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Pero la presencia de EO en Angola ha irritado enormemente
al gobierno de los Estados Unidos, quizá porque la empresa mercenaria
se hizo demasiado poderosa y no siempre ha defendido los intereses
estratégicos norteamericanos. En 1995 ese país amenazó con quitarle
la ayuda a Angola a no ser que se garantizara el retiro de EO (1).
Y hacia fines de 1997 se supo que fuerzas mercenarias norteamericanas
estaban ocupando vacíos dejados por la empresa sudafricana.
Una de las empresas que ha firmado nuevos contratos
con el gobierno angoleño para entrenar a sus fuerzas armadas es
Military Professional Resources Inc. (MPRI), de Alexandria, Virginia.
Su logo inmodestamente la proclama como "the greatest corporate
assemblage of military expertise in the world". Previamente,
esta empresa había sido utilizada para "equipar y entrenar"
al ejército bosnio, bajo la autoridad de la Oficina del Representante
Especial de los EE.UU. para la Estabilización Militar en los Balcanes.
MPRI suministró unas 185 tropas para ese operativo. En una entrevista
realizada en 1996, el teniente general (R) Ed Soyster, ejecutivo
de la empresa, no quiso dar su opinión sobre si también le interesaría
proveer servicios de protección en Angola (2).
Pero se sabe que el contrato para la protección
del rico énclave petrolero angoleño de Cabinda fue adjudicado a
otra empresa norteamericana, AirScan, con sede en Titusville, Florida.
AirScan utiliza radares livianos y Cessnas 337 con censores electro-ópticos
debajo de las alas, para proveer vigilancia aérea en la periferia
de los campos petrolíferos. La petrolera norteamericana Chevron
es propietaria del 39% de las acciones de la Cabinda Gulf Oil Company,
a la vez que el gobierno angoleño posee el 41% a través de su petrolera
Solangol. Los yacimientos deben protegerse de las incursiones del
Frente para la Liberación de Cabinda (FLEC), una organización secesionista
mal equipada que recibe algún apoyo de la vecina República del Congo,
y que durante la dictadura de Mobutu también lo recibió del Zaire
(3).
El operativo de AirScan está bajo el mando de
su ejecutivo, brigadier general (R) Joe Stringham, quien durante
la guerra civil salvadoreña manejó operaciones militares encubiertas
de los Estados Unidos en el país centroamericano. Como en el caso
del MPRI, los orígenes de la empresa son oscuros. En el pasado ha
sido asociada con servicios de inteligencia norteamericanos y con
el contrabando de armas de Uganda al Ejército de Liberación del
Pueblo Sudanés -de las facciones cristianas y animistas del sur
de ese país, que libran una guerra civil crónica contra el norte
musulmán (4)-.
Por otra parte, las relaciones entre la empresa
y la población de Cabinda (incluidos los expatriados portugueses)
son pésimas, lo que quizás ilustre el arraigo lugareño del FLEC.
Ningún empleado de AirScan puede ir al pueblo sin una escolta con
armas pesadas, y es por ello que el sueldo mínimo de un mercenario
allí es de U$S 225 por día, en turnos de seis semanas que son seguidos
de otras tantas semanas de descanso en los Estados Unidos o algún
otro destino optativo de costo similar. Los sueldos para contrabandistas
de armas son más altos (5).
La lógica del gobierno de Washington respecto
de Cabinda es que la irrupción de nuevas guerras civiles en Angola
poco importa, siempre que el flujo de petróleo pueda continuar.
De cualquier modo, la mayor parte de los pozos está offshore,
lo que les brinda cierta protección natural. El FLEC ha pedido auxilio
a Occidente sin ningún éxito, siendo el pensamiento norteamericano
que todo aliento a los secesionistas puede traducirse en una interrupción
de los suministros de petróleo. Por otra parte, si Cabinda alcanzara
la independencia se convertiría en el país más rico del África en
términos per cápita, ya que se encuentra sobre una notable sucesión
de depósitos subterráneos de hidrocarburos que se extiende desde
el sur del Camerún, y que ya generaron la bonanza de Gabón, su vecino
inmediato hacia el norte (6).
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Camberra Times, 14 de abril de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 10 de octubre
de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 10 de octubre
de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 10 de octubre
de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 10 de octubre
de 1997.
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Weekly Mail and Guardian, 10 de octubre
de 1997.
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