gobierno del MPLA, dos veces renovado (4). Los servicios
de la empresa costaron un total de U$S 60 millones, más otros 20
millones por armas y equipos, según el Chicago Tribune, y
unos 40 millones anuales según el Weekly Mail and Guardian
de Johanesburgo (5).
La atención de los medios se dirigió a EO por
primera vez poco más tarde, en 1993, cuando comenzó su campaña para
hacer retroceder a los rebeldes del UNITA. La empresa envió entre
500 (estimación del Chicago Tribune) y 1400 hombres (estimación
del Camberra Times), adquirió el control operacional de las
acciones bélicas, y en 1994 tuvo una gran victoria capturando los
campos de diamantes de Cafunfo, que estaban en manos de los rebeldes
del UNITA. A partir de entonces el jefe rebelde, Jonas Savimbi,
estuvo dispuesto a entablar negociaciones. Cuando terminó ese capítulo
de la lucha armada y EO se retiró del campo de batalla, empleados
de la empresa se quedaron en Angola para proveer servicios de seguridad
en las minas angoleñas (6). Aparentemente, parte del pago a EO consistió
en derechos petroleros offshore (7). Ansiosos de mejorar su imagen
pública, los mercenarios se involucraron en el negocio de la aviación
civil a través de la mencionada Ibis Air International, que está
registrada también en la capital angoleña de Luanda (8). También
construyeron un hotel y montaron una empresa de telefonía celular.
Por último, establececieron allí un departamento de "asuntos
humanitarios" y se lanzaron al reparto gratuito de biblias
(9).
Irónicamente, antes del fin de la Guerra Fría
muchos de los soldados de EO habían luchado junto con Savimbi contra
el gobierno marxista. El gobierno angoleño del MPLA había sido apoyado
por la URSS y Cuba, contra los rebeldes del UNITA que fueron apoyados
por Estados Unidos y el régimen del apartheid sudafricano. El partido
del African National Congress (ANC) de Nelson Mandela había sido
apoyado y auxiliado por el gobierno del MPLA. Cuando en Sudáfrica
triunfó el ANC y además terminó la Guerra Fría, el ANC quiso retribuir
los favores al gobierno del MPLA, permitiendo y alentando la intervención
de EO. Con esto, como ya se dijo, también se exportaba una peligrosa
mano de obra desocupada fuera de Sudáfrica.
Pero no sólo el Estado sudafricano (cuyo régimen
se había transformado radicalmente) cambió de bando, sino también
el gobierno de los Estados Unidos, debido a la desaparición de las
razones ideológicas y estratégicas para apoyar a los rebeldes, cuya
situación se volvió progresivamente más difícil (10). En 1993 el
presidente Bill Clinton reconoció oficialmente al gobierno del presidente
José Eduardo Dos Santos.
No sorprende entonces el caso paradigmático del
mercenario sudafricano Wynand du Toit, quien apresado por las fuerzas
del gobierno marxista, pasó más de dos años en una cárcel de Luanda,
luego fue liberado, y a fines de 1994 ya estaba nuevamente en Luanda,
esta vez entrenando a las tropas antes marxistas, que habían sido
sus enemigas y cancerberos durante la vigencia del apartheid que
él defendió (11).
El año 1994 había parecido auspicioso para la
paz. Como se dijo, con la ayuda militar de EO, el gobierno había
recuperado importantes posiciones frente al UNITA. Además, como
resultado de la presión internacional las partes se vieron obligadas
a negociar, firmando el Protocolo de Lusaka en el que los rebeldes
se comprometían a deponer las armas a cambio de derechos minerales
y un papel legítimo en la política angoleña, como principal partido
de la oposición. Ambas partes se comprometían a no emitir propaganda
ofensiva para la otra, y el UNITA cerró su estación de radio VORGAN.
Pero en los hechos los rebeldes seguían dominando aproximadamente
la mitad del territorio y no por haber firmado un papel pensaban
entregarlo. Tampoco el gobierno daba señales de ser confiable para
un ejército rebelde que, al deponer sus armas, habría perdido toda
garantía de compartir el botín de minerales que estaba en juego.
A la vez, antiguos simpatizantes del apartheid
que no participaban del lucrativo negocio de EO siguieron canalizando
ayuda a los rebeldes. Había, por supuesto, un incentivo. La fuente
de financiación del UNITA residía en los campos de diamantes que
controlaba, que le reportaban una ganancia estimada entre U$S 300
y 500 millones por año. Entre 1994 y 1998 hubo denuncias de apoyo
encubierto a los rebeldes del UNITA de parte del National Intelligence
Service (NIS) sudafricano, contra las directivas del gobierno de
Mandela. El NIS triangulaba armas a Angola, desde Sudáfrica y a
través del Zaire, cuyo dictador Mobutu Sese Seko apoyaba al UNITA
contra el gobierno del MPLA (12).
Como consecuencia, Angola se involucró en la
guerra civil del Zaire apoyando a los rebeldes del futuro presidente
Kabila. Asimismo, debido al apoyo que Pascal Lissouba, el entonces
dictador de la República del Congo (Brazzaville), prestaba al UNITA,
Angola se involucró también en la guerra civil de ese país, apoyando
a las fuerzas victoriosas del rebelde general Denis Sassou-Nguesso.
En el trámite, Angola ocupó algunos énclaves claves del país vecino,
como la capital petrolera de Pointe Noire. Claramente se vislumbra
como todas las alianzas de la región están teñidas por la competencia
por el dominio de yacimientos diversos (13).
A pesar de que fuertes golpes fueron asestados
contra las fuentes de suministro del UNITA, siempre aparecieron
nuevas rutas y contrabandistas para un tráfico lucrativo. En febrero
de 1998 se desbarató una banda, con la detención de nueve sudafricanos
que habían usado un DC-4 de propiedad belga unas 300 veces para
suministrar a las fuerzas de Savimbi. El avión fue interceptado
por la fuerza aérea angoleña, seguramente con ayuda norteamericana,
ya que la primera no posee radares en la región de Cuando Cubango.
Por otra parte, la caída de los dictadores Pascal Lissouba en la
República del Congo (Brazzaville) y Mobutu Sese Seko en el Zaire
(ahora República Democrática del Congo), significó la interrupción
de los suministros al UNITA desde esos países (14).
Mientras tanto, la ruta de Zambia aumentó en
importancia. Allí se reclutan nuevos guerreros, allí se almacenan
suministros, y allí se construyó una nueva pista de aterrizaje de
3000 metros que el UNITA usa. El gobierno de Luanda se inmiscuyó
en las guerras de países vecinos para ayudar a derrocar gobiernos
aliados al UNITA, apoyando con éxito a los enemigos de Mobutu y
Lissouba, pero ello no alcanzó (15). La intervención angoleña en
esos países probablemente haya aportado más costos que beneficios,
internacionalizando cada vez más los conflictos africanos (16).
Los esfuerzos por encontrar una solución a la
guerra civil de más de 20 años que desgarra a Angola siempre tropezaron
con un mismo obstáculo: los diamantes. Mientras el gobierno tenga
diamantes, podrá financiar su guerra. Mientras los rebeldes tengan
diamantes, podrán financiar su resistencia y comprar ayuda extranjera,
tanto oficial como mercenaria, a pesar de la retórica de las Naciones
Unidas, que en 1994 decretó un embargo contra las provisiones al
UNITA. A lo largo del dilatado conflicto el UNITA construyó la más
importante operación de contrabando de diamantes del mundo, enviandolos
a Amberes y a Tel Aviv (17).
A la vez, los campos diamantíferos, especialmente
en las ricas provincias de Lunda Norte y Lunda Sur, están plagados
de cazadores de diamantes que operan bajo su propia cuenta y riesgo,
y venden en los mercados locales y también a la gigantesca multinacional
sudafricana De Beers, que compra sin hacer preguntas. Los alucina
el sueño de salir de pobres hallando una gema de 35 quilates con
alguna tonalidad muy valorada (lo que ellos llaman a fancy,
una fantasía). Incluso con hallazgos mediocres algunos "garimpeiros"
juntan un pequeño capital con la ilusión de retirarse en Europa
si no son asesinados antes por la competencia. Su vida es usualmente
corta y siempre peligrosa. Como la actividad de estos mineros individuales
es "ilegal" y no está apoyada por una fuerza militar,
deben huir en cuanto tienen noticias de la movilización de tropas
regulares, rebeldes o mercenarias en su dirección. Mientras tanto,
a la multinacional sudafricana De Beers (que comercializa el 70%
de los diamantes del mundo) le desvela el hecho de que una parte
importante de la producción se escapa de sus redes monopólicas,
lo que le impide fijar precios tan bien como en el pasado (18).
Es por eso que en Lunda Norte es ilegal la posesión
de una pala, instrumento útil para la búsqueda de diamantes
aluvionales pero también para la agricultura. La prohibición de
la pala a individuos produjo una grave crisis en la agricultura.
Endiama, la empresa estatal de diamantes, creó un establecimiento
agropecuario para paliar la carencia alimenticia, pero éste fue
devastado durante la guerra. Como consecuencia, el gobierno chantajeó
a Diamond Works para que establezca una empresa agropecuaria. Mientras
tanto, la pala sigue prohibida. No vaya a ser que un campesino encuentre
un diamante y lo venda por cuenta propia (19).
Todos los generales de ambos bandos ya tienen
campos de diamantes adjudicados (20). Todo acuerdo de paz entre
el MPLA y el UNITA debe pergeñar una manera de garantizar a los
rebeldes su dominio sobre los campos diamantíferos que controlan
de facto, sin correr el riesgo de perderlo todo por una traición
una vez que se hayan desarmado. Las negociaciones entre gobierno
y rebeldes, invariablemente frustradas por la desconfianza, se basan
siempre en la premisa de que el UNITA va a co-participar de un gobierno
de unidad angoleña, y que se le adjudicarán derechos diamantíferos
a empresas establecidas por el UNITA Pero también deben adjudicarse
concesiones a los mercenarios zaireños de la provincia de Katanga,
y a los sudafricanos de Executive Outcomes o a sus empresas asociadas
(21).
Fiel a esa consigna, en mayo de 1997 el gobierno
anunció una importante concesión a Branch Energy Angola, subsidiaria
de Diamond Works, parte del conglomerado mercenario de EO. Los 18.000
kilómetros cuadrados en la provincia de Bie (corazón del territorio
del UNITA, con quien la empresa suele mantener una relación cordial)
fueron una lamentada pérdida para De Beers (22).
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Es probable que Sudáfrica continué exportando
violencia durante mucho tiempo. El legado del apartheid, entre
otras cosas, incluye una distribución muy desigual del ingreso.
La población blanca es dueña de la mayor parte de la economía
a pesar de la amplia mayoría negra y del consiguiente predominio
político de esa mayoría en la nueva democracia sudafricana.
Esta situación genera una violencia creciente, en la que la
población blanca (especialmente los agricultores) es permanentemente
atacada por delincuentes y bandidos negros que gozan del amparo
de la mayoría. Esta inseguridad genera un mercado para las empresas
de seguridad privada contratadas por los blancos, que engendran
sucesivas generaciones de personas que seguramente estarán en
condiciones de reemplazar a los ex-miembros de las Fuerzas de
Defensa del apartheid cuando éstos se retiren de sus actuales
actividades mercenarias debido a su edad.
Por lo demás, el fenómeno del mercenario
ha sido parte de la historia cotidiana del país durante décadas,
mucho más allá de los casos específicos posteriores al fin de
la Guerra Fría (especialmente Angola, Congo, Sierra Leona y
Papúa Nueva Guinea) que trataremos en este trabajo. Además,
el papel del mercenario es esencial a la historia de las guerras
fundacionales del África meridional. La lucha de mercenarios
sudafricanos en el Congo para evitar el predominio negro antes
de la independencia se convirtió en parte del folklore blanco.
Estaban frecuentemente liderados por los dos grandes caudillos
mercenarios del África de la década de 1960, "el Loco"
Mike Hoare (quien alguna vez trató de invadir el Congo con 100
mercenarios en bicicleta) y el "coronel" Bob Denard.
Durante el régimen del apartheid estuvieron presentes en casi
todos los golpes de Estado africanos que favorecían causas de
derecha. También participaron en la defensa de la Rhodesia de
Ian Smith en la década de 1970, en el desastroso golpe de Estado
de las Islas Seychelles de principios de la década de 1980,
y más recientemente en el abortado golpe de Estado de las Islas
Comores de octubre de 1995 (Weekly Mail and Guardian,
6 de octubre de 1995). Sudáfrica casi no puede imaginarse sin
la exportación de mercenarios.
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Independent, 13 de mayo de 1998.
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Cuando después de la "revolución de los claveles"
de 1974, Portugal se retiró de Angola (independiente en 1975),
quedó un vacío de poder que fue rápidamente llenado por fuerzas
en conflicto. El Zaire envió tropas apoyadas por la CIA para
ayudar a la Federación Nacional para la Liberación de Angola
(FNLA). La Sudáfrica del apartheid mandó una columna blindada
para apoyar al UNITA de Jonas Savimbi. Y Cuba envió decenas
de miles de tropas armadas con tanques, lanzadores de cohetes
múltiples y aviones a reacción MiG para apoyar al MPLA. Gracias
al apoyo cubano, el MPLA obtuvo el control de Luanda, destruyendo
al FNLA, pero el UNITA se mantuvo en control del sur del país.
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Chicago Tribune, 25 de enero de 1997.
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Chicago Tribune, 25 de enero de 1997, y
Weekly Mail and Guardian, 16 de septiembre de 1994.
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Chicago Tribune, 25 de enero de 1997.
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Independent, 13 de mayo de 1998.
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Weekly Mail and Guardian, 24 de enero y
18 de julio de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 16 de septiembre
de 1994.
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The Age, 25 de febrero de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 16 de septiembre
de 1994. En septiembre de 1997, Du Toit, que finalmente había
dejado sus actividades mercenarias y se había dedicado a la
agricultura, afincándose en Angola con una concesión de 6000
hectáreas del gobierno, fue deportado a Sudáfrica en un rapto
de xenofobia angoleño, en momentos en que el gobierno estaba
deseoso de demostrar que ya no hacía negocios con mercenarios.
El gobierno no dio explicaciones. Weekly Mail and Guardian,
26 de septiembre de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 29 de julio y
30 de septiembre de 1994, y 6 de febrero de 1998.
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Weekly Mail and Guardian, 17 de octubre
de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 6 de febrero
de 1998.
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New York Times, 2 de marzo de 1998. A mediados
de 1997, el presidente de Zambia, Frederick Chiluba, acusó al
ministro de defensa sudafricano Joe Modise de alentar una insurrección
contra su gobierno, liderada por el ex-presidente Kenneth Kaunda.
La supuesta conspiración incluiría a la fábrica de armas sudafricana
Armscor. Esta información es consistente con el apoyo de Zambia
al UNITA y el apoyo sudafricano al gobierno de Luanda. Weekly
Mail and Guardian, 27 de junio de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 17 de octubre
de 1997.
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Sunday Times, 15 de noviembre de 1998.
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Weekly Mail and Guardian, 22 de septiembre
de 1995.
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Globe and Mail, 28 de febrero de 1998.
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Weekly Mail and Guardian, 16 de agosto
de 1996.
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Weekly Mail and Guardian, 22 de septiembre
de 1995.
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Weekly Mail and Guardian, 9 de mayo de
1997.
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